lunes, 25 de mayo de 2009

Discapacidad y fe

Frente al panorama de enigmas, desconcierto y temor que suele acompañar los primeros tramos en la llegada de un hijo con discapacidad o en la adquisición de la misma en la vida adulta, muchas personas encuentran en la tradición de su fe, en el sentimiento religioso, un vehículo de superación y esperanza. Para desentrañar la mirada que las diversas religiones tienen sobre la discapacidad, y en una primera entrega de una serie de informes, el Padre Luis Farinello, líder espiritual católico y luchador social, que invita a desarrollar una mirada calma ante la falta de respuestas inmediatas, dejarse transformar por el amor intuitivo y la simple escucha del corazón
Lo sabemos muy bien: nadie está preparado de antemano para confrontarse con la discapacidad. Sólo comenzamos a dialogar con ella cuando se cruza en nuestra vida, a la fuerza.Cuando una familia recibe la noticia de la llegada de un hijo con discapacidad, o cuando una persona adquiere un condicionamiento físico o mental a través de una enfermedad o accidente, el desconcierto, el temor, la angustia, son los primeros pulsos que habitan en el interior de los pensamientos y las emociones. Ninguna respuesta pareciera alcanzar entonces para despejar tanta agitación y tanto vacío; las estructuras sociales, las expectativas, los proyectos, los ideales se trasforman radicalmente, casi parecieran desvanecerse frente a un suceso teñido de irrealidad pero que comienza a reclamar con mayor urgencia que cualquier otra circunstancia cotidiana.


Pero sucede que de repente, en medio de los procesos de duelo y enojo, de negación y descreimiento, un cierto vigor, lúcido y superador, comienza a trabajar reconstruyendo lentamente la realidad “vulnerada”. Para muchos tendrá como base la contención familiar y profesional, para otros el amor propio y la capacidad innata de asumir lo inesperado como un desafío, y así, en cada persona encontraremos un motor único y con él un misterio igual de particular.


Claro, a veces no es “tan fácil”, muchas veces la desigualdad social tan entramada en la discapacidad, y el individualismo competitivo y exitista como modelo único de realización agregan piedras en el camino, creando contextos muy complejos. Sin embargo, el potencial está latente, el misterio subyace, esperando ser liberado.Y muchas veces ese potencial puede ser motorizado por la fe, por ese sentimiento que reordena la incertidumbre reservando un lugar de sentido dentro de los sucesos más difíciles de abarcar desde la pura razón. La fe, íntimamente ligada al sentir religioso, pero que también puede ser un proceso absolutamente intuitivo y separado de un dogma o una creencia pre-establecida.Precisamente para adentrarnos su universo, pleno de matices y diversidad de vivencias, comenzamos una serie de informes sobre cómo los distintos sistemas de fe o religiones dan acogida al tema de la discapacidad y pueden ayudar a que sus fieles encuentren herramientas concretas de superación y realización.


La discapacidad desde la visión del cristianismo
Dentro de la literatura religiosa universal, “El nuevo testamento”, libro que reúne la vida y las enseñanzas de Jesús, quizá sea aquel en donde la discapacidad esté más presente. A través de sus enseñanzas, parábolas y milagros, la presencia de las personas con discapacidad atravesará todos los evangelios. Justamente es el propio Jesús quien decide tomar distancia de cualquier privilegio o comodidad y ubicarse junto a las personas mayormente marginadas, con menos derechos.A finales del año 2000, en el documento emitido por el Comité para el Jubileo de la comunidad con personas con discapacidad “La persona con discapacidad: imagen de Dios y lugar de sus grandes maravillas”, la iglesia católica afirma este rol de Jesús como líder espiritual especialmente preocupado por las personas con discapacidad: “El misterio del hombre con sus límites, de fragilidad y discapacidad, ha constituido el centro de su atención y ministerio (...) Todo su ministerio (el de Jesús) se desarrolla alrededor del hecho que Él ha buscado la compañía de personas que por diversas razones estaban forzadas a vivir al margen de la sociedad (cf. Mc 7,37). A estas personas Jesús las hace término de sus cuidados-atenciones, declarando que los últimos serán primeros y el que se humille será ensalzado en el reino del Padre (cf. Mt 20,16; 23,12). Frente al ciego de nacimiento, Jesús rechaza y rompe el nexo automático establecido entre la discapacidad y el pecado. “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios” (Jn 9,3). Con la pasión y la cruz, experimenta y comparte a pleno el drama más grande de las personas con discapacidad: la soledad extrema y el rechazo por parte de los demás, la conciencia de la injusticia y del abandono (Ficha n. 1)”.
Con documentos como este, la Iglesia católica se vio obligada a revisar incluso su propia historia y memoria, ya que hasta antes del II Concilio Vaticano, la comunión (el espacio de encuentro directo entre el fiel y la divinidad) estaba negada para las personas con discapacidad mental.“La persona con discapacidad, en su entrañable riqueza, es un desafío constante para la Iglesia y la sociedad, un llamado a abrirse al misterio que ella presenta. La persona con discapacidad es también el lugar en que Dios obra sus maravillas y en el cual la persona revela la riqueza de su humanidad.
La discapacidad no es un castigo. Es una condición de vida, en la que Dios manifiesta su amor y que será coronada con la gloria de la resurrección”, manifiesta el mismo documento en su apartado del 2 de marzo de 2000.Para la iglesia católica es menester habitar el milagro humano, aun en sus aparentes contradicciones, explorar su esencia divina aun experimentando dolores, males y límites. Y uno de los límites, con todas las preguntas que suscita, lo representa la discapacidad.
En este sentido, los últimos debates eclesiásticos ponen de manifiesto que la persona humana, “ser viviente, más allá de toda apariencia exterior, refleja el amor que la creó, con la capacidad de amar y de ser amada, con su ser, sus facultades y su libertad. Toda persona tiene en su constitución el honor, la gloria y la dignidad de Dios”.
Por eso la religión católica invita a trascender la indiferencia ante la discapacidad, la marginación violencia con que se hace a un lado a la persona con discapacidad, “porque desquicia sus parámetros. Pues la sociedad, en su egoísmo, hedonismo y temor, busca la ganancia y el dominio de los demás, en vez de prestar atención a las personas con discapacidad, para mejorar sus condiciones de vida”.
Para poder profundizar en esta concepción cristiana de la discapacidad, entrevistamos al Padre Luis Farinello, quien como comprometido compañero de lucha y superación de excluidos y explotados, guarda una especial atención a las problemáticas que afrontan las personas con discapacidad, como también conoce acerca de sus potencialidades y ejemplo.
- ¿Qué puede brindarle la fe a las personas superadas por la llegada de la discapacidad?
- Luis Farinello: La fe es una fuerza impresionante. Puedo compartir un ejemplo a partir del caso de un amigo, que recibió la noticia de la llegada de un hijo con discapacidad mental y vino a visitarme llorando, estaba muy mal. A partir de mi experiencia sólo le dije que deje pasar el tiempo, “vas a ver que este chiquitito te va a dar muchas alegrías”. Y con el tiempo volvió a visitarme, pero esta vez muy feliz, “tengo un angelito en casa”, me dijo, “cuando llego del trabajo mis otros hijos ni me miran, y él siempre me espera, me acaricia, me besa... tengo un angelito en casa, puro y bueno”. Y yo creo que cuando la vida nos da esta posibilidad, que siempre está, y debe ser muy duro, también nos da un regalo, porque son pibes que no tienen pecado... y eso te gana el corazón. Tengo otro ejemplo que sucedió en los grupos de primera comunión que organizo para los chicos con discapacidad mental. Sucedió que en la fiesta de una de las chiquitas su papá y un cuñado, que habían tenido una pelea a las trompadas, estaban todavía muy tensos entre ellos. Y cuando llegó el momento de cortar la torta ella pidió hablar, tomándose el pecho dijo: “Jesús, Jesús, tengo a Jesús... Jesús amor, Jesús amor... tío, papá, amor”... los tipos se abrazaron y lloraron... Mirá estos pibes como intuyen lo esencial... Estas cosas nos enseñan mucho. Entiendo que sea difícil para los padres, incluso sé que a muchos les genera culpa, pero no hay razón para sentirse culpables, hay que trabajar con aceptación profunda.
- ¿Puede esa culpa estar relacionada con el ideal de “éxito” que impone la sociedad actual?
- L. F.: Sí, seguro. Todavía en los barrios humildes hay mucha gente que esconde en sus casas a los chiquitos con discapacidad, al punto que a veces ni los vecinos saben de su presencia. Nos ha pasado que vamos a buscar a estos chicos a su casa con una camioneta de la Fundación para llevarlos de excursión y los papás no quieren que sus vecinos los vean, los esconden como algo vergonzoso.
- ¿Cree que esta situación atraviesa todas las clases sociales?
- L. F.: Sí, se da más allá de toda clase social. A veces la gente rica los encierra y no los visita nunca más, sólo se conforma con pagar su mensualidad, y la gente pobre como no tiene recursos los encierra en el fondo de la casa. Todavía queda mucho de esta realidad, pero vamos dando pasos muy importantes, también dentro de la Iglesia, como por ejemplo que estos mismos chicos puedan tomar la comunión. Antes la Iglesia no lo permitía, porque para recibir la comunión había que entender todo el catecismo. Pero ellos entienden muchas cosas mejor que nosotros. Estos avances ya no pueden volver atrás, para mí fue muy importante este cambio. En las clases de catecismo dirigida a estos chicos uno puede ir a lo esencial, porque ante su simpleza podemos hablar desde el corazón, con el sentimiento y esto hace que todo sea más hondo.
- ¿Qué experimenta usted ante esta fe intuitiva que reconoce en las personas con discapacidad mental?-
L. F.: Me quedo maravillado. Hace poco estaba rezando en un velatorio y me emocioné mucho y vos sabés que un chico con discapacidad mental que estaba a mi lado, al verme así, buscó mi mano y la apretó fuerte, mirándome como diciendo “yo te entiendo”. Quizás otra persona en su lugar sentiría pudor de hacer algo así, o tal vez ni le interesaría. De hecho hace poquito oficié un casamiento muy lindo y hablé con todo mi corazón acerca del amor y también me emocioné, y el cura que me había prestado la iglesia para hacer el casamiento me dijo “te emocionaste, boludo”. Acá podemos ver la diferencia de mirada.
- ¿Qué cambios puede provocar la fe en una persona con discapacidad?
- L. F.: La posibilidad de trabajar con la entrega. La persona con discapacidad entiende lo esencial de la entrega de una manera especial. Esto lo podemos ver cada año en un encuentro mensual que organizamos y donde participan alrededor de quinientos chicos con discapacidad. El encuentro dura tres días en los que juntos hacemos teatro, juegos, títeres y todo termina con una misa. ¡No sabés lo que es esa misa! ¡Cómo cantan, cómo bailan, cuánta alegría! Esto me mueve a un respeto hacia su dignidad hasta las últimas consecuencias. En su simplicidad de vida son más religiosos que nosotros, se entregan con naturalidad a Dios. Muchas personas que carecen de esa simplicidad no pueden llegar a Dios porque son retorcidos... y Dios es tan simple... sólo hay que saber contemplar y entregarse. Estos chicos nos enseñan que sólo hay que brindarles el ámbito adecuado y ellos enseguida se manifiestan religiosos, con más ternura y más hondura que un tipo “normal”. Jesús lo decía, “Padre te agradezco porque son los más humildes y sencillos los que me entienden”. Uno aprende mucho con ellos, uno cree que va a darles muchas cosas, pero sos vos el que sale enriquecido. Esto lo puedo ver cada vez que voy al Cotolengo de Claypole, donde observo cómo cada persona que está un poco mejor ayuda a quien más lo necesita, ayudándolo a caminar por el parque, comiendo primero para luego darle la comida a quien está en peores condiciones... ¡Qué sociedad perfecta pudieron hacer desde el dolor! Ignacio Copani y Víctor Heredia, cada uno con palabras distintas, me dijeron que conocer estas cosas que se dan en el Cotolengo les cambió la vida. Por eso si dejamos entrar a las personas con discapacidad en nuestro corazón su sencillez nos transformará.
- Usted mencionó como valores de las personas con discapacidad dos conceptos con los que la sociedad actual está muy distanciada, la sencillez y la aceptación. ¿Cómo reencontrarnos con lo esencial y noble de estos valores en una sociedad tan golpeada?
- L. F.: Qué pregunta... la respuesta está en el corazón. El hombre que ama el silencio, que sabe leer un buen libro, el hombre que sabe aquietar su espíritu y entregarse a ver las estrellas de noche, es un hombre propenso a la sencillez, a quedarse con las cosas esenciales. Si no tenés esta capacidad te dejás ganar por el qué dirán, por el hedonismo, por el consumismo, no sabés parar la pelota. Si no sabemos dejarnos guiar por la sencillez, por la meditación, por la serenidad y el tiempo dedicado a uno mismo, estamos perdidos. Lo decía Larralde, “crecer en el silencio es conciencia”, y el hombre que no se encuentra a sí mismo nunca encontrará esa fuerza y esa sencillez. Pero bueno, predicar hoy estas cosas elementales te vuelve un bicho raro.
- ¿Qué rol juega la esperanza en la superación de las adversidades para la fe cristiana?
- L. F.: La esperanza es muy importante. Si queremos definir a un tipo cristiano debemos decir que es “un hombre de esperanza”. Fe, esperanza y amor son elementos muy presentes, pero entre ellos el amor es el más importante. Siempre hay misterios, cosas muy bellas en la vida, siempre hay un resto de personas que no se venden nunca, siempre hay mamitas con chiquitos con discapacidad que le entregan la vida a sus hijos, siempre hay muchachos que se enamoran. Mientras todo esto esté, siempre habrá esperanza, porque todo esto es más fuerte que el Citibank. Esto nos demuestra que a pesar de todo el amor triunfará y que algún día el hombre comprenderá que es más lindo compartir que amontonar.
Luis Eduardo Martínez


4 comentarios:

  1. Hola verónica:
    Este artículo y la referencia a los Evangelios me recordó nuestra reciente lectura de "La gesta del Marrano". El hecho de que se creyera que cualquier enfermedad o discapacidad era consecuencia del pecado. Meno´s mal que la Iglesia catolica ha declarado que tal estigma no existe desde el punto de vista de la Religión. Lamentablemente, esas creencias parecen quedar acendradas muy profundamente en la conciencia de la gente. Y creo que no será suficiente con simples declaraciones. Se requerirá un esfuerzo muy grande para lograr el cambio cultural necesario.

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  2. Que hermoso escrito, no hay duda que no será un trabajo fácil pero vale la pena. Que sabias palabras las del sacerdote.
    Saludos. Hilda

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  3. Uds. seguramente no lo conocen a este sacerdote, porque es argentino, pero hace una importante labor social y es muy rico espiritualmente y en experiencias, por eso lo elregfi para publicar su nota

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  4. No hermanita, no lo conocemos pero se nota por su pensamiento que es muy rico, buena elección. Abracitos. Hilda

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