martes, 7 de septiembre de 2010

La integración en la escolaridad secundaria

La integración en la escuela secundaria tiene sus peculiaridades, porque este nivel de la educación es distinto de las instancias anteriores, no sólo desde lo académico, lo pedagógico y de los tipos de contenidos, sino que la interacción con pares aporta componentes fuertemente emocionales que complejizan aún más la posibilidad inclusiva.
Al pensar en púberes y adolescentes que se integran en la escolaridad secundaria, surge una cantidad de interrogantes: ¿A quiénes? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué objetivos? ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica? ¿Hasta cuándo? ¿Con qué modalidad? ¿Qué apoyos serán necesarios? ¿Qué equipo pedagógico se necesitará?
Los beneficios de la integración durante las etapas iniciales del jardín y en primeros años de la escolaridad primaria son de gran beneficio, tanto para el niño en condiciones de ser integrado, como para sus pares.El incremento en la cantidad y la calidad de los estímulos que reciben, ya sea compartiendo juegos y aprendizajes, a través de la comunicación y lenguaje resultan de gran beneficio y elevan su autoestima.
Los compañeros del aula que tiene un niño integrado participan de la experiencia de convivir, en estas etapas tempranas de la vida, con personas con capacidades diferentes.
Esta experiencia fue extendida con éxito a toda la escolaridad primaria, con adaptaciones curriculares o con maestra integradora en el aula, cuando fue necesario. Son muchos los escolares egresados de este modelo educativo que los incluyó socialmente, permitiéndoles desarrollar su potencialidad cognitiva y tener un modelo social beneficioso.
Durante la pubertad y la adolescencia temprana, en la escuela secundaria, se plantean nuevos desafíos educativos.
El desarrollo de la personalidad del individuo, el descubrimiento de su rol social, la adquisición de valores individuales dan a esta etapa una singular relevancia en el plano educativo.
Las características individuales de cada adolescente dificultan el proceso de integración. La competencia y exigencia educativas son un obstáculo para que se puedan mantener “condiciones igualitarias” que posibiliten la creación de un espacio educativo para todos.
La escuela secundaria es el momento durante el cual el joven adquiere los contenidos cognitivos básicos, y recibe de la escuela un bagaje cultural, valores morales de la sociedad en la que se encuentra, se inicia y desarrolla valores estéticos y artísticos.
Esta etapa le va a permitir acceder al nivel universitario o terciario.
También es una realidad que la escuela secundaria se ha convertido en los últimos años en la condición necesaria para lograr una salida laboral. Queda muy limitada la capacidad para acceder a un trabajo careciendo de este nivel educativo.
Asimismo, es la etapa en la que se establecen los vínculos afectivos más fuertes y persistentes para el resto de la vida.
La familia tradicional ha tenido cambios estructurales, y ambos padres trabajan todo el día en la mayoría de los casos, siendo entonces la escuela el lugar de contención institucional de muchos adolescentes.
Debemos tener bien en claro que las exigencias intelectuales que tiene el nivel secundario no permiten que jóvenes con retraso mental tengan abiertas sus puertas. Este es un espacio para la educación especial.
Pero nos referiremos a las situaciones especiales de jóvenes que tiene una capacidad mental adecuada y que por varias razones necesitan de un apoyo especial, pedagógico, psicopedagógico, psicológico, etc., para que pueden adecuarse a este nivel.
Desde el punto de vista neurológico, podemos considerar tres grupos principales de problemas:
1. Lesiones del sistema nervioso, ocurridas en el embarazo, durante el parto o en etapas tempranas de la infancia, que ocasionaron secuelas, con repercusión en los distintos sistemas funcionales, y limitan la condición del aprendizaje por deficiencias motoras, sensitivas sensoriales (visuales o auditivas) o convulsivas.
Siempre que el nivel cognitivo sea el adecuado para la adquisición de los contenidos del aprendizaje, se requerirá de apoyos especializados.
Así pues, quienes tengan una discapacidad motora, necesitarán de un docente integrador, que encuentre la mejor forma de acceder a la información, la comprensión de los contenidos y el modo de evaluar lo aprendido.
Un joven hipoacúsico o sordo, con equipamiento auditivo o implante coclear, que aprendió labiolectura o lengua de señas, si su nivel cognitivo es adecuado, podrá estar integrado en la escolaridad secundaria con su maestra de integración especial.
Un joven con baja visión o amaurótico, con la asistencia de su integrador, tendrá acceso a este nivel si su capacidad intelectual se lo permite.
La epilepsia es una condición médica que se suele controlar farmacológicamente con éxito. En algunos casos pueden persistir crisis convulsivas ocasionales, sobre las cuales los docentes y los compañeros deben estar advertidos. En estos casos debe haber una amplia información al colegio, a la familia y al paciente.
2. Trastornos extraneuológicos: un segundo grupo de problemas del aprendizaje dependientes del que aprende están constituidos por los trastornos psiquiátricos, trastornos psicológicos, afectivos, emocionales, o vinculares, problemas familiares de convivencia que englobamos como extra neurológicos y que escapan a este tema.
3. Trastornos neuropsicológicos: nos referiremos a un grupo de trastornos de inicio en la infancia, la niñez y la adolescencia que constituyen los trastornos del desarrollo.
El desarrollo está ligado a la evolución, a la maduración observada en las conductas y a los procesos del aprendizaje.
La filogenia es de donde venimos, el desarrollo de la especie, su evolución.
La filogenia se inicia hace 8 millones de años a través de sucesivas evoluciones y cuando aparece el homo, cuyo cerebro pesaba unos 500 gramos. Este cerebro se fue modificando hasta nuestros días, dando lugar a funciones nuevas que nos diferencian de los animales.
De ese cerebro primitivo, surgió el actual. Fue creciendo en volumen y en complejidad el lóbulo frontal. Con él tomamos decisiones, accedemos al uso de la libertad, elegimos entre opciones, accedemos a los diversos aprendizajes, desarrollamos proyectos, etc. Están allí las funciones ejecutivas.
También crecieron el lóbulo temporal, el sistema límbico y las conexiones con el cerebelo y el sistema neuroendócrino e inmune.
Fundamentalmente, accedimos así a la capacidad de simbolizar, de comunicarnos y transmitir a las generaciones sucesivas los contenidos culturales.
En cada nuevo ser humano, desde la concepción hasta su madurez, la ontogenia, o desarrollo del ser, se repite el proceso evolutivo de toda la especie humana, su filogenia.
El comienzo de la vida se inició con formas unicelulares en los océanos. De igual manera, la vida se inicia con las células primitivas, el óvulo y el espermatozoide.
Transcurre luego un largo proceso evolutivo, donde la lucha por la supervivencia se logra mediante constantes adaptaciones. En la ontogenia humana, durante el desarrollo del embarazo, se van formando los distintos tejidos y órganos, concluyendo con el desarrollo del cerebro con potencialidad pensante. El niño nace a cabo del embarazo con todas las estructuras necesarias para completar su desarrollo posterior.
Alcanzar el desarrollo de las funciones corticales superiores requiere de los años de vida posnatales, no basta la información genética arrollada en el genoma humano de cada célula.
El ser humano “necesita de un otro”. Necesita de la interacción social.
Las funciones corticales son mediadas culturalmente.
El conocimiento es el resultado de la interacción social.
De esta manera adquirimos la conciencia de nosotros mismos. Incorporamos el uso de los símbolos que nos permiten pensar en cosas cada vez más complejas, que nos permiten “pensar con palabras”.
A mayor interacción social, mayor conocimiento. Mayor posibilidad de actuar y más robustas funciones mentales.
La corteza cerebral es el asiento anátomo-funcional de las importantes funciones intelectuales, la atención, la memoria, el lenguaje, el razonamiento abstracto, las actividades gestuales.
Todas estas funciones no tienen una localización específica en centros aislados del cerebro, sino que se hallan integradas en regiones, formando una red neuronal de interconexiones.
Para determinar quiénes tienen la capacidad suficiente para integrarse en la escolaridad secundaria es necesario un diagnóstico integral.
La evaluación integral requiere del examen neurológico completo, evaluación neuropsicológica, contar con neuroimágenes y estudios de neurofisiología clínica.
Se podrán valorar las funciones cerebrales. Especialmente la atención como la función de ubicar un estímulo en un foco de la conciencia, diferenciarlo del resto con inhibición de su entorno. En los aprendizajes interviene fundamentalmente el tipo de atención voluntaria, con la decisión del sujeto para movilizarla, focalizarla y sostenerla.
Debe valorarse también la memoria. Esta no indica nivel intelectual global. Es la facultad del cerebro que permite registrar experiencias nuevas y recordar otras pasadas, incorporar (incorporación y registro), almacenar (codificación cerebral), evocar en forma clara y efectiva un recuerdo con una acción de reconocimiento.
La complejidad de las funciones mentales como son la planificación, la capacidad de abstracción, la resolución de problemas, el juicio critico, las aptitudes secuenciales, la flexibilidad mental, la estructuración de la personalidad del individuo, requieren de esta tupida red de interconexiones neuronales y puede verse afectada por múltiples factores en este proceso ontogénico.
Cualquier perturbación en este engranaje complejo del desarrollo suele determinar retraso mental. En otros casos puede generarse un trastorno localizado en una función del aprendizaje o la conducta.
Así nos encontraremos con los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje.
Dependiendo de cuáles sean las zonas más involucradas, los trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje determinarán variantes agrupadas como disfasia del desarrollo, dislexia del desarrollo, discalculia y sindrome de Gerstman del desarrollo, apractognosia del desarrollo.
Disfasia del desarrollo
Este trastorno tiene una prevalencia entre el 3 y el 8% de la población escolar. Algunos niños tienen un retraso para adquirir el lenguaje. Frecuentemente se trata de un retraso simple del lenguaje. Estos niños pueblan su vocabulario y compensan este retraso ni bien incrementan el contacto social con sus pares al comienzo del jardín.
Otros niños van adquiriendo palabras y tienen distorsiones del habla y el lenguaje. A pesar del abordaje neurolingüístico, mejoran muy lentamente. Luego repercute sobre la lectura y escritura. Pueden tener un trastorno disfásico que generalmente es mixto, tanto comprensivo como expresivo.
Constituye un trastorno idiopático, no lesional, de la adquisición del habla, debido a alteraciones en las estructuras de percepción, integración y conceptualización del lenguaje.
Este déficit en el lenguaje oral se caracteriza por un retraso cronológico en la adquisición del lenguaje.
Por tener importantes dificultades específicas para la estructuración del lenguaje y la comunicación.
Por producir conductas verbales anómalas que se traducen en una desviación respecto de los procesos normales de adquisición y desarrollo del lenguaje.
Los niños disfásicos adquieren el lenguaje oral antes de los siete años.
Pueden tener también trastornos en la madurez psicomotriz, alteraciones de la percepción audio-verbal, trastornos en la distribución espacial y dificultades para superar el nivel de operatividad preformal del pensamiento.
Todas las disfasias no son iguales, ya que cada niño es diferente.
Puede afectar al nivel comprensivo y/o expresivo del lenguaje, la eficiencia atencional.
Existen tres niveles de disfasia: leve, moderada y severa.
Si con estos trastornos se llega a la escuela secundaria, serán muchas las dificultades de aprendizaje y comunicación. Es fundamental su detección temprana, iniciar un tratamiento intenso y temprano, para poder facilitar, mediante la plasticidad cerebral que el cerebro tiene al comienzo, el acceso a funciones cognitivas suficientes.
Dislexia del desarrollo
La prevalencia es del 5% en la población general escolar. Tiene base orgánica corroborada por neuroimágenes funcionales y neuropatología.
Trastornos de la migración neuronal o displasias corticales sobre las zonas involucradas.
Existe predisposición genética.
Pueden tener dos formas, una audiolingüística, con una distorsión en la comprensión auditiva de las secuencias de la lectura, y otra forma visoespacial, con fallas en el ordenamiento espacial de la secuencia de letras.
Persisten crónicamente. Se trata de un trastorno severo y persistente de la capacidad para leer, entender el lenguaje escrito y para poner por escrito las ideas.
Este problema ya está presente desde el comienzo de la lectoescritura.
No suele afectar la comunicación verbal.
En el acceso a la escuela secundaria necesitarán seguir con un apoyo pedagógico y psicopedagógico.
La discalculia es una deficiencia menos frecuente que la dislexia.
Consiste en la dificultad severa en el manejo de las cantidades, no pudiendo superar el plano concreto elemental.
Cuando se asocia con agnosia digital e indefinición de la lateralidad, constituye un cuadro más complejo que es el síndrome de Gerstman del desarrollo.
Pueden entrenarse en el uso de calculadora y requieren de adecuaciones curriculares.
En la dispractognosia del desarrollo se conjugan los trastornos práxicos y gnósicos de la escritura. Son raros pero existen. Se trata de niños que tienen una limitación severa para realizar la escritura, sin limitaciones motoras para otras funciones. Requieren del apoyo de maestra integradora y permisos especiales para el empleo de notebook en el aula o grabador para poder escribir en su casa posteriormente, con lo cual pueden compensar esa discapacidad.
Un compromiso múltiple del aprendizaje hace menos probable la integración en el secundario.
Los trastornos por déficit de atención, el retraso mental leve, los trastornos disfásicos, disléxicos, discalcúlicos y apractognósicos del desarrollo pueden responder a multicausalidad o a la intervención de factores poligénicos que aumentan la vulnerabilidad.
Es necesario conformar un equipo interdisciplinario para brindar un apoyo eficiente.
Del diagnóstico integral se desprenderá quién será el terapeuta principal y específico, y cuáles las terapias complementarias.
Trastornos por déficit de atención por hiperkinesia y comportamiento perturbador
La prevalencia general: 3% al 10% de los niños en edad escolar.
Diagnosticado en varones 3 o 4 veces más a menudo que en mujeres.
Persiste en el 30 a 50% de los pacientes en la adolescencia y la adultez.
La sintomatología más relevante que constituye el cuadro clínico:
Inatención: Falta de atención. No finaliza las tareas. Fallas organizativas. Evita los esfuerzos sostenidos. Pierde sus cosas, es olvidadizo. Se distrae con facilidad.
Hiperkinesia: Agitación. Movimiento por el movimiento mismo, sin finalidad productiva. No puede permanecer sentado en clase. Corre y salta excesivamente. No puede jugar tranquilo. Siempre está en movimiento.
Hiperkinesia es una situación distinta de hiperactividad (muy activo, desarrolla actividades productivas), de inquietud (el movimiento es en el lugar y vinculado a trastornos posturales o propioceptivos) o a estados ansiosos, ligados a motivos emocionales generalmente transitorios.
Impulsividad: Dificultad para inhibir los impulsos y adecuarlos al entorno y a la conveniencia. Habla excesivamente. Responde precipitadamente. No puede esperar su turno. Se entromete e interrumpe las actividades de los otros.
Trastornos en la realización de tareas en la carpeta, en la diagramación de la hoja, en completar los trabajos, en el grafismo, con omisiones, sustracciones, cambios de la inclinación de la letra, del tamaño de la escritura, de la presión del trazo, etc. Hojas en blanco, desorden en el espacio temporal.
La etapa de la escolaridad secundaria agrega a los trastornos del aprendizaje y la conducta el riesgo de dificultades legales por la falta de autocontrol de la impulsividad, autoestima disminuida y dificultades en la vinculación social. Es elevado el nivel de deserción escolar en la enseñanza media y alta. La impersistencia en los proyectos y cambios de carrera, de actividad laboral y problemas de pareja se sumarán en la adultez temprana.
La desinhibición frontal que tienen los jóvenes con TDA genera un efecto paradojal a los psicofármacos. Los sedantes producen el efecto contrario, con excitación, insomnio e hiperkinesia mayor. En cambio, se genera un control psicofarmacológico bajo la acción de los psicoestimulantes. Por su efecto, la focalización y sostenimiento atencional se incrementan, se reduce la hiperkinesia y se domina la impulsividad, su conducta se armoniza y se establece la posibilidad de autodominio.
El efecto de los psicofármacos es de mucho beneficio. Los disponibles en el mercado son:
1. Metifenidato: Acción corta: por 4 hs. Nombres comerciales: Ritalina y Rubifen. De acción prolongada por 10 hs, nombre comercial Concerta.
2. Atomoxetina: Nombres comerciales: Strattera, Recit. Administración prolongada con una dosis diaria.
No siempre se puede recurrir a estos fármacos tradicionales. Por eso es indispensable el diagnóstico integral. Gran parte de estos jóvenes con TDA tiene cuadros co- mórbidos o asociados. En muchos casos debe priorizarse la patología asociada. Es el caso de epilepsia, tics, trastornos psicopatológicos, otras patologías clínicas y nutricionales, etc.
El examen neurológico es fundamental en el diagnóstico integral.
La patología de base radica en una desinhibición de la corteza cerebral y la red de interconexiones que se traduce en una serie de síntomas y signos detectados al examinar al joven. Su tono muscular, sus reflejos, las paratonías y sincenesias, la calidad de la motricidad equilibratoria y dinámica, la coordinación motriz fina y gruesa, y la sincronización témporo-espacial.
Sumados estos datos a las neuroimágenes, los datos de la neurofisiología, y las pruebas neurocognitivas permiten completar toda la información del caso.
La repercusión sobre la familia del paciente que tiene un TDA es pesada.
Se incrementan los niveles de estrés, es más frecuente la depresión en los adultos, aumentan las discordias familiares y matrimoniales.
La etapa inicial y escolaridad primaria son las edades en las cuales el cuadro de TDA y comportamiento perturbador tienen el cuadro más florido.
La hiperkinesia e impulsividad tienden a atenuarse en los últimos grados del primario.
La modalidad de la escuela secundaria, con muchas materias, una jornada más reducida a veces, el requerimiento de trabajos personales utilizando computadora y el manejo de los propios tiempos con mayor libertad podrían significar un beneficio para quienes tienen TDA.
Pero el fracaso escolar sigue siendo una sombra que persigue a esta población.
Es en la escuela secundaria cuando el apoyo pedagógico, en un trabajo en equipo con la familia y los terapeutas, puede encauzar con éxito su inserción escolar.
El empleo de la medicación sigue siendo un soporte fundamental.
Trastorno de Asperger
De los trastornos generalizados del desarrollo, probablemente la única forma que puede acceder a la escolaridad secundaria es el Trastorno de Asperger
El nivel intelectual suele estar conservado.
La interacción social requiere de apoyos diversos con tratamientos cognitivos conductuales y neurolingüísticos, como así también desde el colegio con la intervención psicopedagógica y psicológica.
Su lenguaje, con distorsiones semántico pragmáticas, hace peculiar la comunicación.
La rigidez mental y la resistencia a los cambios necesita de gran tolerancia por parte de los pares y de los docentes.
Tendrán estos jóvenes un gran beneficio por integrarse y tener un grupo de pertenencia.
También puede resultar perjudicial si por desconocimiento o inoperancia el alumno es tomado como chivo expiatorio, cuando se lo descalifica, se lo rechaza sin darle la oportunidad social.
En los cuadros con Trastorno de Asperger, inicialmente su lenguaje aparece en la edad habitual.
Suele ser reiterativo, monotemático, con tono monocorde y baja expresividad en la entonación, utilizando términos poco usuales pero adecuados al contexto.
Interactúan mejor con adultos que con sus pares. Funcionan como eruditos en algún tema, y sobre temas atípicos para la edad. Saben mucho sobre algún punto muy especial, de escasa utilidad para su vida cotidiana y tratan de llevar su discurso a esos temas en forma compulsiva. Temas mitológicos, de astronomía, sobre la vida de determinados animales, trayectoria de los colectivos, letras de tangos, historia del mundial de fútbol, la ciudad de Manhatam, las jugadas de algún ajedrecista, son algunos de los temas que he visto más recientemente.
Pobre acceso a los disfrutes habituales de la edad juvenil. Poca habilidad para la socialización. Son rígidos, estereotipados y concretos, con motricidad torpe y aspecto robotizado en la marcha.
Pese a todo esto, el beneficio que les otorga la integración social es muy importante. Asimismo, esta experiencia social puede ser de mucho beneficio para el grupo que lo acepta, ya que el entrenamiento que provee la escuela en casos de este tipo favorecen virtudes del grupo como el respeto en general y al diferente, la tolerancia, la apertura a una sociedad con un lugar para todos.
Héctor E. Iddon*
* Héctor E. Iddon es neurólogo infantil.
Nota: el presente artículo es un resumen de la conferencia dictada por el Dr. Héctor Iddon en el Instituto Cardenal Copelo, el 4 de junio 2010.

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