jueves, 28 de octubre de 2010

Animales con discapacidad, ¿cuánto pueden enseñarnos?


En contra de la tendencia imperante, que sugiere la eutanasia en animales con discapacidad, muchas asociaciones y personas en todo el mundo han optado en los últimos años por incentivar el cuidado y rehabilitación de los mismos en sus propios hogares, hogares de tránsito o granjas especializadas. Como resultado de estas apuestas, los animales han demostrado una natural resiliencia y evolución sin trauma que maravilla y desafía a la ciencia. Con estas cualidades innatas, los animales manifiestan que pueden brindar un fuerte apoyo a las personas con discapacidad, no ya desde las terapias que los utilizan como vehículos de superación, sino desde el ejemplo vivo y motivador con que logran llevar una vida plena.
 En su libro “Sin animales, el mundo no sería humano”, la especialista francesa Karine Lou Matignon dedica un capítulo a una entrevista que le realizara a su compatriota Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra y etólogo francés, y quizás uno de los mayores pensadores y protagonistas del concepto de resiliencia. Al preguntarle si cree que los animales nos obligan a cuestionarnos muchas de nuestras certezas, Cyrulnik responde que: “En primer lugar nos dan una certeza: los animales no son máquinas. Insisto en esto: el día en que entendemos que un pensamiento sin lenguaje existe en los animales, nos moriremos de vergüenza por tenerlos encerrados en los zoos y humillarlos con nuestra burla. Tenemos quizás un alma, pero el hecho de habitar el mundo de los significados y las palabras no nos impide vivir en el mundo de los sentidos. Cuando hice mis estudios de medicina, nos formaron en la idea de que el animal no sufre y tuvimos que realizar operaciones con modelo animal sin anestesia. Pero el animal lloró, y cuando reaccionamos antes ese llanto, ¡se nos dijo que era sólo un reflejo! El beneficio de la mente cartesiana es el análisis, lo que nos dio el poder. El hechizo del cartesianismo y del análisis han arrancado al hombre de la naturaleza. Los animales no son máquinas, viven en un mundo de emociones, las representaciones sensoriales son capaces de amor y sufrimiento. La paradoja es que ellos nos enseñan el origen de nuestro propio comportamiento, el animal que permanece en nosotros. Al observar a los animales, comprendí mejor el lenguaje, el simbolismo social, y supe que podemos trabajar juntos. Sin embargo, me doy cuenta de lo mucho que todavía nos avergüenzan nuestros orígenes animales”.
Para Cyrulnik, los factores que nos hacen pensar que los animales no sufren, que su vida es inferior, son los mismos que sostienen los paradigmas de exclusión, discriminación y crímenes humanos, y si logramos una percepción capaz de descubrir toda la riqueza y la interioridad latente en cada animal podremos redescubrir lo mejor de nosotros mismos.
Muchos son los abordajes y estudios donde se ha profundizado acerca de que los vínculos animales-humanos pueden favorecer y estimular la rehabilitación, superación e inclusión de personas con discapacidad a través de las zooterapias más diversas, pero aún no se ha podido dimensionar la fuerza motivacional y la inspiración que pueden transmitir los propios animales con discapacidad a través de sus dinámicos procesos de resiliencia.
Este límite de apreciación está estrechamente ligado a la falta de percepción y educación social en materia de ética y derecho animal, ya que la acción más aceptada y promovida entre los veterinarios a la hora de “lidiar” con un animal doméstico o que vive en su hábitat en situación de discapacidad es la eutanasia. Sin embargo con el avance de los movimientos proteccionistas y las asociaciones de trato ético hacia los animales, se han creado campañas de información y granjas de rehabilitación a partir de las cuales las experiencias espontáneas de resiliencia han permitido que los animales puedan ser reconocidos y valorados por aptitudes muy difíciles de alcanzar por los humanos, donde nuestras complejidades psicológicas pueden ser un escollo.
“Todos hemos leído o escuchado historias acerca de personas que han rescatado animales en la calle en situaciones críticas o riesgosas incluso para la misma persona que lo realiza. Como resultado, no es extraño saber que el animalito rescatado ha sufrido lesiones tan severas en alguna de sus extremidades, producto de un atropellamiento, agresión o lesión por parte de otros animales o personas, infección no tratada, etc., que al momento de ser atendido por el veterinario no hay otro remedio más que amputar dicha extremidad. Como resultado el animalito sólo cuenta con tres patas. Este tipo de animales son sumamente especiales, no por el hecho de no estar completos, sino por su extraordinaria capacidad de recuperación: al contrario de lo que ocurre con muchos humanos que han sufrido algún tipo de amputación, los animales se adaptan rápidamente a la pérdida de una de sus extremidades y una vez curadas sus heridas, aprenden con facilidad a caminar e incluso a correr, balanceando y equilibrando su cuerpo de forma tal que el hecho de faltarles una pata los hace más ligeros. Incluso se sabe de casos extraordinarios como el de aquel perro al que le faltaba no una, sino dos de sus patas (una delantera y otra posterior). Este increíble animal, parecido quizá a una bicicleta, sorprendía a todos por su capacidad de caminar, correr e incluso saltar”, afirma la especialista mexicana Mayra Cabrera en el portal de CAESPA (Concientización, Adopción y Educación Social Pro Animal).
Este es sólo uno de los miles de ejemplos documentados por veterinarios y organizaciones de todo el mundo. Incluso en nuestro país, proyectos como el refugio “El Campito”, pueden dar testimonio de muchos rescates de animales abandonados en circunstancias espantosas, y que han salido adelante adaptándose a situaciones físicas límite.
A lo largo de este informe ahondaremos en este enfoque y en experiencias de vida para conocer el impacto que pueden causar en la fatigada esperanza humana.
Discapacidad en animales
Una gran parte de las discapacidades de los animales es provocada por los seres humanos. En los ámbitos naturales, la caza y los desastres ecológicos son dos de los riesgos más grandes que ponen en jaque la integridad física de los animales, ya sea por mutilaciones o enfermedades ambientales.
En las ciudades el riesgo no es menor, recientemente en una investigación del diario El Día, de Valladolid, España, se supo que el abandono de perros provocó la mitad de los accidentes de tránsito en dicha ciudad.
También existe la posibilidad de discapacidad por temas genéticos o hereditarios, como ceguera o problemas de la columna vertebral. Las enfermedades que suelen causar discapacidad son las vinculadas al sistema nervioso, problemas de los riñones o del hígado, y las enfermedades del corazón. Lamentablemente, en estos casos los seres humanos también cargamos ciertas responsabilidades. La crianza ilegal de animales de raza o de granja esconde una red de abuso y explotación pesadillesca, a partir de las manipulaciones genéticas, hambruna, hacinamiento o endogamia originada por la falta de renovación de sangre en los planteles.
En el caso de los criaderos clandestinos de perros y gatos de raza, la falta de alimento o su baja calidad, las carencias de higiene, salubridad y espacio vital, muchas veces se suman a prácticas aberrantes como la cordectomía (extirpación de las cuerdas vocales).
En cuanto a las enfermedades genéticas, las diferentes razas caninas pueden estar expuestas a: displasia de codo y cadera (Pastores alemanes y Golden retriever), enanismo (Labradores, Yorkhire), ceguera (el 10% de los Collies la padecen), sordera (Dálmatas), hidrocefalia (Yorkshire), entre otras tantas. De allí que las asociaciones proteccionistas invitan a adoptar perros mestizos, ya que debido a su diversidad genética tienen menos posibilidades de desarrollar enfermedades congénitas.
Por suerte la intervención humana responsable también ha podido desarrollar toda una serie de abordajes y herramientas que permiten mejorar la calidad de vida de animales con discapacidad, ya sea mascotas o animales en su hábitat. Por ejemplo, en los últimos años, el desarrollo de prótesis artificiales en animales, desde aletas hasta picos o patas, han dado esperanza de vida a una gran cantidad animales heridos o al borde de la muerte.
Entre algunos ejemplos muy impactantes de los últimos años podemos citar el caso de Winter, un delfín “nariz de botella” del atlántico, que fue atrapado en una línea de pesca de cangrejos cerca del Cabo Cañaveral en Florida y como consecuencia perdió dos vértebras y su cola mientras se recuperaba en el Acuario Clearwater Marine. En el año 2007, un equipo especializado en prótesis ortopédicas se ofreció como voluntario para sustituir su cola con una prótesis única que se ajusta a su cuerpo. Con la ayuda de sus entrenadores, Winter logró usar su prótesis para moverse dentro del acuario, donde también se realizó un documental sobre su fascinante historia.
Otra historia de mucho impacto se dio a conocer en el año 2007, cuando un grupo de conservacionistas encontró un bebé elefante solo en los bosques de Camboya, con una pata gravemente infectada a raíz de heridas causadas por una trampa de caza furtiva. A partir de ese momento, el elefante quedó a cargo del equipo conformado por la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) y la Asociación de Vida Silvestre, quienes rescataron al pequeño “Chouk” y trabajaron en la aplicación de una prótesis especialmente diseñada con al que pudo llevar adelante una vida igual a la de sus hermanos.
En el caso de “Cassidy” un pastor alemán que saltó a la fama como el primer perro en recibir un implante protésico de avanzada, la tecnología utilizada para suplir el defecto de su pata trasera atrofiada de nacimiento, “podría traer grandes beneficios aplicados a los seres humanos, ya que permiten sujetar los implantes en extremidades sin fricción o irritación”, según declaró Denis Marcellin-Little, un especialista de la Universidad de North Carolina State, que participó en el proyecto.
A través de estos últimos casos, podemos observar cómo una interacción conciente y responsable puede generar un vínculo de reciprocidad donde ambos protagonistas, el animal y el ser humano, pueden compartir sus potencialidades para un mutuo aprendizaje.
Como prueba de ello Joyce Darrell y Michael Dickerson, fundadores de “Mascotas con discapacidad”, una ONG y refugio de Estados Unidos, han publicado en su portal decenas de ejemplos de superación animal y del impacto profundo que estas mascotas ha ocasionado en la vida de las familias que los han adoptado.
“Cuando nuestro perro Duque se fracturó la espalda y no podía caminar, nos preguntábamos cómo íbamos a hacer para cuidarlo. Pero aprendimos rápido. Mi marido dormía a su lado y un amigo nos envió datos de sillas de ruedas caninas. Diez meses más tarde Duque tuvo sus “ruedas”. Hoy es un perro vital y proporciona alegría e inspiración para muchas personas”, afirma Joyce, acotando acerca del perro que motivó la creación de uno de los centros para animales con discapacidad más importantes de los Estados Unidos.
Resiliencia que contagia
En base a las referencias de distintos especialistas en todo el mundo, podemos definir a la resiliencia como: “La capacidad del ser humano de sobreponerse a sus dificultades y al mismo tiempo aprender de sus errores, construir a partir de la adversidad y desarrollarse positivamente, a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún, de salir fortalecidos y ser transformados por ellas”*. Complementando y ampliando este concepto, el psicólogo colombiano Agustín David Aria, autor de distintas publicaciones sobre este tema, afirma que la resiliencia no sólo se manifiesta en situaciones de crisis, sino también en las motivaciones propias y más profundas del ser, siendo que “inteligencia resilente” no sería una expresión propia de los organismos superiores sino también de los animales. En este sentido, Cyrulnik respalda esta mirada al manifestar que “la angustia nos impulsa al encuentro y a la creación. A la inteligencia del cuerpo, posibilitada por el cerebro se agrega la inteligencia colectiva, que posibilita la palabra. Al pensamiento perceptivo y emocional que compartimos con los animales”.
A través de su amplia experiencia en el contacto con animales, Mayra Cabrera se anima a una reflexión que plantea una nueva perspectiva respecto de las motivaciones y el sentimiento de ejemplaridad que los animales pueden provocar en los humanos. Consultada por El Cisne, la especialista mexicana se pregunta: “¿Existe la discapacidad en los animales? Discapacidad. Es un término interesante, ya que significa la falta de capacidad para hacer algo. Cuando nos referimos a un animal con discapacidad con frecuencia se nos viene a la mente un animal lisiado (que le falte un miembro o incluso que padezca ceguera) que es incapaz de valerse por sí mismo. Muchas veces esto está bastante lejos de la realidad, ya que la naturaleza es tan maravillosa que ha dotado a los animales de la capacidad de suplir tales carencias y de seguir adelante; si les falta un miembro, se las arreglan con los restantes (incluso si tuvieran que arrastrarse, no tienen las limitaciones -mentales- que tenemos los humanos como la autocompasión que es, per se, autolimitante), si carecen de la vista, para eso está el olfato y el oído. Para ciertamente hablar de un animal discapacitado, tendría que encontrarse en una situación realmente vulnerable y dolorosa (como un atropellamiento) y posiblemente aún así luchará hasta sus verdaderos límites para salir adelante. Mucho tenemos que aprender de los animales, de su valor, su tenacidad, su absoluta confianza en lo que sí son capaces de hacer: sobrevivir, disfrutar cada momento y ajustarse a cualquier situación que se presente en la vida, sin importar qué tan adversa sea”.
Hace apenas un mes, el perro de Joan Heissel, la residente más anciana del condado de Le Mans (Iowa), recibió un premio honorífico por parte del museo “Woof-stock”, perteneciente al más grande festival de canes de Estados Unidos. Heissel venía de sufrir la pérdida de su marido y su familia consideraba que la compañía de una mascota podría estimularla para no ceder a la tristeza. Fue entonces que en la sociedad protectora de animales les recomendaron la adopción de Mac, un hermoso perro con una pata amputada. “No puedo cuidar de mí misma. ¿Cómo podré cuidar de un perro así?”, se preguntaba Heissel, sin embargo hoy no se avergüenza de contarle a la prensa que actualmente es “Mac que cuida de ella y su familia”.
“Por fortuna los animales que han perdido un miembro no suelen entristecerse o pasan por un periodo de duelo como ocurre con los humanos, sino que afrontan su nueva situación adaptando rápidamente su cuerpo a este nuevo cambio. (Si es que a un animal amputado se le ve triste, es más probable que se deba a que aún no cicatrizan sus lesiones o siente dolor). Es por eso que no debemos sentir lástima por ellos, sino al contrario: debemos admirarnos por su tenacidad para seguir adelante enfrentando su nueva limitante y convirtiéndola en ventaja”, asevera Mayra Cabrera.
En el portal “Dogs with Disabilities” (Perros con discapacidad), la criadora y proteccionista Cindy O’Malley, comparte esta visón donde ciertas características humanas reivindicadas por la sociedad actual pueden jugar en contra a la hora de enfrentarse a situaciones tan complejas como la discapacidad, asegurando que “los perros con discapacidades no sienten lástima de sí mismos, aceptan lo que la vida tiene para ofrecer y tanta ayuda como su orgullo puede tomar. Toman cada día como viene y tienen más paciencia de la que nosotros nunca tendríamos en la misma situación. Estos animales hacen todo lo posible para accionar desde su máximo potencial. Y lejos están de ser una carga, al contrario, son una alegría y la razón para desacelerar nuestras agitadas vidas. ¡Podemos aprender mucho de los perros con discapacidad! Pueden disfrutar de la vida al máximo con un poco de ayuda”.
El site “Concientización, Adopción y Educación Social Pro Animal” cuenta además que en el caso de los animales ciegos, ellos mismos pueden alcanzar un perfecto sentido de orientación, debido a que sus otros sentidos se potencian, lo que incluso puede permitirles salir a pasear, medir distancias y reconocer lugares.
Del mismo modo en casos de sordera, abundan los testimonios sobre el potencial animal para adaptarse a superar sus límites. “Los perros que no puede oír a menudo son descartados por sus dueños por el prejuicio de ser demasiado difíciles de entrenar, incapaces de recordar una orden o simplemente incapaces de vivir una vida ‘normal’. Pero un perro sordo sólo tiene uno de los cinco sentidos limitados y puede adaptarse a su falta de audición mejor de lo que se pueda imaginar. Con su sentido del olfato y ojos ansiosos, un perro sordo puede comprender, interactuar y aprender tan bien como otros perros sin esta particularidad. Con un poco de tiempo y la imaginación de sus dueños, un perro sordo puede aprender todas las conductas de un perro que puede oír”, afirman los creadores del portal “D for Dog”, especialmente dedicado a los perros sordos.
A partir de innumerables ejemplos de resiliencia animal documentados por muchas asociaciones y estudios veterinarios, ¿podrían marcarnos una nueva perspectiva ayudándonos a ver cómo en ellos surge una capacidad de superación dada en su naturaleza y que en los seres humanos debe ser un proceso a conquistar?
En algunos refugios y organizaciones que albergan y dan en adopción mascotas con discapacidad, ya se están empleando visitas especiales para que los adultos mayores y las personas con discapacidad puedan experimentar estas “contagiosas” historias de vida en cuatro patas.
¿Estaremos entonces frente al comienzo de una nueva forma de zooterapia, donde los animales no sean utilizados como herramientas terapéuticas sino donde puedan brindar un apoyo anímico y sociabilizante a partir de su propia historia y su ejemplo vivo?
Seguramente, en la medida que más experiencias puedan ser documentadas más sabremos acerca del potencial latente en los vínculos entre “animales humanos y no humanos”, lo cual nos permitirá comprender, en espejo con la naturaleza, que todos los reinos formamos un entramado en constante evolución, y que la sed de conquista propia de lo humano ha permitido grandes avances culturales, pero que necesita urgentemente un contrapeso ético y sensible que nos permita redescubrir nuestras facultades naturales para abrirnos paso ante la adversidad y los límites en armonía con la diversidad humana y ambiental.
Luis Eduardo Martínez
* Gloria Laengle, Angela Quintero, Helena Combariza.
Refugios y asociaciones donde rehabilitan y dan en adopción animales con discapacidad y ancianos con movilidad reducida:
- Refugio El Campito: www.elcampitorefugio.com.ar
- Refugio Lazos de amor (Merlo, Buenos Aires): www.refugiolazosdeamor.com.ar
- Refugio Palomar: www.refugiopalomar.com.ar
- Mascotas en adopción: www.mascotasenadopcion.com

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