miércoles, 17 de noviembre de 2010

La discapacidad en la Alemania Nazi

La masacre de cerca de 200.000 adultos y niños con discapacidad durante la Alemania Nazi es quizás uno de los temas más delicados y dolorosos de abordar en el repaso histórico de la discapacidad. Antes de la persecución del pueblo judío, el pueblo gitano, los partidarios comunistas y la comunidad gay, Hitler emprendió una salvaje experimentación, tortura y asesinato de personas con discapacidad, con el pretexto de un plan de eutanasia que le permitiera concretar su delirante sueño de la pureza racial. Dichas técnicas nazis tempranas de exterminación incluyeron la muerte por inanición, gases tóxicos y exposición de personas con dolencias mentales a infecciones fatales. Por dolor o por omisión, estos acontecimientos parecen escapar a un ejercicio profundo de memoria que nos permitiría dar con claves esenciales para la comprensión de fenómenos como la discriminación y la inclusión social. Sin embargo, el hallazgo realizado el año pasado de una fosa común con restos de niños con discapacidad asesinados por el nazismo, y la reciente reposición de la obra teatral “Los primeros en partir”, hacen un llamado a completar la historia con una memoria necesaria que nos convierta en creadores de un futuro de esperanza para todos.
Por estos días, el National Disability Arts Forum (Foro Nacional de las Artes de Discapacidad) de Gran Bretaña dio a conocer en su gacetilla semanal la reposición de la obra teatral “Los primeros en partir”, del prestigioso dramaturgo y activista por los derechos humanos Nabil Shaban. Shaban (Amman, Jordania, 1953), quien padece de osteoénesis discapacitante, escribió esta obra en 1996, la misma trata de la persecución, tortura y exterminio de las personas con discapacidad en el régimen de Adolf Hitler. Y es precisamente a través de situaciones como éstas donde podemos observar la importancia concreta y vital del arte en nuestras vidas, del arte como generador de experiencias que devendrán en memoria sensible y necesaria.
El arte que rescata a través de cada poética y cada gesto aquello que el olvido no puede exterminar en el corazón de las sociedades. Es que del holocausto sufrido por las personas con discapacidad en la Alemania nazi, sólo podemos obtener evidencia o encuentro, mediante alguna muestra testimonial en los tantos museos de la memoria. Al parecer, un inexplicable vacío se ha llevado testimonios y trazos de esa memoria que alberga una dolorosa realidad. Los orígenes del olvido Consultado acerca de las tempranas políticas de exterminio del régimen nazi, el Dr. Tom Shakespeare, director del Instituto para el Desarrollo y la Investigación de la Política y la Ética de la Universidad de Newcastle, y uno de los principales referentes en Bioética del Reino Unido (quien, además, porta acondroplasia), confirma una amarga verdad: ha habido una tendencia mundial a pasar por alto a las personas con discapacidad y otras “minorías” víctimas del Holocausto. “Las políticas del Holocausto son complejas, pero es importante reconocer a todas las minorías implicadas”, afirmó.
Esta deuda obedece quizás a muchas y diversas causas, desde el rechazo social a enfrentar el dolor y el espanto y hacerse cargo, hasta la clara y escasa presencia de las personas con discapacidad en la “historia oficial” de la humanidad. Y todo se manifiesta como un síntoma oscuro del vacío del que los distintos colectivos de discapacidad siguen siendo víctimas hoy en día. Remontarse en esta historia de horror implica un fuerte e ineludible ejercicio de compromiso humano por reconstruir una memoria sin la cual permanecemos incapacitados ante la verdad, y sin ella no hay forma de sabernos seres libres, con capacidad de futuro, permanecemos esclavos de nuestra no conciencia, de nuestro temor o de aquello que casi constituye un crimen: la negación.
En un artículo publicado recientemente por la Fundación Memoria del Holocausto de Argentina, la Prof. Isabel Burstein de Kohn expuso: “La negación del Holocausto no debería ser vista como una agresión a un grupo en particular. Sus planteamientos constituyen un insulto a la civilización toda.
En la medida de que la sociedad toda logre visualizar sus verdaderas intenciones, se estará defendiendo a la historia de manipulaciones intencionales que responden a perniciosos objetivos y se estará defendiendo a la humanidad de nuevas atrocidades”. Pero para poder profundizar en esta historia, constituirla como memoria viva y comprender las razones de este olvido, es necesario retroceder a algunos años antes del régimen nazi e indagar en las raíces del plan de eutanasia cometido por Hitler.
El programa alemán de eutanasia de discapacitados, como tal, se remonta a principios del siglo XX, como consecuencia de posturas científicas producto de un avance científico-tecnológico carente de desarrollo moral. Por ende, no es un plan de origen militar sino científico, apoyado en una cultura y un clima social propicios. El Dr. Omar França Tarragó (Prof. de Psicología de la Experiencia Religiosa de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay, Prof. de Teología Moral en la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador de Buenos Aires), en su “Introducción a la bioética”, afirma que el plan de eutanasia nazi tiene sus orígenes “en occidente, en el mundo académico universitario, como parte de las reivindicaciones de la práctica de los médicos, del moderno intelectualismo pragmatista y del positivismo científico.
En ese sentido, el intento de plantear la eutanasia a los discapacitados surgido en Alemania es un emergente de una posición ética mucho más amplia, que con frecuencia aparece en los ámbitos filosóficos y científicos de las universidades. De hecho, el programa alemán a favor de la eutanasia de discapacitados (ED) fue descrito por Binnding y Hoche en 1920, bastante antes de que se lo hiciesen conocer a Hitler, 13 años antes de que éste tomara el poder y 20 años antes de que el jefe alemán lo mandase ejecutar como tal. Ambos autores eran intelectuales universitarios: Binnding profesor de Derecho, Hoche profesor de Medicina”.
De hecho, si antes no se hubiera planteado el tema tanto en la medicina como en el derecho, Hitler hubiera tenido mayores dificultades o resistencias para blanquear y accionar su plan de eutanasia. “Este proyecto comenzó en 1939 con la decisión de poner fin a los sufrimientos de un niño gravemente disminuido y tomó una amplitud típica de los excesos progresivos de los nazis. Su familia le solicitó por escrito autorización a Hitler para practicar una eutanasia. Hitler la autorizó.
 A partir de ahí, y desde el verano del 39 se contempló la posibilidad de extender la eutanasia a todos los pacientes de los asilos, considerados como “bocas inútiles, indignos de vivir”. En el otoño del 39, Hitler dio secretamente al jefe de la Cancillería del Führer, Philipp Bouhler, y a su médico personal, Karl Brandt, la autorización escrita (en su propio papel de correspondencia y firmado de su puño y letra) de lanzar el programa de la eutanasia”, relata Ian Kershaw, renombrado especialista en nazismo.
En un principio, Hitler seleccionó para incluir en su plan de “muerte por gracia” a las personas con discapacidades físicas y mentales más severas, entre las que se incluían: el retardo mental, los desórdenes mentales, las enfermedades crónicas, la parálisis cerebral y la epilepsia. Pero los parámetros del exterminio se fueron ablandando hasta alcanzar a personas con rasgos físicamente atípicos pero no discapacitados, como el enanismo; los sospechosos de tener taras genéticas y aquellos que eran socialmente devaluados, es decir, los pueblos gitanos.
De este modo, el 1 de septiembre de 1939, y a través de unas breves líneas, Adolf Hitler daba vía libre a uno de los acontecimientos más deplorables de la historia de la humanidad: “Reichleader Bouhler y Dr. Me Brandt han sido especialmente comisionados para extender la autoridad de los médicos designados personalmente para que la muerte por gracia sea garantizada a los pacientes, que de acuerdo al juicio humano son incurables según la evaluación más crítica del estado de su enfermedad”. El programa T4 “La decisión de aplicar la eutanasia a los disminuidos mentales y físicos fue tomada directamente por la Cancillería del Führer. Los que se encargaron de ello tenían oficinas en el número 4 de la calle Tiergartenstrasse, en Berlín, de ahí el nombre de proyecto T4”, comenta Ian Kershaw en relación al nombre del siniestro plan de exterminio de las personas con discapacidad.
El Proyecto T4 permitió experimentar con los métodos de exterminación que luego se aplicaron sobre los pueblos judío y gitano, especialmente con el gas de monóxido de carbono. Si bien no se sabe acerca del número real de hombres, mujeres y niños que fueron víctimas del T4, se calcula que las cifras rondarían entre los 200.000 y 1.000.000 de personas con discapacidad.
Según estudios del Dr. Omar França Tarragó, se trataría de unas 300.000 personas con discapacidad mental y 100.000 con retraso mental. “Se sabe a ciencia cierta que en la ciudad de Berlín, de 16.300 enfermos mentales sobrevivieron sólo 2.400; y que en una institución Bávara, de 2.500 sobrevivieron 200. Por otra parte, algunas instituciones psiquiátricas cerraron sus puertas debido a la ‘rápida desinstitucionalización’”, afirma.
El año pasado, en Alemania, 72.000 personas pasaron por la exposición “Medicina mortal: Creando la raza maestra”, basada en la evidencia de estos crímenes, hallada en la clínica Am Spiegelgrund. Se estima que en éste y en otros cinco centros de toda Alemania, incluido un castillo en Wuerttemberg, médicos y enfermeras asistieron a la ejecución, a tiros o en cámara de gas, de unas 70.000 personas entre 1940 y 1941. La exposición demostró, no sin revuelo, cómo, pese al abandono del programa, las matanzas masivas continuaron en secreto.
También en 2006, autoridades alemanas de Arnsberg que investigaban el descubrimiento de cerca de 51 esqueletos, muchos de ellos de bebés o niños con indicios de discapacidad física, en una presunta fosa común, confirmaron su relación con los crímenes del T4 en la era nazi.
Los investigadores corroboraron, además, que se encontraron en la tumba instrumentos médicos. Lo cierto es que aún no se conocen los resultados de la investigación y si todavía quedan responsables de ese crimen con vida. El programa T4 culminó de forma secreta el verano de 1941, después de las protestas sociales y clericales, especialmente del obispo de Münster. En otoño del mismo año, a raíz de su clausura, decenas de miles de personas fueron asesinadas con medicación o simplemente se los dejó morir de hambre.
Los principales responsables del T4 se desplazaron entonces a Polonia oriental, en la región de Lublin, para levantar los primeros campos de exterminio del sector, como el de Belzec. “Con la creación de otros dos campos de la muerte, Sobibor y Treblinka, Belzec formará parte a partir del verano del año 1942 de la Aktion Reinhard.
Esta denominación se utilizó en homenaje a Reinhard Heydrich y consistió en el plan de exterminación de todos los judíos de Polonia”, completa Kershaw. Fue así como, gracias a este siniestro ensayo, Hiltler y el nazismo pusieron en marcha el proceso de persecución y eliminación del pueblo judío y otros colectivos.
 Tan tardío fue el esclarecimiento y el reconocimiento de estos hechos que no fue hasta 1989 que se colocó una placa en la calle Tiergartenstrasse en memoria de las víctimas, un acontecimiento que provocó que numerosos hospitales alemanes admitieran haber colaborado con los nazis en sus experimentos en ingeniería genética.
Las políticas eugenésicas hoy En noviembre del año pasado, un grupo de médicos británicos reabrió la polémica cuando recomendaron la eutanasia para recién nacidos con discapacidad, confirmando que aquel “clima científico” de los años 30 aún conserva varios adeptos en el mundo. La asociación de médicos ingleses había pedido a los demás médicos del país que practicaran la eutanasia a los recién nacidos con algún severo daño cerebral o físico. Según informó la prensa, el Royal College of Obstetricians and Gynecology sugirió, dentro de una lista de recomendaciones al Consejo de Bioética de Nuffield, que el extermino de estos bebés es mejor que realizar extensas cirugías o tratamientos. En su discurso, la asociación concluyó que “un niño discapacitado puede generar una familia discapacitada. Si el acortar vidas y las intervenciones deliberadas para matar infantes estuviera disponibles, deberían tener un impacto en las decisiones obstétricas”.
A partir de estos testimonios, y sin un previo ejercicio de la memoria, sin una valoración exacta de los crímenes cometidos bajo la influencia de ideologías similares implantadas sin debate, a mansalva, es que podemos percibir la necesidad de un repaso consciente por este suceso. Al respecto, el reconocido escritor Juan Gelman asegura: “Junto a las ‘limpiezas étnicas’ de la ex Yugoslavia existen las ‘higienes políticas’ bien conocidas en nuestro Cono Sur, y ambas son genocidas. Cuando esa ideología dirige la política de Estado, desemboca en el exterminio masivo. En la Alemania nazi se empezó segregando a muchas clases de enfermos mentales y discapacitados físicos (incluidos los que padecían ceguera, sordera y deformaciones hereditarias). Siguió la esterilización forzada de hijos de madres alemanas y padres no blancos (los ‘bastardos del Rin’) que alcanzó a 375.000 personas, el 0,5% de la población total.
A medida que la guerra se acercaba, la esterilización de alemanes discapacitados fue sustituida por la muerte -de unos 70.000 adultos- que coordinaba el T4 en seis centros de exterminio. La ‘eutanasia’ de discapacitados siguió en los hospitales nazis, en algunos hasta dos semanas después de terminada la guerra. Acompañando, desde luego, la matanza de gitanos y el genocidio en escala gigantesca de 6 millones de judíos”.
Científicos, filósofos, políticos, naciones, muchos y variados fueron quienes se dejaron seducir por el crimen y el delirio, el Holocausto no hubiera podido sostenerse sin el consentimiento de tantos.
Hoy es nuestro deber no mirar a un lado y saber que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de apostar a una memoria que construya un futuro verdadero, reflexivo, justo, con lo mejor de la humanidad, sin indiferencia y sin abandono. “(...) hubo millones y millones que sabían y no hicieron nada. Y también es importante considerar quién llevó a cabo esto: fue realizado por un gobierno, no por un grupo de gente insatisfecha y desorganizada sino por un gobierno legítimo que llegó al poder a través de un proceso democrático en la nación que era la más altamente educada del mundo en ese momento, así que hemos aprendido que los valores democráticos y la educación no son suficientes. Hubo muchos asesinatos masivos en la historia pero nunca antes o después ha sucedido algo parecido al Holocausto, con este nivel de intención y motivación profunda, con este alcance y metodología”*, afirma la Lic. Sara Bloomfield. Es tiempo de que éste, como tantos otros crímenes puedan ser saneados a fuerza de compromiso con la vida y compromiso con aquellos que murieron siendo víctimas.
Es la única chance para que estos acontecimientos no vuelvan a manchar nuestra historia con la sangre de los inocentes, y para que los oportunistas del crimen y la segregación no encuentren terreno fértil donde sembrar su odio.
Luis Eduardo Martínez*
martinez_luiseduardo @yahoo.com.ar
* El Testimonio de Ana Frank, el valor pedagógico de la Memoria. Fuentes: - Introducción a la bioética, Omar Franca. - Le Nouvel Observateur, Nº 2097, enero 2005. Enlaces relacionados:
- Fundación Memoria del Holocausto: http://www.fmh.org.ar/
 - Web site de Nabil Shaban: http://uk.geocities.com/jinghiz53

1 comentario:

  1. como rosarino también,opino que la sociedad se debe depurar así misma,para que sus individuos sean fuertes y sanos o sea eliminación
    o esterilización de personas enfermas, en Argentina se mezclan razas por eso somos débiles y dominados por otros países, creo que los nazis no estaban equivocados después de todo

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