miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cuando vivir en la ciudad discapacita


Según estadísticas de Naciones Unidas, casi la mitad de la población mundial vive en grandes aglomeraciones, y se estima que esta proporción aumente en dos tercios hacia el año 2030. Sumado a las problemáticas de sobrepoblación, desigualdad social y daño ambiental, las grandes ciudades marchan al ritmo de la cultura de la velocidad y la indiferencia, la competencia desaforada, la ausencia de controles y la falta de compromiso ciudadano, convirtiéndose en verdaderas ‘fábricas’ de enfermedad y discapacidad. ¿Cómo lograr dar un giro a tiempo antes de vernos atrapados en un despiadado laberinto de concreto, ciego, sordo y mudo ante nuestra integridad humana?
¿Existe una reflexión profunda en Latinoamérica acerca del modelo de ciudad en los grandes conglomerados urbanos? Partiendo de este simple interrogante podremos dar en el núcleo de uno de los mayores conflictos sociales actuales: las oscuras consecuencias de la crisis poblacional, la desigualdad de oportunidades y las pésimas políticas de urbanización.
Ante la falta de alternativas al modelo de creciente urbanización promovido por la especulación inmobiliaria y la centralización económica, el territorio carece de políticas inclusivas y pasa a ser abordado como burda mercancía, sin importar el escenario de segregación social, ambiental y económica que predomina.
Hace casi diez años y en el marco de un congreso organizado por la Federación Internacional de Vivienda y Urbanismo, José Antonio Acebillo, Arquitecto Jefe del Ayuntamiento de Barcelona, anunciaba el comienzo de un debate que actualmente llega a nuestra sociedad: “las grandes empresas están tomando la delantera a los gobiernos en la planificación urbanística de los últimos años. Ante la extendida creencia de que el mercado acaba determinando dónde y cuándo se construye”; señalando además que “que la colaboración entre el sector público y el privado debe tratar de pactar la calidad de los proyectos y el espacio público que se les atribuye si se quiere evitar que el sector terciario entre en un desgobierno absoluto”.
El modelo actual, donde la ciudadanía se engloba en un sujeto colectivo indiferenciado, anónimo, comienza a desestabilizarse y a ser debatido, ya que muchos son los grupos sociales (conformando quizás la gran mayoría de la ciudadanía) perjudicados por las diversas problemáticas urbanas vinculadas a la salud, el ambiente, el trabajo, la seguridad y la calidad de vida.
Una de las problemáticas más difíciles de percibir y menos señalada por los medios de comunicación es el impacto negativo que el actual modelo provoca en la salud de cientos de miles de ciudadanos, más allá de su condición social. La contaminación ambiental, la polución auditiva, los accidentes laborales y de tránsito y el creciente nivel de estrés social traen aparejadas distintas dolencias y trastornos que pueden provocar serias enfermedades y discapacidades sensoriales, orgánicas, motoras y psíquicas.
La Organización Mundial de la Salud afirma que “los riesgos y la contaminación ambientales contribuyen de manera muy importante a la mortalidad, la morbilidad y la discapacidad infantiles asociadas a las enfermedades respiratorias agudas, enfermedades diarreicas, traumatismos físicos, intoxicaciones, enfermedades transmitidas por insectos e infecciones perinatales”. Las cifras son escalofriantes.
Generar una alternativa dependerá de si la ciudadanía logra imponer al fin la urgente discusión de este modelo urbano. En algunos estados y grandes ciudades de Europa, la problemática ha logrado impulsar cambios y diseñar proyectos más humanos y sustentables.
En Latinoamérica contamos con la posibilidad de tomar referencia de los países desarrollados y anticiparnos en la construcción de nuevos enfoques, todo dependerá de cuáles sean nuestras prioridades y cuáles son los modelos que ayudemos a afianzar, ya sea desde el ejercicio de nuestro poder ciudadano o desde nuestro silencio.
Alerta en el aire
Distintos estudios llevados a cabo en grandes ciudades europeas señalan que entre un 20% y un 30% de la incidencia total de enfermedades puede deberse, en los países industrializados, a factores ambientales.
Pero no sólo los países desarrollados presentan una alerta roja. Según un informe publicado el año pasado en el periódico español El Mundo, la contaminación está alcanzando niveles preocupantes en las grandes ciudades de Asia y Sudamérica, siendo más de dos millones de personas quienes mueren cada año debido a este factor.
Uno de los medios más afectados por la contaminación es el aire, elemento del cual dependemos completamente, y que, a diferencia del agua, es mucho más difícil de tratar.
El índice de enfermedades respiratorias, asma y alergias ha aumentado considerablemente debido a la falta de regulación en los sistemas de transporte, el consumo de tabaco en lugares públicos y el “síndrome de los edificios enfermos”. Esta última expresión denomina a la sintomatología que presentan los individuos que viven o trabajan en un edificio afectado por malos materiales de construcción, falta de ventilación y la proliferación de dispositivos como computadoras, fotocopiadoras, impresoras, el uso extensivo de materiales sintéticos, los sistemas de iluminación fluorescente generales, o la presencia de contaminantes directos como el humo del tabaco y otros, que generan efectos nocivos para la salud. Entre ellos podemos contar: irritaciones de ojos, nariz y garganta; sensación de sequedad en membranas, mucosas y piel; ronquera; respiración dificultosa; eritemas; alergias; hipersensibilidades inespecíficas; náuseas, mareos y vértigos; dolor de cabeza; fatiga mental y elevada incidencia de infecciones respiratorias y resfriados.
Especialistas europeos han afirmado que la contaminación del aire provoca el triple de muertes que los accidentes de tráfico y casi 10 veces más que los accidentes laborales. Según la OMS, la contaminación del aire en locales cerrados asociada a la utilización todavía generalizada de combustibles de biomasa causa la muerte de casi un millón de niños al año, principalmente por infecciones respiratorias agudas. Por su parte, un informe del Ministerio de Salud de la Nación advirtió que las enfermedades respiratorias tienen la mayor participación en la carga global fundamentalmente por el inmenso peso de la discapacidad remanente.
Y no sólo la piel y las vías respiratorias son las únicas víctimas del aire poluido, un estudio realizado en los Estados Unidos expuso la relación directa entre contaminación medioambiental y enfermedades de las arterias, demostrando que la polución puede acrecentar hasta en un 15% los niveles de arterioesclerosis en las arterias del cuello.
Las emisiones tóxicas que ingresan al organismo al entrar en contacto con el aire contaminado pueden ser además altamente cancerígenas. Una investigación llevada adelante por el Hospital Civil de Padua (Italia), comprobó que en las áreas urbanas la contaminación atmosférica es responsable de entre un 5 y un 10% de casos de cáncer de pulmón. Por otra parte, las dioxinas y otras emisiones de metales pesados pueden provocar casos de trastornos neurológicos de desarrollo. Las toxinas provenientes de la quema indiscriminada de residuos domésticos e industriales son sustancias altamente tóxicas y causantes de una variedad de problemas a la salud. Entre los contaminantes tóxicos se encuentran además metales pesados tales como plomo, cadmio y mercurio, gases de efecto invernadero, gases ácidos y partículas ultra finas.
En proporción a su tamaño y población, Europa ha sido uno de los mayores responsables de la contaminación atmosférica global. Sin embargo, la Unión Europea decidió afrontar su responsabilidad de recortar la cantidad de gases dañinos que emite. Desde hace más de una década ha establecido una serie de objetivos para reducir las emisiones de contaminantes y obtenido bastantes progresos. Con el desarrollo de nuevas tecnologías, generando nuevas leyes y creando conciencia ciudadana, se ha podido reducir notablemente la polución de muchísimas ciudades. Como ejemplo podemos citar el uso obligatorio de convertidores catalíticos en los automóviles, el cierre de algunas ciudades al tráfico en determinados días de la semana y el uso de medios públicos de transporte más respetuoso con el ambiente, como el tren o las vías navegables.
El agua y el aire son elementos con los cuales tenemos absoluta dependencia y están estrechamente ligados a nuestra salud y calidad de vida, si en breve no contamos con iniciativas contundentes y precisas por parte de nuestros Estados, Latinoamérica se encaminará a un callejón sin salida, ya que ante la falta de recursos y tecnologías, nuestras chances están puestas en la prevención y preservación.
Audición en riesgo
Un tipo de contaminación a la que los habitantes de las grandes ciudades estamos constantemente expuestos, sin que casi podamos evitarlo, es la polución sonora, causante de serios daños a la salud.
Solo el intenso ruido que diariamente provoca el tráfico de vehículos es responsable de muchas de las lesiones auditivas.
Para los parámetros de la OMS, se consideran molestos los sonidos que se encuentran por encima de los 70 dB, y dañinos si superan los 90 dB. Como consecuencia de esta exposición, en Hyderabad, una populosa ciudad hindú, tres de cada cuatro agentes de tráfico (el 74%) sufren pérdida de audición permanente. Un estudio llevado a cabo por la Sociedad de Asistencia a Discapacitados Auditivos de India expuso que después de más de cuatro horas de trabajo en ese estrepitoso tráfico la probabilidad de sufrir una pérdida de audición es del 100%.
La Ciudad de Buenos Aires, con un mejor planeamiento urbano que las ciudades hindúes, se encuentra apenas por debajo del ejemplo antes citado. El año pasado, el periódico La Nación dio a conocer un informe donde se expusieron los altos índices de contaminación sonora en barrios como microcentro y zonas de Barracas, Monserrat, Constitución y el cruce de Av. Santa Fe y Pueyrredón, con mediciones que variaron entre los 65 a 80 decibeles (dB).
El Plan Urbano Ambiental realizado por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires realizó un informe donde se especificó que la ciudad es cada vez más ruidosa. “Tras cuatro años de mediciones, se comprobó que en los últimos 27 años el nivel de ruido creció un 70%; el tránsito vehicular es el causante del 80% de la polución sonora”. Este crecimiento se debería a los cambios en la vida urbana, como la prolongación de la jornada laboral y la actividad nocturna, y la expansión del parque automotor en un 400%.
La exposición a niveles de ruido intenso, da lugar a pérdidas de audición, que si bien en un principio son recuperables cuando el ruido cesa, con el tiempo pueden llegar a hacerse irreversibles, convirtiéndose en sordera. Este tipo de sordera es llamada “de percepción y simétrica”, afectando ambos oídos con idéntica intensidad.
De todos modos, el daño auditivo no es el único efecto adverso provocado por la contaminación sonora. Los efectos no auditivos presentan un amplio rango de afecciones, bastan 50 a 60 dB para que existan enfermedades asociadas al estímulo sonoro. Superando los 95 dB podemos encontrar:
- Afecciones en el riego cerebral.
- Alteraciones en la coordinación del sistema nervioso central.
- Alteraciones en el proceso digestivo.
- Cólicos y trastornos intestinales.
- Aumento de la tensión muscular y presión arterial.
- Efectos en la memoria.
- Efectos en la atención.
- Efectos en el embarazo que perjudican la tolerancia del bebé a los ruidos.
- Perturbaciones en la capacidad de escuchar y retraso en aprendizaje de la lectura.
- Dificultades en la comunicación verbal, favoreciendo el aislamiento, la poca sociabilidad y además aumenta el riesgo de sufrir estrés.
Conocer estos riesgos es fundamental para poder generar un cambio. La ciudad de Buenos Aires cuenta con leyes y organismos de denuncia y control de ruidos molestos, sólo resta que los habitantes sean informados acerca de las serias consecuencias de convivir con los ruidos dañinos y se comprometan efectuando las denuncias pertinentes. Por su parte, las autoridades públicas deberán intervenir creando las disposiciones necesarias para reducir los crecientes índices de contaminación sonora.
El daño ocular
La irritación ocular y el Síndrome del Ojo Seco afectan a una gran parte de la población en las ciudades más desarrolladas. El Síndrome de Ojo Seco es la más común de las afecciones oculares, modificando el rendimiento de aproximadamente un 20% de la comunidad.
Ambas dolencias tienen múltiples orígenes, pero se ha comprobado que uno de los causantes de mayor incidencia es el daño ambiental.
Estas molestias ocurren como respuesta de los ojos al entrar en contacto con una situación o agente irritante: los ojos se enrojecen y/o lagrimean, ocasionando además sensación de quemazón o escozor.
Otro causante muy ligado a la vida de la ciudad es la alta exposición a computadoras, televisión, manejo de automóviles, ambientes cerrados, calefacción y aire acondicionado. La sobre-exposición a la computadora puede causar, por ejemplo, el llamado Síndrome de la Pantalla de Visualización, cuyos síntomas son visión doble o borrosa, fatiga ocular, fotofobia, lagrimeo, sequedad, ojos rojos, pesadez ocular,
Otra amenaza para la vista es la conjuntivitis, la enfermedad de los ojos más común en las granes ciudades, ocasionada por el ozono, uno de los principales contaminantes ambientales.
Especialistas de todo el mundo recomiendan alterar los tiempos de trabajo con computadoras realizando ejercicios de gimnasia ocular (como los sencillos ejercicios de Gimnasia Bates) y relajación, como también mantener una dieta equilibrada rica en frutas y verduras, evitando los alimentos cárnicos y realizar ejercicios al aire libre. También es importante el aseo personal y evitar la automedicación con colirios, consultando siempre a especialistas.
Por otro lado, el paciente con Ojo Seco, al sufrir una condición crónica, debe tener en cuenta ciertas medidas terapéuticas para facilitar el tratamiento y atenuar su sintomatología. Para ello es indispensable estar en contacto con ambientes donde el aire sea: limpio, húmedo y quieto.
Accidentes y discapacidad motriz
Estadísticas realizadas periódicamente en nuestro país aseguran que cada año alrededor de 15.000 personas adquieren discapacidad debido a accidentes de tránsito. La mayoría de los casos ocurren en las ciudades de Buenos Aires, C.A.B.A., Córdoba, Santa Fe y Mendoza, las mayores del país.
En Ciudades como México DF y La Paz (Bolivia), los accidentes de tránsito son la primera causa de discapacidad en jóvenes de entre 18 y 25 años.
La asociación civil “Luchemos por la vida” asegura que “los más vulnerables en la vía pública son los peatones; generalmente abandonados a su propia suerte. En las grandes ciudades representan una parte importante del total de muertos en accidentes de tránsito y, en nuestro país, el 44%. Sin embargo, se les presta poca atención y, si es que se tienen en cuenta, la visión se focaliza más en su comportamiento que en la negligencia de los conductores”.
Pero estos patrones no se originan sin causa aparente. Investigaciones viales informaron que la ineficacia de los controles de tránsito en la Ciudad de Buenos Aires desnudó graves irregularidades y desproporciones entre las infracciones cometidas y las actas labradas. La vergonzosa cifra reveló un promedio de 1 acta de infracción efectuada por cada 12.000 infracciones graves cometidas.
Otra causante de accidentes vinculada al ritmo de las ciudades es la falta de descanso y el estrés. Un claro ejemplo de ello es el creciente índice de accidentes provocados por colectivos urbanos. La presión sobre los choferes por el cumplimiento de horarios y los contratiempos propios del tráfico generan un cóctel de tensión que en muchos casos desemboca en infracciones y malas decisiones al volante. Además, el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires reveló que el 40% de los choferes de colectivos de media y larga distancia no cumple con el descanso que exige la ley.
La falta de descanso, la presión por conservar el puesto de trabajo, las malas condiciones laborales, el acoso laboral o mobbing, las dificultades por llegar a tiempo y regresar temprano a los hogares, pueden jugar malas pasadas no sólo al conducir un vehículo, sino al manipular herramientas o materiales peligrosos.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el 80% de los decesos por accidentes laborales podría evitarse con el simple procedimiento de respetar las normas de higiene y seguridad propias de cada actividad. En Argentina, 2.000 personas mueren cada año, producto de la siniestralidad laboral y más de 40.000 se discapacitan en distinto grado.
En países como España, la mitad de las muertes en accidentes laborales están asociadas con accidentes viales, ya que suceden en el trayecto hacia el trabajo o de regreso a las casas. En un informe especial, el periódico vasco Eroski Consumer, comunicó que “en las grandes ciudades el lugar de trabajo está generalmente bastante distanciado del domicilio de los trabajadores, como atestiguan cada mañana las colas kilométricas de vehículos en las principales vías de entrada y salida. Teniendo en cuenta esta circunstancia, así como el aumento de puestos de trabajo en polígonos industriales, no resulta extraño que el número de accidentes que sufren los trabajadores mientras se desplazan al trabajo vaya en aumento”.
Una vez más, el “estilo de vida” elegido o adoptado a la fuerza por falta de políticas de desarrollo en las pequeñas localidades empuja a millones de personas hacia situaciones de riesgo y vulnerabilidad.
Salud mental
Y si tenemos en cuenta que el estrés y la desatención son uno de los principales factores desencadenantes de accidentes viales y laborales, ¿en qué medida las angustias y vértigos vividos en las grandes ciudades puede afectar también la salud psíquica de la población?
Actualmente se estima que el estrés podría ser el responsable de la mitad de las enfermedades, como también empeorar los síntomas de muchas dolencias. Según un estudio del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, “la mitad de las personas atendidas en consultorios externos de los centros de asistencia pública porteños y bonaerenses presentaron diversos cuadros de ansiedad y depresión, originados por las tensiones cotidianas”.
El complejo marco donde la vida solitaria o anónima, los problemas de comunicación, la dificultad de hallar grupos de pertenencia y contención, la sensación de falta de poder y las presiones relacionadas con la subsistencia o la competencia, provoca que los residentes de las grandes ciudades estén expuestos a lo que los especialistas denominan “Síndrome del Estrés Urbano (SEU) o de la ciudad enferma que combina una serie de trastornos físicos, químicos, biológicos, de seguridad y psico-sociales”. Según un informe especial del portal Ambiente Ecológico, “este fenómeno afecta todos los aspectos de la vida cotidiana, desde las relaciones interpersonales hasta la alteración de las funciones digestivas, respiratorias, urinarias, osteo-musculares y sexuales”.
Durante 2009 la Universidad de Tel Aviv, Israel, desarrolló una amplia investigación sobre más de 300.000 adolescentes donde pudieron comprobar que las exigencias de la vida urbana amplía notablemente el riesgo de esquizofrenia en individuos con predisposición genética. Los especialistas basaron su estudio buscando factores responsables de la asociación entre la residencia en ciudades y el aumento de la frecuencia de esquizofrenia, y dieron con distintos factores de influencia e interacción entre cierta “vulnerabilidad genética y el ambiente urbano y su influencia en el deterioro del funcionamiento cognitivo y social premórbido, con riesgo de esquizofrenia (…). El efecto del aumento de la densidad poblacional fue mayor para los individuos vulnerables en comparación con aquellos que no lo eran y su riesgo diferencial fue 10 veces superior. Los resultados permiten afirmar que el efecto del aumento de la densidad poblacional respecto del riesgo de esquizofrenia es especialmente relevante para los adolescentes con un funcionamiento social y cognitivo inadecuado”.
La revista argentina de Neurociencias “Descubriendo el cuerpo y la mente” publicó el año pasado un informe donde también sumó aportes al riesgo que sufre la salud mental de las personas que viven en las grandes urbes: “Aunque cada vez más gente elige vivir en ciudades, estos ambientes de hormigón gris y automóviles ruidosos, tienen una gran influencia nociva en la salud mental y en la forma de pensar de las personas (…) Cuando se camina por una ciudad especialmente en la zona céntrica de la misma, la unidad cuerpo cerebro mente (UCCM), debe procesar infinidad de estímulos potencialmente amenazantes vinculados con el tránsito y la vida urbana en sí misma. El procesamiento de esta gran cantidad de información tiende a agotarnos pues afecta uno de los puntos más débiles de nuestro cerebro, la capacidad de poder concentrar nuestra atención”, afirmaron los especialistas locales.
También existen estudios que respaldan la estrecha relación entre el TDAH y el estilo de vida urbano. “Nuestro mundo moderno está privando a los niños de desempeñar ocupaciones que son esenciales para su desarrollo físico, intelectual y emocional. Las prisas, la desestructuración de la familia, la falta de espacios verdes y la inseguridad de las calles son algunos de los factores que limitan la participación en actividades básicas para el desarrollo como son jugar al aire libre, experimentar con el entorno y descubrir el mundo de modo intuitivo", afirma Isabelle Beaudry, terapista ocupacional pediátrica, referente internacional en el abordaje de niños con TDAH.
Por su parte, el destacado especialista mexicano en medicina ambiental y otorrinolaringología, Javier Hernández Covarrubias asegura que "el déficit de atención y la hiperactividad ha aumentado un 400% en los últimos 20 años… esto se debe a la susceptibilidad genética y a la influencia del medio ambiente que está muy contaminado”. Se ha comprobado que en zonas muy afectadas por la contaminación, como la cuenca del Río de la Plata, los puertos mercantiles, polos fabriles, etc., el incremento de los niveles de plomo en la sangre eleva la incidencia de TDAH. “Una investigación reciente sugiere que el plomo podría desempeñar un papel en el desarrollo del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Se cree que los genes son los responsables de hasta el 70% de los casos de TDAH en los niños”, afirma un artículo de “Association for Psychological Science”, de los Estados Unidos.
Otro factor a tener en cuenta es la depresión, la segunda causa de discapacidad mundial para el año 2020, según la organización Mundial de la Salud. Debido a la vida más estresante y la falta de comunicación, las tasas de depresión también son mayores en las zonas urbanas en comparación a lo que sucede en comunidades pequeñas con mayor contención familiar y social.
Repensar la ciudad
En distintas partes del planeta, organizaciones, redes comunitarias, arquitectos, sociólogos, urbanistas y referentes sociales se encuentran repensando el concepto de ciudad y construyendo alternativas para un cambio gradual y sostenible.
Las posibles soluciones pasan por una apuesta hacia un nuevo modelo de desarrollo equilibrado y fraternal, con igualdad de oportunidades, acceso al conocimiento y respeto por ambiente.
Para la Coalición Internacional del Hábitat (Habitat International Coalition, HIC), una alianza global que reúne a más de 400 organizaciones con el fin de reconocer, defender e implementar el derecho de todo ser humano a un lugar seguro para vivir en paz y dignidad, y la defensa de los derechos humanos de las personas sin hogar, pobres y que viven en condiciones inadecuadas, es necesario repensar la ciudad desde la gente.
En un artículo publicado en el portal de la HIC, donde se difunde el documento de cierre de la Asamblea Mundial de Pobladores del año 2000, se advierte que para provocar un cambio sostenible es necesario transformar los actuales conglomerados urbanos en ciudades democráticas, educadoras, incluyentes y habitables (sustentable, productiva y segura): “Las poblaciones se urbanizan hasta alcanzar un 70% de la población total en algunos países. Este fenómeno se acompaña de una fragmentación urbana, exclusión y segregación (…) Cuando los pobladores hablan de ciudad democrática, no se trata solamente de una ciudad donde existen gobernantes democráticamente electos, sino más bien de una ciudad donde existen la solidaridad, la confianza, la reciprocidad, la equidad, el sentido de la vida comunitaria y finalmente la autónoma de las organizaciones sociales (…) Las propuestas organizativas para la ciudad educadora giran en torno a impulsar en las organizaciones sociales la realización de eventos culturales, actividades sociales y de esparcimiento, rescatando las tradiciones barriales a fin de valorar y cuidar la historia y el entorno (…) Para la construcción de una ciudad incluyente, los pobladores defienden también los valores de solidaridad, equidad y unidad. Para una ciudad habitable, sustentable, productiva y segura, los pobladores promueven nuevos valores humanos y una ética popular distinta de la ética liberal dominante. También es hacer conciencia de que la ciudad segura no puede basarse en la discriminación de ningún tipo”.
En su artículo “Biodiversidad urbana contra la ciudad indiferente”, el arquitecto Carlos Hernández Pezzi, Presidente Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España afirma que “compartir la ciudad es disponer de accesos iguales, igual movilidad, equilibrados beneficios de renta y las mismas facilidades de formación, empleo, salud, alojamiento y cuidado. La ciudad crece en todos estos recintos de igualdad y en otros tantos de bloqueo, desequilibrio e intolerancia. La forma de conseguir que la ciudad se construya de forma duradera por una ciudadanía responsable es abrir sus vasos comunicantes y establecer flujos de doble dirección entre todos sus grupos de habitar, de vivir y de pensar, para que todos puedan conocer, fluir y gozar del patrimonio que la historia ha otorgado al espacio de emancipación de la humanidad que son las urbes contemporáneas”.
Muchos especialistas aseguran que a la par de un nuevo concepto de educación ciudadana, es necesario ir descentralizando las ciudades, apostando al desarrollo sustentable de pequeñas comunidades, proyectos comunitarios alternativos y autosuficientes y la creación de asentamientos urbanos autónomos y autosustentados, incorporando y adaptando el modelo de Kibutz de Israel.
Hace casi veinte años, en la Agenda 21 (expresión acuñada en la Cumbre de la Tierra de Río 92, para referirse al Plan de Acción que los Estados deberían llevar a cabo para transformar el modelo de desarrollo actual, basado en una explotación de los recursos naturales como si fuesen ilimitados y en un acceso desigual a sus beneficios), se trazaron perspectivas claras para afianzar los nuevos modelos de ciudades inclusivas y sustentables, entre ellas figuran:
- Institucionalizar un criterio de participación sobre la base de un diálogo constante entre el sector público, sector privado y las comunidades.
- Mejorar el medio ambiente urbano promoviendo la organización social y la conciencia sobre el medio ambiente mediante la participación de los servicios públicos necesarios, la dotación de infraestructura urbana, la mejora de los servicios públicos y la protección y rehabilitación de viejas edificaciones, recintos históricos y otros elementos culturales.
- Fortalecer la capacidad de su órganos locales de gobierno a fin de encarar de manera eficaz los problemas ambientales que van unidos a un crecimiento urbano rápido, mediante criterios amplios de planificación en que se reconozcan las diversas necesidades de las ciudades y que se basen en prácticas ecológicamente racionales de urbanización.
- Participación en redes de ciudades sustentables internacionales para intercambiar experiencias y movilizar apoyo técnico y financiero nacional e internacional.
Poco se ha hecho desde entonces desde los organismos de poder, pero mucho se ha avanzado desde la consolidación de los proyectos comunitarios. La conciencia de una transformación impostergable y la necesidad de una nueva geopolítica de la integración se robustecen ante la acelerada pérdida de la calidad de vida en las grandes ciudades.
En la tensión por recuperar los valores más nobles e inclusivos de nuestra humanidad y delinear las nuevas políticas de desarrollo se abrirá el escenario para superar un no-proyecto de ciudad que es a la vez modelo discapacitante de cuerpos, mentalidades y sueños.
Luis Eduardo Martínez

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