martes, 14 de diciembre de 2010

Humanos y animales, una relación beneficiosa

Desde los primeros tiempos de la humanidad, ésta se relacionó con los animales en busca de distintos beneficios, algunos más utilitarios que otros. Ya los antiguos griegos sospechaban que esta relación podía tener efectos positivos sobre las personas. A partir de mediados de la década de 1960 esa sospecha tomó cuerpo y en la actualidad conforma una práctica que cada vez gana más adeptos: la Zooterapia.
La relación de los humanos con los animales existe desde siempre. Además de constituir una fuente de alimentos, de vestimenta y abrigo, de fuerza de trabajo, de esparcimiento y de explotación económica, algunos de ellos se han transformado, luego de su domesticación, en una inestimable compañía en numerosos hogares, fundamentalmente los perros, los gatos y los pájaros, aunque también roedores, ofidios, lagartos y muchos otros han adquirido la categoría de mascotas y conviven con nosotros.
La actividad depredadora del hombre ha extinguido muchas especies, puso en riesgo y continúa haciéndolo con buena cantidad de ellas, devastando sus hábitats y/o cazándolos o capturándolos irracionalmente para beneficiarse con los productos que se derivan de ellos o para exhibirlos en zoológicos o espectáculos más o menos crueles.
Los beneficios del contacto humano-animal doméstico son incontables. No es necesario realizar una fundamentación de esta afirmación, porque sus efectos se constatan día a día y desde tiempos inmemoriales.
Tampoco es una novedad la utilización de ellos terapéuticamente, cuestión que data desde finales del siglo XVIII, en Inglaterra, donde se trató a enfermos mentales como apoyo de las terapias de entonces. Hacia 1860, se intentó lo mismo con epilépticos en Alemania, y en 1944 la Cruz Roja de EE.UU. implementó un programa de rehabilitación de aviadores convalecientes tras su participación en la Segunda Guerra Mundial.
Pero quizás quien le dio la primera forma sistemática a la Zooterapia fue el psiquiatra norteamericano Boris Levinson, quien, en 1953 tuvo una experiencia que marcaría su trabajo posterior, cuando su perro le sirvió de vínculo con un niño autista. Continuó en esta línea y, gracias a sus experiencias, terminó plasmando todo el acervo recogido en un libro, Psicoterapia infantil asistida por animales, publicado en 1969.
A su vez, en 1966 el músico no vidente noruego Erling Stordahi funda el Centro Beitostolen, dedicado a la rehabilitación de personas no videntes y portadoras de otras discapacidades, en el que se utilizan animales como vehículos terapéuticos y se privilegian las actividades deportivas adaptadas.
Hacia la década de 1970 se funda la Delta Society en los EE.UU., que se constituye en el centro de Zooterapia más importante del mundo y una referencia para todos aquellos que se dedican a esta forma de terapia.
¿Qué es la Zooterapia?
Se trata de la utilización de animales con fines terapéuticos. Consiste en una serie de técnicas para la rehabilitación de personas con problemas físicos o psíquicos. No es que los animales curen por sí mismos, sino que operan como facilitadores, por lo que siempre se requiere de un grupo terapéutico multidisciplinario y la interacción con la familia y el ámbito educativo.
Hay que tener en cuenta que su realización requiere de un plan terapéutico, que debe ser individualizado para cada patología y para cada paciente particular y que los animales que se utilicen (sobre todo, caballos y perros) deben ser entrenados previamente, porque no siempre recibirán el mejor trato, por lo que es necesario asegurarse de que sean capaces de tolerar ciertas conductas y de que respondan de la mejor manera a ellas.
Uno de los puntos que se señalan como importantes en la relación entre el paciente y el animal es que este último ayuda porque no discrimina, sino que acepta a cada uno tal cual es, con lo cual la autoestima resulta fortalecida.
Por otro lado, el contacto con ellos proporciona un estado mental en el cual muchas de las tensiones, las conductas agresivas y las actitudes negativas ceden, aunque más no sea en esos momentos, lo que permite una interacción más fluida entre paciente y terapeuta.
Provoca que las personas se olviden de sus dolores y de sus estados depresivos temporariamente y que, incluso, los próximos encuentros les provoquen expectativas, por lo que es muy frecuente que el discurso sobre sus padecimientos deje lugar a sus experiencias con los animales.
También estimula el incremento de la sociabilidad de los pacientes, sobre todo en los tiempos del encuentro y en los anteriores y posteriores, en los que suelen intercambiar recuerdos y experiencias con quienes los rodean. En algunos casos, ello persiste.
Además de los efectos psíquicos positivos, la buena relación con un animal entrenado proporciona beneficios físicos, porque estimula la producción de distintas sustancias en el cuerpo humano.
Se han consignado diversas experiencias en las cuales algunas personas reacias al contacto corporal con otros, sea por alguna patología o por cuadros de abuso, sí pueden tenerlo con animales y si bien muchos de ellos quizás no puedan superar esa barrera respecto de los humanos, al menos la relación cuerpo a cuerpo con perros, caballos u otros les brinda una experiencia sensorial que de otro modo no tendrían.
Entre otras afecciones, se han señalado resultados positivos en el tratamiento de sociopatías, depresión, ansiedad, enfermedades raras (síndromes de Rett, Asperger, de West, de Angelman, etc.), autismo y diversas discapacidades motrices y físicas. También se utiliza para agilizar la recuperación de personas accidentadas y/u hospitalizadas.
Podríamos seguir enumerando las ventajas de la utilización de estas terapias, que cada vez ganan más terreno; pero tal vez resulte más ilustrativo conocer diversos testimonios de la vida real que aporten un aspecto vivo de los efectos que pueden producir.
Algunos testimonios
Recién a los 19 años Romina montó por primera vez un caballo. Es cierto que, al menos en las grandes ciudades, es raro que alguien lo haga alguna vez en su vida. Pero lo es mucho más si, como en el caso de esta joven, suele conducirse en una silla de ruedas por una parálisis cerebral que afecta sus músculos. Ella se desplaza sobre el lomo del animal, mientras realiza ejercicios con sus brazos y vive una experiencia que la entusiasma.
El cuadro puede apreciarse en FACET, Fundación Argentina Científica Establo Terapéutico, con sede en Moreno, Provincia de Buenos Aires. Es una entidad civil, sin fines de lucro, no gubernamental que se dedica a las terapias asistidas con equinos.
"El paciente recibe gran estimulación física gracias a los movimientos del animal. Y se produce una recuperación más rápida en algunas afecciones neurológicas o traumatológicas. Pero también hay estimulación al alimentarlos, cepillarlos con las rasquetas de distinta textura y tamaño, y eso ayuda a que el paciente entienda que el caballo es un ser vivo, con necesidades como comer, dormir o ser atendido. Hay pacientes que reconocieron las facciones de su propio rostro señalándolas primero en el caballo", explicó la doctora Graciela Bazzi, médica que dirige esta Fundación, en una entrevista publicada por el portal Bioética.org.
Respecto del autismo, hay muchos pacientes graves que prácticamente no se conectaban con el mundo, que, ayudados por la experiencia de contacto con algún animal, han logrado salir y comunicarse no sólo con ellos, sino con su entorno.
María es una niña cuadripléjica con rasgos autistas, juega con Mora, una Golden. Al principio la niña no podía estirar ni movilizar su agarrotada mano y pie. En sus juegos con Mora, y a través de los lengüetazos permanentes que ésta le disponía tanto en la mano como en los pies, ya que María, se sacaba permanentemente los zapatos y la perra le sacaba las medias, con el tiempo se logró que la niña comenzara a sujetar objetos con su mano ya no tan agarrotada, sino más distendida, además de aumentar la capacidad y los tiempos de atención.
Karina, una joven muy introvertida de 16 años, cuyo diagnóstico de derivación era psicosis, no hablaba y se alejaba siempre del grupo. Delfina una de las labradoras, la iba a buscar y la traía al grupo, tomándola de la mano suavemente con su boca. Cada vez que la mirada de Karina se fijaba en algún punto, Delfina le llenaba la cara de lengüetazos o comenzaba a oprimirle la mano sin lastimar. En las caminatas notamos que Karina comenzaba a hablar muy bajito con Delfina, contándole cosas. Esto les permitió a los terapeutas acercarse a la joven y basar su tratamiento en las cosas que le contaba a la perra.
Una niña de tres años comenzó con problemas de incontinencia, angustia, llantos inmotivados y un retraimiento cada vez más importante. Este cambio en el estado de la hija llevó a la madre a una consulta. A poco de hurgar, los distintos profesionales que la atendieron dieron con la clave de los cambios que se produjeron en la pequeña: era víctima de abuso por parte de alguien cercano.
Ante lo que era casi un ostracismo y la reticencia de la niña a contar lo que le pasaba y la baja respuesta a la terapia, se le propone a la madre llevarla al servicio gratuito de Zooterapia que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde, según la madre, el contacto con los perros logró resultados asombrosos.
Así lo narra en una entrevista que le hiciera La Prensa de Buenos Aires: “La zooterapia ayudó a mi hija muchísimo, la cambió para bien. A través del servicio y de los profesionales que tuvo se empezó a soltar más, empezó a demostrar su negación con los hombres y a contar más cosas sobre el abuso. La ayuda no sólo es a nivel del abuso, sino también en cómo es ella como persona, porque utilizan a los perros como un elemento de descarga, a través del cual canalizan muchas situaciones de la vida”.
El film “The Horse Boy”, estrenado en los EE.UU. en setiembre de 2009, si bien no describe propiamente lo que se entiende como Zooterapia, muestra los beneficios que aportan los equinos para la mejora de un niño con autismo.
Narra cómo un niño de poco más de dos años, que casi no se comunica con su entorno sino a través de rabietas y que se aísla y rechaza el contacto humano, tras el contacto accidental con caballos (escapa de su casa y se va a un corral donde éstos pastan y lo aceptan de inmediato), mejora su estado. Si bien no se cura, los síntomas se atenúan notablemente.
Los padres intuyen que puede haber una relación entre el autismo y su tratamiento a partir de los equinos y emprenden un viaje a Mongolia, que les sirve también a ellos para autodescubrirse y también para aceptar plenamente a su hijo.
Además de la película (que no se estrenó en varios países latinoamericanos, pero que puede conseguirse en internet), esta experiencia dio origen a un libro homónimo y a la creación de un centro de equitación terapéutica.
Para finalizar
Se objeta que la Zooterapia puede constituir una forma de maltrato hacia los animales, dado que muchos de quienes la utilizan pueden resultar violentos y causarles daño.
También la inversa, que, aunque los ejemplares que se utilizan suelen ser mansos, entrenados para no responder y nada agresivos, no se está exento de que puedan reaccionar instintivamente ante una situación que los ponga en peligro y dañar a alguna persona.
Otro punto que se arguye es la posibilidad de que se produzca una zoonosis, es decir, una transmisión de alguna enfermedad que porten los animales hacia los humanos o de la que sean vehículos.
Al menos hasta ahora, no se conocen incidentes serios respecto de estos tres puntos. En lo que hace al último, son mucho peores los que producen los feed lots (la crianza a galpón de ganado) mal gestionados en las inmediaciones de lugares poblados (una de las hipótesis de la generación del virus H1N1 pasa por allí).
Y en lo que hace a las objeciones teóricas, quizás lo único que se pueda decir sea que nada sirve para todos en todo momento y que la inmensa mayoría de quienes han tenido o tienen mascotas saben de los efectos benéficos que producen los animales domésticos en las personas. Después, cada uno habrá de buscar el camino que mejor le convenga o que más lo satisfaga.
Referencias:

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