viernes, 21 de enero de 2011

El consumo de drogas y sus secuelas


Cualquiera puede ser presa de una adicción. Las jodas del fin de semana o asociar el consumo a estados de estrés o algún otro estado de ánimo basta para que sin darse cuenta una persona acabe cayendo en las redes de las drogas. Aunque existe controversia a la hora de afirmar que el cannabis, el éxtasis o los alucinógenos no generan dependencia física, en lo que sí hay unanimidad es en la capacidad de las drogas para provocar dependencia psicológica emocional.
A nadie se le escapa que el uso y abuso de drogas atenta contra la salud, pero lo que no está tan extendido en nuestra sociedad es que un abuso continuado de ellas puede originar una discapacidad en el consumidor. Independientemente de crear problemas de lenguaje, ceguera, daños irreversibles en órganos vitales y un buen número de enfermedades crónicas, en las que no sólo se involucra el individuo, sino también la familia, las drogas pueden causar la muerte.
Las drogas han estado presentes en todas las culturas y en todas las épocas y, a pesar del conocimiento que existe en la actualidad sobre sus efectos nocivos en el organismo, el número de personas que las consumen ha aumentado en los últimos años. Hoy hay más cantidad de sustancias y existen más facilidades para conseguirlas. El auge de su consumo entre los más jóvenes es también, cada vez más preocupante.
Conociendo los riesgos que suponen para el organismo y la salud mental no podemos dar la espalda a un problema que atañe a toda la sociedad. Frente al retrato que se hacía de los drogadictos como personas de pocos recursos, baja posición social y marginados , hoy el consumo de ciertas sustancias ya no está asociado a una clase social ni a un poder adquisitivo inferior. Los hábitos de vida y, sobre todo, la diversión y el ocio están estrechamente vinculados a estos cambios.
Muchas de las sustancias que se encuentran en el mercado ilegal están con frecuencia sometidas a procesos de adulteración. En estos casos, el posible consumidor no sabe qué es lo que está tomando y, por lo tanto, se sitúa ante unos imprevisibles riesgos añadidos. Muchas veces se ingieren mezcladas unas con otras, por ejemplo: porros y alcohol, éxtasis y alcohol, cannabis y cocaína, etc., sometiendo, de esta forma, al sistema nervioso a sacudidas contradictorias al multiplicarse los efectos de ambas sustancias.
La drogadicción se considera una enfermedad cuando se necesita un tratamiento para salir de ella, y no puede ser controlada por el consumidor. Según un estudio sobre La percepción social de los problemas de drogas en España, 2004, elaborado por la Fundación de Ayuda para la Drogadicción (FAD), el consumo de sustancias como el cannabis o la cocaína se ha elevado considerablemente. De hecho, un 24,4% de los españoles de entre 15-64 años reconoce haber probado el cannabis alguna vez, y lo contemplan como una sustancia menos peligrosa que el tabaco.
Drogadicción y Discapacidad
Campañas de sensibilización, educación desde edades tempranas y una mayor concienciación social sobre las secuelas de las drogas todavía no han sido suficientes para frenar su consumo. De sobra son conocidos algunos de los efectos negativos del alcohol o del tabaco, sin embargo, existe una gran ignorancia sobre las enfermedades generadas por la adicción a otras sustancias. Enfermedades físicas y orgánicas que, si se dejan sin tratar, acaban declinando en graves trastornos a las personas que las padecen.
Sin embargo, no se puede obviar que la principal causa de discapacidad por el consumo de drogas y alcohol está estrechamente vinculada a los accidentes de tráfico. Su consumo merma la capacidad física y altera la percepción del conductor, repercutiendo en gran parte de los accidentes que se producen al año en Argentina. Entre otras, el tráfico es el principal causante de lesiones medulares y cerebrales, de hecho se calcula que cerca del 10% de los accidentes más graves están relacionados con el consumo de estupefacientes.
La relación que existe entre la adicción a las sustancias tóxicas y la discapacidad surge en personas con un determinado perfil. No todas las personas que consumen drogas terminan padeciendo una discapacidad a causa de los efectos negativos de las sustancias y, ni mucho menos, el hecho de padecer una discapacidad es sinónimo del consumo de drogas. Se trata de una serie de casos con unas características determinadas, pero los que se han dado y se dan son suficientes para profundizar en los riesgos a los que se expone el organismo de un consumidor
El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas.
Aunque los efectos que producen al principio las drogas pueden resultar satisfactorios y placenteros, los resultados a largo plazo suelen incidir en el mal funcionamiento de los sistemas corporales. El sistema inmunológico se daña dejando paso a la vulnerabilidad de posibles infecciones. La cocaína, el cannabis, la heroína, el hachís, el crack, las drogas de diseño como el éxtasis o el LSD, son sólo algunos de los ejemplos del amplio abanico de sustancias ilegales que provocan daños físicos y orgánicos en los adictos. Pero no se pueden dejar de lado el alcohol o el tabaco, que aunque gozan de amparo legal y están socializados, sus efectos también resultan muy agresivos con la salud.
El cerebro se daña directamente con el alcohol, con la cocaína a través de inducción a parálisis y con el uso de drogas intravenosas por la oclusión de sedimentos en los capilares del mismo. El consumo crónico potencia daños en la médula ósea por envenenamiento, daños en los nervios craneales o en los nervios óptico y acústico, causando cegueras y sorderas. La toxicidad de estas sustancias afecta negativamente también al aparato respiratorio y al circulatorio.
Enfermedades mentales
Las drogas aumentan los casos de esquizofrenia, trastorno bipolar y Alzheimer. Un estudio reciente de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ha constatado que el consumo de sustancias tóxicas potencia o estimula patologías latentes, las complica y hace más difícil su tratamiento. De esta forma, los consumidores de cocaína o pastillas que están en el «límite poco preciso» de lo que se entiende por normal o anormal, dan con más facilidad el salto hacia una patología mental.
El consumo prolongado de alcohol llega a provocar "alteraciones funcionales y estructurales del cerebro", así como un "deterioro cognitivo" y la "disminución del volumen cerebral.
La esquizofrenia, que afecta al uno por ciento de la población general y que se presenta, preferentemente, entre los 14 y los 33 años de edad, es junto a las crisis de angustia y pánico, el problema psiquiátrico más frecuente entre los jóvenes. Además, asegura que el número de jóvenes que presenta algún tipo de enfermedad mental se ha incrementado en los últimos años debido, fundamentalmente, al consumo de drogas, siendo la marihuana la más susceptible de encender el brote psicótico, a pesar de que durante mucho tiempo se ha pensado que era una sustancia totalmente inocua.
Cada sustancia tiene unas propiedades farmacológicas características y dependiendo de su composición de afectan a unos órganos o a otros. A continuación, se muestran los daños que causan cada una de las drogas de mayor consumo
Cannabis: alteraciones en el sistema reproductor
Esta sustancia se consume principalmente fumada, en lo que coloquialmente se conoce por “porros”. Esta forma de consumo favorece la aparición de problemas respiratorios, como la tos crónica y la bronquitis. Incluso en estudios recientes se ha llegado a probar que 3 ó 4 porros perjudican los pulmones como si se fumasen 20 cigarrillos de tabaco, pudiendo producir enfermedades en las vías respiratorias (bronquitis, faringitis, cáncer...). Asimismo, puede causar alteraciones en el sistema reproductor, aumentando la probabilidad entre los jóvenes de producir un retraso en el inicio de la pubertad y, en el caso de las mujeres, se podría interrumpir el ciclo menstrual o producir problemas en la ovulación. Las propiedades del cannabis perjudican también el sistema inmunológico, provocan problemas cardiovasculares y acentúan los síntomas de hipertensión e insuficiencia cardiaca, que pueden degenerar en infartos cerebrales o de miocardio. Además, está constatada su potencialidad como elemento desencadenante de psicosis y cuadros delirante-alucinatorios en personas de riesgo.
Marihuana: daños en la memoria
La marihuana altera la función normal del cerebro debido a que contiene el ingrediente químico activo llamado THC (tetrahydrocannabinol). Algunos estudios muestran que cuando un individuo ha fumado marihuana en cantidades grandes durante años, la droga daña sus funciones mentales. Para que una persona pueda aprender y desempeñar tareas simples es necesario que tenga una capacidad normal de memoria reciente y esta sustancia afecta negativamente a las partes del cerebro que controlan no sólo la memoria, sino también, la atención y el aprendizaje.
Fumar marihuana causa algunos cambios en el cerebro similares a los causados por la cocaína, la heroína y el alcohol. Los científicos aún están aprendiendo las distintas formas en que la marihuana puede afectar al cerebro.
Cocaína: enfermedades cardíacas
La cocaína puede afectar a prácticamente todos los órganos de nuestro cuerpo y presentar múltiples complicaciones médicas tras un uso tanto agudo como crónico. La vía de administración de la droga puede variar los efectos adversos y añadir toxicidad, como es el caso de la administración endovenosa, que puede asociarse con todas las enfermedades infecciosas producidas por agujas infectadas (endocarditis, hepatitis virales o infección por VIH, entre otras) o por falta de asepsia al pinchar (abscesos en extremidades, tromboflebitis, etc.) o isquemia o gangrena intestinal en el caso de ingesta accidental, según se desprende de un estudio elaborado por el Hospital Clínico y Provincial de Barcelona sobre las complicaciones orgánicas de la cocaína, recogido en el Centro de Documentación de la Agencia Antidroga.
Además, la cocaína puede actuar sobre otros factores de riesgo como la hipertensión, la enfermedad cardiaca y la enfermedad vascular. También reduce el flujo de sangre cerebrovascular hasta en un 30%, conduciendo a un estrechamiento de las arterias. Afecta al corazón produciendo arritmias y puede conducir a la formación de coágulos de sangre al acelerar el ritmo cardiaco.
Asimismo, puede presentar alteraciones motoras en el cocainómano, como ataxias o tics motores, y padecer diversas formas de fallo renal agudo. En este sentido, con un consumo abusivo puede producirse infarto en la arteria renal, facilitando la progresión de una insuficiencia renal crónica.
Heroína: hepatitis y VIH
Aunque el consumo de esta droga por vía intravenosa se ha reducido considerablemente en los últimos años, tal y como señala la FAD, todavía quedan consumidores activos en grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Esta droga es el opiáceo ilegal de mayor consumo y generalmente se inyecta, inhala, aspira o se fuma. La administración intravenosa fue el método más usado por los consumidores hace unos años, pero tras la diseminación de la infección por VIH hizo que muchos individuos cambiaran sus hábitos.
Se sabe que el consumo de esta sustancia, especialmente cuando se hace por vía intravenosa, se asocia a un alto riesgo de contagio por virus como el de la hepatitis C, B, el Sida o el virus HTVL, éste último hasta ahora no se ha relacionado con ninguna enfermedad en concreto, aunque los pacientes de Sida que lo sufren, progresan peor.
Drogas de síntesis
No parecen drogas, pero lo son con un alto riesgo de abuso. Se les ha llamado drogas de “uso recreativo” o drogas de comunicación, relacionándolas directamente con la diversión. Aunque en el mercado se presentan con distintos colores y múltiples nombres como fidodidos, cacharros, palomitas, elefantes, eva, tanques y muchos otros, la composición de las sustancias varía muy poco. La más conocida de las drogas de diseño y la más extendida en nuestro país es el éxtasis, cuyo nombre científico es MDMA.
A medida que el consumo se hace habitual, los efectos supuestamente satisfactorios van desapareciendo y se presentan con más frecuencia los efectos no deseados. Su consumo crónico llega a dañar órganos vitales como el hígado o el riñón y, a largo plazo, no están descartados los trastornos mentales. Actúan sobre el corazón provocando taquicardia, arritmia, hipertensión y aumento de la frecuencia cardiaca. Producen además sequedad de boca, sudoración, contracción de la mandíbula, temblores, vértigo, deshidratación e hipertermia. Además, causan crisis de ansiedad, trastornos depresivos y alteraciones psicóticas. En definitiva, Sus efectos son una distorsión de la realidad, que puede favorecer la práctica de otras conductas de riesgo.
Efectos de las drogas en embarazos
Con frecuencia, la drogadicción se asocia a otros factores como la malnutrición, las enfermedades de transmisión sexual, la falta de atención médica durante el embarazo, el estrés e incluso la violencia física. Estos factores agravan el problema, no solo en la etapa prenatal sino también en la neonatal, donde con frecuencia el recién nacido no recibe la atención que requiere y surgen diversas complicaciones potencialmente discapacitantes. Drogas como la heroína, la cocaína, predisponen a una serie de complicaciones que se asocian con la discapacidad, como el bajo peso al nacer, la prematuridad, las convulsiones neonatales y las disfunciones placentarias, entre otras.
Los fármacos y hormonas administrados durante la gestación podrían ser responsables de cambios sutiles en el comportamiento de la descendencia. Las llamadas drogas tóxicas pueden interferir en el normal metabolismo celular y causar defectos congénitos, además, algunas actúan no sólo sobre el embrión, sino sobre la placenta o el organismo materno, pudiendo influir en el proceso de la gestación de forma indirecta. En esta línea, los procesos infecciosos intrauterinos pueden producir también retraso mental, a pesar de que el feto parezca estar bien protegido frente a la infección

2 comentarios:

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