lunes, 28 de febrero de 2011

Mitos que rodean a las personas con facultades mentales disminuidas


Las personas ‘sanas’ ven como ‘normal’ que las personas con discapacidad replieguen o inhiban sus intereses, curiosidad, deseos, fantasías y necesidades sexuales. Alrededor de su sexualidad se desarrolla una serie de mitos que la toman como algo perjudicial o la niegan, cuando la realidad dista mucho de ser diferente a la de los demás.
Hay cierto criterio usual en el común de la población en afirmar que las personas mentalmente disminuidas carecen de deseos sexuales, o más aun, que son asexuadas. La sexualidad de las personas con discapacidad ha sido y es un tema controvertible. Pero debemos dejar en claro que todos somos seres sexuados, independientemente de nuestra condición mental o física. Todos necesitamos del amor, de las caricias, y de recibir y brindar afecto.
La sexualidad evolucionó junto con la mentalidad del ser humano. Comenzó en la prehistoria como una simple satisfacción del impulso reproductivo. Luego ocupó un sitio en las creencias religiosas. Más tarde fue perseguida y reprimida por la sociedad.
Actualmente, la civilización intenta desarrollarla de una manera plena y racional, para superar los excesos a los que ha conducido, en parte, la revolución sexual de las tres últimas décadas.
El inicio del siglo XX fue el principio del importante movimiento de liberación femenina. La mujer pudo, entonces, comenzar el conocimiento y desarrollo de su sexualidad de una manera más auténtica. Lentamente empezaron a desecharse los tabúes sobre el cuerpo y su capacidad sexual.
Por la misma época, el psicólogo Sigmund Freud dio a conocer sus revolucionarias teorías sobre la sexualidad humana, que conmocionaron la mentalidad de la sociedad occidental.
Las teorías de Freud causaron bastante escándalo y consternación. Por ejemplo, las madres se sobresaltaron cuando el médico vienés afirmó que sus bebés experimentaban deseos sexuales con el contacto de sus pechos. Los machistas se enfurecieron al escuchar que sus conductas ocultaban tendencias homosexuales inconscientes.
Lo positivo fue que estas explicaciones de la conducta condujeron a una verdadera revolución sexual. Hombres y mujeres comenzaron a preocuparse por entender mejor el desarrollo de sus capacidades y habilidades sexuales.
Las dos guerras mundiales detuvieron temporalmente la preocupación de los científicos por redescubrir el cuerpo y sus posibilidades eróticas. Estaban dedicados a la investigación bélica. Por el contrario, la incertidumbre de la guerra no redujo sino aumentó la permisividad se-xual en la sociedad, que a corto plazo propiciaría la liberación conceptual sobre el sexo.
A partir de la posguerra el interés por las técnicas sexuales creció a un ritmo sorprendente. En primer lugar, los interesados acudieron a las versiones de libros legendarios como el Kama Sutra y el Tantra. Luego de milenios, estos tratados eróticos se convirtieron en auténticos best-sellers modernos.
Poco después se dieron a conocer las investigaciones modernas que permitieron el nacimiento de la sexología como ciencia. Entre estos estudios destacan, por sus revelaciones y su popularización mundial, los que realizaron los doctores William H. Masters y Virginia Johnson, Helen S. Kaplan, Shere Hite, Alfred Kinsey y Wilhelm Reich, entre otros. Tales estudios aparecieron entre 1920 y 1980, y han sido revisados y ampliados considerablemente desde entonces, además de imitados. La década de 1960, con sus movimientos juveniles de transformación política, económica y ética, trajo un cambio decisivo. La sexualidad se consideró desde entonces como una cualidad única del ser humano para lograr una unión anímica y física con sus semejantes. Cambió así, sustancialmente, la actitud de las sociedades hacia el conocimiento de la sexualidad y sus manifestaciones.
Durante esa década la educación sexual fue introducida en las escuelas de Occidente. Los niños, como en la Grecia y el Oriente antiguos, pudieron recibir una necesaria instrucción sobre la se-xualidad y sus consecuencias en la edad adulta.
En nuestros días, la manifestación de la sexualidad ocupa un lugar importante dentro de la vida cotidiana. El cuidado por desarrollarla en forma libre y plena se hace cada vez más evidente y necesario en la civilización moderna.
El tema del desarrollo sexual y de una factible educación sexual preocupa y ocupa tanto a padres, docentes como a los profesionales. Tres posiciones bien diferentes respecto del niño o adolescente con déficit mental y una educación que debiera ser en conjunto y acordada.
Pese a que existe consenso sobre la conveniencia de una educación sexual, las actitudes de marginación por parte de la comunidad ante la sexualidad de las personas con discapacidad están estrechamente relacionadas con las formas como se concibe la discapacidad por un lado, y a la sexualidad por el otro, es decir: el convencimiento cultural que hay respecto de la sexualidad y discapacidad, rodeándola de mitos y tabúes.
¿Qué es un mito?
Mito: relato similar a la leyenda tradicional, creado anónimamente en el seno del pueblo y, por lo tanto, expresión del sentir colectivo.
Es una narración construida y transmitida a través de generaciones.
Los mitos y prejuicios forman parte del imaginario social y por lo tanto, dictaminan el comportamiento esperado, el cómo debe ser para cada individuo según el grupo etario al que pertenece.
Mito sexual: falsa verdad con fuerte arraigo popular, que se transmite generacionalmente y que crea sentimientos negativos para el disfrute sexual. En tal sentido, el pensamiento mítico se opone al pensamiento científico.
Tabú: palabra de origen polinesio, muy usada en antropología (ver) y psicología. Significa prohibición. La violación de un tabú es algo más que la violación de algo prohibido. Implica también el casi seguro castigo de alguna divinidad o autoridad mágica.
Los tabúes son las leyes primitivas de los pueblos cuyas culturas aún viven en un período de desarrollo no avanzado en algunos aspectos.
Los tabúes sexuales son numerosos y están estrechamente ligados con los mitos o creencias.
Algunos mitos acerca de la sexualidad en las personas con disminución en sus facultades mentales:
1) Las personas con trastornos en su desarrollo mental o capacidades especiales no pueden controlar los impulsos sexuales.
Debemos partir de que la sexualidad en niños con déficit se desenvuelve del mismo modo que en el resto de los niños, por lo cual debemos tratarlos de la misma manera.
Nuestra postura como padres, educadores, consejeros no debe ser de sobreprotección, sino de respeto a cada niña o niño. Al margen de sus impedimentos físicos, ha de ser tratado como persona y ha de tener derecho a que su vida transcurra en un ambiente que enriquezca su autoestima. Puede que a ellos les cueste más el proceso de interiorizar lo correcto-incorrecto, aceptable-inaceptable. Estos niños y niñas necesitan una mayor cantidad de experiencias y un esfuerzo extra de sus padres y maestros para poder adquirir dichos esquemas, pues, precisamente, su discapacidad mental bloquea esos procesos de generalización que permiten que los demás niños sí puedan adquirirlos. Por ese motivo es que si estamos hablando de que es indispensable una educación sexual integral para los niños que no presentan discapacidad mental, con más razón resulta indispensable una educación que ayude a asumir y comprender de manera positiva su sexualidad a los niños con esta clase de discapacidad. Pero no por ello vamos a generalizar, que no controlan sus impulsos sexuales. Por lo cual es importante inculcar en estos niños y niñas los conceptos de conductas públicas y conductas privadas (sin agredirlos por manifestar su curiosidad sexual, respetándolos por manifestar sus inquietudes). Así estarán en mejores condiciones de enfrentar las demandas sexuales que aparecen en la adolescencia.
Sabemos que los padres de niños o niñas con discapacidad mental suelen atravesar por varias etapas: negación (no aceptan que su hijo o hija tenga esa discapacidad), rechazo, duelo y aceptación.
En el caso de niños y adolescentes profundos, puede suceder que sus demostraciones sexuales las realicen sin ningún pudor, ya que su nivel de conceptualización no les permite adquirir normas impidiendo la adquisición también de conocimientos, y muchas veces el freno inhibitorio, en niños profundos falla.
2) Que si se produce un embarazo, el hijo heredará el trastorno.
Si bien puede considerarse un mito, hay trastornos del desarrollo congénitos que sí son heredables.
También hay evidencias científicas que enfermedades mentales como la psicosis tienen un componente orgánico importante y éste puede ser heredado.
Existe la posibilidad de que nazca un niño sin patología alguna, de una persona por ejemplo con síndrome de Down, o de una persona con retraso madurativo.
3) Que cualquier contacto físico puede despertarles deseos sexuales (por eso muchas personas evitan acercarse o manifestarles afecto).
Lo que sí hay que saber es que existe la sexualidad infantil y sus experiencias van construyendo su mapa de amor, que será la manera de amar y buscar su propio placer. Acá no hablamos de relación coital, pero sí del placer sexual: erecciones, orgasmos, deseo, excitación, fantasías, autosatisfacción, y esto también ocurre en personas con déficit mental.
4) Una persona con discapacidad mental no tiene interés por lo erótico.
Tal vez no puedan saber acerca del erotismo como concepto, pero sí se erotizan con imágenes que ven en diferentes programas de televisión o en revistas. Y gustan y disfrutan de ver programas como "Patinando por un sueño" o "Bailando por un sueño", donde pueden tener a su alcance el cuerpo femenino y masculino en forma bien visible, lo que les provoca erecciones, comentarios risueños y deseos sexuales.
5) Son como niños, por lo tanto no tienen necesidades sexuales.
Debemos recordar que los caracteres biológicos, anatómico fisiológicos, que dan soporte a la sexualidad están presentes y se desarrollan en las personas con retraso mental de la misma manera que ocurren en cualquier adolescente.
La sociedad siente cierta incomodidad si piensa en que las personas con capacidades y necesidades especiales tienen derecho a vivir su sexualidad. A veces les incomoda saber que tienen deseos, que sienten atracción y que pueden gustar a otros.
Debemos adaptar nuestra mente y realizar un cambio en la manera de pensar al discapacitado mental.
Enfrentarnos con nuestros miedos, pudores, limitaciones y aceptar que pueden tener intercambios sexuales sabiendo que la sexualidad es mucho más que el acto coital. No debemos dejar reducida la sexualidad al espacio genital. La sexualidad son besos, caricias, abrazos.
En algunas escuelas especiales han comenzado a implementarse talleres de capacitación para docentes, quienes luego elaboran programas a desarrollar de acuerdo a las necesidades de los grupos de niños y adolescentes.
La traba muchas veces ocurre cuando algunos padres tienden a sobreproteger a sus hijos ignorando sus necesidades sexuales. Y prefieren no tocar el tema.
Socialmente se percibe al disminuido mental como alguien a quien le cuesta adquirir conocimientos académicos, por lo que se piensa que menos podrá recibir información respecto del tema "sexualidad".
Las limitaciones al derecho de llevar una vida sexual activa dependen del nivel de su déficit y en el cómo será su capacidad o incapacidad para su inclusión social y laboral y la posibilidad de entablar una relación adecuada de pareja.
La educación sexual debe tener en cuenta la planificación de los recursos disponibles para asegurarle un aprendizaje en la medida de sus posibilidades.
En la película "Mi nombre es Sam", se puede observar la manifestación de conductas sexuales adultas de parte del protagonista, quien posee una disminución mental, y que por haber mantenido un encuentro íntimo con relación coital se convierte en padre, con todas las implicancias que la situación conlleva. El tema planteado pone de manifiesto la necesidad de educar e informar.
Debemos trabajar en conjunto y saber de las diferentes opiniones y posturas de los padres, docentes y profesionales, ante las posibilidades de la expresión sexual, así como los objetivos que se proponen para su educación sexual y los valores en los que ésta se debe inspirar.
María Marta Castro Martín*
* María Marta Castro Martín es Educadora Sexual.
Contacto:  www.estimulosade cuados.com.ar

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