lunes, 21 de marzo de 2011

Asperger: ¿un síndrome en crecimiento?

Pese a que los primeros datos de su existencia se hicieron públicos en 1944, no fue sino hasta la década de 1990 que se lo reconoció. A partir de entonces, se reporta una incidencia de entre el 3 y el 7 por mil. No se sabe su causa, pero se lo reconoce por una serie de síntomas, entre los que las dificultades de relación son de los más importantes
Introducción
Según el DSM-IV, el Síndrome de Asperger es una de las categorías en las cuales se divide lo que el mismo manual describe como Trastorno Generalizado del Desarrollo o TGD. Las otras cuatro son el Síndrome Autista o Autismo de Kanner, el Síndrome de Rett, el Trastorno Desintegrativo de la Infancia y el Trastorno Generalizado del desarrollo no Específico, en la cual cae aquel conjunto de síntomas que no califican dentro de las pautas de los anteriores.
En el CIE 10, el nomenclador de la Organización Mundial de la Salud, también aparece dentro del TGD, compartiendo el rubro con el Autismo Infantil, el Atípico, el Síndrome de Rett, Otro trastorno desintegrativo de la infancia, el Trastorno Hipercinético con Retraso Mental y Movimientos Estereotipados y otros sin especificación.
Es decir que los dos listados de enfermedades mentales más utilizados por la psiquiatría y, al menos en nuestro país, por las obras sociales, las empresas de medicina prepaga y otros sistemas de salud lo ponen por fuera de lo que vulgarmente se conoce como Autismo y lo tratan como uno de aquellos trastornos con notas específicas.
Aunque no son pocos los que reniegan de estas clasificaciones por considerarlas simplificatorias de las condiciones psíquicas que puede adoptar un ser humano y hasta denuncian y cuestionan la validez científica de estos catálogos diagnósticos, la controversia no pone en duda la existencia de este síndrome. Y hasta aquellos que, desoyendo las posturas más generalizadas (hasta ahora), ven al Asperger formando parte del Autismo (es posible que se cambie la postura y que en el DSM-V, a publicarse en mayo de 2013 se lo encasille dentro de los desórdenes del espectro autista), no dejan de coincidir en que, se los incluya o no como parte del espectro autista, se trata de un padecimiento que requiere atención.
Caracterización
Más allá de si es un tipo de autismo especial (algunos lo sindican como Autismo de Alto Rendimiento) o se trata de un síndrome característico, no se sabe por qué se produce. Se habla de disfunciones neurológicas, de problemas en el desarrollo cerebral temprano y algunas investigaciones sugieren la posibilidad de que existan factores genéticos (padre con el mismo síndrome o algún grado de autismo) que lo desarrollen, pero hasta el momento ninguna investigación ha aportado pruebas concluyentes acerca de su etiología, por lo que su causa es desconocida. Estudios recientes aseguran que no se han verificado lesiones cerebrales ni malformaciones que sugieran una base fisiológica. Otro dato importante es que el X-Frágil, la esclerosis tuberosa, la neurofibromatosis y el hipotiroidismo son menos frecuentes en SA que en el autismo. Sin embargo, alientan la utilización de técnicas más avanzadas y no descartan que en el futuro se pueda hallar alguna disfunción en el cerebro que lo explique.
Desde que Hans Asperger postuló en 1944 la existencia de una “psicopatía autista”, hasta que Lorna Wing divulgó y aportó información extra en 1981, bautizando a este síndrome con el apellido del pisquiatra y pediatra austríaco que lo descubrió, el Asperger no despertó mayor atención, salvo en grupos reducidos de investigadores. El espaldarazo definitivo sucedió cuando el DSM-IV lo reconoció en 1994.
Lo notable es que de la ignorancia acerca de su existencia, se pasó a que en sólo dos décadas distintas investigaciones aseguran que su incidencia entre la población infantil varía, según diversas estadísticas, entre 3 y 7 de cada 1.000 personas, lo que lo convierte en un síndrome preocupante, además de sus consecuencias para el sujeto, por su extensión: los afectados a lo largo del mundo serían entre 27 y 63 millones.
Es mucho más frecuente en el sexo masculino que en el femenino en una proporción de 3 o 4 a 1, lo que hasta el presente no tiene explicación alguna.
Como no hay certeza acerca de su origen, la única manera de reconocer el SA en una persona es a través de sus síntomas, dado que no existe ensayo mediante aparatos o tests sanguíneos o de otro tipo que puedan revelar su existencia.
Síntomas en Asperger
Como consecuencia de que ninguna prueba médica haga patente su presencia en un individuo, su detección se efectúa mediante la revisión clínica realizada por un profesional idóneo.
Un aspecto a tener en cuenta es que, como en cualquier afección psíquica o somática, en cada persona se manifiesta en forma diferente. Sin embargo, existen algunas conductas típicas registradas y atribuidas a las conductas de quienes están afectados por Asperger que detallamos a continuación, cuya observación en determinada persona sirve de alerta a padres y de referencia a médicos, psicólogos y psiquiatras para sospechar y confirmar o no que alguien padece SA.
Vida de relación y control de las emociones:
* Juego:
- Aparecen problemas al jugar con otros.
- No entiende las reglas implícitas.
- Busca cambiar los reglamentos e imponer el suyo.
- Quiere ganar siempre.
- Prefiere jugar solo.
* Relaciones sociales y emocionales:
- Suele no disfrutar el contacto social.
- Es propenso a relacionarse mejor con los adultos que con niños de su edad.
- No le agrada salir de su casa.
- No disfruta de actividades que impliquen grupos o equipos.
- Es poco tolerante ante la frustración.
- Cuando desea algo, quiere obtenerlo inmediatamente.
- Le cuesta conocer sus sentimientos y los de los demás, por lo que reacciona en forma desmedida. Carece de empatía.
- En las oportunidades en que disfruta de alguna situación suele excitarse desproporcionadamente.
- Puede realizar comentarios ofensivos hacia las demás personas, sin darse cuenta de lo que está haciendo.
- En ocasiones, su conducta es impropia para la situación y puede aparecer como desafiante.
- No tiene un registro apropiado de los contextos, por lo que es posible que se comporte en forma discordante al lugar, las personas o el ámbito en el que se halla.
- Llora con facilidad y hace rabietas frecuentemente.
- Es sincero e ingenuo en las relaciones sociales. Es objeto de burlas, bromas y abusos de sus pares durante la escolaridad y se lo excluye de las actividades grupales.
- Su ámbito de preferencias difiere del de los niños de su edad, especialmente en lo que hace a juguetes, ropas y programas de televisión y todos aquellos objetos de interés propios de su estrato etáreo.
Comunicación:
- No mira a los ojos en una conversación.
- Hace interpretaciones literales de lo que se le dice (no reconoce metáforas, imágenes y otras figuras) y cree lo que se le dice, aunque carezca de sentido o sea disparatado.
- Su locución adquiere ribetes atípicos: puede parecer extranjero, sonar extraño o muy monótono, sin inflexiones.
- Posee un lenguaje extremadamente correcto, incluso en ocasiones demasiado para su edad, aunque también utiliza palabras o expresiones que inventa.
- En algunas oportunidades puede estar absorto, ensimismado; en otras, llega a hablar demasiado.
- No es frecuente que sostenga una conversación larga.
- Busca cambiar de tema cuando lo que se habla le resulta confuso.
- Manifiesta poco interés por lo que se le dice.
Comprensión:
- Cuando se le formula una pregunta o un problema complejo, suele tener dificultades para comprender, por lo que necesita que se parcialice para poder contestar o resolver.
- No es consciente de por qué se lo critica, se lo castiga o se lo reta.
- Sorprende su capacidad para recordar datos.
- Prefiere asignaturas como las matemáticas o las ciencias naturales.
- En muchos casos, aprenden a leer solos o con poca ayuda, y a edades en que normalmente no se accede a ello.
- Si bien su juego simbólico es pobre, y demuestra poca imaginación y creatividad, no sucede así al encarar un problema, al que puede darle un enfoque original.
Intereses:
- Corrientemente algún tema (números, vehículos, mapas, astronomía, etc.) capta su atención y se dedica a él enfáticamente, buscando información y reuniendo estadísticas o datos sobre él.
- Ocupa la mayor parte de su tiempo en ese interés, y habla de él, sin captar si su interlocutor lo escucha o no.
Miedos, angustias y malestares:
- Algunos sonidos corrientes y otros inesperados lo intranquilizan.
- Le molesta que lo toquen, aunque sean roces leves.
- La visión de algunos objetos usuales o utilizar determinadas prendas puede provocarle desagrado.
- Prefiere evitar los lugares concurridos o con niveles altos de ruido.
- Manifiesta aversión a algunos alimentos por su textura, su color o su temperatura.
Movimiento:
- En general, se percibe cierta torpeza en los movimientos y escasa habilidad en actividades como las deportivas, en las cuales la coordinación juega un papel muy importante. Cuando corre, sus movimientos resultan extraños y suele tener problemas para tareas tan sencillas como abotonar una prenda o atar los cordones de zapatos y zapatillas. En muchos casos, hay conductas motoras estereotipadas, tales como ciertos tics o movimientos o temblores de manos, entre otros.
Rutinas y rituales:
- Para sentirse más seguro, suele repetir compulsivamente algunas acciones y pensamientos. Actúa siguiendo determinadas rutinas y no tolera los cambios imprevistos. Cumple con rituales de orden y secuencia habitualmente.
Obviamente, no todos los niños con Asperger llenan la totalidad de estos requisitos. Para diagnosticarlo, tampoco puede especificarse de antemano un número de ellos a cumplir, sino que más bien debe tenerse en cuenta la gravedad y la frecuencia de los más importantes y la persistencia en el tiempo.
Para el DSM-IV, los ítems a tener en cuenta tienen que ver con las dificultades de socialización, los patrones de comportamiento, interés y actividades restringidos que no caigan en otra categoría de TGD.
El Asperger suele hacerse evidente entre los 3 y los 7 años, que es cuando los niños comienzan la etapa de socialización más intensa, con el ingreso a la preescolaridad y a la escolaridad, pero más frecuentemente en la última.
Los niños con SA suelen tener un desarrollo de habilidades cognitivas y de lenguaje acordes a su edad cronológica.
Tratamiento
Al menos hasta el momento, no existe una medicación específica. Se puede acudir a ella como paliativo para disminuir la ansiedad, la depresión o las conductas agresivas que suelen acompañar a quienes lo padecen. Por eso, en ocasiones se administran inhibidores de la serotonina, antipsicóticos y estimulantes cuando la situación lo requiera, aunque no actúan directamente sobre el síndrome y sus síntomas.
Por ello, existen diversidad de formas de tratar el SA. Todas parten del mismo supuesto: tomar al sujeto en su singularidad y, a partir de él, desarrollar un tratamiento específico para él.
Otro punto en común es la necesidad de que el entorno del afectado por el síndrome colabore en el mantenimiento de ciertas condiciones para que éste pueda llevar adelante su vida. En muchos casos, se logra extraordinariamente bien.
Algunas terapias hacen hincapié en modificar el comportamiento para modificar la calidad de las relaciones sociales, mientras asesoran a los padres acerca de cómo apoyarlos y manejar las situaciones que se presentan. Estar pendientes de un niño con Asperger es traumático y estresante y es necesario no dar nada por sentado y anticipar aquellos cambios que se puedan prever, además de brindar instrucciones sencillas y concretas y reforzar sus conductas apropiadas, entre otras.
Si bien la parte intelectual generalmente está dentro de lo que se considera normal, por lo que pueden integrarse a la educación común, es necesario tener en cuenta que presentan necesidades educativas especiales y es muy posible que necesiten de algún docente integrador y que se tenga presente que es frecuente que pueden recibir algún tipo de maltrato por parte de sus compañeros, por lo que es necesario explicitar en la escuela la problemática, para prevenirlo.
Para terminar
Las mismas asociaciones sobre Asperger alertan que la consulta es imprescindible cuando se advierten síntomas que manifiestan la posibilidad de que el síndrome sea la causa de las conductas de sus hijos, pero que es necesario que se realice con profesionales idóneos, porque también remarcan que muchos casos reportados, por la levedad, la falta de persistencia en el tiempo y la existencia de otras manifestaciones se diagnostica mal.
Sabemos que un rótulo mal puesto implica más sufrimiento para el sujeto, una especie de estigma que marcará toda su vida y lo confinará a lugares que no son suyos, limitando sus posibilidades quizás para siempre.
El arte de curar debe buscar mejorar la existencia de las personas y no empeorarla. En muchos de los que sí portan el síndrome de Asperger ello es posible.
Ronaldo Pellegrini

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