miércoles, 23 de marzo de 2011

Los cuentos de hadas y los trastornos de conducta

Los “cuentos de hadas”, estudiados y ponderados por los más destacados investigadores de campos psicológicos, filosóficos y literarios, han sabido legar a través de cientos y cientos de años las más sutiles y precisas herramientas para clarificar y dialogar con los misterios profundos de la psiquis humana, especialmente del niño. Subestimados por la modernidad, recortados y edulcorados, los cuentos arquetípicos resisten los embates del mero entretenimiento para redescubrirse como un gran aliado con el que generar puentes de comunicación y transformación en niños con trastornos de conducta y desafiantes. En tiempo de vacaciones, recuperar espacios “rituales” para el encuentro y la narración de estas historias puede ser de suma ayuda para los padres.
Durante cientos y cientos de años, la tradición oral europea preservó, perfeccionó y legó para la humanidad un género literario que más recientemente se denominó como “Cuentos de hadas” (Fairy tales). Historias populares simples, sin grandes descripciones narrativas ni datos accesorios, con personajes que se dejan descubrir a través de sus acciones más que por psicologías profundas, los cuentos de hadas debido a su fuerte carga arquetípica y a la sabiduría de diferentes culturas interrelacionadas, guardan entre sus líneas las llaves para adentrarse en las particularidades de la psiquis infantil como pocas otras literaturas, ya sean narrativas o especializadas.
Llegado el Renacimiento, una amplia variedad de narradores populares y cortesanos se dedicaron a la compilación de estos antiquísimos relatos nutridos de las antiguas tradiciones y símbologías de la Europa pre-cristiana y la vastísima oralidad de Medio oriente. Fue en la antigua Irlanda, sometida y desalfabetizada por el imperio británico, donde la conservación de las tradiciones populares se vio favorecida y los narradores orales alcanzaron la excelencia, conformando una memoria viva cuyas raíces se perdían en el tiempo. En su prólogo a los “Cuentos populares irlandeses”, José Manuel de Prada afirma que los narradores profesionales debían contar en su repertorio con al menos trescientos cincuenta relatos aprendidos de memoria.
Hacia 1697, el francés Charles Perrault editó su “Cuentos de la Oca”, un compendio de historias que se cree fueron inspiradas en los relatos orales anónimos, renovando la tradición desde un estilo literario un tanto más refinado, abriendo aún más la llegada de estas historias. Pero serían los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm quienes realizarían una asombrosa cruzada por reunir los relatos populares de su Alemania natal, que a su vez reunían historias y mitologías de toda Europa y oriente. Si bien sus relatos están un poco más suavizados y en su mayoría reúnen simbologías cristianas en reemplazo de la antigua mitología germana y pagana, sin dudas se trata del material más cercano a las historias “originales”, siendo que el sentido esencial de los relatos permanecería intacto.
Con el paso del tiempo y el avance de la moralidad burguesa que comenzó a espantarse de cierta “crudeza” o frontalidad, estos valiosísimos relatos fueron perdiendo vigencia y padecieron simplificaciones y edulcoramientos que atentaron contra su sentido original. La modernidad, por su parte, se encargó del resto con la pérdida de los “espacios sagrados” para la infancia, la inmediatez de las comunicaciones, la superficialidad de los vínculos y la eterna falta de tiempo que fueron horadando nuestra capacidad de relacionarnos desde la palabra y desde la escucha, hasta sentarnos enmudecidos y atónitos frente a una pantalla de televisor.
Sin embargo, son muchos los filósofos, escritores y psicoanalistas que han sabido rescatar de su experiencia infantil, junto a los cuentos de hadas, un precioso mojón dorado que marcó sus espíritus para siempre, permitiéndoles encontrar en sus páginas la noble y bella herramienta que les ayudó a construir el sentido de la vida.
En “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, quizás la más destacada obra analítica sobre este género, Bruno Bettelheim asegura que “a través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado”.
Especialistas como Bettelheim destacan que los cuentos de hadas, a diferencia de la literatura infantil contemporánea, representan, de forma imaginativa, a través de la fuerza creadora e inspiradora de la fantasía, la esencia del proceso del desarrollo humano, desde un atractivo simple y luminoso a la vez, logrando que el niño, estimulado por el relato e identificado con sus problemáticas más íntimas, se comprometa con la aventura de crecer.
“Para Hillman (1979), el haber estado en contacto con narraciones desde la niñez temprana capacita a la persona para dar sentido y orientación a los sucesos de su vida cotidiana, dentro de una trama con una orientación significativa, dentro de un horizonte de significado. Hillman piensa que las mejores narraciones son las de los mitos, leyendas y cuentos de hadas tradicionales (…) La visión junguiana, enfatiza la fantasía como la fuerza dominante en la vida. La capacidad de fantasear es una actividad creativa que va permitiendo al niño interpretar los sucesos aislados de su vida en distintas narrativas de carácter arquetípico que ayudan a contener la experiencia, liberando su significado”, afirman las especialistas de la Universidad Iberoamericana, Ludmila Diez Rienzi y Verónica Domit Palazuelos en su estudio “La capacidad de los cuentos de hadas de desarrollar un horizonte de significado desde la niñez temprana”, una investigación basada en la experiencia de cuatro docentes que a lo largo de cinco años trabajaron con niños de jardín de infantes basándose en cuentos de hadas como su principal herramienta.
“La vida entera es como una planta que contiene no sólo lo que ofrece al ojo, sino, además, oculto en su entraña, su estado futuro. Quien la contempla, todavía con hojas solamente, sabe muy bien que en su tronco cubierto de follaje, al cabo de cierto tiempo, habrá flores y frutos: y es que ella posee potencialmente los rudimentos de estas flores y de estos frutos. Mas, ¿cómo sería posible predecir el aspecto de estos órganos futuros, de limitarse a investigar en la planta sólo lo que ella exhibe para nuestros ojos en el momento en que la observamos? Sólo podrá hacerlo quien se haya detenido en su naturaleza esencial”. Con estas palabras, Rudolf Steiner, el padre de la pedagogía Waldorf, encabezó una de sus primeras conferencias sobre lo que por entonces era (y sigue siendo) una nueva forma de encarar los procesos del saber. Es precisamente la pedagogía Waldorf uno de los métodos de enseñanza que tempranamente reivindicó y dio un especial lugar a los cuentos de hadas en sus aulas. “Del mismo modo (que en la planta), toda la vida humana encierra en potencial los rudimentos de su futuro. Mas para hacer cualquier afirmación sobre él, es necesario penetrar en la naturaleza oculta del hombre, a lo que nuestra época siente muy poca inclinación: no traspasa los límites de la superficie, y cree que, si avanza a lo que se sustrae en la observación exterior, se hundirá el suelo bajo sus pies”. Y esta es precisamente una de las tareas más destacadas del cuento de hadas: introducirse de manera simple y divertida en el mundo pre-conciente del niño, brindándole a través de alegorías arquetípicas instrumentos para comprenderse, entender y quitarle peso a sus angustias y alentarlo a desarrollar su personalidad con valentía y espíritu de aventura.
En la actualidad, frente al gran desafío que representan para pedagogos y especialistas los trastornos de conducta, los TDAH y el trastorno negativista desafiante, donde muchas veces el niño queda estigmatizado y excluido, los cuentos de hadas pueden tender sutiles y efectivos puentes de comprensión para que pueda canalizar sus angustias y aprender conocerse sí mismo y a los demás.
El cuento de hadas y los conflictos de la infancia
La destacada escritora y Doctora en Psicología Etnoclínica, Clarissa Pinkola Estés, autora del maravilloso best-seller “Mujeres que corren con lobos”, es una ferviente defensora del cuento arquetípico como herramienta terapéutica en su práctica profesional con problemáticas de género. “Doy mucha importancia a la psicología clínica y la psicología del desarrollo, y para curar utilizo el ingrediente más sencillo y accesible: los relatos (…) los cuentos son una medicina. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida. Los cuentos engendran emociones, tristeza, preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la superficie el arquetipo”, afirma Estés.
Esta especialista y narradora oral compiló durante varios años antiguas historias populares de distintas corrientes culturales donde pudo descubrir el planteo y la solución para los interrogantes, los desafíos y las angustias de las mujeres de todas las edades y todos los tiempos.
De la misma manera los cuentos de hadas condensan en sus páginas austeras la vida emocional y las problemáticas de los niños más allá de cualquier época, confrontándolos con sus deseos, con el modo en que quieren desarrollarse y actuar.
Lo interesante de los cuentos es que el niño puede acceder a estos planteos sin dilemas, sin intervención exterior ni presiones de su entorno. Cada niño toma de un cuento lo que necesita en ese momento de su vida, de acuerdo a la identificación que pueda realizar con el planteo de cada historia.
Los especialistas que han estudiado la dinámica del cuento de hadas resaltan los siguientes planteos como los más sobresalientes del género:
- La superación de las frustraciones narcisistas.
- La superación de los conflictos edípicos.
- La superación de las rivalidades fraternas.
- La renuncia a las dependencias de la infancia.
- La obtención de un sentimiento de identidad y de autovaloración.
- Un sentido de obligación moral.
- El encontrar apoyo y confianza tejiendo vínculos.
Frente a sus miedos, ansiedades y frustraciones, especialmente aquellos estigmatizados como “problemáticos”, necesitan ponerlos afuera para dominarlos, pero aún no cuentan con las facultades del adulto. Por lo tanto el hecho de que los personajes de los cuentos de hadas puedan atravesar sus mismas experiencias les permite comprender lo que está ocurriendo en su consciente y enfrentarse con los estratos inconcientes. Por lo tanto un pequeño “puede adquirir esta comprensión, y con ella la capacidad de luchar, ordenando de nuevo y fantaseando sobre los elementos significativos de la historia, en respuesta a las tensiones inconscientes. El niño adapta el contenido inconsciente a las fantasías conscientes, que le permiten tratar con este contenido”, manifiesta Bettelheim.
Este rasgo característico de los cuentos de hadas no suelen estar presentes en la literatura infantil contemporánea, donde se resaltan más las particularidades de los personajes y la inventiva de las tramas, distanciando al niño de una posible identificación.
Las angustias que atraviesan tantos niños muchas veces no pueden ser expresadas y permanecen en su interior azuzadas por las presiones familiares y escolares, imposibilitándolos para encontrar una salida. Es por ello que los cuentos de hadas, aun los más “duros” o directos, cierran con un “final felíz”, que lejos de ser un consuelo barato, provoca en el alma del niño la sensación anímica de que la lucha contra los más grandes obstáculos de la vida es inevitable, pero que, si uno no da la espalda a estos conflictos, puede alzarse con la victoria, infundiéndole confianza en sí mismo y en la vida. “El niño desde muy temprana edad, comprende que su vida, así como la vida de los héroes de los cuentos de hadas tiene una trama, esto lo va a ir capacitando poco a poco para poder establecer un horizonte significativo para su vida que le dará la seguridad y contención que necesita para tomar decisiones, para poderse orientar. El significado funda un mundo ordenado, lo saca del caos”, sostienen Diez Rienzi y Domit Palazuelos, sumándose a la visión de Bettelheim: “para no estar a merced de los caprichos de la vida, uno debe desarrollar sus recursos internos, para que las propias emociones, la imaginación y el intelecto se apoyen y enriquezcan mutuamente unos a otros (…) (Bettelheim) afirma que como educador y terapeuta de niños gravemente perturbados, su principal tarea consiste en establecer el sentido de sus vidas. Este trabajo le ha demostrado que si se educara a los niños de manera que la vida tuviera sentido para ellos, no tendrían necesidad de ninguna ayuda especial (Bettelheim). Al estudiar esta tarea el autor afirma que no hay nada más importante que el impacto que causan los padres y aquellos que están al cuidado del niño; el segundo lugar en importancia lo ocupa nuestra herencia cultural si se transmite al niño de manera correcta. El autor afirma que cuando los niños son pequeños la literatura es la que mejor aporta esta información”.
Cuentos sugerentes, pedagogía y el rol de los padres
En Pedagogía Waldorf se incorporan al aula tanto los cuentos de hadas como los denominados “cuentos sugerentes”, que pueden resultar un valioso instrumento para trabajar con el ánimo y con la conducta de los niños.
Un cuento sugerente es una imagen dinámica y austera en cuanto a su estructura argumental, en la que el niño puede ver reflejado el universo íntimo de sus vivencias. Para los pedagogos de esta corriente, es fundamental no explicar el contenido de los cuentos, siendo preferible narrarlo que leerlo, manteniendo despejada la atención del niño buscando el adecuado tono narrativo.
En su estudio, Diez Rienzi y Domit Palazuelos también destacan el valor del tratamiento del cuento de hadas en la pedagogía Waldorf. “Según la Pedagogía Waldorf, el incluir cuentos infantiles, como parte de la formación o educación de los niños, es útil como tarea para lograr el ir despertando al niño poco a poco hacia su entorno (...) También es importante que el núcleo de la historia conlleve algo moral en sus imágenes, pero sin ser una moral penetrante. El humor dentro de la historia es una gran ayuda (…) Según el creador de este método las historias morales no deben considerarse una materia de clase sino una tarea pedagógica, destaca los beneficios que dicha actividad refleja en el lenguaje, ya que el sentimiento hacia el habla se sigue educando a través de cuentos y su recordación. Señala que el maestro tiene que prepararse para contar bien los cuentos, es decir, que pueda contarlos con tranquilidad sin tener necesariamente frente a él el texto y muy importante hacerlo en tono épico, no dramático. Han observado que a los niños les gusta representar el contenido de los cuentos y la mejor manera de hacerlo es a través de cánticos, compartiéndolos entre ellos y cantando con el grupo”.
La pedagogía Waldorf abre además la posibilidad de que sean los propios maestros los que además propongan cuentos sugerentes nacidos de su propia inventiva y que se hagan eco de las problemáticas o intereses de sus alumnos.
Respecto a la literatura infantil contemporánea, para nada podemos descartarla o subestimarla, pero lo cierto es que se ha comprobado que por su hondura arquetípica y su capacidad de dialogo con el alma infantil, los cuentos de hadas tradicionales siempre terminan siendo los preferidos de los niños, sobre todo de aquellos con problemas de conducta, de socialización o que estén atravesando por periodos de angustia. Esto puede deberse a que además de estimular la imaginación y los procesos cognitivos de la memoria, atención y lenguaje a nivel simbólico, los cuentos de hadas representan un espejo en el que los niños logran dar con todo un abanico de alternativas y vivencias para desentrañar sus conflictos cotidianos.
Las mexicanas Diez Rienzi y Verónica Domit Palazuelos aseguran en su estudio que de las “cuatro entrevistas a profesionales, que han trabajado con niños de edad preescolar utilizando como herramienta los cuentos de hadas, se llegó a los siguientes resultados: los cuentos de hadas tienen un impacto profundo en el desarrollo del niño, capacita a la persona para dar sentido y orientación a los sucesos de su vida, le da apertura y un mayor nivel crítico”.
Pero no sólo en el aula es recomendado el acercamiento a esta literatura, los padres tienen la maravillosa oportunidad de utilizar los cuentos como un espacio comunicacional imprescindible con sus hijos.
Algunos especialistas sugieren, de la misma manera que los pedagogos Waldorf, que los padres relaten la historia de manera oral, tomándose tres días previos para leerla en profundidad y meditar en su naturaleza íntima, incorporándola. De esta manera, los niños contarían con la posibilidad de que las vivencias de verdad y belleza y bondad que transmiten los cuentos surjan de un ser humano y no solamente de los libros. ¡Y qué mayor gozo para el niño si esa figura viva que lo inicia en esta experiencia es su padre o su madre!
En el caso de leer directamente desde un libro, se recomienda que éste no cuente con ilustraciones o que, de tenerlas, no sean enseñadas al niño, ya que esto limitaría muchísimo su experiencia imaginativa interna. Por esta misma razón es que en los jardines de infantes Waldorf, siguiendo la sugerencia de Rudolf Steiner, las muñecas y muñecos están realizados con materiales nobles y naturales, evitando delimitar sus rasgos para que los niños puedan proyectar sobre ellos su imaginación y darles vida sin quedar presos de sus formas fijas, muertas.
Respecto al contenido de los cuentos de hadas, sería de mucha importancia que tanto padres como maestros cuenten con versiones originales y completas de las historias y no las versiones endulzadas y recortadas que suelen encontrarse en las librerías. Quizás algunas de estas historias guarden cierta crudeza en sus imágenes, pero no deben sentirse incómodos con ello. Determinadas escenas donde se muestra la violencia o la maldad de una manera directa, le permite a los niños enfrentarse con retos o experiencias de vida que pueden resultar atemorizantes pero que los ayudan otorgándoles mucha confianza, ya que en estas historias los problemas y desafíos pueden ser resueltos o vencidos, siendo que hasta en el personaje aparentemente más indefenso puede manifestarse una gran fortaleza que le permita sortear todos los obstáculos. En este caso la aparición de la violencia o el temor cumpliría un rol terapéutico muy alejado de la violencia vertida en los dibujos animados con la que los niños confrontan horas y horas frente al televisor. Además los chicos íntimamente saben que los cuentos no son historias literales, sino que su veracidad está puesta en imágenes que saben develar y resolver intuitivamente sus desafíos internos que deben desentrañarse a través de la saludable distancia de la fantasía, para ser superados.
Los padres deberán estar atentos a que seguramente en algún momento una historia en particular puede llamar poderosamente la atención del niño, y que querrá escucharla varias veces. Es muy recomendable complacerlo con este pedido hasta que el mismo pida pasar a otro cuento, ya que es muy probable que en esa historia específica él haya encontrado determinados signos o vivencias con las que necesite confrontar.
Como se mencionó anteriormente, se desaconseja toda explicación del cuento, lo mismo que intentar dialogar con el niño acerca de por qué determinada historia puede ser importante para él. Es precisamente la ignorancia del pequeño frente al imán que le provoca determinada historia lo que la vuelve tan atractiva y fascinante. Al brindar nuestra interpretación sobre la historia no sólo profanamos su encanto sino que truncamos con el sello de nuestras capacidades adultas el potencial que el cuento puede inspirar para que el niño se sienta inspirado para luchar por sí solo y dominar sus problemas o desafíos.
En la literatura especializada como la de Bruno Bettelheim, sobran ejemplos de niños con trastornos de conducta y aprendizaje que han logrado superar muchos problemas y obstáculos a través del amoroso y lúdico regalo de un cuento, su cuento.
Probado está que los cuentos populares arquetípicos enriquecen a los más chicos estimulando su imaginación, colaborando en el desarrollo de su intelecto, calmando sus ansiedades, clarificando sus emociones, motivando sus anhelos, develando sus dificultades y sugiriéndoles caminos simbólicos para desentrañar sus angustias y problemas.
Realmente vale el esfuerzo retomar la construcción de esos espacios de intimidad, complicidad y juego, donde la lectura sea capaz de convocar las fuerzas vivas y transformadoras de la palabra.
Los cuentos de hadas han sido por mucho tiempo un respaldo insuperable para guiar a los niños por la aventura del desarrollo humano; enriquecidos y perfeccionados por la sabiduría y la capacidad de observación de miles de anónimos, sobreviven en medio de violentos videojuegos y animaciones con personajes desquiciados, y desde el comienzo de los tiempos abren un portal de símbolos e historias que susurran hacia lo más profundo de nuestra alma. Animarse a transitar estas inestimables “recetas de abuela” puede dejar en nuestras bocas y en nuestro corazón un sabor pleno de sentido y de caricias.
Y por último… quizás no sea casual que este periódico lleve por nombre el de un personaje de cuentos de hadas, uno que supo encontrar su lugar en el mundo cuando, guiado por una palabra amiga, descubrió quién era verdaderamente y los tesoros que llevaba dentro.
Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar

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