sábado, 16 de abril de 2011

Dislexia: ¿discapacidad o habilidad?


Es una situación bastante frecuente que, ante alguien que presenta alguna dificultad, se tienda a poner el acento en ella, en lugar de definirlo por sus habilidades. En el caso de los disléxicos, sus virtudes muchas veces superan ampliamente a sus problemas
Hace muchos años escuchamos hablar de dislexia en niños, y queríamos saber de qué se trataba y cómo se producía. Parecía un mal del siglo XX que no se podía curar.
En Europa del norte en los setenta, el fracaso escolar había llegado a 40% al finalizar la Primaria. Parecía espantoso que niños que no tenían disposición al estudio se vieran excluidos de la posibilidad de vivir sus sueños. Prácticamente todos los oficios que permiten llevar una vida digna, precisan de una base académica segura y firme para construir su futuro.
¿Cómo realizarse si se le niega la posibilidad de cumplir con las reglas de la sociedad?
Nuestra curiosidad nos llevó a buscar explicaciones que todavía no existían, porque no sabíamos las razones del fenómeno. Tuvimos que ser pacientes y esperar unos años más.
Ahora bien, esa dislexia de la cual hablamos, la podemos ver de dos maneras distintas: desde el sistema escolar y médico que intentan ayudar a los niños, percibiéndolos como casos difíciles para solucionar, o a través de las personas que la viven.
El aprendizaje
Los seres humanos tienen distintos estilos de aprendizaje. Algunos empiezan por los detalles y, poniendo todo junto, construyen el todo. Otros comienzan por mirar el todo, comprenderlo y luego romperlo en pequeños pedazos. Cada una de estas maneras es valiosa y depende del hemisferio cerebral que domina el aprendizaje del individuo. Se llama la orientación por la conducción del hemisferio izquierdo o derecho.
Sin embargo, todos precisamos pasar por la experiencia para fijar y registrar el aprendizaje. Sin la experiencia y las emociones que le dan sentido, lo aprendido sólo es información teórica y faltará la práctica para ser integrada y que forme parte de nuestro almacenamiento cerebral (nuestro léxico). Sin la experiencia olvidaremos la información.
Si pensamos en aprender a esquiar, jugar al tenis o a nadar desde nuestro living -con las explicaciones y técnicas valiosas- cuando llegamos a la práctica, no lo haremos de forma perfecta. Tendremos que movilizar una cantidad enorme de energía para equilibrarnos, adaptarnos y aprender la parte física del tema. No está todo en la cabeza. El aprendizaje implica movimiento y balance para ser exitoso.
El aprendizaje académico no escapa a esa regla. Como el sistema educativo en nuestro mundo occidental es orientado hacia el hemisferio izquierdo y no toma en cuenta los demás individuos, demasiados niños han sufrido en su tarea cotidiana por no tener un sistema educativo adaptado a sus necesidades.
En efecto, los aprendices orientados por el hemisferio izquierdo son los que pasan de grado con facilidad porque el sistema honra su estilo de aprendizaje con detalles y lógica secuencial que habla al hemisferio izquierdo. Su pensamiento es verbal y lineal. Utilizan la conceptualización verbal con los sonidos del lenguaje, su significado y representación.
En cambio los aprendices orientados por el hemisferio derecho necesitan un sistema que les permite tocar, experimentar, moverse, jugar y divertirse para aprender. Son más visuales y espaciales para fijar esa información escolar.
En cuanto a los disléxicos, ellos precisan un aprendizaje de conceptualización no verbal. Su lenguaje se expresa con imágenes mentales de conceptos o ideas. A veces su forma de pensar es tan veloz que no pueden captarla en palabras y trasponerlas en el papel. Además, teniendo a menudo una letra tan desprolija e ilegible, prefieren comunicarse a través de la computadora. Siendo evolutivo, el pensamiento no verbal es mucho más rápido, probablemente miles de veces más rápido que el verbal.
El período en el que se forma la dificultad de aprendizaje del disléxico se sitúa entre los 3 y los 13 años. Teniendo un pensamiento de imágenes, cuando falta el concepto y la imagen para explicarse o entender lo que dice el otro, se produce mucha confusión y frustración. Ejemplo: el hipopótamo, si no sé lo que es, ¿cómo puedo imaginarlo? Más aún con el lenguaje “abstracto” (como los artículos, las preposiciones, el verbo “ser”) les causa confusión y con la confusión viene el error, el bloqueo.
Todavía no hay muchas escuelas en las que los profesores hayan sido preparados para comprender y guiar a niños disléxicos, presentando las materias con una variedad amplia de maneras, utilizando la música, la participación cooperativa, el rol-play, el arte, el multimedia, excursiones o sesiones de reflexión.
Como hay pocos sistemas que los comprenden y los cobijan, estos aprendices tienden a aburrirse en la clase, o dejan de hacer los esfuerzos para seguir al profesor. Les falta energía y motivación para hacer la tarea, no pueden concentrarse por el estrés que les causa su vida cotidiana.
Esa acumulación de elementos hace que los califiquen de “torpe, lento, problemático. No leen con la misma facilidad que sus compañeros, les cuesta adquirir conceptos básicos, tienen una escritura ilegible y a veces cambia la orientación de las letras”. En fin, terminan con notas de mala conducta, clasificados como “niños con problemas”.
El estrés
El estrés negativo de la “dislexia” ha convertido la infancia de miles de niños perseguidos por las malas notas, los psicólogos y las burlas de sus compañeros, en un espacio de infelicidad completa, con la autoestima enterrada a varios metros de profundidad.
El estrés se produce cuando el individuo no llega a adaptarse a una situación. Se siente amenazado por ser no adecuado o no estar a la altura de lo que está pasando. Entra en un estado de supervivencia en el que su cuerpo se prepara para luchar o huir. Se produce un cortocircuito cerebral y se rompe el proceso de tratamiento de información: nos ponemos disléxicos porque nuestro “léxico” esta momentáneamente interrumpido. Esa ruptura en la integración cerebral es la causa mayor de todos los problemas escolares. Además, se refleja en la vida de cada uno. ¿Quién de nosotros no ha vivido momentos en que no pudimos responder, razonar o lidiar con una situación en forma adulta? En lugar de mantener la calma, nos enojamos, colapsamos o huimos a la velocidad de la luz. Perdemos la integración o comunicación entre las diferentes partes del cerebro, quedando atontados y abrumados.
La dislexia
¿Por qué entonces cuando se trata de un niño que sufre de lo mismo día tras día en la escuela, lo culpamos de vago o idiota? La dislexia aparece como un fallo en el cerebro, una disfunción que interfiere con los procesos mentales para leer y escribir cuando el niño no tiene la culpa y no es una cuestión de inteligencia. Al contrario, refiriéndonos a la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, sabemos que no hay un solo modelo de inteligencia. De hecho, tendríamos que poder apreciar a cada uno según sus fuerzas y no por sus debilidades.
¿Y si la dislexia no fuera un fallo en el cerebro sino una manera diferente de percibir a la vida? Un modo en que las imágenes juegan un rol primordial creando un mundo nuevo.
Son numerosos los disléxicos que han contribuido a cambiar el mundo, a su modo de pensar. Unos ejemplos de famosos disléxicos son:
Tomas Edison, Albert Einstein, Leonardo da Vinci, Shakespeare, Picasso, Walt Disney, Winston Churchill, Henry Ford, Agatha Christie, Tom Cruise, Robin Williams, Cher, entre otros.
El mundo futuro se dirige hacia un aprendizaje a través de imágenes, sin palabras escritas, sin matemática teórica, sino por su aplicación directa y simple. Los llamados “disléxicos” de hoy bien podrían ser los más adaptados para el mundo de mañana. Son muy hábiles en diferentes campos sin necesitar pasar por el aprendizaje clásico. Tocan y saben cómo y dónde, ya sea en la computadora, una cámara de fotos, un motor de auto de carrera. Son prácticos, aunque no pueden explicárselo.
Ciertas investigaciones sugieren que los disléxicos serán la elite intelectual del mundo digital, visual y lleno de imágenes de mañana. Quizás podríamos aprender de las diferentes capacidades que tienen en lugar de enfocarnos sólo en sus debilidades y fracasos.
Los invito a la reflexión: ¿serán discapacitados o seres humanos con el don de la dislexia?
Edith Chad-Boyko*
* Edith Chad-Boyko es Directora del Centro y Escuela de Memoria Celular, Buenos Aires.

1 comentario:

  1. Excelente artículo! Realmente una nueva perspectiva para analizar los casos de dislexia. Es una visión muy positiva, sobretodo por enfocar el tema partiendo de una premisa diferente validando las diferencias que manifiestan estas personas, no considerándolas debilidades! Me gusta este enfoque.

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