jueves, 7 de abril de 2011

Pensando y sintiendo en educación

Hoy de manera especial quiero compartir con ustedes algunas reflexiones que las vengo madurando desde hace un tiempo.
Creo y comparto con ustedes que urge la necesidad de hacer escuchar nuevas voces con respecto a educación, salud y derechos que son los temas que mayormente nos ocupan.
Hoy en otros países se habla de que las personas con diferencias para aprender han de estar en medios y ambientes (contextos) naturales y lo que mejor ayuda a su crecimiento son sus propios pares acompañados por un docente que MOTIVA y por una INSTITUCIÓN que apunta a liderar en aprendizajes significativos para los mismos dados que éstos son los pilares para garantizar una buena calidad de vida.
Hoy por hoy pareciera que las personas que tienen un tiempo y un ritmo de aprendizaje distinto sólo pueden estar en las instituciones para aprender, estudiar y crecer con un equipo interdisciplinario y con una presencia casi cotidiana de algún representante del equipo en las escuelas. Doy fe que en la realidad esto es lo común y veo una tendencia considerable a que esto se generalice. Es más, la mayoría de los colegios pone como condición la presencia de alguien que realice el proceso y que además de contener al cliente, contenga a los demás porque los otros manifiestan conductas reactivas a lo que el alumno distinto hace...
Estoy convencido de que un apoyo a un alumno deja de ser apoyo o soporte externo para ese alumno y se convierte en un apoyo para una institución que no puede mostrar otra cosa que pobreza de estrategias y habilidades para motivar y hacerse cargo de lo que esencialmente debe hacer y que es educar, acompañar, guiar, sugerir, crear nuevas posibilidades de ser y estar en este mundo...
Un docente de apoyo se convierte, de uno u otro modo, en docente auxiliar del docente titular (léase apoyo al docente) y al compartir este rol en el mismo aula una vez más se desdibuja el rol del adulto porque no es este el rol que debe desempeñar en ese contexto.
Pensamos alguna vez: ¿Qué aprenden los alumnos que están en la clase al ver a un compañerito con otro adulto haciendo de apoyo, tutor, “coaching”, maestro especial o facilitador o como quieran nombrarlo? Y si ahondamos un poco más el pensamiento y miramos a todo el sistema escolar que representa esa escuela y nos preguntamos. ¿Cuál es el impacto que eso (los docentes o profesionales de algún equipo) tiene para todos los alumnos que van a ese colegio? Es, sin ninguna duda, una manera de institucionalizar el abandono educativo por parte del docente que la institución pone como titular.
Tal vez la mejor lección que les estamos dando es que como docentes no somos creíbles, que como institución que avala la vida y los valores democráticos tampoco ya somos idóneos porque para poder contenerlo necesitamos del que sí sabe qué hacer (confirmamos entonces que la escuela no sabe qué hacer con los educandos del nuevo milenio, o con aquellos que presentan diferencias por aprender), tal vez les estamos confirmando que la escuela ya no es el lugar de confianza donde uno puede manifestar toda su espontaneidad y creatividad y donde lo que uno desea como ser querido, aceptado, valorado, estimulado y respetado en la originalidad que como persona tiene, ya no lo es...
Entonces venir a la escuela es desencantador tanto para los chicos como para los padres y es un fastidio para los docentes. La motivación sólo aparece con el enojo y el desencanto y esto complica cualquier proceso e intento de educar.
La experiencia demuestra que en los colegios que tienen alumnos integrados y están con un apoyo semanal o diario, son alumnos que están excluidos dentro del mismo colegio dado que los directivos, docentes y gabinetes delegan toda la responsabilidad en el docente que acompaña total éste está respaldado por un equipo que lo orienta y sabe. Antes decíamos que era la TV la que desplazaba a los docentes, hoy cabe decir que el quipo desplaza al docente.
Creo que esto no es educar, esto es simplemente comercio donde el sujeto de la educación dejó de ser la persona para tornarse en el cliente a quien hay que atender y ofrecerle un producto de manera tal que me deje a mí seguir lucrando. Educar es aceptar, comprender, guiar, liberar, ayudar, crecer.
Vuelvo a aclarar que hay casos y casos, pero en la mayoría los apoyos muy bien pueden ser sostenidos por los propios pares y por un docente que realmente haga lo que tenga que hacer y eso es una responsabilidad personal e institucional y compete a la función.
Obviamente que hay un sistema educativo que no mira lo que debe mirar porque si lo hace advertirá un desfasaje muy grande en la formación profesional del docente, y en las exigencias y competencias requeridas para estar al frente de una institución educativa.
No menos importante es el concepto de inmediatez que hoy por hoy prevalece no sólo en los institutos educativos, pero en éstos adquiere una impronta más que significativa porque se va perdiendo la capacidad de espera y de que hay cosas que sólo con tiempo, delicadeza, paciencia y amor se logran. En la actualidad nos topamos con un pensamiento que pareciera no incluir el mediano ni el largo plazo y al no existir el largo plazo, tampoco hay compromiso, todo se reduce a metas cortas, cortísimas y después... ¡ni idea!
Como título escribí “sintiendo y pensando”; logré hasta acá expresar algo de lo que pienso.
Lo que siento es una convicción profunda muy esperanzadora acerca de que es necesario rescatar las cosas que sirvieron y sirven de la docencia.
Rescatemos:
* una mirada más humana;
* a los alumnos porque si están en la escuela ese es su lugar y lo vamos a ampliar y a perfeccionar juntos;
* miremos no sólo a un alumno sino a todos los que están en el aula y en el colegio porque para todos es importante el aprender y la forma que procedamos con uno es de alguna manera una forma de transmitir aprendizajes a todos;
* gestos solidarios;
* agudicemos la capacidad de motivar, de encantar a los alumnos con propuestas de clases que verdaderamente respondan a sus intereses y no a los intereses de objetivos que ya nada tiene que ver con la realidad que todos vivimos;
* un hacer sentir al otro que su presencia es una invitación a que yo ennoblezca mi humanidad y que él brille como tal;
* una gran capacidad de esperar a que las cosas se den en cada uno según su propio ritmo y tiempo (un proceso de aprendizaje no se da en 45 días de un bimestre, ni en 180 días del ciclo lectivo);
* que lo más importante es que tanto vos como alumno crezcas y que yo no deje de crecer;
Aprovecho esta oportunidad para valorar los aportes que cada uno hace a partir de las experiencias que van viviendo y gracias por el tiempo a leer estas reflexiones.
Víctor Tomé
SOBRE EL AUTOR
Víctor Tomé, es argentino, nació en San Antonio de Obligado (Provincia de Santa Fe).
Es Profesor para la enseñanza primaria y Consultor Psicológico. Ha tenido una trayectoria interesante en filosofía, teología y ha realizado un post grado en TDAH en la Fundación Universitaria Dr. René Favaloro.
Desde temprana edad sintió una profunda inquietud por las personas que presentaban diferencias por aprender, pero desistió de realizar estudios en educación especial por convicciones personales y por estar convencido de que todos somos especiales y a todos nos une el mismo encanto y misterio de la vida y esto lo fue acercando a teorías y estrategias en pos de ofrecer una mejor calidad de vida independientemente de los diagnósticos, conclusiones y patologías.
Actualmente reside en Capital Federal, trabaja en Instituciones educativas, en CCRAI (Centro de Capacitación y Recursos de Apoyo para la Inclusión), es docente de la Universidad Católica Argentina, participando en el curso de formación para el empleo en personas con discapacidad intelectual.
También se desempeña como orientador de familias.
Es docente capacitador de docentes, llevando adelante cursos, jornadas, seminarios y conferencias referidos a su especialidad.

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