viernes, 6 de mayo de 2011

Síndrome del bebé sacudido, un estrago silencioso

Con tan solo una sacudida de cinco segundos, se puede ocasionar en un bebé o un niño de hasta 3 años un daño inestimable, cuyas consecuencias pueden ser el retraso mental, incapacidades para hablar y para aprender, parálisis, micro o macrocefalia, ceguera, pérdida del oído e incluso la muerte.
Sin dudas se trata de un tema tabú muy difícil de abordar pero que ha obligado a pediatras y especialistas de todo el mundo a lanzar una alerta roja, dada la inmensa cantidad de casos que fueron saliendo a la luz en las últimas décadas.
La descripción original del Síndrome del bebé sacudido (SBS) se realizó por primera vez en el British Medical Journal por Guthkelch en el año 1971 y luego sería Caffey quien en 1972 asociaría la idea de que la existencia de un hematoma subdural crónico y la fractura de los huesos largos en los niños podría significar una clara señal para la detección de abusos en los niños.
El SBS comprende una de las formas más difíciles de asimilar de abuso infantil, caracterizado por una serie de signos clínicos que varían desde la presencia de un hematoma subdural o un edema cerebral difuso y hemorragias retinianas, sin que se hagan evidentes otros rastros físicos de lesiones traumáticas.
Generalmente este cuadro se presenta como consecuencia de una sacudida de leve a violenta sobre un bebé cuando los padres o cuidadores se ven sobrepasados por un ataque de llanto o por no lograr conciliar el sueño en el niño. Si bien descripto de esta manera pareciera imposible que los propios familiares actuasen de esta forma desmedida ante una situación tan corriente, las estadísticas develan un gran porcentaje anual de discapacidades y muertes provocadas por este accionar.
Las sacudidas pueden causar lesiones cervicales severas de la médula espinal o del tronco del encéfalo en el niño que generan secuelas muy importantes en el sistema nervioso central.
Por la desproporción del tamaño y peso de la cabeza de un bebé en relación a su cuello, muchas veces se lo compara con una gran flor sostenida por un tallo delgado. Al sacudir violentamente un bebé, aunque la sacudida dure apenas segundos, se puede provocar que el cerebro en pleno desarrollo golpee contra las paredes del cráneo y sufra hematomas relacionados con un daño cerebral irreversibles que conducen a un deterioro mental.
Se han llevado a cabo muchos estudios para intentar dar con un perfil familiar que logre esclarecer el por qué de este abuso, sin embrago este síndrome no se ha podido encasillar a ningún grupo especial de gente.
En los Estados Unidos, se ha sugerido que los hombres jóvenes tienden a predominar como responsables de este acto violento en un 65 a 90% de los casos. Generalmente son los propios padres o padrastros. En el caso de las mujeres, la mayoría no serían las madres sino cuidadoras.
Una lesión intencional de esta naturaleza es una situación tremendamente incómoda y dolorosa de enfrentar para los médicos y para las familias, debido a que las evidencias del maltrato difícilmente puedan confundirse con causas accidentales.
Si un bebé se cae de una silla, rueda por las escaleras o cae accidentalmente de los brazos de alguien, generalmente las lesiones son de otro tipo y revisten una menor gravedad. Los protocolos sobre este síndrome son muy claros para los médicos y su deber es actuar en consecuencia.
Como existen muchos casos de padres desbordados por la frustración, el estrés y las problemáticas sociales actuales, en muchos países se decidió afrontar esta realidad y crear campañas de concientización, aunque a muchos pudiera incomodarles. En todos los casos el pedido siempre es el mismo: aunque un niño llore desesperadamente durante varios días, consulte a su médico y bajo ningún motivo lo sacuda.
Incidencia y cuadro general
Aunque la incidencia del SBS en la mayoría de los países occidentales es imprecisa, se estima que la tasa anual se encuentra entre 11 a 24 de casos por cada 100.000 niños por debajo del año de edad.
La Fundación Shaken Baby Syndrome de los Estados Unidos, estima que entre 1.200 y 1.400 casos SBS se producen cada año en este país, y que 1 de cada 4 niños muere a consecuencia.
Otro estudio europeo afirma que en el suroeste de Inglaterra y Gales del Sur la incidencia de hematoma subdural producto del SBS es de 21 por cada 100.000 niños menores de un año de edad. Un estudio retrospectivo de 15 años en Escocia sugirió que una incidencia estimada 11,2 por cada 100.000 niños menores de un año, sugiriendo además que los casos más comunes se presentan en las regiones urbanas y en los meses de otoño e invierno.
En los Estados Unidos los investigadores han señalado que en la mayoría de los casos están presentes factores extrínsecos que favorecen la agresión al bebé, como la existencia de padres jóvenes e inexpertos, una mala situación socioeconómica y/o laboral, el alcoholismo, la drogadicción, o una situación inestable de la pareja. A veces solo se hallan como una equivocada estrategia para calmar el llanto. De hecho, un estudio llevado a cabo en el año 1992 mostró que entre el 25% y 50% de los padres desconocían que sacudir a un bebé podía dañarlo o incluso matarlo.
“(El SBS) supone la causa más común de mortalidad de los niños durante los primeros años de vida en los países desarrollados, y es responsable de la mayoría de discapacidades a largo plazo. En Estados Unidos el 60% de los traumatismos infantiles que conducen a la muerte o a una encefalopatía aguda están provocados por maltrato y traumatismo craneoencefálico (Billmire y Myers, 1985; Duhaime, et al., 1992; Reece, y Kirschner, 1998)”, afirman las especialistas Tamara Nieto Domínguez y Sara Fernández Guinea, de la Universidad Complutense de Madrid. “Con todo, es difícil estimar la incidencia del síndrome, ya que no existe una categoría diagnóstica específica, sino que se engloba dentro del maltrato físico infantil; sin olvidar que sólo los casos que buscan atención médica son aquellos que presentan importantes síntomas que preocupan a los padres o cuidadores, sin que muchos de ellos presenten dificultades a corto plazo y sí a largo plazo, sin la posibilidad de conocer, en un futuro, si las dificultades se deben al zarandeo que tuvo lugar en los primeros años de vida”, completan.
Un niño podría ser sacudido por los brazos, las piernas, el pecho o los hombros. Y hasta algunos expertos utilizan el término “síndrome de impacto por sacudidas”, debido a que la lesión causada por el acto de arrojar a un niño contra una superficie puede igualar la lesión causada por una sacudida.
Si un bebé ha sufrido un zarandeo de esta naturaleza, es común que presente algunos de estos signos:
- Vómitos.
- Irritabilidad extrema.
- Poco apetito o problemas para alimentarse.
- Dificultades para respirar.
- Convulsiones (ataques epilépticos).
- Cansancio extremo, con falta de movimiento e inhabilidad para mantenerse despierto.
- Piel de color pálido o azul.
- Moretones en los brazos o en el pecho.
- Frente que parece más grande de lo normal.
- Incapacidad para levantar la cabeza.
- Temblores.
- Incapacidad para concentrarse o seguir movimiento con sus ojos.
- Daño al cuello y a la espina dorsal, disfunciones motores (desde torpeza a parálisis).
- Inconsciencia.
- Coma.
Este conjunto de signos puede derivar a su vez en distintos cuadros de variada complejidad, como:
- Rigidez muscular (espasticidad).
- Movimiento muscular involuntario.
- Retraso mental que puede afectar todas las áreas de la vida de un niño, tales como aprender a caminar o poder cuidar de sí mismo en el futuro.
- Ceguera o problemas oculares.
- Sordera.
- Problemas o falta de habla.
- Retrasos en el crecimiento físico o emocional.
- Problemas de aprendizaje o de conducta.
- Autismo.
- Déficit atencional.
- Hiperactividad.
- Impulsividad.
- Anormalidades del sueño.
- Microcefalia o atrofia cerebral.
- Macrocefalia.
- Parálisis cerebral.
- Muerte.
Se sabe que los bebés de dos a cuatro meses son los que tienen mayor riesgo y que si la sacudida es extremadamente violenta puede afectar incluso niños de entre cinco y seis años. Domínguez y Fernández afirman que alrededor del 20% de los casos son fatales en los primeros días posteriores a las sacudidas (Centro Nacional del Síndrome del Bebé Sacudido).
“La aparente recuperación tras la lesión infringida, no significa que en un futuro no aparezcan las distintas discapacidades neurológicas, conductuales y del desarrollo. Por lo que sería conveniente el seguimiento de estos niños (Makaroff y Putnam, 2003). Conclusión a la que también llegan Karandikar, Coles, Jayawant y Kemp tras realizar un estudio de seguimiento de 45 niños que presentaban lesión cerebral no accidental y hemorragia subdural (2004). 16 niños de la muestra inicial murieron. De los supervivientes, 6 tenían moderadas discapacidades, 11 severas discapacidades y tres de ellos se encontraban en estado vegetativo”.
Diagnósticos, tratamiento y calidad de vida
Los médicos pueden detectar el SBS de varias maneras. Generalmente ante los primeros indicios solicitan el historial de salud de un niño y realizan un examen físico y análisis de sangre.
Luego pueden servirse de exámenes de diagnóstico por imágenes, como las radiografías, una tomografía computarizada o un examen de imágenes por resonancia magnética, para detectar problemas de sangrado u otra lesión. También es probable que se autoricen pruebas específicas para descartar otras dolencias.
Ante una confirmación clínica, los tratamientos deben llevarse adelante lo antes posible para reducir el impacto de la sacudida.
Para Dominguez y Fernández “ante la duda se hace necesario un riguroso examen médico y una evaluación multidisciplinar. La sospecha no es una acusación fundada, simplemente alerta a los profesionales de la necesidad de recabar más información para finalmente tomar una decisión diagnóstica”.
Lamentablemente y aunque los datos sobre resultados son limitados, se cree que menos de un 10 a 15% de los bebés sacudidos logran recuperarse completamente. El tratamiento suele basarse en tres áreas interconectadas: médica, conductiva y educativa, ya que los niños pueden necesitar terapia de lenguaje, terapia visual, fisioterapia, terapia ocupacional y servicios educativos especiales.
Es común que un niño con SBS deba permanecer hospitalizado, a veces en una unidad de cuidados intensivos, necesitando de terapia de oxígeno para respirar.
Como parte del tratamiento primario, también suelen utilizarse medicamentos y/o sondas que ayuden a bajar o eliminar hinchazón del cerebro. Si las medicaciones no logran el efecto deseado, deberá recurrirse a la cirugía.
La evolución del niño dependerá siempre del grado de gravedad de la lesión y de que el abordaje médico haya sido lo más precoz posible.
En la Tercera Conferencia Nacional sobre el Síndrome del Bebé Sacudido, el Dr. Mark Dias presentó algunos resultados muy interesantes del Proyecto de Educación sobre SBS llevado a cabo en Nueva York y que sugiere que la educación de los padres es la forma más concreta de reducir la incidencia del SBS.
Los protocolos del SBS para la familia indican estrictamente que si una persona tiene sospechas de un caso de maltrato de menores no debe intentar enfrentar a quien podría haber maltratado al niño, sino que se ponga en contacto con el servicio local de protección infantil o con la policía. De lo contrario podría causarse más daño al niño y a los familiares alertados.
Informarse a tiempo y atender todas las medidas preventivas puede ser la forma más eficaz para prevenir esta oscura problemática tan ligada al deterioro de las estructuras sociales.
Fuentes:
- M. Rufo Campos/ Shaken baby syndrome.
- Susan Palmer/ El Síndrome del Bebé Sacudido/ Parenting Matters/ Oct. 2004.
- Tamara Nieto Domínguez, Sara Fernández Guinea/ Universidad Complutense de Madrid/ Síndrome del bebé sacudido: ¿Es posible un diagnóstico diferencial?
- http://www.dontshake.org

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