lunes, 25 de julio de 2011

Tecnología + estrés = tecnoestrés



 Desde hace poco menos de 20 años se viene hablando del Tenoestrés como un problema en crecimiento que afecta no solo a niños, sino que también los adultos se hallan implicados. Ansiedad, problemas de memoria, de sueño y otros son sus manifestaciones. Las computadoras, los celulares y los videojuegos son los que se apuntan como prioritarios en su producción.

Introducción
Desde las herramientas primitivas hasta los superequipos de computación, a lo largo de la historia siempre hu-bo un cierto resquemor acerca de las novedades tecnológicas, aunque la aparición y el desarrollo de nuevos aparatos y tecnologías se hacía a un ritmo lento y digerible.
Pueden rastrearse en muchos libros de ciencia-ficción distintas preocupaciones acerca de los avances en esta materia. Por ejemplo el mítico Nautilus de “20.000 leguas de viaje submarino”, de Julio Verne, o la problemática de la robótica en “Yo robot”, de Isaac Asimov, e inclusive algunos mucho más modernos, existe el temor de que las máquinas reemplacen y/o dirijan a los hombres o que se alcen contra la humanidad.
Si bien al menos hasta el presente no existe un aparato o una serie de ellos que rocen esa premonición funesta, sin embargo cada nuevo descubrimiento alteró la marcha del mundo. Si ello fue para bien o para mal, es una apreciación muy difícil de hacer. En todo caso, las construcciones del hombre no tienen intencionalidad en sí mismas. Cada una, desde las más elementales hasta las más sofisticadas, son neutras. De hecho, muchas escapan a la intención de sus creadores y se convierten en armas de destrucción aquellas elaboraciones que pretendían ser un aporte beneficioso para las personas, como el caso del descubrimiento de Alfred Nobel. Hasta una simple cuchara puede servir para alimentar o como un arma letal, depende con qué intención se la empuñe. El tema es que la gran mayoría de los productos de la tecnología se crean con la finalidad de mejorar algún aspecto de nuestra vida.
En los últimos treinta años hemos asistido a una aceleración exponencial de nuevos elementos tecnológicos que, como tales, tienen sus efectos, uno de los cuales es lo que se denomina Tecnoestrés.
Qué esEl término fue acuñado por primera vez en 1984 por Craig Brod, quien en su libro “The Human Cost of the Computer Revolution” (el costo humano de la revolución de la computadora) definió a este fenómeno como “enfermedad moderna de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable. Se manifiesta de dos maneras diferentes aunque relacionadas: en la resistencia a aceptar la tecnología de los ordenadores y en la forma más especializada de hiperidentificación con ella”.
Pero el concepto fue avanzando, así como las innovaciones tecnológicas, lo que trajo una gama de aparatos increíblemente amplia que rodean nuestra vida: celulares, computadora, televisión, videojuegos, etc., que pueden llegar a crear una verdadera dependencia.
El Tecnoestrés conoce dos formas; la adicción y la tecnofobia. Esta última, relacionada con la resistencia que los cambios tecnológicos produjeron a lo largo de la historia, es, precisamente la conducta de oposición a las nuevas tecnologías.
El problema es que de todas maneras la vida moderna expone constantemente al contacto con aquello mismo que se quiere evitar. Es que sea por un celular, un cajero automático o la computadora, es prácticamente imposible hoy en día estar alejado de ello. Además, se genera lo que algunos autores denominan como los nuevos analfabetos, es decir, personas que, por su oposición a utilizar estos aparatos o por la imposibilidad económica de acceder a ellos, quedan ubicadas en un lugar marginal por no conocer su uso. E, incluso, no conocen la jerga que le es atinente a estos nuevos (o renovados) aparatos.
Desde esta perspectiva, la tecnofobia no es una respuesta válida, porque, además de ser simplemente reactiva, marginaliza y también produce estrés, porque, al menos en las ciudades, es prácticamente imposible abstraerse de la tecnología.
El otro aspecto en que se manifiesta es el de la adhesión incondicionada.
Hace años que se viene discutiendo cuáles son los efectos de la computadora y los videojuegos en los niños, a lo que ahora se agrega la universalización de los celulares, que, lejos de ser nada más que un teléfono portátil, ahora integran novedosas funciones, que permiten jugar, conectarse a internet, chatear, enviar mensajes de texto, etc.
Muchos educadores, psicólogos, psiquiatras y neurólogos creen que una parte de los trastornos de conducta de los niños provienen de la exposición desmedida a contenidos no apropiados para ellos que recaban en sus exploraciones en la red, en las emisiones de televisión y en videojuegos violentos (existe uno que va por su 5ª versión en el cual el objetivo es robar autos, atropellar peatones y matar policías, por ejemplo), pero también por la utilización constante y el apego cuasi patológico de aquellos que no pueden despegarse de alguna de las formas de estar conectados constantemente.
Pero no sólo son los niños los amenazados por el Tecnoestrés. En México, se estima que el 25% de los adultos entre 25 y 55 años experimentan la compulsión de obtener el último de los aparatos, los que cambian y se renuevan con tanta rapidez que a los pocos meses (o, a veces, semanas) de adquirir uno, ya resulta obsoleto.
Uno de los ámbitos en los que se reporta mayor incidencia de esta alienación es en el laboral.
En este sentido, Alejando Córdoba, presidente de la Asociación Nacional de Especialistas de Salud Mental del Instituto Mexicano de la Seguridad Social, señaló que esta patología está asociada al Síndrome de Burnout o de agotamiento, por el desgaste profesional que implica el uso "continuo, cotidiano y constante" de la tecnología, lo que lleva a una sensación de fatiga y a un importante desgaste físico.
Así, en lugar de desconectarse del trabajo una vez que termina el horario laboral y disfrutar del ocio, muchos empleados continúan respondiendo mensajes vía mail, mensajes de texto o a través de pagers, lo que también ocurre en los períodos de vacaciones.
Por su parte, Michelle M. Weil y Larry D. Rosen (ambos psicólogos, profesores universitarios y reconocidos como expertos en Psicología de la Tecnología), autores del libro TechnoStress: Coping With Technology @WORK @HOME @PLAY, sostienen que “en los últimos 15 años, como la tecnología se ha convertido en una parte prevalente en nuestras vidas, hemos visto cómo el Tecnoestrés se desarrolla e impacta en la vida de las personas, en su familia y en el ámbito laboral”. Aseguran que el 85% de la población se siente incómoda con la tecnología, aun aquellos que aparentemente disfrutan de ella, porque produce frustración, intimida y causa distrés, que es una forma altamente patológica del estrés.
Pero no solo estar conectado constantemente genera problemas, sino que la desconexión es otra de las causas. En efecto, la falta de señal, el mal funcionamiento, las dificultades para acceder y cualquier inconveniente derivado del uso que lo impiden o entorpecen es posible que dispare síntomas. Otro tanto ocurre cuando se actualiza el software o el aparato que ya se tenía dominado y hay que aprender a usar otro, lo que también puede producir episodios estresantes.
Si bien ello no tiene que ver específicamente con el Tecnoestrés, también existen sospechas, hasta ahora sin fundamento científicamente comprobado, de que la exposición prolongada a muchos de estos aparatos modernos puede traer consecuencias serias para la salud. Por ejemplo, tantas horas frente a un monitor, por más baja que sea la radiación, podría producir problemas en la vista. Por su parte, tanto los celulares como las antenas por las cuales se captan y se envían las señales son fuente de radiaciones electromagnéticas, las que, aparentemente, al estar controladas, no producen más que alteraciones mínimas en las ondas cerebrales, sin daño, aunque se sabe que, superado un cierto umbral, pueden ser dañinas. Por algo hay en todo el mundo fallos judiciales y reglamentaciones para su instalación que prohíben que ellas se ubiquen en las cercanías de espacios poblados.
Los síntomas
El síntoma principal asociado al Tecnoestrés es la ansiedad, la que se manifiesta a través del aumento de la irritabilidad, dolores de cabeza, fatiga mental, depresión, pánico, problemas para conciliar el sueño, pesadillas, sentimientos de indefensión, entre otros.
Por otra parte, el tema de dividir la atención en un cúmulo de tareas que la requieren simultáneamente, hace que en muchas ocasiones no se pueda pensar con claridad, creando confusión y errores de juicio, no solo en el entorno laboral sino en la vida de relación en general. La estimulación constante hace que se deba responder inmediatamente, creando lo que Weil y Rosen denominan la “locura multitareas”, que lleva a saltar de una cosa a la otra sin solución de continuidad, lo que divide no solamente la atención sino al propio sujeto.
También se puntualiza que la cantidad de información que se recibe cuando se utilizan desmedidamente ciertos aparatos afecta la capacidad de retención, esto es, la memoria.
Paradójicamente se señala que, sobre todo en niños y adolescentes, la sobreexposición comunicativa y la hiperconexión virtual favorecen el aislamiento real, es decir, conductas de encierro en sí mismos y pérdida de conexión con la realidad y, en aquellos que ya tienen una propensión, aumenta las conductas disruptivas. Desde este punto de vista, el Tecnoestrés podría servir de disparador ante algunos problemas conductuales latentes.
SugerenciasComo para esta patología no existe medicación alguna que pueda volvernos a la normalidad, los expertos en el tema sugieren algunas conductas a seguir que atemperen sus efectos:
1. Dosificar el tiempo que se pasa delante de la computadora. Limitar el uso del celular a lo realmente indispensable.
2. Usar la tecnología que resulte más amigable, la que pueda manejarse con mayor comodidad, aunque no sea la última disponible y darse tiempo para adaptarse a la más reciente, en caso de ser necesaria su utilización.
3. No depender de los aparatos para comunicarse con aquellos con los que es posible hacerlo cara a cara. En el ámbito familiar, establecer un tiempo cotidianamente para estar juntos, sin artefactos encendidos.
4. Dedicar más tiempo a hacer deportes, encontrarse con amigos, programar salidas o realizar cualquier actividad que implique poder reponer las energías y desconectarse.
Epílogo
Como decíamos al principio, la tecnología, bien utilizada, nos ayuda a tener una vida no solo más confortable, sino que en muchos ámbitos, como en la medicina, nos permite vivir más y mejor.
Con esto queremos expresar que no es ella el problema, sino el uso que hacemos el que determina que pueda ser un problema o que realmente nos beneficie. Insistimos en que se trata solamente de herramientas a nuestro alcance.
En todo caso, más allá de las presiones consumistas y de las tontas cuestiones de estatus, somos nosotros quienes debemos manejarla y no ella a nosotros.
Como con la mayoría de las “nuevas patologías” que siguen saliendo a la luz día a día, nos queda la duda de si estamos ante una realmente nueva o si se trata nada más que de un síntoma de otra cosa, es decir, una nueva segmentación del mercado de la salud en la que algunos desean hacer pie para su propio provecho.
En todo caso, habrá que estar atentos a nuevos desarrollos en la materia, porque sea una u otra cosa, el uso indiscriminado de ciertos aparatos tales como computadoras, celulares y videojuegos, quizás más que otros, puede resultar en problemas que más vale prevenir, sobre todo en niños, porque no se sabe a ciencia cierta cuáles son sus efectos a largo plazo.

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