martes, 5 de julio de 2011

Trastorno límite de la personalidad y conductas destructivas



El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o Borderline Personality Disorder (BPD), es una compleja dolencia definida como discapacitante y heterogénea, caracterizada por combinaciones variables de conducta como la impulsividad autodestructiva, la inestabilidad afectiva, síntomas cognitivo perceptuales y dificultades interpersonales. La condición aparece en el inicio de la edad adulta, alrededor de los 18 o 20 años, con la irrupción de autolesiones, conductas parasuicidas, crisis emocionales más intensas, temor al abandono y problemas de identidad. El TLP tiene una altísima incidencia que pareciera ir en aumento, aunque para muchos profesionales de la Psiquiatría se ha pasado de desconocer esta dolencia a sobrediagnosticarla.
Se trata de uno de los diagnósticos más polémicos de la psicología, desde que fue introducido en el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), psicólogos y psiquiatras de todo el mundo trabajan con el desafío de definir con mayor precisión los conceptos que demarcan la condición.
El Trastorno Límite de la Personalidad, también conocido como Trastorno de la Personalidad Limítrofe, Fronteriza o Borderline, es una dolencia que puede ser discapacitante y generar en quien la padece patrones prolongados de emociones turbulentas o inestables, sentimientos negativos acerca de sí mismo y de los demás, acciones impulsivas y vincularse desde relaciones interpersonales caóticas.
Como resultado de estos esquemas fijados, el paciente puede estar gravemente expuesto a una depresión crónica, una sensación constante de vacío y miedo al rechazo, el abandono y la soledad, que muchas veces desencadenan episodios de autoagresión o aun de suicidio.
Para Iluminada Ramos, Vicepresidenta y psicóloga Directora de la Fundación Regional Murciana de Ayuda e Investigación del Trastorno Límite de Personalidad (ARMAI-TP), las personas diagnosticadas con TLP presentan "una elevada sensibilidad ante estímulos emocionales, que experimentan de manera muy intensa, hasta el punto que, para huir del malestar que producen, se refugian en conductas que le alivian momentáneamente ese malestar, como la promiscuidad, el juego, las compras inútiles, el alcohol, las drogas e, incluso, autolesiones".
Las dificultades para un diagnóstico preciso hacen que muchas veces las personas con TLP vivan una adolescencia tormentosa, ya que suelen ser excluidos socialmente y rotulados como problemáticos, malos, rebeldes y “raros”.
Es muy común que el TLP sea confundido con el Trastorno de hiperactividad, ya que con esta condición se comparte el alto grado de impulsividad y de disfunciones sociales.
Algunos especialistas sostienen que el TLP puede ser una manifestación particular del trastorno de tensión o estrés postraumático; otros, incluso creen que el término "personalidad limítrofe" se trata de un malentendido.
Así como resulta complejo elaborar un diagnóstico específico, también a los pacientes les cuesta poner en palabras sus sensaciones interiores. “Los pacientes que padecen este tipo de trastornos experimentan emociones muy intensas, suelen tener muchas dificultades en identificarlas y expresarlas, lo que en muchos casos genera un efecto ‘olla a presión’ y desencadena reacciones intensas de ira ante estímulos aparentemente insignificantes”, afirma Ramos, quien sostiene que esta dolencia “va en aumento porque está muy motivada por la reestructuración familiar y el hecho de la falta de límites a los menores, que cada vez más desean tenerlo todo en el momento, sin ningún tipo de restricción”.
Incidencia, grupos de riesgo y posibles causas
Se estima que este trastorno afecta al 2% de la población y a un 10% de los pacientes psiquiátricos ambulatorios. En cuanto a los pacientes psiquiátricos ingresados, la prevalencia asciende a un 15-20%, y en pacientes diagnosticados con Trastornos de personalidad a un 30-60%.
También se sabe que el TLP afecta mayormente a mujeres, en una proporción de 3 a 1 respecto de los hombres.
Se ha hecho hincapié en la relación entre el TLP y experiencias precoces de violencia y de abuso (Yen et al., 2002), asociando claramente el trauma y los desórdenes de personalidad. Algunos estudios han señalado que los pacientes con TLP reúnen la tasa más alta de exposición a hechos traumáticos, como ser traumas sexuales, maltrato en la infancia o violencia de género tanto en la infancia como en la adolescencia, que promueven desestructuraciones severas de la personalidad, en muchas ocasiones infradiagnosticadas y mal tratadas (Haugaard, 2004a; McLean & Gallop, 2003; Simeon, Nelson, Elias, Greenberg, & Hollander, 2003; Zanarini et al., 2002).
Las personas con una personalidad límite, tienen serias dificultades en percepción de su imagen, su humor, su comportamiento y en sus relaciones interpersonales, lo cual les provoca una sensación constante de vacío, necesidad de cuidado y temor al abandono, alternando con estallidos de cólera y cambios extremos en su visión del mundo, de sí mismas y de los demás.
Otro de los rasgos característicos es la marcada tendencia a ver todo de manera polarizada extrema, las cosas y las personas son buenas o malas, y todo se puede volver cambiante.
Esta grave inestabilidad emocional hace que sea muy difícil para los pacientes llevar adelante sus estudios, terminar una carrera, mantenerse en un trabajo o en una relación de pareja. “A mí me ha costado 4 años reconocer que a veces no sé quién soy ni lo que realmente siento, tampoco entiendo por qué hoy quiero algo y mañana no me gusta. Por qué hoy amo y mañana odio”, comparte en un foro sobre TLP una joven de 18 años que se encuentra en tratamiento. En el siguiente testimonio podremos ver, además, el alto grado de contradicción y tensión interior que puede llegar a desencadenarse en los jóvenes que padecen TLP: “rabia que surge de ninguna parte, sin ningún motivo... flotando libremente desde muy dentro de mí, preparada en un segundo para desparramarse en lo que parecen explosiones instantáneas que no cuestan ningún esfuerzo, y que me dan una sensación de poder en medio de mis sentimientos de desamparo, sentimientos que son una constante en cada minuto que estoy despierta (…) Si me permites necesitarte, no te querré más. Y si dices que no te puedo tener, entonces tengo que tenerte. Si me permites tenerte, entonces no te quiero más. Te quiero cuando no me quieres, y te necesito cuando no quieres ayudarme. Es la mordedura y el dolor de esta fría distancia lo que sé que me resulta en cierto modo familiar y esta sensación es la que necesito para que me dé la ilusión de seguridad”.
Estas vivencias interiores pueden llevarlos además a buscar experiencias límite como abusar de sustancias, practicar sexo no seguro, deambular por las calles, gastar el dinero de forma irresponsable, comer compulsivamente, o conducir de manera temeraria e imprudente.
Pero sin dudas el máximo alerta se da en el hecho de que un 10% de estos pacientes en algún momento de su vida, antes de llegar a la madurez, cometen suicidio, (Soloff, Lynch, & Kelly, 2002, y Gunderson et al., 2004).
Aún no hay acuerdos sobre las posibles causas del TLP, aunque se sabe que pueden influir factores genéticos, familiares y ambientales. Entre los principales factores de riesgo no ligados a la violencia o el abuso podemos distinguir:
- Abandono en la niñez o en la adolescencia.
- Vida familiar disociada.
- Comunicación deficiente en la familia.
Linehan desarrolló además la teoría de que los pacientes límite nacen con una tendencia innata biológica de reaccionar más intensamente que otros a los niveles inferiores de tensión y que les toma más tiempo recuperarse. “Además, fueron criados en ambientes en los que su opinión acerca de ellos mismos y su entorno fueron continuamente devaluados e invalidados. Estos factores se combinan para crear adultos que dudan de la verdad de sus propios sentimientos”.
Aunque todavía no se han realizado suficientes estudios en el campo de la base genética, existen algunas evidencias de que el TLP se asocia con determinadas variantes.
Un estudio publicado recientemente describe una asociación significativa entre el gen que codifica el transportador de la serotonina (HTT) y algunos rasgos de personalidad, evaluados mediante el "Zuckerman-Kuhlman Personality Questionnaire" (ZKPQ), en individuos con TLP (Pascual et al., 2007), una asociación que ha sido descrita también por otros autores (Ni et al., 2006).
La serotonina juega un papel fundamental en la regulación de la conducta impulsiva y agresiva, ejerciendo un rol de freno de la conducta, permite “pararse” antes de actuar de forma irreflexiva. Estos procesos posibilitan el pensamiento consciente, la elaboración de la información y la elección de una adecuada manera de actuar ante las diversas situaciones y desafíos.
De todos modos, no ha sido posible determinar que esta sea la única dirección de este trastorno, ya que un estudio realizado en monos evidenció una disminución en el transportador de la serotonina (HTT) en primates que habían sido separados de sus madres de manera temprana. Esta disminución de HTT habría afectado diversas regiones cerebrales: el rafe; tálamo e hipotálamo; caudado, putamen y globo pálido; amígdala, hipocampo y cingulado anterior. “Estos monos se caracterizaban además por presentar conductas agresivas e impulsivas. Los resultados de este estudio sugieren que la deprivación materna temprana afecta al desarrollo del sistema serotoninérgico y que las alteraciones subsecuentes tienen efectos claros sobre la conducta (Ichise et al., 2006)”.
Diagnóstico, terapias y calidad de vidaLa DIB-R (Diagnostic Interview for Borderlines-Revised) es una de los métodos más utilizados para el diagóstico del Trastorno Límite de la Personalidad. Se trata de una entrevista semiestructurada que permite determinar tanto el diagnóstico como la severidad clínica de pacientes con TLP.
Existen distintos tipos de psicoterapia, como la conductual dialéctica, que pueden tratar eficazmente este tipo de trastorno. Pero es necesario que las familias y los propios pacientes sepan que el tratamiento nos es breve y necesita de mucha entrega y compromiso de todos los componentes de la familia, que deberán sumarse a la terapia. También suele ser de mucha utilidad la terapia de grupo, el abordaje interdisciplinario y la terapia ocupacional.
“El trastorno es la parte de la personalidad de la persona que no le deja funcionar bien. El concepto de curación en el TLP hace referencia a conseguir una disminución de la intensidad de los síntomas y de la interferencia que pueden tener en las diversas áreas de la vida, llegando a conseguir una mayor estabilidad y autonomía.
La persona puede aprender habilidades para contrarrestar estas carencias que tiene a nivel emocional. Puede madurar emocionalmente con la psicoterapia”, afirman los profesionales de Sin-Límite, un portal especializado de la Fundación ACAI-TLP de Barcelona del equipo del departamento de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron .
En algunos casos suele ser necesario el tratamiento con fármacos, para nivelar los altibajos en el estado de ánimo y tratar la depresión y otros trastornos asociados.
La Terapia dialéctica-conductual apunta al entrenamiento de los pacientes para desarrollar habilidades que les permitan equilibrar sus emociones, armonizar las relaciones interpersonales y tolerar la tensión.
En el caso de necesitar psicofármacos, es importante efectuar el adecuado seguimiento y, si no se muestran progresos, suspender el tratamiento.
Los antipsicóticos y los estabilizadores del ánimo que suelen utilizarse también pueden presentar efectos adversos, como adicción, el aumento o descenso del peso, la fatiga, el colesterol alto, erupciones cutáneas y problemas de memoria y concentración.
En experiencias no farmacológicas, se han realizado estudios que promueven la incorporación de alimentos ricos en grasas Omega 3. Existen evidencias promisorias relacionadas a los ácidos grasos Omega 3, ya que una investigación demostró la disminución a la mitad de los síntomas de depresión y de la conducta suicida en las personas con TLP. Actualmente se continúa evaluando el uso de suplementos con Omega 3 contra la depresión y el trastorno bipolar, aunque todavía no se han obtenido datos sobre su efectividad. Lo que se sabe es que las deficiencias en Omega 3 crean niveles bajos de serotonina y de dopamina que comprometen la barrera cerebral, que a su vez protege el cerebro contra materiales indeseables. También disminuye el flujo normal de la sangre al cerebro, que se relaciona con pacientes con depresión y humor alterado.
Los ácidos grasos omega 3 se encuentran principalmente en el pescado azul y los de aguas frías, los frutos secos (sobre todo las nueces) y las semillas de chía, salvia hispánica, lino, calabaza y de cáñamo, estas últimas mantienen un porcentaje perfecto de omega-6 y omega-3. La mejor forma de consumir las semillas de cáñamo es en la realización de una leche, batiendo las semillas con agua para su posterior filtrado con bolsas de filtro diseñadas para esto.
Muchos profesionales sugieren también apelar a técnicas complementarias de meditación y control mental como el “mindfullness”, una práctica enfocada en centrar la atención en lo que estamos haciendo en cada momento y a percibir qué sentimos o pensamos, por qué y para qué, a rechazar automatismos y a desarrollar un estilo de vida autoconsciente. El mindfulness o “atención plena” significa prestar atención de manera conciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación. La técnica fue desarrollada por Jon Kabat-Zinn, Profesor emérito de Medicina, quien la introdujo dentro del modelo médico de occidente hace más de 30 años, y que fundó la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Dentro de este ámbito promovió la práctica de mindfulness para el tratamiento de problemas físicos, y psicológicos, dolor crónico, y otros síntomas asociados al estrés.
“A los treinta y siete años he tenido que empezar de cero, deshacer caminos mal trazados, desaprender todo lo que pensaba y había aprendido. Vale la pena, aunque ha sido a base de tocar fondo y replantearme la vida. Recomiendo a todos que si pueden, hagan una parada, piensen y re-dibujen su futuro. Nos quejamos y a menudo no somos conscientes de que podemos cambiar cosas, nos acomodamos a rutinas para no sufrir, pero nos olvidamos de nuestra alma y ella es todo lo que tenemos. Hace falta cuidarla y los invito a hacer un trabajo de crecimiento personal. Estar bien consigo mismo, cambiar la visión de las cosas que es fundamental para estar bien con el entorno. La soledad, también muy temida por mí en el pasado, es un regalo para conocernos”, asegura un paciente luego de superar su tratamiento en un foro de familias.
El pronóstico del paciente con TLP depende de cuán grave es la afección y de si la persona está dispuesta a aceptar ayuda. Con un buen programa integral de psicoterapia prolongada, la mejora se irá desenvolviendo de manera gradual, aportando confianza, reforzando las cualidades del paciente y brindándole herramientas para programar su vida y sus proyectos, controlar los arrebatos de ira y angustia y experimentar el sentido pleno de su existencia.
Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar

2 comentarios:

  1. ¿Y que hay de malo en temer y rechazar a la soledad? ¿por qué hay que aceptar y aprender a envejecer solo/a? ¿en base a qué, para lograr qué o contentar a quienes?... la muerte es nuestra única y fiel compañera, el suicidio su amoroso regalo y la sepultura el tálamo donde yaceremos juntos para siempre... debemos aceptar esta incuestionable verdad y no ceder más al doloroso chantaje de esa, para algunos, monstruosa y sádica bestia llamada vida.

    Muerte, dame fuerzas para hacer lo que tengo que hacer.

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  2. Hola, te agradecería me aclaras por favor, si es lo mismo o no, padecer de un trastorno o descompensación afectivo mixto, que de un trastorno esquizoafectivo mixto, sería muy importante para mi saber si se están refitiendo a los mismos trastornos con distinto nombre.
    Por otro lado, el trastorno limite de la personalidad se podría confundir con el trastorno esquizoafectivo a la hora de su diagnostico? gracias un saludo

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