jueves, 3 de noviembre de 2011

Un bebé con espina bífida podrá andar tras ser operado en el útero

Descripción de la imagen: pareja sonriente  con una beba en los brazos
 El hospital adhiere por primera vez un parche sintético a la pequeña, intervenido a las 24 semanas de gestación, para evitar las secuelas de esta enfermedad.- "Ganamos la batalla", celebran los padres
Adormecida aunque sonriente y apenas sorprendida por los fotógrafos, la pequeña Esther podía haber sufrido parálisis en las extremidades y graves daños neurológicos por culpa de la espina bífida. Un parche sintético lo ha evitado: incrustado en la espalda de la pequeña cuando aún era un feto de 24 semanas, sigue en el cuerpo del bebé cuando ya ha cumplido cuatro meses sin problemas de movilidad. Esther pasó la mañana de ayer agitando brazos y piernas. "Y podrá andar", destacó el equipo médico del hospital Vall d'Hebron de Barcelona en la presentación de los resultados de la intervención, la primera de este tipo realizada en España. "Seguimos nerviosos pero de momento ganamos la batalla de la vida", celebraron los padres tras meses de incertidumbre, dudas y miedo
Esther ilustra el salto adelante dado por la medicina española para minimizar las malformaciones derivadas de la espina bífida, deformación genética que afecta a uno de cada 1.000 bebés nacidos en España. La pequeña, que sigue sin presentar secuelas tras cumplir los cuatro meses, fue operada en el vientre de su madre tras serle detectada esta deformación. La intervención permite a Esther soñar con un futuro. "El nivel neurológico del bebé sigue suendo bueno. Confiamos en que podrá andar y llevar una vida independiente, con poca o ninguna secuela neurológica ni de movilidad", destacó el equipo médico en la rueda de prensa para presentar el éxito de la operación.
La nueva técnica, ya aplicada dos veces por el mismo equipo médico en Italia pero ahora completada con éxito por primera vez en un hospital español, consiste en aislar la médula espinal del feto afectando lo menos posible el proceso de formación. Para ello, los médicos han desarrollado una especie de parche compuesto de colágeno y elastina que adhieren al feto sin practicarle ninguna incisión ni ligadura: se fija con un adhesivo y permite que el bebé prosiga su gestación sin exponer su sistema neuronal y nervioso a posibles deterioros.
La espina bífida se desencadena cuando una deformación en el feto impide cerrar por completo la columna vertebral, la médula espinal y los nervios. Estos quedan desprotegidos ante posibles golpes y sobre todo expuestos al líquido amniótico, especialmente tóxico para los órganos al final del embarazo.
El líquido que baña el sistema nervioso también se va escapando a través del feto y altera las presiones internas del cerebro impidiendo que se desarrolle correctamente. Una vez nacidos, los bebés pueden padecer problemas severos de aprendizaje y respiratorios, entre otros. Estas secuelas pueden minimizarse a través de un simple parche sintético de tres por dos centímetros. "Aplicado a tiempo resulta vital", destacó el doctor César García, responsable de investigación de espina bífida del Vall d'Hebron.
Hasta ahora, las intervenciones tapaban la médula espinal aprovechando la piel o la musculatura del feto para coserla y aislarla del líquido amniótico. Se trata de una práctica que también se practica sobre el feto y que ya ha realizado más de una veintena de veces el hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
 El procedimiento, sin embargo, resulta más complejo, largo y agresivo para el feto, además de aumentar el riesgo de aborto o de parto prematuro. También provoca una cicatriz para siempre en el cuerpo del bebé. El parche desarrollado ahora también permanece siempre en el cuerpo pero el organismo acaba colonizándolo con células propias y lo convierte en piel al cabo de unos dos meses. "Es piel del propio cuerpo", destacó García. "Al cabo de dos meses ya no queda ni rastro del parche. Es imperceptible".
La nueva técnica abre posibilidades para los bebés que padecen esta dolencia. "Es un gran paso que da esperanzas a los padres para que tengan a sus hijos", subrayó la coordinadora de la unidad de espina bífida del Vall d'Hebron, Ampar Cuixart. Actualmente, nueve de cada diez parejas que aguardan un bebé al que se le detecta este tipo de lesión opta por abortar e interrumpir la gestación. "Es lógico por las graves secuelas que provoca, pero ahora podemos minimizarlas", señaló Cuixart.
El resto suele esperar hasta el nacimiento del bebé, pero entonces el daño causado por la malformación ya es irreversible y suele ser grave. En la mayoría de casos, los niños necesitan sillas de ruedas o muletas para desplazarse y una válvula cerebral para evitar la acumulación de líquido en el cerebro derivada de esta malformación. Otros padecen problemas para tragar, respirar o adquirir conocimientos debido a la afectación del sistema neurológico.
El Vall d'Hebron está capacitado para realizar este tipo de operación a cualquier pareja cuyo bebé en gestación padezca espina bífida. "Solo deben superar unas pruebas físicas y cumplir ciertos criterios médicos, pero la técnica está suficientemente desarrollada", señaló García. "Seguimos sufriendo por la salud de nuestra hija pero estamos contentos y confiados", señaló el padre de Esther, Pavel Bota. "Sabíamos que corríamos mucho riesgo pero teníamos fe y queríamos traer al mundo a nuestra niña".
Tras la operación, Esther prosiguió con su gestación hasta la semana 32 hasta que nació el pasado 22 de mayo después de practicarle una cesárea a la madre. "Llevará una vida prácticamente normal", insistió Garcío. Y podrá andar.

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