martes, 24 de abril de 2012

El Trabajo de los bebés


Descripción de la imagen: rostro de bebé
Los bebés son mucho más que pañales, leche, pañaleras y carruajes. El cerebro de un bebé es un complejo laboratorio en el que se procesa una infinidad de información que recibe primordialmente a través de sus sentidos.

Las experiencias que vive el bebé y las situaciones a las que se ve expuesto, todas ellas producen la creación de una gran red de conexiones entre una neurona (célula del
cerebro) y otra. Estas conexiones se conocen con el nombre de sinapsis y el conjunto de sinapsis que se logran formar en los primeros años de vida constituyen la base del aprendizaje y comportamiento futuro.

Se sabe, por investigaciones neurológicas, que el cerebro de un bebé tiene apenas una pequeña parte de los billones de sinapsis que tendrá cuando sea adulto y
que el período de mayor producción de conexiones sinápticas es de cero a tres años. Por ello, es crucial que papás y mamás prestemos especial atención al cuidado que prodiguemos a nuestros hijos en esta etapa.

Cual computadora, el cerebro humano viene maravillosamente programado para descifrar el comportamiento humano en los primeros tres años de vida y aprender a convivir según los lineamientos aprendidos por sus modelos inmediatos. De esta cuenta, el trabajo de los bebés se concentra en:

Adquirir la noción de ser un ser individual e independiente con voluntad y posibilidades propias. El reconocimiento del bebé como un ser diferente a sus padres es el primer paso a la independencia. Encontrar su reflejo en el espejo, saber que puede alejarse y
acercarse a sus padres y objetos y además provocar algunas reacciones en ellos son momentos clave en la vida del bebé a partir de los cuales buscará el desarrollo de su propio ser.

Controlar los movimientos de su cuerpo a voluntad y reconocer sus propias necesidades de sueño, hambre o sed, abrigo, consuelo, etc. Al principio los movimientos del bebé son descontrolados y rudimentarios, pero poco a poco, al observar cómo se mueven los seres humanos que le cuidan y con su estímulo y la propia práctica logra dominar sus extremidades hasta poder correr y saltar a discreción. Por otro lado, en los primeros meses su respuesta automática a la molestia del hambre, del frío o del sueño es el llanto, pero con la ayuda de sus cuidadores poco a poco va reconociendo y distinguiendo entre el hambre para pedir que lo alimenten, el sueño para pedir que lo acuesten, el frío para pedir abrigo e incluso el dolor o la frustración para pedir consuelo.

Conocer el uso y funcionamiento de los distintos objetos que le rodean. Todos los bebés, incluso los de los animales, son curiosos. Esta es la programación de su cerebro para conocer el mundo que le rodea y obtener información sobre los peligros y cuidados que debe tener, así como las fuentes de satisfacción y placer. La intervención positiva de quienes le cuidan es importante en su desarrollo pues de esta manera estimulan el aprendizaje permanente y la investigación. Papás y mamás deben recordar que los aprendizajes que resultan del descubrimiento propio son los más gratificantes y estimulantes para el bebé y es con ellos con los que construye mejor la red de sinapsis que se mencionaba al inicio.

Observar a sus padres para aprender a relacionarse con los demás seres humanos. Esta es quizá la tarea más importante y el aprendizaje más valioso que se logra en esta tierna etapa de la vida del ser humano. “Adonde fueres haz lo que vieres” dice el refrán. Los bebés lo saben muy bien y aprenden a comportarse en el mundo de los humanos viendo e imitando los comportamientos y las reacciones que observan. Prestan mucha atención para descifrar el código del lenguaje hablado y utilizarlo para darse a entender. Esta observación del comportamiento de sus padres se mantiene todo el tiempo: se concentran en cómo modulan papá y mamá su tono de voz, cómo demuestran afecto, cómo se comportan ante las frustraciones, cómo reaccionan ante los sentimientos de los demás, etc. Hay autores que afirman que la personalidad (la respuesta individual que damos ante las distintas situaciones) se forma en los primeros dos años de vida. Si esto es así, papá y mamá, que somos los modelos más influyentes, debemos ser los mejores.
Autor :
Lic Monica Sulecio  de Alvarez

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