jueves, 12 de julio de 2012

Déficit pragmático en TDG y TDAH


 Descripción de la imagen: rostro de niño distraido
La pragmática es la parte de la lingüística que estudia todo aquello que rodea al lenguaje. Algunas afecciones limitan y/o impiden que las personas afectadas puedan comunicarse normalmente. Los problemas que se presenten en esta área son uno de los más tempranos indicadores de que algo sucede que requiere la atención de padres y maestros.
El lenguaje contiene tres dimensiones principales: la sintáctica, la semántica y la pragmática.
Someramente explicadas, puede decirse que la primera estudia la relación existente entre los distintos signos o símbolos de que se vale el lenguaje. La segunda, a su vez, busca correlacionar dichos signos con su significado, mientras que la última aborda la relación entre lo que se expresa con las circunstancias y/o los contextos en los cuales se produce la expresión.
Es fácil darse cuenta de que esta separación triádica sirve, más que nada, a los objetos del estudio del lenguaje y de sus patologías, puesto que, en realidad, al producirse un hecho comunicativo, salta a la vista que estas tres fases se hallan imbricadas de tal manera que, en el propio acto de comunicación, nadie tiene conciencia de estos tres aspectos.
Lenguaje normal
Se entiende por lenguaje cualquier código semiótico estructurado, que permite el intercambio de información, de acuerdo con ciertas reglas combinatorias, que se produce en determinados contextos.
El lenguaje humano es artificial, es decir, se trata de una creación, puesto que no está basado en la naturaleza. Desde este punto de vista, es arbitrario, dado que los signos que utiliza requieren de un código común para que puedan interpretarse sus emisiones. De hecho, existen miles e idiomas y dialectos diferentes que requieren de una contextualización para poder ser utilizados correctamente.
Los sistemas más comunes de los que nos valemos los humanos son el oral, el escrito y el de señas. Obviamente, los dos primeros resultan mucho más ricos en sus posibilidades, aunque el oral y el de señas se complementan en un intercambio normal, en el cual, incluso, el primero puede verse modificado por el segundo, al punto de que tiene la posibilidad de añadir sentido o, incluso, de hacer que lo que se diga obtenga un resultado diametralmente opuesto. Lo mismo ocurre con el tono, la entonación y las distintas variables fónicas que agregan, intensifican o modifican los enunciados. En tiempos recientes, también ocupa un espacio cada vez más importante el lenguaje visual, en el cual predominan las imágenes, acompañadas o no por textos o sonido. También hay quienes hablan de otra forma de lenguaje, como es lo relacionado con las computadoras, pero, al menos hasta ahora, se trata solamente de un medio en el cual se utilizan las formas reseñadas.
Esta esquemática referencia al lenguaje da cuenta de que, además de la gramática de una lengua determinada, sus estructuras tácticas combinatorias y todos los demás requisitos, en la producción de un acto de comunicación entra en juego toda una serie de variables adicionales, que involucran aspectos cognitivos, fisiológicos, atencionales y sociales, entre otros, que hacen posible la interacción, que es el objetivo de comunicarse con otro u otros.
A su vez, existen diferentes niveles de lenguaje. Entre otros, podemos distinguir el coloquial, el científico, el de cortesía, el simbólico, el metafórico, el técnico, cada uno con infinitas variables, lo que requiere de los participantes el despliegue de ciertos conocimientos, que no pasan solamente por la experticia en determinadas especialidades, sino, fundamentalmente, por una adecuación de quien emite y de quien recibe (y en su interacción) de acuerdo al ámbito en que se produce la comunicación.
Por otro lado, el lenguaje tiene un cierto grado de equivocidad: no todo lo que expresa el emisor es captado por el receptor exactamente como fue emitido. Ello se debe a distintos factores, que en algunos casos tienen que ver con lo cultural (el código de una lengua, si bien sirve para un universo extenso, conoce formas particulares para distintas regiones, grupos, etc.), con ciertos impedimentos físicos (disminución auditiva o visual, por ejemplo), con distintos ruidos o interferencias, con la propia subjetividad de la persona, por citar algunos.
Ello hace que no siempre se codifique/decodifique al ciento por ciento, por lo que existe un cierto rango de distorsión considerado normal, que usualmente requiere de más información o de la repetición para llegar a una comprensión satisfactoria.
El problema se presenta ante ciertas patologías que inhiben o distorsionan la emisión o la recepción de los mensajes.

El déficit pragmático
Antes de continuar, es preciso realizar algunas aclaraciones.
Por un lado, descartaremos la problemática referida específicamente a problemas del lenguaje, como la disfasia, o aquella derivada de cuestiones neurológicas, fisiológicas u orgánicas, así como las que tienen que ver con afecciones temporarias por sucesos traumáticos y todos los demás que no sean derivación de los trastornos del desarrollo.
Por el otro, si bien trataremos de acentuar los aspectos pragmáticos del lenguaje, no siempre es posible deslindar este de los demás, puesto que, como ya expresáramos, en realidad el lenguaje es un acto complejo, en el cual sus componentes interactúan, influyen y confluyen sin solución de continuidad y la división en diferentes categorías, repetimos, resulta una cuestión artificial, de laboratorio.
La pragmática del lenguaje incluye toda la serie de variables contextuales que hacen posible la comunicación. Ello implica todos los factores extralingüísticos que intervienen en su producción, desde el espacio físico hasta las cuestiones sociales y emocionales. Ello se debe a que el acto comunicativo, lejos de ser una cuestión abstracta o ideal, se da en un lugar y tiempo determinados, entre sujetos concretos que tienen una carga histórica y emocional particular y que conviven en un medio social determinado (real, virtual o del tipo que sea).
Fundamentalmente, entonces, la pragmática tiene que ver con la dialéctica que supone una interrelación de al menos dos.
En ella no importan tanto (aunque tienen que ver) la gramática, la semántica o los elementos sintácticos, sino que el acento está puesto en las relaciones del sujeto con lo que lo rodea mientras se comunica (incluidos el otro o los otros) y en cómo se produce esa comunicación.

Problemas en TDAH
La mayoría de los niños que tienen este Trastorno presenta alteraciones en el uso pragmático del lenguaje, mientras que las demás habilidades lingüísticas suelen estar preservadas.
Para que se produzca una creación narrativa son necesarias ciertas destrezas, tales como una adecuada secuenciación de los acontecimientos, cierta precisión en el vocabulario, la producción de un texto conectado (esto es, con sentido) y también que exista atención, que no haya interferencias y el control de la conducta. Ello, teniendo en cuenta que en el hecho comunicativo existen los roles de emisor y receptor, que son intercambiables.
Para poder comunicarnos estructurando un relato, tienen que intervenir tres elementos: la representación mental, la administración lingüística y el autocontrol, es decir, tenemos que poder estructurarlo, utilizando adecuadamente un código y respetando ciertas normas sociales.
En este aspecto, los niños con TDAH aparentan tener un lenguaje normal. Sin embargo, suelen fallar en estos tres aspectos. Ello se pone de manifiesto sobre todo en la escolarización, donde se aprecia que, si bien aparentemente logran expresarse oralmente con corrección, al no poder centrarse, muchos de ellos arrastran problemas cognitivos, sobre todo en el área de la comprensión, al tiempo que hacen un uso profuso de la palabra, interrumpen a los interlocutores y/o realizan cambios abruptos de tema, sin transición alguna.
Otra característica es que suelen ser ecolálicos, es decir, reiterativos, y también es posible que utilicen frases cuyo significado no sepan explicar correctamente.
Los problemas de internalizar lo que se les dice y de adecuarse a las circunstancias sociales que demanda todo acto comunicativo se deben a que su atención se dispersa y/o a que su hiperactividad e impulsividad le impiden focalizarse, lo que deriva en que buen número de ellos presente problemas de aprendizaje.
Usualmente presentados como problemáticos, sobre todo en el ámbito escolar, suele recurrirse, a veces indiscriminadamente, al suministro de medicamentos para estabilizar su conducta.
En todo caso, las estrategias que mejor resultado parecen brindar tienen que ver con la realización de terapias (más medicamentos o no) de tipo psicológico, ayudas psicopedagógicas, apoyo y comprensión en el hogar y en la escuela.
Los déficits y atrasos pueden revertirse, porque en una buena proporción de casos el problema no tiene que ver con cuestiones de lenguaje ni de aprendizaje.

Problemas en TGD
En el síndrome de Rett se observa que existe un deterioro de todas las habilidades asociadas con el lenguaje, por lo que el déficit no sólo es pragmático, además de los inconvenientes fisiológicos que conspiran contra su producción. La afectación de estas habilidades varía de sujeto en sujeto tanto como el grado de compromiso, aunque, en general, la afección suele ser importante.
A su vez, en el Trastorno desintegrativo de la infancia ocurre algo similar, mientras que también suele ir acompañado de retraso mental de consideración.
Por su parte, las personas afectadas por el síndrome de Asperger no tienen comprometidas sus habilidades lingüísticas, excepto por las referidas a la pragmática, puesto que presentan peculiaridades en la expresión hablada, tales como sonar pedante, formal o monótono. Por otro lado, toman las emisiones de sus interlocutores en forma literal y, además, al presentar un comportamiento social y emocional inestable, les resulta muy difícil (cuando no imposible) respetar las reglas en una interacción comunicativa.
En cuanto a los autistas, ellos sufren limitaciones y anomalías que afectan la utilización comunicativa del lenguaje.
En lo que hace a la pragmática, uno de los impedimentos más serios que manifiestan son los asociados a las indirectas, las metáforas, las bromas, las ironías o que una misma palabra pueda tener distintas acepciones según el contexto, es decir, todo lo que sea distinto de la literalidad que propone el enunciado.
Otro elemento que conspira en ese mismo sentido es lo referido a lo remático (la asociación entre la palabra y su representación mental convencional), es decir, al no tener la capacidad de evaluar si lo que expresa puede ser comprendido por su interlocutor, da por sentado que el otro comprende.
Tampoco puede respetar los turnos del habla, puede ser lacónico, casi siempre restringido al par pregunta-respuesta.
Una característica importante es que, ante ciertos enunciados, pueden comprender las partes de un mensaje dado, pero no alcanzan a descifrar el sentido global o ante algunas preguntas del estilo “¿Puedes decirme la hora?”, es muy posible que la interpretación literal lleve a una respuesta por sí o por no, sin lograr captar que, en realidad, lo que se quiere saber es qué hora es.
Asimismo, tampoco pueden vislumbrar la ilación entre antecedente y consecuente, por lo cual es muy dificultoso que logren dilucidar que una acción es consecuencia de la otra.
Además, a todo esto se suma la seria dificultad (cuando no imposibilidad) de establecer relaciones interpersonales.
De acuerdo con la patología y su grado, las terapias del lenguaje, la medicación (cuando sea necesaria), los tratamientos psicológicos o psiquiátricos y diversas ayudas pueden mejorar la perfomance.

Conclusión
Los problemas pragmáticos del lenguaje asociados a TGD y a TDAH son, en realidad, consecuencia de las dificultades que experimentan estas personas para relacionarse con lo que los rodea.
La utilidad de estar atento a este aspecto de la comunicación, así como a otros asociados a ella, estriba en que el lenguaje, en general, es uno de los primeros indicadores de la existencia o no de problemas cuya detección temprana permite, a su vez, poner en marcha los medios curativos o, al menos, paliativos que permitan mejorar la calidad de vida.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Estrés postraumático en personas con autismo: cuando los recuerdos duelen.

Los recuerdos siguieron vivos y perturbadores en los sueños invasivos y con más frecuencia cuando estaba despierto. Verbalizaba sus tem...