miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sobrepeso y discapacidad


Los hábitos alimenticios y la forma de vida moderna llevan a que cada vez las cifras de personas con sobrepeso o con problemas de obesidad resulten más sorprendentes. Si bien no todos los que tienen kilos demás portan una discapacidad, sin embargo los riesgos de contraer una o los riesgos para la salud, se hallan en proporción directa al mayor peso.

Algunos datos
Más que una cuestión estética, siempre cultural y acotada a determinados tiempo y lugar (piénsese en el ideal de belleza renacentista, por ejemplo), es un fenómeno que atañe a la salud, puesto que algunos (o muchos) kilos demás tienen una incidencia a corto y largo plazo en el bienestar de la persona.
Recientemente aparecieron dos noticias en los medios, según las cuales tanto los responsables sanitarios de EE.UU. como los de Italia se hallan en los comienzos de un combate contra ciertos hábitos alimenticios que conspiran contra el mantenimiento de una masa corporal adecuada.
Los números que se manejan en el primero de los países son asombrosos. Las estadísticas afirman que el 37,5% de los adultos norteamericanos y el 17% de los niños son obesos.
Teniendo en cuenta que hacia el año 2000 el porcentaje de personas adultas con problemas de peso era del 30,5, la proyección para el año 2030 es que dicho porciento podría elevarse al 42, de mantenerse esta tendencia.
El criterio más usual para determinar la condición de una persona respecto de su peso surge de una cuenta sencilla: se divide el peso por el cuadrado de su estatura. Si el coeficiente es entre 18,5 y 24,9, el individuo está “en línea”; entre 25 y hasta menos de 30, se halla con sobrepeso, mientras que con un resultado igual o superior a esa cifra entra en el campo de la obesidad. Por debajo de 18,5 se produce el problema inverso, la insuficiencia ponderal, esto es, un peso por debajo de lo que se considera saludable, que se asocia con la anorexia, como factor individual, y con la desnutrición, que casi siempre se halla en íntima relación con cuestiones socioeconómicas.
Algunos expertos cuestionan esta metodología de medición, puesto que se refiere exclusivamente a aspectos que dejan de lado cuestiones que tienen que ver con otros indicadores más importantes, como la proporción de grasa respecto de la masa corporal. De todas maneras, la crítica podría resultar cierta acerca de los tramos bajos de la escala y no tanto en los más altos. Por ejemplo, una persona de 1,70 con un índice de 30 implica que su peso es de casi 87 kilos, lo que indica que está lejano al ideal.
Asimismo, Italia presenta altos porcentajes de la población con sobrepeso e incremento de las cifras de personas con este problema, que también preocupa a las autoridades sanitarias de muchos otros países como México, Francia, Dinamarca, Finlandia, al punto que la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud han emitido advertencias y recomendaciones para tratar de solucionar este problema que prácticamente abarca a todo el mundo.
A su vez, la OMS señala que desde 1980 hasta la fecha, el número de personas obesas ha aumentado a más del doble. En ese sentido, más de 1.400 millones de adultos tenían sobrepeso en el mundo y entre ellos, aproximadamente 200 millones de varones y 300 millones de mujeres eran obesos. Hacia 2010, la misma OMS constató que alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían un sobrepeso importante.
Un dato interesante lo constituye que si bien hasta hace relativamente poco se consideraba que los problemas de sobrepeso y obesidad ocurrían mayormente en los países desarrollados y en los estratos de mayores ingresos, en las últimas décadas se observa un incremento exponencial del número de casos entre los países con rentas medias y bajas y, dentro de los mal llamados ricos, en los sectores menos favorecidos.


Las causas
Existe una multiplicidad de factores que conducen a esta enfermedad.
Uno de ellos es un desequilibrio genético que ocasiona que se gasten menos calorías que las que se consumen, sea que los diferentes genes involucrados actúen aisladamente o en diferentes combinaciones. Hay más de diez identificados que predisponen al individuo, y que, además, pueden traer otras patologías conexas.
También las cuestiones metabólicas inciden respecto del peso corporal. Ello tiene que ver con cómo se usan las calorías para mantener la temperatura corporal y para llevar a cabo los procesos metabólicos, cuestión que varía de persona a persona.
Otro elemento importante son los factores socioculturales.
Entre ellos destacan los hábitos alimenticios. El incremento de dietas que incluyen principalmente alimentos hipercalóricos, con altos contenidos en grasas, sal y azúcares, pero pobres en vitaminas, minerales y otros nutrientes lleva a que la eliminación de los excedentes sea problemática. El ejemplo típico de estas formas de comer es lo que se denomina comida chatarra, más la ingesta desproporcionada de bebidas gaseosas; pero también el consumo casero de carnes ricas en grasas, frituras, hidratos de carbono y otras fuentes con altos niveles calóricos coadyuvan para que se produzca una constante acumulación. Es para tener presente que 7.500 calorías excedentes (es decir, que no puedan ser eliminadas) agregan aproximadamente un kilogramo más a nuestro peso.
Combinado, en muchas ocasiones, con el anterior, otro factor crucial es el sedentarismo. Se sabe que la actividad física contribuye eficientemente en la administración de los procesos energéticos del cuerpo. Sobre todo la vida urbana y las formas de trabajo que se realizan en la ciudad llevan a que las personas pasen la mayor parte de su tiempo en posiciones más o menos estáticas, que no permiten la eliminación de calorías. A su vez, muchas de las formas de ocio (horas sentados frente a computadoras, televisores y otros aparatos, por ejemplo) tampoco favorecen el movimiento corporal.
También algunas patologías de origen endócrino se cuentan entre las causas del exceso de peso, tales como la enfermedad de Cushing, caracterizada por la presencia de altos niveles de la hormona cortisol, que suele presentarse a quienes ingieren altas dosis de cortisol u hormonas esteroides (algunos medicamentos para tratar afecciones como el asma o la artritis, entre otras) o simplemente porque las glándulas suprarrenales producen cantidades excesivas de dicha sustancia, sea por tumores o por deficiencias en el funcionamiento de la hipófisis; el hipotiroidismo; el síndrome de ovario poliquístico o Síndrome de Stein-Leventhal; las deficiencias en la hormona del crecimiento, etc.
Generalmente, la obesidad obedece a más de uno de estos factores, por lo que habrá que analizar cuáles son los que influyen para encarar un tratamiento adecuado.


Los efectos
Un primer dato que impacta es que el sobrepeso y la obesidad figuran en los registros de la OMS como la quinta causa de riesgo de defunción en el mundo. Se estima que cada año fallecen más de 2,8 millones de personas adultas como consecuencia de ello.
Las patologías que se asocian o derivan de este problema tan serio son variadas. Entre las principales, se hallan:
- Las enfermedades cardiovasculares, entre las que se incluyen las coronarias, la tendencia a la presión arterial alta, altos niveles de colesterol y/o triglicéridos en la sangre (una de las causas de la arteriosclerosis y de los infartos cardíacos, entre muchos otros problemas muy serios), la mayor propensión a sufrir accidentes cerebrovasculares.
- Los trastornos del aparato locomotor, que incluyen problemas osteoarticulares (por ejemplo, la osteoartritis, una enfermedad altamente discapacitante que deriva en una degeneración de las articulaciones, que dificulta y hasta impide que las personas puedan movilizarse por sus medios y, en algunos casos, simplemente mantenerse de pie).
- Mayor probabilidad de contraer distintos tipos de cáncer. Entre los más frecuentes se hallan los de endometrio (la mucosa que recubre el útero), los de mama y los de colon.
- También resultan más riesgosas respecto de las dificultades respiratorias y la apnea del sueño; de los compromisos mórbidos de hígado y vesícula; de complicaciones de columna, así como de diversos problemas ginecológicos, tales como menstruación anómala e infertilidad, entre otros.
- Algunos factores psicológicos es posible que influyan, tales como ansiedad y la depresión, entre otros, así como los que tienen que ver con el entorno, ya que si bien existen los factores genéticos, también suele haber desequilibrios alimenticios en el seno de determinadas familias que moldean los hábitos alimentarios.
Por otro lado, es conocida la relación que existe entre la obesidad y la diabetes de tipo 2, en la cual las grasas, el hígado y las células musculares no responden a la insulina, que el cuerpo utiliza para mover el azúcar hacia las células, donde este se almacena y sirve como fuente de energía. Ello conduce a la hiperglucemia, que es la acumulación de azúcar en la sangre.
El exceso de grasas es uno de los elementos que ayudan a que esto se produzca, dificultando la circulación de la insulina, por lo cual uno de los factores de riesgo más importantes en este tipo de diabetes es el sobrepeso, al extremo que la gran mayoría de los pacientes diagnosticados se hallan fuera del rango considerado normal.
La persistencia de tal estado sin un tratamiento adecuado puede derivar en daños serios en diversas partes del cuerpo, como en ojos, riñones, corazón, nervios, vasos sanguíneos, aumentando, a su vez exponencialmente el riesgo de ataque cardíaco al mismo nivel de aquellos que ya han tenido un episodio.
Dos de las primeras indicaciones para empezar a tratar la diabetes son, precisamente, la disminución del peso del paciente y la actividad física, lo que muestra la importancia del exceso de masa corporal en su producción.


Obesidad y discapacidad
Tener unos kilos de más no implica per se portar una discapacidad, pero cuanto más alejada del peso ideal esté una persona, mayor riesgo existe de que pueda adquirirla.
Los riesgos de padecer algún problema cardiovascular y las consecuencias del sobrepeso respecto de las articulaciones y del sistema circulatorio pueden conducir, sumados a las patologías descriptas, a ello.
Incluso hay fallos que así lo aseveran, como el del Tribunal Superior de Justicia de Baleares, que decretó la discapacidad de un vigilador, puesto que las exigencias de su labor implicaban pasar mucho tiempo de pie, lo que esta persona obesa no podía cumplir. La sentencia considera que la situación no es definitiva, puesto que pueden cambiar sus condiciones de salud, las que, según el informe de la pericia médica, incluían problemas en la columna, las articulaciones, hernias de disco y otra serie de patologías que limitaban fuertemente su capacidad motriz y le impedían estar parado durante lapsos prolongados.
Por otro lado, llama la atención que la proporción de personas con discapacidad que tienen problemas de peso con respecto a la población en general sean de alrededor de un 58% más en los adultos y un 38% superior en el caso de niños.
Ello se atribuye a distintas causas, que incluyen: falta de opciones para una alimentación saludable; las dificultades que algunos experimentan para masticar y tragar; medicamentos que pueden influir en el apetito; limitaciones físicas para la ejercitación, unidas a la ausencia de lugares accesibles para practicarla; falta de conocimiento de los propios interesados o de su entorno acerca de los riesgos que implica y muchas otras asociadas a cada patología y a cada individuo en particular.

Tratamiento
Además de los referidos a las patologías específicas adheridas al sobrepeso, que seguramente requerirán la administración de los medicamentos específicos para cada una de ellas, la lucha contra esta enfermedad se basa en dos pilares fundamentales: la dieta y el ejercicio.
Respecto de la primera, es necesario disminuir (y, de ser posible, erradicar) todo alimento que presente alto contenido en grasas, así como hacer lo propio con la ingesta de bebidas azucaradas, reemplazándolas por agua. Otro tanto es deseable en lo que hace a los azúcares, reemplazándolos por edulcorantes naturales o por azúcar sin refinar.
A su vez, se recomienda una mayor ingesta de productos vegetales (también naturales y no envasados), tales como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos.
En lo referente al ejercicio, no solo es imprescindible abandonar los hábitos sedentarios, sino, de ser posible, realizar algún deporte, gimnasia o, aunque más no sea, dedicar un tiempo razonable (no menos de media hora diaria) para realizar caminatas a ritmo sostenido.
En ese sentido, es importantísimo el apoyo del entorno de las personas para que puedan realizarlo.
Al mismo tiempo, la OMS reclama de los Estados que se realicen campañas para concientizar a la población no solo de los aspectos negativos de esta problemática, sino de los positivos, esto es, promover la alimentación sana y la actividad física, lo que requiere que también se pongan a disposición los espacios para que ello pueda realizarse.
Si no lo hacen por un mero fin altruista, al menos deberían considerarlo desde el aspecto económico: solo en los EE.UU. el tratamiento de la obesidad, el sobrepeso y las patologías asociadas cuesta entre 145 y 190 mil millones de dólares al año, lo que ronda el 20% del gasto total del país en salud.

Para finalizar
Lejos de hallarse en pleno desarrollo las campañas reclamadas por la OMS, algunos Estados limitan su acción a aumentar los impuestos sobre los alimentos y las bebidas azucaradas, lo que parece más un intento recaudatorio y un impuesto a la dolencia que un concernimiento acerca del problema.
Afortunadamente, aunque subsiste, ha decrecido un aspecto preocupante referido sobre todo a la obesidad, que es el discriminatorio, que, hasta no hace mucho tenía vertientes tan insólitas como que en algunas empresas de transporte se obligaba a comprar dos boletos a los “gordos”.
Por otro lado, pese a que en algunos países (como la Argentina, por ejemplo) se obliga a que las tiendas de ropa tengan talles para un amplio espectro, todavía ello no se ha generalizado.
Si bien no todas las personas obesas portan una discapacidad, a mayor peso, más riesgo de que ello ocurra.
De todas maneras, cualquiera sea la condición física, mental o de cualquier tipo una persona es exactamente eso. La discriminación siempre duele, pero habla más de la calidad humana de quien la ejerce que de aquel a quien va referida.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

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