jueves, 4 de julio de 2013

Beneficios de la música en personas con trastornos del aprendizaje



Los seres humanos somos por naturaleza criaturas musicales. Junto con el tacto, el oído es el primer sistema sensorial en desarrollarse dentro del útero materno, tan sólo a las 16 semanas después de la concepción. No son pocas las investigaciones que han comprobado el nivel de interacción y respuesta por parte de los bebés a la música y a las voces familiares antes de nacer. Por lo tanto, no debería sorprendernos que la música posibilite resultados positivos para las personas que sufren dolencias y condiciones discapacitantes. Un estudio reciente a gran escala confirmó que, en su aplicación terapéutica, la música disminuye el estrés, la depresión y la incidencia de alucinaciones y delirios entre los enfermos de demencia y mejora el rendimiento escolar en niños con trastornos del aprendizaje.

“Quiero vivir solamente para esos instantes, en los cuales siento la totalidad de la existencia como una melodía, cuando todas las llagas de mi ser, todos mis de-sangramientos interiores, todas mis lágrimas retenidas y todos los presentimientos de felicidad que tuve bajo los cielos de verano en el eterno azur, están reunidos para fundirse en una convergencia de sonidos, en un impulso melodioso y en una comunión universal, cálida y sonora”. Con esta frase, el filósofo rumano Emil Ciorán nos acerca una de las pinceladas más intensas en relación al estrecho, sanador y revelador vínculo entre la música y el alma humana.
En la actualidad, los nuevos dispositivos tecnológicos permiten que la relación entre el ser humano y la música sea cada vez más estrecha y cotidiana. A lo largo del día la música puede acompañarnos mientras llevamos adelante las más diversas tareas, y si bien esto es algo que viene sucediendo prácticamente “desde que el hombre es hombre”, los dispositivos portátiles y la digitalización sonora han logrado que el almacenamiento, la reproducción y la ejecución sonora sean mucho más accesibles.
Acompañando esta tendencia y con la necesidad de develar los misterios detrás de este vínculo, investigadores de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá, llevaron adelante un estudio sin precedentes donde reunieron la más sólida evidencia sobre el potencial terapéutico de la música y la musicoterapia, entendiendo a esta última como la utilización clínica de las intervenciones musicales para lograr metas individuales dentro de una relación terapéutica.
e compiló a partir de testimonios acreditados en un conjunto de 400 artículos científicos que fueron publicados en los últimos años y fue divulgada recientemente en la revista “Trends in Cognitive Science”.
El equipo de especialistas responsables del estudio, coordinado por el profesor Daniel J. Levitin, del Departamento de Psicología de la Universidad McGill, ha sido capaz de demostrar que tanto ejecutar como escuchar música reportan claros beneficios para la salud mental y física.
Sobre la base del material científico compilado, los científicos comprobaron que la música puede mejorar la función del sistema inmunológico, reducir los niveles de estrés y que incluso en muchos casos puede llegar a ser más eficaz que los medicamentos recetados para reducir la ansiedad, por ejemplo, antes de una cirugía.
“Hemos encontrado pruebas convincentes de que las intervenciones musicales pueden jugar un papel importante en la asistencia sanitaria en escenarios que van desde salas de operaciones a clínicas familiares”, comentó Levitin.
Pero aún más importante, los investigadores canadienses lograron documentar los mecanismos neuroquímicos a partir de los cuales la música desarrolla un efecto positivo en cuatro ámbitos: la gestión del estado de ánimo, el estrés, la inmunidad y como ayuda para la vinculación social.
La información seleccionada como parte de esta primera revisión a gran escala de literatura científica, demostró que la música es capaz de aumentar tanto la inmunoglobulina A (un anticuerpo que desempeña un papel fundamental en la inmunidad del sistema de mucosas) como también estimula el sistema inmunológico, contribuyendo a elevar el número de células encargadas de atacar gérmenes y bacterias. Levitin y sus compañeros de investigación también encontraron que escuchar y tocar música reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en el cuerpo, tan asociada con diversas discapacidades del desarrollo.
Incluso se notificó que en un experimento llevado a cabo sobre pacientes en etapa pre-quirúrgica, “las personas que recibieron sesiones de música relajante antes de entrar al quirófano, tenían menores niveles de ansiedad que las personas a las que se les suministraban tranquilizantes”. En la amplia revisión, Levitin también dio a conocer el potencial de la música combinada con terapias específicas para aliviar la angustia y los trastornos asociados en pacientes con cáncer, depresión, demencia y trastornos del aprendizaje, abriendo la posibilidad para futuras y puntuales investigaciones: “Creo que la promesa de la música como medicina radica en que es natural, económica y no tiene los efectos secundarios no deseados de muchos productos farmacéuticos”, afirmó.

Terapia musical y trastornos mentales
La demencia y los trastornos mentales provocan muchos impactos en el funcionamiento cognitivo, desde los cambios de humor y personalidad hasta la dificultad en la realización de tareas cotidianas, pero tal vez el efecto más temido y conocido recae sobre la memoria. La erosión de la memoria a corto plazo es uno de los indicadores primarios de demencia. A medida que la enfermedad progresa, la memoria puede verse afectada, resultando en una pérdida de la personalidad y la incapacidad para conectar con el entorno.
Uno de los principales estudios en el área ha demostrado que en estos casos escuchar música puede reavivar recuerdos, sobre todo cuando la música es familiar para las personas afectadas.
El efecto sobre los pacientes podría ser tan pequeño como encender una sonrisa en sus rostros perdidos, restablecer una conexión desde la mirada o incluso llegar a mejorar la interacción y mostrarse más coherentes.
Si bien las razones sobre estos cambios aún no han logrado develarse del todo, se cree que estarían parcialmente relacionadas con el hecho de que algunas áreas del cerebro como el hipocampo, que almacena memoria a largo plazo, se ven menos afectadas por la demencia y pueden volver a ser estimulados desde la música.
Los efectos positivos de la música no se detienen sólo en la escucha. Al cantar e interactuar con instrumentos musicales sencillos, otras áreas del cerebro también logran ser estimuladas y esto puede ayudar en la retención de las habilidades motoras, que son a menudo afectadas a medida que progresa la demencia. En este sentido, varios estudios han demostrado que la musicoterapia también disminuye el estrés, la depresión y la incidencia de alucinaciones y delirios entre los enfermos de demencia.
Muchos hogares de cuidado de personas ancianas, enfermos de Alzheimer y patologías mentales han incorporado en los últimos años la terapia musical dentro de sus principales áreas de atención, ya que los beneficios de la música son cada vez más ampliamente aceptados.
En Gran Bretaña existe una fuerte campaña para prevenir esta condición y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y la musicoterapia es sin dudas uno de los principales abordajes para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Un ejemplo de estas iniciativas es la organización “Lost Chord” (acorde perdido), que cada año produce más de 1100 sesiones musicales interactivas diseñadas para estimular las respuestas de los pacientes con demencia a través de la música, el canto y la danza. “La música puede ayudar de forma sencilla a superar los sentimientos de frustración y humillación muchas veces asociados a la enfermedad. La música es la más efectiva y con frecuencia la única manera de estimular una respuesta. Es una manera de llegar a sus almas y abrir la puerta detrás de la cual se esconde el miedo a ser intimidados. Nuestro objetivo es brindar un efecto positivo mediante el uso de la música para estimular las áreas del cerebro que están todavía intactas. Tenemos la esperanza de mantener algún tipo de comunicación a través de las diferentes etapas de la enfermedad. Y esto es particularmente importante cuando la comunicación verbal ya no es posible”, afirma Helena Muller, fundadora de la organización.
Por su parte, Robert Howard, profesor de Psiquiatría de la vejez y Psicopatología en el Instituto de Psiquiatría del Kings College de Londres, asegura que la música juega un papel importante en la unidad en el Hospital Maudsley, donde trabaja. “Las condiciones tales como la enfermedad de Alzheimer afectan la capacidad para crear nuevos recuerdos y descifrar el lenguaje. En este sentido la música es evocadora y puede activar la memoria. Los pacientes que normalmente luchan por encontrar las palabras adecuadas pueden cantar una canción sin problemas, porque su memoria profunda está activada y esto es como si una cinta de correr comenzara a moverse en su cerebro”.
Algunos científicos concluyen además que la música estabiliza la respiración y el pulso, ayuda a la relajación muscular; disminuye el insomnio, la neurosis, la depresión y alivia el estrés y la ansiedad, lo cual acelera el proceso de recuperación o al menos brinda mejorías en la calidad de vida. Por otra parte, la música desarrolla la intuición, aumenta la velocidad del pensamiento y favorece la imaginación, desarrollando habilidades comunicativas.
En el caso de niños y adultos no verbales o con trastornos como el autismo, la musicoterapia les permite comunicarse más allá de sus limitaciones, porque la música es procesada en los dos hemisferios del cerebro y con ello facilita los caminos de encuentro. Además, el componente rítmico de la música es una fuerza organizadora para los sistemas sensoriales, favoreciendo el procesamiento auditivo y otras habilidades sensoriales-motoras y perceptivas.
El ritmo, la estructura y la previsibilidad de la música parece ser ideal para las personas con trastornos del espectro autista, promoviendo también la flexibilidad mental, aumentando el desarrollo de las competencias lingüísticas, las habilidades de comunicación y la interacción social, atenuando la conducta repetitiva y promoviendo la tolerancia a los estímulos sonoros.

A comienzos de año, un informe publicado en el periódico malayo de ciencias sociales y humanas “Pertanika” aseguraba que una sesión semanal de musicoterapia puede tener un efecto positivo en el comportamiento de los niños con autismo. Un estudio llevado a cabo sobre 41 niños con esta condición apuntó a observar los comportamientos de falta de atención durante un período de diez meses. Los científicos de la Universidad Sains de Malasia, a cargo de la investigación, dividieron el grupo en dos categorías de edad, dos a diez y once a veintidós años de edad, y calificaron su comportamiento. La mayoría de los niños que recibieron terapia musical en sesiones de una hora a lo largo de la semana mejoraron su comportamiento en áreas tales como inquietud, agresión hacia otros niños y rabietas, siendo que una minoría no mostró cambios y sólo en dos casos se retrocedió. En general, la investigación sugiere que la musicoterapia tiene efectos positivos en los comportamientos de los niños, sobre todo con el comportamiento desatento. 
Discapacidades del aprendizaje
En relación a este último punto, las posibilidades de la musicoterapia para trabajar sobre problemáticas de de-satención ha sido motivo de investigaciones en relación a cómo la estimulación sonora puede mejorar el rendimiento escolar de niños con problemas de aprendizaje y trastornos como el TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad). De acuerdo a los especialistas de la “American Music Therapy Association” de los Estados Unidos, los niños con problemas de aprendizaje responden de manera rápida a la terapia musical, ayudándolos ésta a asimilar y entender más la información.
Los niños con problemas de aprendizaje tienen dificultades para mantener la concentración, organizar su movimiento y su expresividad, pudiendo llegar a sufrir problemas de coordinación motora, para escuchar, mantenerse en silencio y entregarse a actividades pasivas o incluso para seguir un juego reglado.
Según los especialistas en musicoterapia, este abordaje les permite trabajar directamente sobre estas características y revertirlas a partir de juegos terapéuticos y creativos. Entre los beneficios que la terapia musical aporta, estarían:

-Disminución de los niveles de ansiedad.
-Relajación corporal.
-Planificación y cumplimiento de tareas y juegos.
-Autorregulación a través de la atención necesaria para disfrutar los procesos expresivos y creativos.
-Mejora de la comunicación verbal y no verbal.
-Canalización de la frustración de una manera más amigable y creativa.
-Aumento del vocabulario mediante las canciones.
-Mayor participación en las dinámicas grupales.
-Desenvolverse en un ambiente de estímulos positivos.
-Expresión sentimientos y pensamientos a través de canciones y melodías.
-Favorecer una mejor relación del cuerpo con el entorno.
-Valoración de la pausa y el silencio como elementos centrales para la construcción de un ritmo.
-Organizar y equilibrar los momentos de expresión activa y las posibilidades expresivas vinculadas a la escucha, el detenimiento y el silencio.
-Potenciar el intercambio entre el mundo interior del niño y el entorno.

Los profesionales aseguran que a partir de estas mejoras los niños aprenden a concentrarse más profundamente y con más frecuencia y también son capaces de retener mayor información.
Del mismo modo, existen líneas de investigación que sugieren que el contacto con la música en sí mismo es muy reparador y motivante para los pequeños con esta condición. Los diferentes tipos de música podrían ejercer un efecto reconfortante y relajante, incluso algunos científicos especulan que los sonidos complejos como los de la música clásica o el jazz podrían estimular el funcionamiento de los patrones de activación en la corteza del cerebro. Y si bien se ha comprobado que es un mito que la música clásica de por sí hace que los niños al escucharla sean más inteligentes, pequeñas sesiones diarias proporcionan al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales, favoreciendo con ello una mejor concentración y optimización de los procesos de aprendizaje.
Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos) realizaron un estudio sobre cómo los diferentes géneros musicales afectan la memoria y el desempeño académico. Para la investigación utilizaron jazz rápido, jazz lento y música clásica suave y más estridente, alternando los ritmos durante las diferentes sesiones de escucha mientras se llevaban a cabo clases regulares y exámenes. Según sus conclusiones, los estudiantes tuvieron resultados similares, independientemente del género de la música que escuchaban, pero su capacidad de retención disminuyó a medida que la música aumentaba su ritmo.
En otra investigación del Centro del Cuidado de la Salud de Hospital St. Agnes, el Dr. Raymond Bahr demostró que cuando los médicos brindaban sesiones de música clásica para sus pacientes cardíacos, la relajación alcanzada por los mismos tenía el mismo impacto que una dosis de 10 mg. de Valium. Asimismo, en el Medical Research Center de La Universidad de Chicago, se combina anestesia y música como un complemento con la capacidad de reducir la ansiedad y el estrés, la disminución de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, la música ayuda también a minimizar las complicaciones cardiacas tras una operación. A partir de estos y otros estudios se pueden valorar las implicancias que la terapia musical puede alcanzar en personas con necesidades especiales.
Uno de los enfoques que más se ha especializado en desarrollar herramientas terapéuticas desde el campo de la música es la técnica Tomatis, un sistema de estimulación desarrollado por el Dr. Alfred Tomatis, otorrinolaringólogo francés en la década del 50.
Tomatis sostenía la teoría de que muchas de las características de comportamiento y de comunicación observados en niños con dificultades de aprendizaje y de desarrollo son síntomas con base en desajustes neurofisiológicos que pueden tener su origen en un problema de regulación sensorial que se inicia en nuestro instrumento sensorial más primordial, el oído interno. El objetivo del Método Tomatis es mejorar el funcionamiento del oído y su relación con los procesos cognitivos y de comunicación, influyendo en muchas áreas de funcionamiento como la motricidad gruesa y fina, el procesamiento visual, la atención, el habla y el lenguaje expresivo y receptivo, la capacidad de organización.
Según sus promotores, esta técnica de estimulación y ajuste desde lo sonoro-musical podría trabajar con las necesidades y desafíos de personas con Trastornos del Procesamiento Auditivo, TDAH, problemas de aprendizaje, Trastornos de Integración Sensorial, Trastornos de organización, Trastornos del desarrollo, Trastornos de la Comunicación como mutismo selectivo y trastornos del estado de ánimo como ansiedad y depresión.
En 1953, Tomatis afirmó que “la voz contiene únicamente los sonidos que el oído oye”. Esta cita resume básicamente el proceso que creó para volver a enseñar el oído para escuchar ya que la calidad en la capacidad de escucha de un individuo afecta a la calidad de su desarrollo del lenguaje hablado y escrito. Dado que los sonidos del lenguaje se introducen en el individuo mucho antes que las formas escrita o gráfica, se asume que la facilidad con la que el niño integra el sonido de su idioma materno afecta la facilidad con la que puede comprender y expresarse. Para volver a enseñar al oído a desarrollar una escucha profunda y saludable, Tomatis desarrolló una serie de ejercicios pasivos, que consisten en escuchar las frecuencias específicas que brindan estímulos y posibilitan reajustes en el sistema vestibular-coclear; de allí y poco a poco se combinan con ejercicios activos hasta llegar a utilizar la voz para mantener las lecciones aprendidas.
Exploraciones como las de Tomatis y el conjunto de investigaciones compiladas por los científicos de la Universidad McGill nos sitúan en un campo del que aún queda mucho por descubrir, reconocer y aprender. Quizás aún no estemos del todo capacitados para entender y aprender a utilizar las habilidades musicales que tenemos y ponerlas al servicio del desarrollo de nuestras potencialidades cognitivas, creativas, comunicativas y relacionales. Lo que sí ha quedado demostrado es que el impacto de la musicoterapia o enfoques similares es esencial para la rehabilitación, el tratamiento y la mejora de la calidad de vida de personas con discapacidad y de la comunidad en general. En un futuro cada vez más cercano podremos vivenciar percepciones como las del lúcido Ciorán, para quien: “el estado musical no es una ilusión porque ninguna ilusión puede dar ni certitud de una tal magnitud, ni sensación orgánica de absoluto, de vívido incomparable, significativo por sí mismo y expresivo en su esencia. En esos instantes, cuando resonamos en el espacio y el espacio resuena en nosotros, en esos momentos de torrente sonoro, de posesión integral del mundo, sólo puedo preguntarme por qué no soy el universo”.

Luis Eduardo Martínez

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