martes, 23 de julio de 2013

Un joven down, poeta y pintor hará una exposición en la Legislatura



Martín Ciaffaroni tiene 27 años. Logró superar las adversidades de su discapacidad y recibió varios premios. Vive en Buenos Aires, pero es mendocino. Trabaja en el Ministerio de Economía.
Cuando Irma Castro llegó hace 27 años a las corridas al por entonces Policlínico de Cuyo –hoy Clínica de Cuyo– con su embarazo en término y casi dio a luz a Martín en las escaleras de la entrada, nunca imaginó que horas después un médico le diría “nació mogólico”. Tampoco creyó que ese niño, en realidad con síndrome de Down, llegaría a ser reconocido y premiado por sus obras literarias y sus pinturas. Ese joven mendocino volverá a su  provincia para exponer en la Legislatura más de 20 obras que pintó, superando miles de dificultades.

Dueño de una sensibilidad única, Martín Ciaffaroni Castro es un joven que vive en Villa Devoto Norte, en Capital Federal. Todos los días sale a las 6.45 de su casa, toma dos colectivos y el subte para ir a trabajar al Ministerio de Economía de la Nación, frente a la Casa Rosada. 

Aunque no se lo exigen, viste riguroso traje y corbata, y llega a trabajar al área de Contratos y Pasantías desde 2010.

Cuando regresa a su casa ya son las 14.30. Después del almuerzo y de una buena siesta mendocina, asiste a talleres de dibujo y pintura y a natación. “Pinto paisajes de la montaña, árboles, el sol. Trabajo con óleo,  temperas, carbonilla”, cuenta con sencillez Tincho, como lo apodan sus familiares y amigos. 

Entregado al arte y con la naturaleza como principal inspiración, Martín aprovecha los viajes frecuentes que realiza con su familia a Mendoza y San Juan para capturar con su cámara los paisajes que lo atraen. Esas imágenes  se transforman en la materia prima de sus cuadros, con un inmenso sol como protagonista. 

“El sol es el amor, la alegría. Estamos unidos por el amor”, explica a UNO el joven artista. “No le gusta hablar por teléfono porque no ve a quién le habla”, lo justifica su mamá. 

Desde que participó en un concurso organizado en su escuela, Martín comenzó una fantástica producción de pinturas y dibujos a los que le sumó cuentos y narraciones. 

Pero hubo un hecho en particular, que quizás para cualquiera hubiera pasado inadvertido, que marcó su vida. 

Algunos obreros estaban talando un árbol. Con la sensibilidad siempre a flor de piel, Martín bajó del auto familiar y les pidió a los obreros que se detuvieran. La frustración, al no poder evitar la tala, fue reflejada entonces en un cuento al que llamó Mi amigo el árbol. 

“Un día, cuando tenía 10 años, pasábamos por un lugar con muchos árboles y estaban cortando uno. Él se bajó del coche y les gritó a los que lo estaban cortando. Quería quedarse ahí para defender al árbol. Fue el primer dibujo que me sorprendió. Lo dibujó con lágrimas en los ojos. Además, escribía todo lorelacionado con la vida que llevaba, siempre con la ayuda de su hermana Daniela (25)”, cuenta sobre aquel hecho, casi con devoción, la mamá de Martín.

Y, con orgullo, sigue: “Después vi en un diario de San Juan que había un concurso de cuentos para personas con capacidades especiales. Estuvo 3 meses escribiendo el cuento del árbol y ganó entre más de 500 participantes de todo el país”.

Varias de esas obras son las que el joven –incluido en el primer diccionario latinoamericano de poetas y escritores– traerá a la Legislatura provincial en setiembre. El evento, que luego permitirá que cualquier persona con capacidades diferentes utilice el espacio para exponer sus obras, será auspiciado por la Fundación UNO Medios.

Tincho domina varias técnicas de dibujo y pintura, que plasma en sus trabajos. Óleos, acrílicos, carbonilla y témpera se podrán apreciar en las obras a exponer en la Casa de Leyes mendocina. 

Amor y dedicación
Martín no llegó de la noche a la mañana a realizar sus obras de arte. Antes tuvo un largo derrotero, en el que debió superar muchos obstáculos y aún hoy debe derribar barreras. “He llorado mucho por mi hijo, mucho”, cuenta Irma mientras un sentido llanto invade su relato y le impide continuar. “Pero con dedicación, tolerancia y, sobre todo, mucho amor todo se puede lograr”, sentencia una vez repuesta de la emoción.

“Lo mejor que me pudo dar la vida es demostrarle al mundo que cuando tenemos un hijo con capacidades especiales no vale la plata. Aunque sin ella no se pueden pagar los tratamientos. Hemos tenido que dejar muchas  cosas para lograr costear los tratamientos para que tuviera una mejor calidad de vida. Estoy orgullosa, me siento feliz de haber peleado en la vida. Siempre dije que Martín no iba a ser abogado ni médico, pero iba a ser alguien en la vida…y lo logré”, concluye Irma, vencida por el amor y la emoción. 

Estímulos y mucho amor
Escuchar hablar a la madre de un chico discapacitado suele ser conmovedor. Palabras de ternura y amor invaden generalmente sus discursos, mientras reflejan el esfuerzo y la dedicación que han volcado en su vida para que esos chicos especiales puedan adaptarse a una sociedad que margina sin otro argumento que la diferencia. 

Irma Castro reconoce en el estímulo y el amor las fuentes del milagro en Martín. “Un 80 por ciento es estímulo, porque es fundamental. A los cinco días de nacido ya lo estaba estimulando. Lo tocaba, le hablaba todo el santo día. No quise volver a trabajar. Le cantaba, iba a comprar y le hacía cantos con las verduras, por ejemplo. Hasta cuando estaba dormido le hacía ejercicios de estimulación”, cuenta con nostalgia Irma.

Fuente: Diario Uno

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