sábado, 28 de septiembre de 2013

Dentista y autismo: Asistencia especializada y consejos


A nadie le gusta ir al dentista, existe una especie de fobia histórica hacia la profesión, una asociación inmediata con un “lo voy a pasar fatal”. Y sin embargo, nos guste o no, tarde o temprano hay que pasar por el “cómodo” sillón del dentista.
Pero si a todos nos resulta complicado y debemos  realizar inmensos esfuerzos de autoconvencimiento, ¿Qué sucede si la persona en concreto tiene TEA? Pues que va a ser bastante complicado. Es muy difícil explicar con pictogramas y avanzar lo que va a suceder, además de la tensión que las batas blancas suelen provocar, en este caso nos van a urgar en la boca. Una mala experiencia sin duda, por eso os traemos algo de información para afrontar de la mejor forma posible la visita al dentista con nuestros chicos y chicas.
En estos día hemos visto como el Servicio Vasco de Salud sufragará la asistencia dental de personas con discapacidades mentales y que en “breve” presentaran un nuevo sistema de asistencia bucodental.
En Valencia, la clínica odontológica de la Cruz Roja viene prestando servicios de salud bucodental desde 1999 a personas con discapacidad intelectual. Este colectivo que requiere de unas atenciones y personal especialmente capacitado que raramente encontraremos en un centro estándar.
Los consejos de esta guía son muy interesantes, pero hay que tener en cuenta dos puntos fundamentales: El carácter del “paciente” y la predisposición del dentista. Voy a remitirme a las palabras de la responsable de la clínica dental de Cruz Roja en Valencia Lupe de Luis que dice: “son pacientes más complicados porque habitualmente no entienden lo que les estás haciendo. Una persona que sufre parálisis cerebral, autismo o síndrome de Down, por poner unos ejemplos, tiene unas conductas diferentes al resto de las personas. Así que lo primero que hay que hacer cuando se sienta en el sillón es saber manejar sus reacciones. Y dedicamos las horas y las sesiones necesarias hasta que vemos que el paciente está preparado para el tratamiento. Primero es un trabajo psicológico: les mostramos los cepillos, los utensilios y los aparatos que vamos a utilizar para ganarnos su confianza. También trabajamos con fotografías para que los padres se las lleven a casas. Y si eso ha de durar semanas, no hay problema, no cobramos las sesiones
Como podemos ver en la guía “Ir al dentista” y en las palabra de Lupe de Luis, realmente la visita se va a convertir , probablemente, en muchas pre-visitas. Es muy importante que el personal de la clínica dental tenga experiencia en el trato con personas con este tipo de diferencias de conducta, esto nos va a ayudar mucho, o al menos la voluntad de afrontar una situación diferente a la que están acostumbrados. También hay que tener en cuenta una serie de factores adicionales como son:
  • La edad del niño o niña
  • Si tiene o no lenguaje
  • Si comprende o no ordenes e instrucciones
  • El nivel del umbral del dolor del niño o niña
  • Su sensibilidad a determinados sonidos (El instrumental del dentista suele hacer ruidos bastante molestos)
  • La sensibilidad a olores y temperaturas
  • El rechazo o no al contacto físico (El dentista le va a introducir instrumental duro y frío en la boca y le va a estar tocando con guantes de látex unas zonas bastante sensibles como son los carrillos, labios, etc,..)
Es importante que el dentista conozca todos estos detalles para poder preparar al niño o niña. Ya que en caso contrario deberán sedar completamente al niño, y eso requiere de ingreso hospitalario, etc, y que nuestro “paciente” bucodental esté bien preparado para afrontar el reto. Hay que darle la mayor información posible, ya sea en base a pictogramas, historias sociales,vídeos o ejemplos prácticos, debe de saber exactamente que le va a suceder, a su vez habrá que ser muy cuidadosos con la aplicación de anestésicos, si tienen cierta hipersensibilidad va a ser prácticamente imposible administrar anestésicos inyectables.
Una de las cosas que suele ayudar es ir preparando desde muy pronto al niño, me refiero a aprovechar la caída de la dentición de leche para que el niño o niña vean que es algo natural y que no duele mucho, al igual que con la sangre, aunque sangren muy poco se pueden asustar mucho, así que deberemos estar dispuestos a calmarlos y tranquilizarlos. Una buena recompensa suele dar grandes resultados.
Quisiera incidir en que mentirles y decirles que no les va a doler nada es una mala idea, ya que luego les dolerá y pensarán que sus papás son unos mentirosos y podemos encontrarnos con otro tipo de problemas que no habíamos previsto.
Si desde el cambio de dentición ha visto que no es algo excesivamente terrible, aunque no le guste demasiado lo aceptará y no le resultará una experiencia tan estresante. Y si no hemos tenido esa precaución, bien, ¡a jugar a dentistas! Y conseguir que la experiencia sea excitante, pero en el buen sentido.
Autor:Nuria Wells

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