lunes, 3 de marzo de 2014

Yoga en niños con Asperger


Recientes investigaciones aseguran que la práctica de yoga puede aportar muchos beneficios a niños con síndrome de Asperger. Las posturas suaves y las técnicas de respiración pueden resultar a menudo eficaces en el manejo de la hipersensibilidad, la desorientación y los altos niveles de ansiedad que afectan a las personas con Asperger, como también los ayudan a lidiar con el estrés, la sobrecarga sensorial y los problemas de conducta.Siguiendo una tendencia que gana muchos adeptos en el mundo, en nuestro país se lleva adelante con éxito desde hace varios años una rica experiencia de yoga especializado.

El síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico del desarrollo a partir del cual las personas afectadas pueden adquirir habilidades normales de lenguaje y de sempeño cognitivo, pero tienden a mostrar comportamientos similares al autismo. También pueden presentar deficiencias en la comunicación y en las habilidades sociales y muchas veces tienen dificultades para adaptarse a los cambios. Por otra parte, pueden tener ciertas rutinas obsesivas, interés por cosas específicas, dificultad para leer el lenguaje corporal y las señales no verbales. 
Muy a menudo, las personas con síndrome de Asperger son demasiado sensibles a nivel sensorial, ya sea ante determinados estímulos visuales, olores, sabores y sonidos.
Dado que las personas con síndrome de Asperger tienen problemas para desenvolverse en entornos sociales pero cuentan con un alto grado de funcionalidad, a menudo son caracterizados como “raros” o “extraños” por otras personas. De esta manera, pueden convertirse en un blanco fácil de las burlas, sobre todo durante la infancia y la adolescencia. 
En búsqueda de abordajes que ayuden a complementar las terapias tradicionales con las que se trata este trastorno, en distintos países europeos y en los Estados Unidos, comenzaron a implementarse sistemas de yoga adaptado y manejo postural y de la respiración con el objetivo de lograr un mayor autocontrol y disminución de síntomas. 
Si bien el yoga no apunta a alcanzar una cura, ha demostrado una gran efectividad tanto en niños como en adultos para controlar y remitir distintos síntomas. 
En los últimos años, se han realizado varias investigaciones sobre el yoga como tratamiento complementario para el autismo. Un estudio efectuado en 2012 y publicado en el “American Journal of Occupational Therapy” examinó la efectividad de un programa de yoga para el aula, aplicado en niños con trastornos del espectro autista. Los niños participantes fueron divididos en dos grupos, uno recibió el programa de yoga cada mañana y el otro grupo llevó adelante su rutina estándar. El estudio duró 16 semanas y al finalizar se evaluaron los comportamientos desafiantes. Los resultados mostraron que los estudiantes que participaban en el programa de yoga mostraron una disminución significativa en las conductas desafiantes respecto a los niños del otro grupo. “Este estudio demuestra que el uso de intervenciones diarias de yoga en la escuela tiene un importante impacto en los comportamientos clave en el aula entre los niños con trastorno del espectro autista (ASD)”, concluyeron los autores.
Otro estudio, publicado en 2011 en la “Revista de Medicina Alternativa”, observó el efecto que el yoga tiene en las respuestas de relajación en niños con autismo. Veinticuatro niños diagnosticados con trastornos del espectro autista participaron en un programa de yoga de ocho semanas de duración, acompañado por actividades de danza y terapia musical. Los efectos del programa en la respuesta de relajación se midieron de acuerdo con el Sistema de Evaluación del Comportamiento de la Infancia, Segunda Edición (BASC-2) y la Lista de verificación de conducta aberrante. Los investigadores encontraron cambios significativos en los resultados de la BASC-2, especialmente para los niños de 5-12 años de edad.
Por otra parte, y más allá de la efectividad en el control de los trastornos asociados detallados en los estudios, el yoga puede resultar de gran ayuda para la reducción de las conductas obsesivas y de auto estimulación, reducción de la ansiedad, de la agresión y de las respuestas de huida. 
A partir de toda la evidencia reunida cabe preguntarse, ¿a través de qué procesos una actividad psicofísica como el yoga y la meditación puede mejorar la calidad de vida de las personas con Asperger?

Yoga terapéutico 
Cuando una persona con Asperger logra sentirse más tranquila y a gusto en su propio cuerpo, con menos malestar y ansiedad, más fácil le resulta controlar su comportamiento, aprender nuevas habilidades y disfrutar de interacciones sociales.
Dado que las personas con distintos tipos de autismo tienen diferentes experiencias sensoriales, sus cuerpos a menudo quedan atrapados en una "lucha”, que puede manifestarse con conductas de huida o de estancamiento. La respuesta de lucha, huida o estancamiento altera los procesos de digestión, el ritmo cardíaco y la respiración, generando todo tipo de reacciones físicas que a menudo conducen a estado emocional de fuerte ansiedad.
Es por ello que una práctica como el yoga puede colaborar en mucho a salir del estado de lucha, huida o estancamiento, facilitando herramientas para alcanzar un mayor autocontrol y permanecer más relajado y menos ansioso. 
El yoga también facilita una más profunda inhalación y exhalación, calmando el sistema nervioso, permitiendo que el individuo afectado se sienta más tranquilo y cómodo en su cuerpo y desde ese bienestar pueda realmente trabajar en su comportamiento.
Lyle Anderson es un instructor norteamericano de yoga que fue diagnosticado con Asperger de niño, su testimonio es sumamente rico a la hora de evaluar en primera persona los profundos cambios que experimentó a lo largo de sus años de práctica. “Antes de hacer yoga me sentía tan intensamente abrumado por los continuos estímulos sociales que me retiraba dentro de mí y cortaba la comunicación con casi todos. A veces, dormía más de veinte horas en un día, y con mayor frecuencia entre doce y quince horas. El yoga me ha ayudado a largo plazo a ser mucho más social. Me dio un enfoque positivo que me permitió además participar en un ambiente que me ayudó a salir de mi mente. Me obligó a salir de mi caja y hacer algunas cosas que antes me parecían muy difíciles de realizar. Por ejemplo, comprar mi propia ropa por primera vez en mi vida. Además el yoga también me ha traído una conciencia física que yo nunca había tenido”, confiesa Anderson, quien actualmente se desempeña como instructor especializado en Asperger. 
En tanto a nivel físico, esta disciplina ayuda a mejorar la mala coordinación muscular, otro rasgo común en la condición, a partir de las “Asanas” o posturas clásicas de yoga. Pero el yoga no sólo ayudará a mejorar su equilibrio y coordinación muscular, sino que también mejora la concentración.
Si el yoga se realiza en un ambiente tranquilo, con iluminación suave, se descansa el sistema sensorial estresado y las vivencias relajantes experimentadas pueden luego emerger como “mojones” de orientación y autocontrol para manejar las situaciones de estrés, posibilitando con ello mayor autosuficiencia.
Asimismo, como el yoga no es competitivo, una persona con síndrome de Asperger puede disfrutar de realizar su práctica sin sentirse inseguro al practicar una actividad social, lo cual aumentará su confianza.

Experiencia argentina
En nuestro país, una de las experiencias más relevantes en yoga terapia destinada a esta población, es llevada a cabo por la Profesora Leila Klein en asociación con el proyecto “Grupo de amigos”, un espacio para el desarrollo de habilidades sociales fundado por la Psicopedagoga Clara Cardini. 
Klein comenzó la carrera de Psicología en Inglaterra y concluyó sus estudios sintiendo que no era suficiente poder llegar al paciente desde el plano mental, que la palabra no alcanzaba. Ya había realizado pasantías con personas con adicciones y en situaciones de vulnerabilidad, y allí conoció a un niño con Asperger cuyos padres hacían todo lo posible para lograr que pudiera desarrollarse en todo su potencial como persona. En su lucha por brindarle las mejores oportunidades, dieron con una profesora brasileña de yoga especializada en niños especiales. “Yo sentía que este niño tenía otro vuelo respecto de otros chicos con los que trabajaba”, comenta Klein, quien por entonces ya practicaba yoga y sentía mucha curiosidad por conocer a esta profesora, llamada Sonia Sumar, y su método. Fue así que terminó por decidirse a conocerla cuando ella misma presenció de qué manera el niño aplicaba las técnicas de respiración aprendidas para hacer frente a desafíos y ansiedades, como por ejemplo, al enfrentar y resolver su fobia a los perros. Al comprobar durante un paseo la manera en la que el niño autorregulaba su ansiedad a partir de la respiración para acercarse a acariciar a un perro guía que acompañaba a un hombre ciego, Klein sintió que era el momento de acercarse a la instructora y su particular enseñanza.
Sonia Sumar tenía una hija con Síndrome de Down con la que logró resultados increíbles a lo largo de 8 años, y cuya discapacidad fue el motor que la impulsó a desarrollar su sistema de Yogaterapia. Es además Licenciada en Educación y ha impartido clases en escuela primaria. Ha llevado a cabo talleres, simoposios y programas de educación especial en América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, Oceanía en la India. Su libro “Yoga para el Niño Especial” ha sido publicado en Inglés, portugués y chino.  
“Me emocionó mucho conocer a Sonia Sumar y verla trabajar, sentí que allí había una luz enorme con la cual trabajar”, cuenta Klein. Luego de este encuentro, Leila decide realizar una capacitación de seis meses con Sumar en Londres, más un periodo de prácticas y luego cursa el segundo nivel en Brasil. “Después de terminar  la carrera de Psicología trabajé dos años en escuelas especiales, pero esta nueva manera de abordaje me movilizó tanto que decidí abocarme de pleno a la Yogaterapia. Luego, con otra colega que egresó conmigo de la Universidad de Londres, hicimos una maestría en “Learning disabilities” (Discapacidades del aprendizaje) y juntas nos unimos para crear nuestra propia ONG en Londres, y luego de obtener una importante beca, creamos un proyecto para brindar yoga a niños vulnerables y de bajos recursos. Anteriormente había realizado una tesis en Autismo sobre las condiciones de vida de las familias con bajos recursos y niños con autismo y sabía que ellos eran los que necesitaban de mayor apoyo”.
Luego de un año de intenso trabajo con la ONG y de obtener una nueva beca de apoyo, Klein decide dejar el proyecto en manos de su colega y regresar al país para comenzar a desarrollar Yogaterapia en Argentina. Así es que se pone en contacto con una ONG ya existente para unir esfuerzos, en este caso la Asociación de Asperger Argentina. Luego de una etapa de labor conjunta, comienza a trabajar de manera independiente y dando charlas en congresos, escuelas especiales y en la Facultad de Medicina, hasta que es contactada por la Psicopedagoga Clara Cardini, especialista en habilidades sociales y creadora del taller “Grupo de amigos”.
Luego de una evaluación inicial y de conocer a los niños y adolescentes del grupo, Klein comienza a enfocar su trabajo dentro del proyecto para ayudarlos a aliviar las contracturas y las tensiones propias de luchar contra sus manierismos. “Luego comencé a enseñarles a encontrar sus propias herramientas de respiración y calma para el autocontrol de sus estimulaciones sensoriales y el equilibrio de sus emociones desde una forma un poco más lúdica que en los adultos”. 
A través de su práctica específica, Klein ayuda a los chicos con Autismo y con Asperger a tener conciencia de su propio cuerpo y a sentirse bien “en su propia piel” mediante posturas simples de yoga y ejercicios de respiración, ya que no suelen tener un gran dominio de él y, una vez logrado esto, les es más fácil la interacción con un otro y se los puede integrar a clases grupales para trabajar la interacción social.  
Al haber adquirido una formación cognitiva-conductual, Klein sabía perfectamente qué recursos y técnicas ofrecer a los niños y cómo compensar la terapia desde otros enfoques. “Trabajamos con todo lo que traen, con la mente, con el ser, con el uno mismo, aprendiendo a relajarse, a meditar, con cartografías personales que muestran los procesos de cambio antes y después de la relajación, y así como van pasando de una asana a poder realizar varias, también son ellos mismos los que crean sus propias secuencias”, explica.
Klein trabaja mucho el vínculo madre/hijo y la relación con la familia. Por eso, también promueve que los niños puedan luego compartir lo aprendido con sus seres cercanos, ayudándolos a manejar la ansiedad y las tensiones, con lo cual se refuerza el contacto familiar y en algunos casos representa una posibilidad única para que los padres puedan experimentar el contacto físico con sus hijos, tan reticentes a ello. “Es también una forma de procesar el duelo de la llegada de un hijo con discapacidad, de atravesar este ciclo cuando no logra cerrarse. Muchas veces, al ver sus expectativas frustradas los padres pueden quedarse en el enojo, en la frustración, en la negación o en la tristeza, y esto puede pasar aunque se lleven bien con sus hijos. En el caso de los chicos con autismo, los padres a veces no reciben un feedback en lo afectivo y carecen del contacto humano que siempre estamos esperando, empezando por la mirada. Estos intercambios ayudan a conocer cuál es la manera que ellos tienen para comunicarse y mantener ese feedback”.
“El hecho de trabajar el cuerpo con posturas le dio la posibilidad de encontrar un momento de relajación y bienestar y para eso es fundamental la concentración, que tan importante y necesaria es para ellos. Otros beneficios que vemos es que le da recursos (¡y los aplica!) cuando siente que está nervioso. Por ejemplo, practica el –Om- y nombra mantras junto con la respiración”, comparte como testimonio la mamá de un niño participante de sus clases. “Considero que el yoga contribuye en mucho a una mejor calidad de vida. Y que como filosofía afecta no sólo a una vida más saludable sino también a la búsqueda de la felicidad y paz interior, lo que repercute favorablemente en todo nuestro entorno y en la forma en que nos relacionamos con él. Cuando apareció la propuesta de Clara dentro del Grupo de amigos se resolvió mi búsqueda. Creo que es un rico aporte para lograr un crecimiento y desarrollo armonioso. Especialmente, tratándose ahora de un adolescente que no practica regularmente ningún deporte. Por otra parte, siempre se manifestó contento con sus clases de yoga, el grupo y sus instructores, tomándoles mucho cariño”, asegura otra mamá de un joven participante. 
Además de chicos con Asperger, Leila Klein trabaja con niños con otras discapacidades, como el Síndrome de Down: “Tomás se enganchó súper bien con Leila y la propuesta del yoga, lo ayudaba a serenarse. Se animaba a repetir en casa algunos ejercicios y se ponía muy contento cuando lograba alguna posición mas difícil”, comenta la mamá de uno de ellos. 
En una época tan vertiginosa como la actual, donde el acceso a la información y a la tecnología direcciona la mayor parte de las búsquedas sociales, surge el interrogante acerca de por qué una ciencia tan milenaria como el yoga sigue permaneciendo vigente como herramienta para la mejora en la calidad de vida. 
“Actualmente, el yoga es más necesario que nunca, debido al ritmo de vida, sobre todo en las grandes ciudades. Hemos perdido nuestro pulso interior, viviendo en lugares cerrados, sin saber alimentarnos de manera saludable y con muchos problemas para descansar. El yoga nos permite volver al centro y desarrollar la intuición propia acerca de qué es lo más saludable para cada uno y cuál es nuestro propio ritmo de vida. Estamos tan abocados a la estimulación externa que vivimos muy dependientes de elementos que están más allá de nosotros, de nuestra esencia. Esto se muestra mucho en los niños, que llegan a mis clases con contracturas, ya que cargan con exigencias de adultos. En Europa, los colegios están desbordados por los problemas de comportamiento de los niños y se realizaron estudios donde se muestra que el yoga tiene mucho para brindarles al respecto, sobre todo para alivianar tanto sobre-estímulo y continua insatisfacción”, asegura Klein.
En el escenario de la infancia, detonan todas las problemáticas contemporáneas que muchas veces agobian a la vida adulta, y con ello van también nuestras incapacidades para percibirnos y establecernos en el “aquí y ahora”, para trazar un eje por donde fluyan nuestros deseos y posibilidades. Disciplinas como el yoga están al servicio de recuperar la unidad del ser, constantemente amenazada por la sombra de la dispersión, de la atomización de la voluntad y la autopercepción. Y así, como explicaba el pensador hindú Aurobindo, su meta final es establecer en la mente y en el cuerpo una consciencia que nos permita comprender que el ser humano es un “ser de transición”, que puede y debe vivir de manera integrada, más allá de su condición y de los desafíos que deba atravesar para establecerse y despertar a la vida, que no es otra cosa que despertar al amor. 

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