martes, 15 de julio de 2014

El juego y los padres de niños con TEA


El juego en los niños es una herramienta vital para su desarrollo. Sin olvidar que siempre debe ser una actividad placentera y no una forma de forzarlos, en los casos de niños con TEA resulta una oportunidad invalorable para lograr una mayor comunidad entre padres e hijos, siempre que se respeten ciertas normas y, sobre todo, los intereses y los tiempos de los pequeños.

Observando a los niños podemos comprobar que, a medida que crecen, juegan de manera diferente. Se evidencia así que hay una evolución del juego a través del desarrollo infantil.
En los niños con TEA, esto no suele ocurrir, la mayoría suele usar los objetos de forma repetitiva, sin lograr un verdadero desarrollo en el juego. Estas dificultades se relacionan directamente con otras áreas donde el papel del juego toma preponderancia, como el desarrollo cognitivo, social, emocional y motor. Por lo tanto, las intervenciones en los tratamientos de niños con Trastorno del Espectro Autista deberían basarse en el desarrollo de los distintos tipos de juegos.
Entender la capacidad de juego actual del niño, poder acompañar sus intentos y ofrecer espacios y oportunidades para ampliar y desarrollar tipos de juego más complejos darán como resultado mejores interacciones entre el adulto y el niño. 
Las interacciones entre padres e hijos se destacan por la capacidad de respuesta entre sí, la sensibilidad, la calidez, el cuidado, los niveles adecuados de estimulación y previsibilidad. Sin embargo, cuando se trata de niños con Trastorno del Espectro Autista, la balanza entre el adulto y el niño pierde equilibrio, provocando una reducción en las interacciones mutuamente sostenidas. 
Los padres de niños con TEA suelen tener dificultades para alcanzar experiencias de juego divertidas e interacciones productivas debido a las limitaciones del niño. Los niños con TEA tienden a centrar su atención por completo en los objetos, impidiendo la participación de otras personas en su “juego”. Además, los niños con TEA suelen tener un nivel de juego por debajo de su nivel cognitivo, lo que dificulta saber a qué pueden o quieren jugar. Otro problema que suele suceder es que los padres tienden a jugar en un nivel demasiado alto, dando como resultando períodos muy cortos de conexión. 
Para tener éxito, los padres deben ser conscientes del nivel en el que sus hijos están jugando. Por este motivo vamos a desarrollar cuáles son los distintos tipos de juegos a través del desarrollo infantil.
El primer tipo de juego que aparece en el desarrollo infantil, y el más común entre los niños con TEA, es el funcional o de ejercicio. Este consiste en repetir una y otra vez una acción por el puro placer de obtener el resultado inmediato. Estas acciones se pueden realizar tanto con objetos como sin ellos. Algunos ejemplos podrían ser: 
1. Arrastrarse, caminar, correr, balancearse…, estas son acciones que se consideran juegos de ejercicio con el propio cuerpo, donde se domina el espacio gracias a los movimientos.
2. Morder, chupar, lanzar, golpear, agitar…, son acciones que se consideran juegos de ejercicio con objetos, donde se manipula y se exploran sensorialmente las cualidades de los objetos.
3. Sonreír, tocar, esconderse, hacer cosquillas son acciones que se consideran juegos de ejercicios con personas, donde se favorece la interacción social. (Si bien este tipo aparece poco en los niños con TEA, los adultos pueden ser facilitadores para que surja).
El segundo tipo de juego que va a presentarse en el desarrollo infantil es el simbólico (predominante en la mayoría de niños con Síndrome de Asperger). Este se va a caracterizar por simular situaciones, objetos y/o personajes que no estén presentes en el momento de juego. Este tipo puede presentarse de forma individual, con adultos o entre pares. 
En el juego simbólico individual, el niño va a tener la libertad para establecer cualquier clase de ficción, para definir en qué se puede convertir cada objeto, para desarrollar cualquier clase de acción o para introducir cualquier personaje que se le ocurra. Como ya he dicho, este es el juego que más aparece en niños síndrome de Asperger. 
El juego con adultos exige una menor coordinación que el juego con niños de la misma edad. El adulto debe permitir al niño que sea él quien establezca el contexto de juego y las reglas pertinentes.
Negociar el juego entre compañeros de la misma edad es más difícil. Necesitan ponerse de acuerdo en el establecimiento del argumento de juego y en la toma de decisiones sobre el reparto de papeles, situaciones, utilización de objetos, etc. El juego entre pares no suele ser el más buscado por los niños con TEA, mayoritariamente por sus intereses restringidos, sus problemas de inflexibilidad y las pocas herramientas comunicativas.
Por último, en el desarrollo infantil aparece el juego de reglas. Habitualmente creemos que solo existen reglas en los juegos colectivos, como es el caso de los deportes o los juegos de mesa. Sin embargo, están presentes, mucho antes, en los juegos del niño. A partir del uso de esas primeras reglas en el juego simbólico, los niños pueden empezar a realizar otros juegos reglados, con la participación o no del adulto. En estos juegos, los niños saben, antes de comenzar, lo que cada uno tiene que hacer. Este es el caso de los juegos tradicionales como el lobo, as escondidas o la mancha. En este tipo de juegos es donde empiezan a verse evidenciados los grandes problemas para jugar que tienen los niños con TEA con posibilidad de lenguaje.
Un primer paso estará dado si el adulto identifica que tipo de juego es el que desarrolla su hijo. Pero a la hora de ponerse a jugar, deberá saber que el adulto es el mediador entre el juego y el desarrollo del niño y la función será la de buscar ideas creativas, originales y variadas para promover momentos divertidos que puedan resultar en experiencias positivas para ambos.
Además, deberá ser capaz de disfrutar del juego con el niño. Demostrar pasión y ganas de pasar un buen momento. No hay nada que le guste más a los niños que encontrar a un adulto con ganas de jugar.
Encontrar espacios para compartir un buen momento y jugar es el regalo más extraordinario que se le puede dar a un niño.
Algunas sugerencias para los momentos de juegos con los niños son:
- Que el niño guíe. Con niños sin lenguaje, observarlo, imitarlo y adentrarnos en su tipo de juego de a poco. Con niños con más herramientas comunicativas, preguntarle en qué consiste el juego, qué es lo que va a hacer.
- El juego no es una tarea. Poner especial precaución para no transformar el juego en un ejercicio o en tareas que se propongan determinados aprendizajes.
- No es necesaria la estimulación constante. El niño no tiene por qué estar siempre activo, también necesita momentos de inactividad, de soledad.
- La importancia del tiempo. Se necesita de tiempo para jugar con los niños, sin pensar en otras cosas y sin prisa.
- El respeto. Tener en cuenta las preferencias de los niños, sin limitarse exclusivamente a ellas, pero sí respetándolas y favoreciéndolas.
- Es una actividad agradable. Disfrutar del placer de estar junto a sus hijos.
En conclusión, jugar es una fuente inagotable de placer, alegría, descubrimientos, reto y satisfacción, que permite un crecimiento equilibrado del cuerpo, la inteligencia, la afectividad y la sociabilidad. Ahora y siempre el juego es y ha sido un elemento fundamental en el desarrollo de las personas. Imprescindible para un armonioso crecimiento. Un niño que juega es un niño sano. Es de suma importancia dotar de herramientas a los padres de niños con TEA para que puedan jugar con sus hijos, creando, así, momentos donde el vínculo se fortalezca, ambos disfruten y pasen un muy buen momento juntos.

Eduardo Sotelo*

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