sábado, 26 de julio de 2014

Ludivia Sierra teje y pinta cuadros en el municipio de Sachicá (Boyacá).


Por cada brazo que le hace falta le da gracias a Dios. Por no tener sus piernas normales le da gracias a Dios. Por no haber perdido la esperanza de que mañana las cosas pueden ser mejores da gracias a Dios. Ludivia Sierra sonríe y dice que Dios ha sido muy bueno con ella, a pesar de que la envió al mundo hace 39 años sin brazos y con unas piernas deformes.
La gente le decía a su padre, Octavio Sierra, Eso es castigo de Dios . Era su primera hija. Después vinieron seis hijos más, todos normales. Pero ninguno con el valor, la fe y la alegría de Ludivia.
Desde sus 75 centímetros de altura, ella ve la vida con sentido filosófico. Aprendió por su propio esfuerzo a tejer, con una y dos agujas, y también a pintar con acuarela. Sus hermanas le enseñaron a leer y a escribir porque en 1975 las profesoras de la escuela de Sáchica (Boyacá) le negaron la oportunidad a estudiar. "Lástima que por ese entonces no existiera la tutela", lamenta Ludivia.

Si bien ella intenta llevar una vida normal, siente tristeza por la indiferencia de la gente. Pese a que se preocupó por convertirse en un miembro útil en la sociedad, nadie le ofrece un trabajo. Ella teje sacos, buzos y carpetas que vende para comprar las medicinas que calman sus dolores de cabeza. También atiende una pequeña tienda, El Despecho, la única de Sáchica, "donde se escucha la mejor música para despechados", asegura.

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