martes, 5 de agosto de 2014

Método Tomatis: claroscuros


Con casi 60 años de existencia, el Método implementado por el Dr. Tomatis se utiliza hoy en día como tratamiento para problemas relacionados con la atención, la conducta, la ansiedad, el Autismo, la percepción de sí mismo y muchos otros. Basado en la música, parte de la idea de que el oído es una vía regia para la estimulación del cerebro y lograr una mejor calidad de vida, no solamente en casos de patología o discapacidad. Sin embargo, su aceptación está lejos de ser universal.

Si bien los cinco sentidos tradicionales son importantes, puesto que nos comunican con el entorno, puede afirmarse que hay dos que son los más significativos: el de la visión y el de la audición, porque resultan los que más información traen y llevan, permitiendo una combinación extraordinariamente rica de percepciones y mensajes que hacen a que podamos desarrollar una de nuestras características principales, la sociabilidad, al participar, junto con la capacidad de adquisición del lenguaje, en intercambios complejos con quienes nos rodean.
El del oído, además, tiene otra función también vital, dado que es la pieza clave en lo que hace al equilibrio, sin el cual nos resultaría sumamente dificultoso movernos en el espacio.
Asimismo, los estímulos auditivos, junto con los demás, intervienen en el desarrollo neuronal desde muy temprano, aportando nuevas y más intrincadas conexiones.

¿Cómo funciona el oído?
El órgano de la audición se compone de tres partes.
La primera de ellas, una porción apreciable a simple vista, es el oído externo, compuesto por el pabellón auditivo (oreja), cuya forma permite la recolección de sonidos. Luego se halla el conducto auditivo externo, que es un tubo curvo de entre 25 y 30 mm de longitud y un diámetro de unos 7 mm, que los transporta, cubierto por pequeñas cilias (pelos) irritables ante agresiones y glándulas sebáceas (cerumen) que, además de impedir la penetración de polvo y retener las sustancias extrañas, previene de infecciones. Luego sigue el tímpano, membrana delgada de unos 9 a 10 mm de diámetro que se mueve como consecuencia de las vibraciones del aire que se transmiten al oído medio, que es el segundo componente.
Allí se hallan la caja timpánica (pequeña cavidad llena de aire), tres pequeños huesos (martillo, yunque y estribo, que reciben el nombre por su similitud con dichos objetos). El primero se halla unido a la membrana timpánica, el segundo a él y este con el estribo. Sus vibraciones, junto con los músculos (que protegen el oído medio de los ruidos fuertes que pueden resultar perjudiciales), se transmiten al oído interno.
Este se halla compuesto por el vestíbulo, los canales semicirculares, la cóclea, la cóclea ósea y la membranosa, dentro de la cual se hallan el órgano de Corti, las células ciliadas y la membrana tectoria.
Esta parte, la más compleja, transforma la energía mecánica de las ondas sonoras en impulsos nerviosos, que se conectan con el cerebro.
Más allá de las cuestiones funcionales, que pueden hallarse afectadas y que seguramente requieren distintos tipos de tratamiento, se postula que el complejo sistema oído-cerebro resulta útil para otras cuestiones, que tienen que ver con diversos aspectos tales como la atención, el lenguaje, la autoimagen, el esquema corporal, el equilibrio emocional y muchas otras.
Al menos, así lo postula una corriente conocida como Método Tomatis, con una gran recepción en distintos medios desde hace algo más de medio siglo.

¿Quién fue Tomatis?
Alfred A. Tomatis (1920-2001) fue un médico francés, doctorado en Medicina en 1948, especialista en Otorrinolaringología, con amplio reconocimiento a nivel mundial.
También se lo recuerda como psicólogo, investigador e inventor.
Proveniente de una familia en la que la música ocupaba un lugar muy importante (su padre fue parte del elenco de la Ópera de París como cantante), unió su afición con su vocación y comenzó a interesarse por la relación que existe entre el oído y la voz.
A partir de 1947 comienza a realizar investigaciones en los campos de la audiología y de la fonología, que lo llevó a demostrar la interrelación entre audición, lenguaje y el sistema nervioso, como resultado de lo cual postuló las tres leyes que llevan su nombre.
La primera asevera que la voz contiene únicamente las frecuencias de los armónicos que el oído escucha. Esto resulta muy importante, puesto que, trabajando sobre las deficiencias auditivas de un sujeto, es posible recuperar rangos en el habla que se habían perdido o que el individuo nunca fue capaz de escuchar. Los trastornos del lenguaje que tengan por origen una mala percepción pueden superarse al mejorar la recepción.
Ello es como consecuencia de la segunda ley, que dice que si al oído se le da la oportunidad de escuchar de nuevo correctamente las frecuencias que ya no se están percibiendo o que no se están percibiendo correctamente, éstas reaparecen en la voz instantánea e inconscientemente.
Si se persiste en la corrección, esto es, si se aplican los correctivos durante un período relativamente prolongado, aparece el efecto que enuncia la tercera ley: la estimulación acústica, repetida por un período predeterminado, conlleva a un cambio permanente en la audición y por lo tanto en la fonación.
Esta trilogía es lo que se conoce como “Efecto Tomatis” desde 1957, cuando las conclusiones de sus investigaciones fueron reconocidas como válidas por la Academia de Medicina Francesa.
Lo que llevó a Tomatis a investigar en este área fue la consulta de colegas de su padre por problemas con su voz. El médico descubrió que muchos de ellos presentaban pérdidas auditivas, lo que lo condujo a relacionar un problema con el otro.
A su vez, para confirmar su teoría, inventó lo que llamó “El oído electrónico”, que consistía, básicamente, en un magnetófono (un equipo de grabación/reproducción de sonidos magnético: los viejos grabadores de cinta), una serie de filtros para reducir/amplificar frecuencias y auriculares, a lo que se adosaba un micrófono, que reproducía la emisión simultánea del paciente, reenviándola hacia los auriculares.
Mediante la primera parte del aparato, se emitían sonidos que el paciente reproducía simultáneamente y escuchaba a través de los auriculares. La variación de los sonidos, además, tenía la función de estimular las distintas partes del oído (membranas, músculos, huesecillos, etc.), acostumbrándolos a moverse en frecuencias que se habían perdido.
Pero Tomatis fue más allá de lo puramente mecánico y de lo rehabilitatorio a nivel fisiológico. Descubrió que la forma de escuchar no era neutra, esto es, que si bien los oídos que no presentan patología alguna están siempre abiertos (salvo que se los obture deliberadamente), existe una selectividad en la percepción. Y se puso a trabajar en la forma opuesta, esto es, cómo la audición condiciona las habilidades motoras, actitudinales y psíquicas.
Estableció lo que en su momento causó rechazo y que hoy se halla plenamente probado: el bebé escucha ya en el seno materno. En efecto, el oído es el primer órgano sensorial que se desarrolla totalmente y que se conecta al cerebro a través del nervio auditivo. Esto ocurre alrededor del quinto mes. La voz de la madre es la que más y mejor percibe, sobre todo las frecuencias altas.
Con ello indicó la importancia de la audición en el desarrollo psicosensorial de la persona desde sus etapas más tempranas, lo que condujo al creación de lo que se conoce como “Método Tomatis”.

El Método Tomatis (MT)
Se parte de la base de que escuchar no es lo mismo que oír. La primera implica mucho más que recolectar sonidos al azar, puesto que está profundamente implicada la voluntad.
Basándose en ello, el MT es una técnica de estimulación sensorial sonora, aprovechando el mencionado “Efecto Tomatis”.
Así, mediante sonidos seleccionados, previamente filtrados y adecuados para cada paciente en particular, enfocados en tratar la problemática propia de cada uno, con un aparato basado en el Oído Electrónico, aunque, obviamente, mejorado con la tecnología actual disponible, se realizan distintas sesiones.
Estas pueden tomarse en forma intensiva o semi-intensiva, es decir, puede realizarse el primer grupo de sesiones con una frecuencia diaria, dos horas por vez, durante 15 o 30 días, o concurrir dos o tres veces por semana durante un período más prolongado. Luego se toma un tiempo de descanso (2 o 3 semanas) y se emprende el segundo grupo y los subsiguientes, también de un par de horas diarias durante 8 días (o más días, en el caso de no tomar las sesiones diarias) hasta el sexto. Entre el segundo y el tercero suele establecerse un espacio de hasta 6 meses de descanso.
Las distintas sesiones tienen diversos objetivos, siempre centradas en cada persona.
Así, según lo que se quiera lograr, se buscará priorizar oír sobre escuchar, mejorar la percepción corporal (no hay que olvidar que el oído interviene en el equilibrio, influye sobre la relajación muscular, etc.), estimular el cerebro (sobre todo, con música basada en Mozart y el Canto Gregoriano, aunque no solamente con ello), conseguir relajación (usualmente con sonidos de baja frecuencia), apuntar a la estabilidad emocional, mejorar la interrelación con el entorno (sociabilidad), conseguir mayor conciencia de sí mismo y desarrollar actitudes positivas, entre muchas otras.
Según sus seguidores, ya desde las primeras sesiones se aprecian los resultados positivos de la intervención. No hay edad para hacerlo, por lo que ellos lo recomiendan como un tratamiento efectivo para niños pequeños hasta adultos mayores.
En las páginas dedicadas al tema se publicita que, además de ser útil para la estimulación en niños con o sin discapacidad, el tratamiento resulta en mejoras importantes en los siguientes rubros, entre otros:
- Autismo y TGD, en general.
- Problemas de aprendizaje, concentración, memoria y dislexia.
- Atención dispersa, hiperactividad y niños índigo.
- Inconvenientes de comprensión y expresión; tartamudez.
- Para deficiencias en el desarrollo motor, del equilibrio, de la coordinación, del tono muscular.
- En Gerontología.
- Sordera funcional.
- Fatiga.
- Ansiedad, angustia y estrés.
- Para mejorar la voz y el canto.
- En la mejora de la potencia intelectual y la creatividad.
- En el perfeccionamiento de la destreza física y deportiva.
- En los trastornos afectivos y emocionales.
- Para la preparación para el parto.
- En el aprendizaje de idiomas.
Como muestra de su efectividad, un estudio realizado por el Centro Tomatis, Canadá, referido a niños y adolescentes con problemas de aprendizaje, en el que participaron algo más de 400 pacientes que concurrieron a dicho Centro por tratamiento, postulan mejoras en distintos ítems, que comprenden:
Comunicación: 89%.
Atención: 86%.
Comprensión de lectura: 85%.
Madurez: 84%.
Mejor actitud ante la frustración: 80%.
Mejora de lenguaje: 74%.
Memoria: 73%.
En este estudio, la evaluación la hicieron los padres, a quienes se les entregó una planilla con diversos tópicos, en los que ellos marcaron, en una escala de 1 a 5 aquellos aspectos en los que sus hijos experimentaron un avance.
Seis meses después se volvió a requerir que reportaran los mismos aspectos respecto de sus hijos.
Los resultados indicaron que el 83% había mantenido las mejoras, e, incluso, una porción no determinada de ellos las había superado, mientras que un 14% había logrado mantener una parte menor de las ganancias. Por fin, apenas el 3% restante resultó con pérdida total de los logros.
En lo específicamente referido al Autismo, uno de los Centros Tomatis (hay más de 30 en todo el mundo) ubicado en México refiere que “Metafóricamente lo que hace el Método Tomatis es tender una cuerda al niño autista para que reconecte con el deseo de contacto y comunicación con el entorno, sanando simbólicamente los pasajes que quedaron interrumpidos en algún momento de su existencia y fortalecerlo para que pueda subir de nuevo a la luz”.
El tratamiento incluye la grabación filtrada de la madre, una programación especial de música de Mozart y Canto Gregoriano. Durante los primeros 15 días los cambios pueden parecer imperceptibles para el observador, pero implican una base para el despertar del deseo y su reinserción en la vida de relación.
Postulan que en estos casos, el tratamiento debe ser prolongado, requiriendo al menos un año para producir sus efectos plenos, al tiempo que advierten que no todos los pacientes responden positivamente, aunque los que lo hacen responden notablemente.

Algunas voces discordantes
Si bien nadie duda de los efectos beneficiosos de la música y de los sonidos agradables, en general, muchos ponen en duda la efectividad del MT para tratar una gama tan amplia de dolencias.
Tampoco se descree en que buena parte de los postulados científicos de Tomatis, los receptados por la comunidad científica, sean hechos irrefutables; incluso le han brindado a su autor una numerosa serie de distinciones en el campo de la Medicina, en su especialidad.
Por un lado, la primera crítica responde a que no existen estudios con comprobación científica que den cuenta de que el método es efectivo.
Por el contrario, en mayo de 2010, un equipo de científicos de la Universidad de Viena realizó una investigación sobre las publicaciones laudatorias del MT, reuniendo 39 de ellas, sin encontrar evidencias sólidas, en los más de 3.000 casos que ellos reseñan, que den asidero a sus postulaciones. Publicado en la revista Intelligence, el trabajo concluye que no hay pruebas sólidas de que el “efecto Mozart”, como lo llaman, mejore las habilidades cognitivas. Jakob Pietschnig, uno de los autores, concluyó: “Recomiendo a todos que escuchen música de Mozart, pero no se puede satisfacer la expectativa que de esta manera se logre un aumento de la capacidad cognitiva”.
Ya en 1988 la American Academy of Pediatrics había realizado una declaración similar, en cuanto a que el MT no satisfacía los protocolos científicos como para determinar su eficacia respecto de ninguna de las patologías o problemas de los que dice ser solución.
Uno de los argumentos más simples que se usa en su contra (y que sirve para muchas otras propuestas similares) es que si una terapia fuera tan eficaz como afirman sus cultores, sobre todo tras un recorrido tan largo, ¿cómo es que no ostenta un grado de aceptación cercano a la universalidad? Por el contrario, el MT está lejos de ser aceptado por los profesionales de las especialidades a las que el Método dice mejorar o curar.

Final
La música es un vehículo importante para la mejora del ser humano, no importa cuál sea ella ni la condición de él. También a partir de disciplinas como la Musicoterapia se sabe que, en sí misma, tiene un valor curativo o coadyuvante para la cura importantísimo.
Asimismo que en nombre de Euterpe, la musa de la música (y en nombre de tantas otras deidades o no tanto) se quiera hacer pasar gato por liebre es una moneda demasiado corriente.
Si algo sirve o no crea siempre polémicas, que aun los mucho más ilustrados que nosotros no pueden dirimir.
En ese sentido, concluimos con un consejo de la más rancia estirpe pragmática: sirve lo que hace bien, no importa si su base es científica, fruto de la magia o de la sugestión. Pero estemos dispuestos a reconocer las cuentas de colores y no poner más espectativas que las que el ofrecimiento merece.

Ronaldo Pellegrini

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