jueves, 30 de octubre de 2014

Asistencia sexual para discapacitados


Se trata de terapias y acompañamientos para personas que sufren de trastornos físicos o neurológicos que representan una traba para vivir su sexualidad plenamente. Este tipo de servicios se brinda en varios países europeos y ya se comenzó a hablar del tema en el país. ¿En qué consiste? ¿Cómo se podría implementar? ¿Se brindan cursos de capacitación? Todas las respuestas, en esta nota.
 periodista y poeta estadounidense Mark O´Brien, fallecido en 1999, sufría de una severa discapacidad que lo tenía postrado en una silla de ruedas y confinado a un pulmón artificial. Sus dificultades físicas y una estricta educación religiosa siempre fueron una traba para relacionarse con el sexo opuesto. Pero un buen día sintió que algo debía hacer para poner un fin a ese impedimento. No quería dejar esta vida sin haber experimentado el éxtasis físico. Así fue que, con 38 años de edad y decidido a perder su virginidad, recurrió a una terapeuta sexual para tener su iniciación. Sobre esta historia trata el film Las sesiones, estrenado en 2012. De este modo se aborda un tema que hace tiempo está dando que hablar en el mundo y que ya desembarcó en la Argentina: la asistencia sexual para personas con capacidades diferentes.
“Hay personas que tuvieron el primer encuentro sexual de su vida con una asistente y eso sirvió para revertir la idea de que ‘esto no es para mí’”, detalló Silvina Peirano, profesora de educación especial y titular de Sex Asistent, una entidad que impulsa esta práctica y que recientemente participó de una jornada de reflexión sobre esta temática en la Legislatura, junto con la Asociación de Mujeres Meretrices (AMMAR).
Las terapias de asistencia o acompañamiento sexual para personas con dificultades físicas o neurológicas se llevan adelante en países de Europa como Bélgica, Dinamarca y Suiza hace más de 20 años. En esos sitios el Estado se hace cargo de cubrir o subvencionar el servicio, como si se tratara de sesiones de kinesiología o cualquier otro tipo de terapia. Peirano, de hecho, vivió durante 10 años en Barcelona, donde participó en Sex Asistent Catalunya y ahora está trabajando junto con AMMAR para organizar cursos de capacitación para asistentes sexuales. “Al principio pensábamos que lo que diferencia la asistencia sexual del trabajo sexual es la capacitación, pero estas mujeres lo hacen desde siempre, y cuentan que esta demanda está aumentando: podemos valernos de lo que ellas saben, y aportar nuestra perspectiva sobre la diversidad funcional. También hay personas que se acercan a la asistencia sexual desde otras profesiones y cada una decidirá cómo encara la actividad”. En cuanto a la demanda, “la mayoría de las veces proviene de varones; son menos las mujeres que demandan esta asistencia, y hay menos asistentes varones. Y, por supuesto, hay personas con discapacidad que son gays o lesbianas”, subrayó Peirano.
En lo que respecta al servicio en sí, la especialista habló de diferenciar entre la persona que asiste y la que acompaña a la persona que requiere el servicio. “En el acompañamiento suele tratarse de una pareja cuyos miembros tienen discapacidades físicas severas. La ayuda puede consistir en ir a buscarlos y acompañarlos a un lugar privado, e intervenir en determinadas situaciones. En personas con lesiones medulares, puede significar ayudar a movilizarse; si la persona tiene una sonda, retirársela y, llegado el caso, colocar un preservativo”, subrayó Peirano. También está la opción de recurrir a tener relaciones con el/la asistente.  “Se trata de una propuesta para determinados momentos. Hay personas con discapacidad que tuvieron el primer encuentro sexual de su vida con una asistente. No planteamos la asistencia sexual como una necesidad, o una terapia, sino como parte del deseo. Claro que una persona con discapacidad puede tener su pareja, en forma estable, ocasional o del tipo que fuera. Pero la verdad es que muchas no acceden a ello, por razones en las que se enquista la discriminación”, puntualizó la especialista.
Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, que participó de las jornadas de reflexión, anticipó que “en la reglamentación del trabajo sexual, por la que luchamos, procuraremos incorporar el tema”. Peirano observó que, “hasta hace poco, las trabajadoras sexuales han sido las únicas que atendieron a la sexualidad de la gente con discapacidad. Por nuestra parte, procuramos dar otro marco a esa tarea: que no lo hagan desde la compasión o la lástima, que sepan qué hacer con ellos o ellas, que los lugares donde atienden no tengan barreras de acceso. Nos referimos, por supuesto, a trabajadoras que han elegido independientemente esa actividad y a encuentros entre personas mayores de edad. Y no decimos que por atender a gente con discapacidad las trabajadoras sexuales ennoblezcan su tarea, en absoluto; en cambio nos unimos al reclamo por la legalización de su actividad. Las trabajadoras sexuales, como la gente con discapacidad, han sufrido una estigmatización histórica: a ambos grupos se los quiere ‘rehabilitar’, aun contra su voluntad”.
Prejuicios
“Aunque la asistencia sexual a personas con discapacidad suscita controversia, no puedo juzgarla como algo malo, ya que hay muchas personas que no podrían ejercer su sexualidad de otro modo; pero esto se vincula con que en la construcción social de la discapacidad intervienen prejuicios constituidos como barreras”, sostuvo Verónica González Bonet, presidenta de la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (REDI).
Isabel Ferreyra, directora de derechos de personas con discapacidad de la Defensoría del Pueblo porteña, sostuvo que “la asistencia sexual da por tierra con el prejuicio de que quienes tienen discapacidad son seres asexuados. No sé si ejercer la sexualidad mediante asistentes es lo mejor, pero sí que a veces es la única opción. El tema es tabú porque a las personas con discapacidad, especialmente mental, las infantilizan. Y, en el ambiente de las instituciones, el derecho a la sexualidad no suele ser reconocido”.
Norberto Butler padece una discapacidad que le requiere el uso de respirador. Dio su testimonio en la jornada sobre el tema en la Legislatura: “Soy favorable a la asistencia sexual para personas con discapacidad, y me parece ejemplar la película Seis sesiones de sexo, donde el poeta Mark O’Brien, postrado y con respirador desde la infancia, narra su primera experiencia, a los 36 años, con una asistente sexual”.
María José Lubertino, titular del Observatorio de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Nación, señaló que “el tema de las relaciones sexuales a cambio de dinero tiene distintas lecturas aun dentro del propio movimiento de mujeres. Y la expresión de la sexualidad de las personas con discapacidad depende de que se rompan prejuicios. En la medida en que estas personas con discapacidad dejen de estar aisladas, sus dificultades serán las mismas que tenemos todos para vincularnos. Compañeras con discapacidad cuentan que hay hombres que no tienen discapacidades y las buscan, atraídos precisamente por la discapacidad”.

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