viernes, 8 de mayo de 2015

Educar las emociones de los niños incluidos en la escuela común


La inclusión educativa implica no solamente estar atentos a las necesidades de los alumnos con discapacidad sino la construcción de un ámbito propicio para que desarrollen sus capacidades todos los educandos, sin distinción. En ello los aspectos emocionales cumplen un rol principal, puesto que un ambiente inclusivo potencia la experiencia educativa, al tiempo que fomenta una mentalidad abierta a la posibilidad de enriquecerse con los aportes de los otros.

“No es la discapacidad lo que hace difícil la vida, sino los pensamientos y las acciones de los demás”.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos sostiene enfáticamente que “toda persona tiene derecho a la educación” y que ésta “tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales”.
Debido a que la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, se entiende como Educación Inclusiva a la educación personalizada, diseñada a la medida de todos los niños en grupos homogéneos de edad, con una diversidad de necesidades, habilidades y niveles de competencias. 
Se caracteriza porque intenta proporcionar el apoyo necesario dentro de un aula ordinaria para atender a cada persona como ésta precisa, entendiendo que podemos ser parecidos pero no idénticos unos a otros y con ello nuestras necesidades deben ser consideradas desde una perspectiva plural y diversa.
La educación inclusiva implica que todos los niños y niñas de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan una discapacidad. 
Se trata de un modelo de escuela en la que no existen requisitos de entrada ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación. 
Este enfoque implica modificar sustancialmente la estructura, funcionamiento y propuesta pedagógica de las escuelas para dar respuesta a las necesidades educativas de todos y cada uno de los niños y niñas, de forma que todos tengan éxito en su aprendizaje y participen en igualdad de condiciones. 
La inclusión es un modo de relación que va más allá de un “estar juntos” y supone un “estar presente” y participar efectivamente en todas y cada una de las actividades escolares.
Este “estar junto entre existentes” supone un estar juntos en el afecto, es decir, “afectar y ser afectado”, “integrarte en mi mundo” y “conocerte”, por lo que la verdadera inclusión depende del desarrollo de relaciones significativas y recíprocas entre todos los miembros de una comunidad educativa.
La escuela es un espacio donde los niños aprenden a conocerse a sí mismos, a vincularse con los compañeros que son diferentes entre sí, a relacionarse con los adultos y con figuras de autoridad distintas a sus padres y a interactuar con el mundo externo.
El conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter, constituyen la autoestima, según Bonet.
La percepción evaluativa de uno mismo se construye desde los primeros años de vida gracias a las experiencias vividas en el entorno familiar, escolar y social.
Un niño con discapacidad incluido en la escuela de hoy es, simplemente, un niño con todas las necesidades, fortalezas y debilidades que pueden intensificarse aún más por el manejo que hacen los adultos de su individualidad. 
La capacidad que tienen las personas de valorarse, amarse, apreciarse y aceptarse a sí mismas se basa en todas las sensaciones, sentimientos, pensamientos y experiencias que hemos recogido durante toda la vida. Por ejemplo, “creemos que somos buenos para los deportes o que somos pésimos para realizar manualidades”.
Incluir a todos los alumnos que componen una clase no es un acto de altruismo sino una necesidad de construir entre todos sus integrantes relaciones recíprocas, funcionales y significativas a fin de poder desarrollar conductas prosociales.
Si los niños tienen la oportunidad de convivir con personas de distintas etnias, capacidades, género, cultura y situaciones de vida en la escuela, podrán construir vínculos de apego con personas diferentes que les favorecerá la formación de una mentalidad abierta a la posibilidad de enriquecerse con los aportes de los otros.
Si los niños aprenden en la escuela a respetar y valorar la diversidad estarán mejor preparados para asumir una actitud inclusiva tanto en la infancia como en la vida adulta.
El clima social escolar es uno de los determinantes más importantes en el éxito en la educación. Tiene mayor incidencia en el rendimiento escolar de los alumnos que los recursos materiales, los recursos personales y la política escolar.
Es indudable que la emoción abre o cierra puertas al aprendizaje, por lo que resulta imprescindible crear climas en las aulas donde no haya tensión o temor y donde todos los niños se sientan seguros, aceptados y reconocidos por lo que son y lo que “pueden llegar a ser”.
Un clima emocional positivo se relaciona directamente con el grado de inteligencia emocional de los miembros del grupo y colabora en la resolución satisfactoria y pacífica de los posibles inconvenientes o conflictos provenientes de la convivencia diaria.
Cuando el clima emocional en el que tiene lugar el aprendizaje se produce en una atmósfera positiva o nutritiva, la experiencia dejará una huella positiva en la memoria emocional del alumno y adquirirá aprendizajes significativos para la vida.
Sin duda, en aquellos espacios en los que todos se sienten seguros, aceptados e incluidos se aprende más y mejor. Por ello, en la escuela de hoy no sólo se deberían aprender las competencias académicas sino que se debería aprender a desarrollar el ABC de la inteligencia emocional, que supone:
• Tener conciencia de uno mismo.
• Aceptarse.
• Poseer seguridad de uno mismo.
• Tomar decisiones personales.
• Manejar los sentimientos.
• Adquirir responsabilidad.
• Manejar el estrés.
• Tener empatía.
• Poseer el arte de la comunicación.
• Revelar la propia persona.
Tener un enfoque de los estudiantes centrado en sus competencias y no en sus déficits, en “el yo posible” y del “yo en desarrollo” puede ayudar a eliminar todas las barreras para el aprendizaje y la convivencia que pudieran existir.
Las experiencias de inclusión que vemos a diario en los establecimientos escolares privados o públicos tienen un denominador común que es la visión, compromiso y perseverancia de directivos, docentes y padres. 
El convencimiento acerca de las ventajas que reporta la inclusión para toda la comunidad educativa es lo que posibilita, sin duda, implementar una serie de cambios e innovaciones que supone la atención a la diversidad.
Esta forma de atender y dar respuesta a cada alumno, este deseo por respetar la diversidad pedagógica, valorándola como la riqueza de nuestra aula y no como un problema, implica una organización funcional de la institución educativa en general y del aula, en particular, a fin de que todos se sientan incluidos y valorados.
No hay inclusión posible si algunos niños quedan por fuera de los vínculos sociales, los juegos o los trabajos colectivos.
En aulas verdaderamente inclusivas es muy común observar cómo los mismos compañeros están atentos a las ayudas que los niños con discapacidad requieren, colaborando en las tareas escolares y participando en los juegos en forma conjunta, sabiendo respetar al otro en su individualidad.
La base es reconocer las diferencias en un marco de igualdad de derechos, creyendo en el otro como un par, confiando en sus capacidades y respetándolo como persona. Es obvio que sólo a partir de ese lugar se puede comenzar a pensar y construir las intervenciones docentes (tanto del docente común como del docente integrador, del equipo de Orientación Escolar como del extraescolar) a fin de promover el aprendizaje sin etiquetamientos ni prejuicios.
Este proceso supone desde conocer, en primer lugar, a nuestros alumnos a fin de analizar y entender qué apoyos y ajustes resulta necesario realizar para que el aprendizaje sea exitoso hasta el análisis del “concepto de inclusión” que se traduce como contenido de enseñanza, de reflexión en el aula a fin de que pueda ser utilizado como estrategia de convivencia y mejoramiento de los vínculos grupales y personales.
Se ponen en juego, en este orden, los valores que implican una política inclusiva en la institución escolar como los de solidaridad, integración, compañerismo, igualdad y aceptación del otro.
Es así que, en lugar de tener una mirada culpabilizadora hacia los niños integrados victimizando al resto del grupo que puede verse limitado en sus aprendizaje, se intenta que el grupo pueda palpar la posibilidad de disfrutar de determinadas experiencias por la presencia de los niños con discapacidad en el contexto de aula.

Carina Aída Di Fresco Tala*

* Carina Aída Di Fresco Tala es Psicopedagoga. Licenciada y Profesora en Ciencias Psicopedagógicas. Dra. en Ciencias de la Educación. Directora Psicopedagógica de Yo Soy Igual y Diverso, www.yosoyigualydiverso.com, Mendoza, Argentina.

Fuentes bibliográficas:
- Di Fresco, Carina (2014), “El docente como protagonista de la inclusión escolar”, Módulo I del Programa Multimedial de Autoformación Docente (ProMAD). Disponible en http://www.yosoyigualydiverso.com/product/el-docente-protagonista-de-la-inclusion-escolar/.
- http://www.fmmeducacion.com.ar/Bibliotecadigital/Noro_0 2_Otras_Diez_criticas_y_razones.pdf.
- http://es.wikipedia.org/wiki/Inclusi%C3%B3n_%28pedagog%C3%ADa%29.
- UNESCO, UNICEF, Fundación Hineni (2003). “Cada escuela es un mundo. Un mundo de diversidad. Experiencias de integración educativa”. Chile. 
- UNESCO (2003). “Un desafío, una visión”. 
- UNICEF, UNESCO, Fundación Hineni (2001). “Hacia el desarrollo de escuelas inclusivas”. 
- UNICEF (2014). “Experiencias de inclusión educativa desde la perspectiva de aprender juntos. Estudio de casos en regiones de Argentina”.

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