sábado, 20 de junio de 2015

Medicina hiperbárica, ¿todo terreno?


El suministro de oxígeno puro a alta presión posee un alto grado de aceptación entre la comunidad médica como terapia complementaria para un gran número de dolencias y como primera alternativa para una cantidad acotada de otras patologías. Pero también se desaconseja su utilización en algunas otras, pese a la publicidad engañosa que se hace respecto de ellas.

Introducción
Ante cualquier enfermedad, lesión o inconveniente de salud, seguramente que todos deseamos restablecer nuestro mejor estado lo antes posible y al menor costo, no solamente monetario, sino que ello implica, también, realizar el mínimo esfuerzo en su consecución.
Navegando por la red, existe una gran cantidad de oferta de información sobre dolencias y sus tratamientos, sean estos tradicionales o alternativos. Poder acceder a tales datos tiene sus beneficios y también sus problemas.
Entre los primeros, quizás el más importante es conocer lo que nos afecta y las alternativas disponibles para su solución y con ello poder discutir con el profesional de la salud las distintas posibilidades para nuestro restablecimiento, teniendo en cuenta que la decisión final sobre el propio cuerpo recae sobre el propio individuo o quien lo represente, en caso de no poder dar su consentimiento.
Respecto de los inconvenientes, entre muchos otros, se halla pensar que puede prescindirse del facultativo (y de su bagaje de estudios y experiencia) simplemente por haber leído un par de artículos en internet, más o menos científicos. Y también la desorientación que produce, en algunos casos, la oferta de múltiples enfoques para el tratamiento de una misma patología, y las opiniones encontradas sobre las bondades de uno u otro procedimiento.
Por fin, las tensiones entre métodos tradicionales y alternativos agrega otra cuota de incertidumbre en el momento de decisión.
Los tratamientos con cámara hiperbárica suman defensores y detractores, despertando posiciones contradictorias, aunque existe cierto consenso acerca de sus bondades en lo concerniente a algunas terapias.

Qué es una cámara hiperbárica
El término “hiperbárico” hace referencia a aquello que tiene una presión superior a la atmosférica normal. Esta última es una medida convencional, que responde al peso que ejerce una columna de aire medida desde el suelo hasta el límite superior de la atmósfera, la cual es variable no solamente entre diferentes puntos de la superficie terrestre sino que cambia según distintas circunstancias en el mismo (variaciones en la densidad aérea, en la temperatura, por fenómenos meteorológicos, etc.). La presión atmosférica normal (promedio) se designa con el valor 1, por lo cual, las mediciones barométricas inferiores son hipobáricas y las superiores hiperbáricas.
Una cámara hiperbárica es un habitáculo, usualmente cilíndrico, hermético, provisto de equipamiento que permite el aumento de la presión y la posterior descompresión en su interior.
Pueden ser monoplazas o multiplazas. En las primeras, se introduce oxígeno directamente en el compartimiento, mientras el paciente se halla acostado en su interior, respirando normalmente. En las segundas, las cabinas se presurizan con aire normal y suelen utilizarse mascarillas para que reciban sus efectos únicamente los interesados, mientras que pueden ser acompañados por familiares y/o ser monitorizados por profesionales directamente. Son más comunes las que receptan a una sola persona, puesto que su tamaño es menor (hasta alrededor de 5 metros de largo, contra hasta 20) y menos costosas.
La presión que se suministra al oxígeno al 100% que reciben los pacientes se ubica entre 1,5 y 3 veces más que la normal y en algunas ocasiones puede llegarse hasta a sextuplicarla para ciertos tratamientos, aunque se desaconseja su utilización prolongada, porque puede producir inconvenientes de distinta gravedad.
Las sesiones duran entre 45 minutos y dos horas y es posible realizarlas desde 1 a 3 por día, con intervalos extensos entre una y otra.
Tradicionalmente, las cabinas confeccionadas con placas de acero (aun siguen fabricándose en la actualidad), pero la tendencia más modernas es a construirlas parcialmente con vidrio u otros materiales transparentes, lo que permite comunicarse con el exterior, poder observar directamente a la persona e incluso, si ella lo quiere, puede realizar el procedimiento mirando televisión.
La introducción del oxígeno al 100%, así como su posterior retiro se hacen gradualmente, no solamente para minimizar las pequeñas molestias (sensación de presión en los oídos) sino porque hacerlo repentinamente tiene efectos perjudiciales.

Breve historia de las cámaras hiperbáricas
Pese a que su eclosión es relativamente reciente, hace algo más de 300 años que comenzó a utilizarse con fines terapéuticos.
Uno de los primeros intentos data de 1664, cuando Henshaw, un reputado clérigo, médico y fisiólogo inglés, propuso disminuir la presión atmosférica del entorno para tratar algunas enfermedades crónicas y aumentarla en las agudas. Para ese tiempo, aun no se conocía el oxígeno, por lo que se intentaba con aire comprimido, sin mayores resultados.
Años después, distintos experimentos terminaron por dar cuenta de que aquello que se respiraba, lejos de ser un solo gas, era un compuesto de ellos, conformado por un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno, vapor de agua, argón, dióxido de carbono, hidrógeno y muchos otros en pequeñas cantidades.
Fue Lavoissier, alrededor de 1777, uno de los primeros en establecer al oxígeno como el elemento vital de la respiración y también que su exceso podía ser mortal.
Entre 1830 y 1850, comienzan los intentos sistemáticos por establecer la medicina hiperbárica, y se induce su utilización para tratamientos como tuberculosis, laringitis, tos convulsa, sordera, cólera, conjuntivitis, para la más rápida recuperación de la anestesia, ante casos de cianoxias e hipoxias, para mejorar la circulación sanguínea en los órganos internos, la cerebral y otras, o simplemente para sentirse bien. También en ese tiempo se difunden en Europa los Centros Neumáticos, para aliviar distintas enfermedades, entre las cuales las pulmonares ocuparon un lugar importante.
La primera nota discordante la introdujo Paul Bert en 1878, al postular en una investigación la toxicidad del oxígeno puro a alta presión, que certificó la presencia de convulsiones en pacientes sometidos a dicho tratamiento.
Otra experiencia del año 1895, llevada a cabo por Haldane, demostró que la conducción de oxígeno mejoraba cuando se aumentaba la presión.
Hacia 1918 se construyó una cámara gigantesca, que consistía en una esfera de acero de casi 20 metros de diámetro, postulando sus constructores simultáneamente una curiosa teoría de que microorganismos anaeróbicos (es decir, los que prosperan en ambientes sin aire) eran los causantes de dolencias tales como hipertensión, uremia, diabetes y cáncer y que esta terapia, al aportar mayores niveles de oxígeno a los tejidos e incluso llegando a más lugares, los combatía. Dos sucesos determinaron su destrucción: los dudosos resultados y el reciclado de los materiales en ocasión de la II Guerra Mundial.
A comienzos del siglo XX, comenzó a usarse para permitir una más rápida descompresión de los buzos que se sumergen en profundidad. En caso de ascensos rápidos, la diferencia de presión en los distintos niveles producía embolias gaseosas, esto es burbujas de nitrógeno en el torrente sanguíneo. Ello se debe a que los buzos respiran aire comprimido, por lo cual este gas pasa a la sangre en forma de microburbujas. Al ascender, si no se lo hace gradualmente, estas crecen, produciendo obstrucciones que derivan el variadas consecuencias, incluso cardiacas y neurológicas. Mediante la cámara se restablece paulatinamente la presión y el nitrógeno circula sin provocar atascos. Para 1933, la Armada británica las utilizaba con estos fines.
En la década de 1950 se popularizó su utilización en las cirugías cardiacas, puesto que el aumento de la presión tendía a aumentar la resistencia a los paros.
Hacia 1961, el Dr. Brummel-Kamp la utilizó para tratar las infecciones producidas por agentes anaeróbicos con muy buenos resultados, experiencia que fue presentada dos años más tarde en el Primer Congreso Internacional de la Aplicación Clínica de la Oxigenoterapia Hiperbárica, evento que, a partir de entonces, se repite ininterrumpidamente cada dos años.
En esa misma década comienzan a fundarse sociedades científicas en varios países, y en 1974, en la ex URSS, se construye el denominado Barocentro, que es, hasta la actualidad, la mayor clínica de medicina hiperbárica del mundo, que realiza solamente en el área quirúrgica, más de mil atenciones anuales.
A su vez, en EE.UU. se hallan más de 600 cámaras en funcionamiento y en la Argentina existen aproximadamente 20 centros en los que se la utiliza, al tiempo en que su dispersión abarca el mundo entero.

Efectos
Mediante este proceso, la persona recibe hasta 15 veces más oxígeno que el habitual.
Quienes practican esta forma de terapia sostienen que:
- Los pacientes absorben y aprovechan mejor los medicamentos.
- Incrementa la velocidad de cicatrización.
- Desintoxica la sangre y el organismo.
- Mejora la circulación sanguínea.
- Incrementa la sanación y consolidación de fracturas.
- Disminuye la ingesta de insulina en gran número de pacientes diabéticos.
- Disminuye las lesiones y síntomas generados por radioterapia en pacientes con cáncer.
- Fortalece el sistema inmunológico.
- Favorece la reconexión de neurotransmisores.
- Aumenta la regeneración celular.
-Produce mayor irrigación sanguínea.
- Normaliza alteraciones glandulares y hormonales.
- Reduce el estrés (físico y emocional).
- Mejora la absorción de nutrientes alimenticios.
- Corrige y mejora padecimientos crónicos.
- Aumento en la oxigenación de los tejidos (hasta 22 veces mayor de la habitual).
- Forma nuevos vasos sanguíneos en lesiones donde fueron afectados.
- Regula el metabolismo.
- Equilibra el sistema nervioso.
- Tiene acción desinflamatoria.
- Los beneficios se presentan en todo el organismo, mejorando la condición general de salud.
- En cirugías programadas, administrar oxígeno hiperbárico antes y después de una operación es una práctica muy común entre los médicos, ya que la acelera y mejora la cicatrización, controlala inflamación, reduce el riesgo de infecciones, reduce el tiempo de hospitalización, implica menor uso de antibióticos.
- Reduce el riesgo de recaídas.
- Reduce el gasto de consultas médicas.
- Disminuye el costo de tratamientos de rehabilitación.
- Reduce las complicaciones post-operatorias.
- Reduce el tiempo de recuperación de los pacientes.
- Evita en muchos casos intervenciones quirúrgicas.
- Disminuye la cantidad de aparatos y cuidados para pacientes dependientes.
Entre las patologías en las que se consideran benéficas se hallan:
Respecto de la cirugía, en general: la isquemia (reducción de la irrigación sanguínea) por las intervenciones; peritonitis purulenta; obstrucciones intestinales sin obstrucción mecánica; pancreatitis aguda; colitis ulcerosa; cistitis hemorrágicas por adenovirus, enfermedad de Crohn (inflamación del aparato digestivo que requiere, en ocasiones cirugía); neumatosis intestinal (infiltración de aire dentro de la pared del tracto gastrointestinal); complicaciones tras cirugía ano-rectal; etc.
En lo que hace a los traumas: el isquémico de extremidades; en zonas previamente comprometidas (necróticas, isquémicas, irradiadas, etc.); en tejidos blandos; en aquellos con infección secundaria; ante la extensión del daño inicial; mordeduras de animales; neumoencéfalo (acumulación de aire en la cavidad craneal producto de una fractura o como consecuencia de una intervención quirúrgica), etc.
En caso de infecciones: bacterianas de partes suaves; erisipela; micosis invasivas; osteomielitis resistente al tratamiento; algunos casos de lepra; otitis crónicas; Epidermólisis Bullosa (no como cura, sino como cicatrizador) y otras.
Para ciertas vasculares: heridas isquémicas por enfermedades arteriales obstructivas periféricas; arteriopatías inflamatorias; pie diabético; úlceras venosas; lesiones cutáneas, etc.
También se reportan como beneficiosas para diversas circunstancias referidas a la cirugía plástica, para acompañar tratamientos de ortopedia y traumatología y para mejorar varios tipos de heridas.
A su vez, se reputa como el único medio para reparar ciertas lesiones producto de las irradiaciones sobre los tejidos humanos, siendo las más comunes: dermatitis, miositis (inflamación muscular), colo-proctitis, cistitis, mielitis y encefalitis (no en todos los casos) e implantes en tejidos comprometidos por la radioterapia.

Los límites
En general, la Medicina Hiperbárica se encuentra aceptada como una forma complementaria de otras áreas y se la tiene como una práctica provechosa para acelerar distintos procesos regenerativos y acortar tiempos de recuperación.
Algunas voces se alzan cuestionando la validez científica de esta terapia, por la escasez de estudios con rigor científico y porque la mayoría de los trabajos que se presentan suelen incluir un número bajo de casos, por lo cual suele controvertirse su extrapolación más generalizada.
Uno de los efectos secundarios que puede persistir es el mencionado barotrauma, esto es, la sensación de oído tapado, producto de la presión y un problema similar respecto de los senos nasales.
También se advierte que en algunos pacientes tratados se han producido convulsiones, sobre todo cuando se exceden los tiempos o el límite usual de las 3 atmósferas.
Asimismo, se han reportado casos de descenso en los niveles de azúcar en el cuerpo y se desaconseja para mujeres embarazadas, para quienes padecen de asma y, contra algunas afirmaciones de los cultores de esta terapia, otros facultativos no lo recomiendan para aquellos pacientes con cáncer.
No hay reportes de mortalidad por el uso de las cámaras, salvo uno, en México, pero ello se debió a la negligencia de quienes operaban una, puesto que olvidaron al paciente durante doce horas allí, excediendo largamente el límite recomendado.
Como ocurre en casi todas las ramas de la Medicina, existen ciertos profesionales que, por exceso de optimismo o por carencia de escrúpulos, pregonan resultados que poco o nada tienen que ver con la realidad.
Así, contra la publicidad engañosa que realizan algunos centros, muchos facultativos (incluso muchos de aquellos que se valen de esta terapia) afirman categóricamente que no surte mayores efectos positivos en pacientes con parálisis cerebral, degeneración macular, cirrosis, miastenia gravis, Enfermedad de Lyme, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, Asperger, cáncer, Parkinson, esclerosis múltiple, hepatitis, ataque cerebral, etc.
Un caso especial es el referido a su utilización en el Autismo.
Hace un tiempo, comenzó a promocionarse a la oxigenación hiperbárica como una posibilidad de importantes mejoras para esta condición (cuando no directamente afirmarse que la cura).
Instituciones como la afamada Clínica Mayo, de los EE.UU., y portales de reconocida seriedad como Autismo Diario niegan terminantemente que ello sea así.
En una nota aparecida en la mencionada página se recorre una serie de investigaciones que lo demuestran, concluyendo su autor, Daniel Comin que: “Los resultados del estudio son claros: No se han encontrado beneficios significativos ni efectos positivos. Teniendo en cuenta el elevado costo y los resultados de estudios previos y los de este mismo, no podemos recomendar el tratamiento basado en oxigenoterapia hiperbárica para su intervención en los TEA”.
También lo certifica la U.S. Food and Drug Administration, cuando en una declaración titulada “No se deje engañar por la terapia de oxígeno hiperbárico” que se halla en su sitio de internet afirma en el primer párrafo: “No, la terapia de oxígeno hiperbárico (OHB) también conocida como oxigenoterapia hiperbárica NO ha probado clínicamente que cura o es eficaz para el tratamiento del cáncer, el autismo, o la diabetes. Pero si usted hace una búsqueda rápida en Internet, encontrará todo tipo de afirmaciones de que cura estas enfermedades y otras para las cuales el dispositivo no ha sido aceptado o aprobado por la FDA”.

Cierre
Por cierto que ninguna disciplina puede juzgarse por su mala praxis. Tal es el caso de la Medicina Hiperbárica, que parece resultar una buena opción para complementar otras terapias o para resultar la primera opción para un determinado número de dolencias, en las que podría ser de gran utilidad.
También lo es que hay que desconfiar de las ofertas sobre panaceas universales.
Intentamos averiguar los costos de estas terapias. En un artículo del New York Times hallamos que un tratamiento completo en los EE.UU. puede llegar a los U$S 20.000; que una sesión en Venezuela se ofrece, vía un portal de ventas que existe en varios países, a un costo aproximado de U$S 65; en México hallamos publicidades que indican un precio de entre 24 y 54 U$S por consulta; mientras que en España dimos con un usuario que pagó 120 euros por cada una; por fin, en uno de esos centros dudosos, en los que no aparece teléfono ni dirección sino un formulario de contacto, explican que las tarifas varían de país en país, pero que rondan, en promedio, los U$S 100.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

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