jueves, 10 de diciembre de 2015

Constelaciones familiares en discapacidad


¿Qué son las constelaciones familiares? ¿De qué manera pueden ayudar a las personas con discapacidad y a su grupo familiar? Esta herramienta sistémica-fenomenológica nos posibilita ver el conjunto formado por la persona y el sistema familiar del que forma parte.

En la continua búsqueda por comprender y ayudar a que las personas con alguna discapacidad y su familia puedan llevar a cabo una vida más autónoma y con mayor felicidad, fue que comencé a preguntarme de qué manera las constelaciones familiares podían contribuír  con dichos propósitos.

Muchos de ustedes se preguntarán “¿Qué son las constelaciones familiares? ¿De qué manera pueden ayudar a las personas con discapacidad y a su grupo familiar?”.
Iremos paso a paso en la explicación como para que nuestros lectores puedan ir comprendiendo.
Las constelaciones familiares son una herramienta sistémica-fenomenológica que se puede utilizar en todos los ámbitos de la vida. Fueron desarrolladas por Bert Hellinger, filósofo y terapeuta alemán. El sigue sosteniendo (aún cuando ya está “pisando” los 90 años de vida) que son una filosofía de vida.
En Argentina, este trabajo fue introducido hace 16 años por la Lic. Tiiu Bolzmann y su trabajo es reconocido, no sólo en todo el país, sino también en el continente americano y europeo.
Cuando decimos que es un trabajo “sistémico”, es porque vemos el conjunto formado por la persona y el sistema familiar del que forma parte. Este enfoque mira lo que le pasa a la persona y también lo que ocurrió en generaciones anteriores (los padres, abuelos o bisabuelos).
¿Quiénes están incluidos en el sistema familiar? Según Bert Hellinger, forman parte los hermanos (del consultante o, en el caso de consultar por un hijo, los hermanos de él), los padres y sus hermanos, los abuelos . También en algunos casos, los bisabuelos. Igualmente pertenecen personas que hayan perjudicado (por ejemplo en casos de estafas) o beneficiado (con una herencia) a la familia. También parejas anteriores.
Hay un aspecto muy interesante al que refiere Hellinger: “Todos tienen el mismo derecho a pertenecer a la familia”. Cuántas veces nos hemos encontrado con personas que, por ejemplo, se han peleado con un hermano y lo escuchamos decir: “Para mí, mi hermano murió, no existe”).
Algunas personas son excluidas de un sistema porque afectan la “buena imagen y los valores familiares”. Dentro de esta “categoría”, muchos consideran a las personas alcohólicas, jugadoras, drogadictas, ladronas, prostitutas, asesinas y también en muchos casos, quienes tienen una discapacidad suelen ser excluidos.
Hellinger dice: “…aquel que fue apartado o excluido… será imitado más adelante por un descendiente, sin que éste se dé cuenta. El se siente como el excluido, se comporta como él y a menudo termina como él…”1.
El autor refiere que la solución es incluir en nuestro corazón a quienes fueron excluidos (aunque aquellos que hayan cometido, por ejemplo delitos, se les deja la responsabilidad por sus actos).
Uno de los aportes originales de Hellinger fue el descubrir leyes del comportamiento humano, a las que llamó “Ordenes del Amor”. Y algo que nos ayudará a comprender mejor lo que ocurre en la familia es: primero viene el orden, es decir, que cada integrante de la familia ocupe su lugar (de padre, madre, hijo). De esta manera , la felicidad puede llegar y el amor también.
Esta breve introducción nos permite acercarnos a comprender algunas maneras en que los miembros de las familias pueden relacionarse (pudiendo detectar “orden” y “desorden”).
Y vamos a dar un paso más y atravesar este camino: la transformación que va teniendo el grupo familiar de la persona con discapacidad. 

Y podríamos pensar en algunos momentos importantes:
1) El diagnóstico médico que “nombra” lo que le ocurre al ser querido.
2) El proceso de tratamientos para mejorar calidad de vida y lograr habilitaciones o rehabilitaciones psicofísicas.
3) La relativa estabilidad y acostumbramiento y/o aceptación de la disfunción.

1) El primer momento, el de la confirmación de la discapacidad, suele tener un impacto emocional de tal magnitud, que puede producirse una alteración en los roles familiares.
Y este momento suele ocurrir de manera casi permanente, independientemente de la edad de la persona “afectada”. Y es entendible: los familiares tienen que elaborar sus propios sentimientos y, al mismo tiempo, buscar los tratamientos necesarios para que su ser querido pueda mejorar.
Si nos imaginamos una pareja de padres con un hijo pequeño al que le diagnosticaron una discapacidad (sensorial, física, intelectual), en muchos casos  afrontan juntos el dolor y permanecen más unidos tal vez que antes.
Pero también puede ocurrir que estos mismos padres centren tanto su atención en el hijo “especial” que, en caso de tener otros hijos, aunque sean más pequeños, éstos tengan que desarrollar un autocuidado mayor, y hasta “proteger” y ayudar al hermano con discapacidad (lo cual es muy bueno si de solidaridad se trata), pero llevado al extremo, podemos observar que a muchos hermanos les cuesta asumir sus propias necesidades y manifestarlas. 
“…Entre los hermanos también tiene un efecto profundo, porque los hijos sanos no se animan a retener su salud y a tomar plenamente su vi-da. Porque secretamente ellos se sienten culpables frente al hijo discapacitado, porque ese hijo tiene una desventaja y ellos una ventaja. Entonces ellos quieren compensar…”2.
También es bastante común que la mamá se ocupe personalmente del hijo que tiene la disfunción. En algunos casos esta actitud es vivida de manera extrema, pasando a ocupar (la atención de ese hijo) “el” motivo por el cual vivir, dejando muchas veces de lado los propios sueños y proyectos anteriores. 
En este caso, los “desórdenes” suelen producirse porque esta mamá deja poco a poco, de manera inconsciente, su rol de pareja. Y entonces puede sumarse un nuevo problema: que la pareja se separe.
Por supuesto que también hay hombres que no aceptan la discapacidad del hijo y abandonan pareja e hijos, ya que la situación los desborda. Y en estos casos, podemos encontrar como desorden familiar que el hijo “sano”, viendo sufrir a su mamá, quiera cuidarla (y entonces podría convertirse simbólicamente en padre de su madre). Entonces él, que es más chico que sus padres, no ocupa su rol de pequeño. 
2) En el transcurso de la etapa de tratamientos, los desórdenes descriptos pueden acentuarse, o también, a partir de los tratamientos encaminados, la familia puede volver a encontrar un equilibrio y disfrutar experiencias familiares en conjunto.
Pero cuando las dificultades en las relaciones familiares continúan y los desórdenes en los roles son una constante (aunque cada miembro tenga “buena voluntad” de hacer las cosas bien), puede ser el momento de recurrir al recurso de las constelaciones familiares. ¿Para qué?  Para que estos desórdenes puedan ser revelados (la familia no suele darse cuenta de que esto ocurre) y luego poder encontrar una nueva y mejor manera de relacionarse, donde cada uno ocupe su propio lugar en el sistema familiar. Asimismo, reconocer a aquellos que están excluidos en el sistema familiar (en algunas ocasiones puede ser la misma persona que tiene la dificultad) y poder darles un lugar, suele traer mucho alivio a todos los integrantes.
Hay un factor a tomar en cuenta que es muy importante: muchas veces la persona con discapacidad no sólo vivencia su dificultad, sino que, además, en caso de disfunciones en el grupo familiar, puede “cargar” con dificultades extras, como por ejemplo: que porque él tiene “ese problema” sus padres se peleen, o su papá se haya ido de la casa, o que su mamá llore mucho, o esté muy nerviosa, o que siempre lo reten a su hermano y a él lo defiendan.
Las situaciones pueden ser muchísimas. Partimos de la hipótesis de que si el sistema familiar de la persona que tiene la discapacidad está “en orden”, según el concepto de Bert Hellinger, ésta tendría mayores probabilidades de desarrollar las capacidades que sí tiene (al estar “liberada” de cargar con situaciones que no le pertenecen).
Las personas suelen hacer una consulta cuando se sienten trabadas o estancadas en alguna situación personal o relación difícil (aunque  han intentado solucionarlo ya muchas veces por diferentes caminos).
Suelo comparar la constelación familiar con una ecografía: se trata de una imagen interna y profunda. La persona toma contacto según su manera de ser. Y el trabajo (la constelación) puede resultar un impulso para que la persona continúe su propio proceso interno.
Se puede realizar a través de dos modalidades: en la consulta individual, o en talleres grupales, siendo ambas efectivas.
El pasaje al tercer momento, el de la aceptación e inclusión de la discapacidad, formando parte de la vida familiar, puede resultar más fluido y “natural” para todos.
Para concluir, la idea de este artículo es que los lectores conozcan la existencia de esta herramienta y cómo puede ayudar a que la familia transite el proceso de tener algún miembro con discapacidad de un modo más relajado: con relaciones entre los miembros más armoniosas, con el valor y la alegría de transitar todos juntos las circunstancias que la vida les trajo.
Finalmente tomemos en cuenta lo esencial: reconocer lo que es, y que cada uno se permita crecer en lo individual y creer que la felicidad es posible.

Adriana Goldemberg*

* La Lic. Adriana Goldemberg es psicóloga, psicomotricista, terapeuta en estimulación temprana. Consteladora Familiar (certificada por el Centro Latinoamericano de Constelaciones Familiares). Diplomada en Constelaciones Familiares por la Hellinger Sciencia de Alemania.
Contacto: adrimagol@hotmail.com
Facebook: Constelaciones Familiares y Discapacidad.

Notas:
1- Bert Hellinger: “El manantial no tiene que preguntar por el camino” (Edit. Alma Lepik).
2- Bert Hellinger, op. cit.

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