jueves, 7 de abril de 2016

Neuroeducación, aprendizaje y discapacidad



Llama la atención de los investigadores en el campo educativo que cada año se observa un incremento en el número de niños y adolescentes con problemas en ese sentido. Los seguidores de la reciente disciplina de la Neuroeducación afirman que ello se debe a que el sistema de educación desconoce cómo funciona el cerebro y no tiene presente su evolución. Proponen la utilización de sus teorías como una solución para una mejora cualitativa de la educación, lo que podría resultar beneficioso para la población general y también para buena parte de aquella que porta una discapacidad.

Se sabe desde hace mucho tiempo que el cerebro humano posee una particular complejidad.

Las Neurociencias son el conjunto de disciplinas que intentan develar la estructura, la función, el desarrollo de la bioquímica, la farmacología y la patología del sistema nervioso, cuál es su composición y cómo sus distintas partes se interrelacionan, dando lugar a las bases biológicas de la conducta.
Su evolución parte desde los primitivos estudios realizados por diversos científicos desde fines del siglo XVIII, pasando por el sorprendente descubrimiento de Herman von Helmholtz, quien hacia 1859 logró establecer que la actividad eléctrica de los axones no era un producto secundario de las neuronas (nombre que les puso el científico español Ramón y Cajal a comienzos del siglo XX) sino que era a través de ello que transmitían información entre estas células, en una escalada que, como ocurre con toda la ciencia, suma, corrige, interrelaciona y reformula teorías anteriores para establecer conjuntos de conocimiento más extensos y complejos.
Limitadas en sus albores a formulaciones parciales y puntuales, el paso del tiempo ha hecho que las Neurociencias comenzaran a arrojar luz sobre innumerables cuestiones (aprendizaje, memoria, patología del sistema nervioso, comportamiento, etc.).
Pese a que aun no se ha logrado desentrañar del todo el funcionamiento concreto del sistema, sin embargo, el conjunto de conocimientos sistematizado, mientras continúa esa búsqueda nodal, ha comenzado a brindar, desde hace algunas décadas, nuevas soluciones a viejos problemas, al tiempo que dialoga con otras disciplinas para hallar respuestas a distintas cuestiones.
De esa interrelación entre Educación y Neurociencia, más el aporte de otras muchas, es que surge ese nuevo campo del conocimiento que se denomina Neuroeducación.
Es una constante histórica que el tema de cómo educar ha despertado polémicas, marchas y contramarchas, experimentos efímeros, apoyaturas en diversas ciencias y campos del conocimiento, en teorías pedagógicas, sociológicas, políticas y hasta religiosas, y muchísimas otras perspectivas que han mostrado a lo largo de los años sus fortalezas y sus flaquezas.
Un aspecto negativo de todas estas corrientes es que prácticamente ninguna ha tenido en cuenta un aspecto central: ¿qué es lo que se transforma? Es decir, en casi todas las formulaciones pedagógicas no se ha considerado al cerebro como un todo.
Muy probablemente, esto no se deba a la desidia de los teóricos de ese campo, sino a que, como ocurre en todas las áreas del saber, solamente se puede utilizar la información de la que se dispone en un momento histórico dado.
Es por ello que esta nueva disciplina que se nomina como Neuroeducación, conjunción de Neurociencias, Pedagogía y Psicología, hace eclosión recientemente, es decir, cuando se posee un mayor conocimiento que permite establecer con bastante certeza cómo se producen determinados procesos en la bioquímica cerebral que habilitan a delinear un abordaje distinto del complejo proceso educativo.
El cerebro es donde se encuentran las habilidades que se busca potenciar mediante la Educación, la que, por otro lado, no consiste únicamente en la transmisión de contenidos académicos, sino que comprende un amplio abanico que incluye todas las actividades que un ser humano es capaz de realizar, desde las más básicas (alimentarse, vestirse, hablar, etc.) hasta las más complicadas (razonamiento abstracto).
A su vez, esa transmisión no es aséptica, es decir, en cualquier procedimiento educativo se ponen en juego otros elementos constitutivos de las personas, además de los cognitivos y de la razón, tales como los referidos a lo emocional, social, físico, espiritual, etc., que también residen en el cerebro.
Se señala que los altos índices de niños y adolescentes que no logran una adecuada competencia en áreas básicas de la Educación formal como las referidas a lectura, escritura y cálculo se deben a que buena parte de la metodología de la enseñanza desconoce cómo se producen los procesos en el interior del cerebro.
Al no tenerse en cuenta cómo es que se reciben los estímulos y cómo se procesan, estandarizando la currícula y empleando planes de estudio y metodologías anacrónicos, muchos de estos últimos no resultan adecuados a la realidad de aprendizaje y de memoria del cerebro, e incluso compiten en desventaja respecto de otras fuentes educativas no sistemáticas.
La ventaja principal de la Neuroeducación es que atiende a esos aspectos desconocidos o desestimados usualmente por la educación formal, en la que los seres humanos pasamos miles de horas para adquirir conocimientos complejos.
Otro punto importante es que da valor no solamente a los aspectos fisiológicos cerebrales, como alguna visión reduccionista plantea, sino que tiene en cuenta las variables genéticas y las ambientales, es decir, aquellas que ubican a la persona en un tiempo y un lugar determinados, ponderando las circunstancias personales de cada individuo.
También señala que el cerebro se halla en constante adquisición de nuevos conocimientos a lo largo de toda la vida y que es capaz de enseñarse a sí mismo.
Pese a que su anatomía y su funcionalidad sea común a todos, cada uno es único y es capaz de aprender de diversas maneras, aunque tiende a preferir determinadas formas.
Para ello actúa como un filtro de los innumerables estímulos a los que la persona está expuesta, desechando los que no resultan pertinentes, según las circunstancias, y atesorando aquellos otros que sean importantes.
Se aprende a través de patrones, los detecta, los incorpora y se los utiliza cuando se reconocen situaciones similares o pertinentes.
Al mismo tiempo, las emociones juegan un papel importante en la jerarquización y en la fijación de los conocimientos, ello en forma positiva o negativa, según sea la carga afectiva asociada.
Es un error disociar el cuerpo del cerebro, dado que conforman partes de un todo que se necesitan mutuamente. Además de tratarse de la vía de entrada de la información a través de los sentidos, el estado físico y la nutrición de la persona influyen en el aprendizaje, así como el sueño también cumple un rol importante, al permitir el descanso de ambos.
Las Neurociencias, por sí mismas, no tienen la pretensión de suplantar a la Educación, sino que brindan herramientas de las que esta última puede valerse, como lo hace respecto de muchas otras disciplinas, para mejorar su perfomance, abriendo el abanico de posibilidades con las que cuentan los educadores.
La Neuroeducación también apunta que el cerebro posee una capacidad enorme pero limitada (de ahí también la importancia de las discriminación de los estímulos) y que la habilidad de incorporar, conservar y recordar las experiencias depende de factores endógenos y exógenos.
La memoria es una de las funciones principales en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en muchas ocasiones necesita de reforzamientos para lograr la fijación de contenidos. La atención es otra variable importante, puesto que necesita ser conducida hacia aquello que se quiere enseñar para que se almacene. Por ello las reiteraciones monótonas, las formulaciones complejas sin respetar la capacidad del receptor y la transmisión desmotivada, entre otros factores, suelen entorpecer la adquisición de conocimientos.
También el estrés es un elemento perturbador. Además del que se puede producir en el educando por situaciones personales/sociales, las formas de evaluación rigurosas y estructuradas pueden atentar contra el fin buscado.

Neuroeducación, problemas de aprendizaje y discapacidad
Las estrategias que pone en juego la Neuroeducación implican abordar desde una posición más amplia los problemas de aprendizaje, asociados o no con alguna discapacidad.
Los que siguen esta corriente afirman que la estandarización de la currícula, de los procedimientos y la mecanización del proceso de enseñanza-aprendizaje conducen al desaprovechamiento de las capacidades potenciales del cerebro por desconocer aquello que la educación intenta transformar.
E incluso van más lejos: creen que buena parte de aquello que globalmente se conoce como problemas de aprendizaje, que parece incrementarse con el transcurso de los años, se debe no tanto (o no solamente) a las dificultades individuales de los educandos, sino a la forma en que se les enseña.
Según este punto de vista, la alta ponderación de ciertas habilidades (lectura, escritura, cálculo, memoria) y el relegamiento a segundo plano de otras (música, pintura, expresión corporal, etc.) desemboca en que el proceso educativo no sea todo lo efectivo que podría ser.
También señalan que la Neuroeducación en la educación formal llega un poco tarde, puesto que, si bien el ser humano continúa aprendiendo en el transcurso de toda la vida, el período basal, en el que el cerebro es más plástico y cuando se establece el tramado neuronal, se desarrolla ya desde el útero materno y a lo largo de los primeros años de la vida. De allí la importancia de la estimulación temprana.
A través de esta disciplina reciente, y teniendo en cuenta las capacidades de cada individuo, al comprender cómo se desarrolla el proceso de aprendizaje dentro del cerebro, se brindan los medios para mejorar las falencias y potenciar las fortalezas de cada persona.
Por ejemplo, ante un niño que presenta problemas de escritura pero logra una buena expresión musical, pueden desarrollarse estrategias para que se priorice esa forma y se la vaya asociando con la escritura.
En realidad, se postula desde la Neuroeducación que no existen planes maestros o fórmulas universales, sino que, conociendo cómo se da el funcionamiento cerebral general y atendiendo a las particularidades de cada uno, se busquen aquellos métodos que permitan trabajar las áreas que presentan dificultades, no desde la repetición machacona, sino a partir de las capacidades que presenta cada individuo y asociando ingredientes que despierten el interés, como la estimulación, la sorpresa, la experimentación, la participación, creando climas positivos y todo aquello que coadyuve a lograr los objetivos grupales y personales.
Asimismo, explican que aquellos niños y adolescentes con discapacidades que afecten sus conductas, su capacidad mental, su atención y muchos otros aspectos que hacen a sus limitaciones en el campo educativo también pueden beneficiarse de las herramientas que las Neurociencias ponen a disposición de los educadores, dado que la inmensa mayoría de ellos puede mejorar notablemente si se implementan las estrategias adecuadas a la realidad de cada uno, teniendo en cuenta las particularidades propias que produce su condición en el cerebro.
Ello es así porque las Neurociencias investigan, además de lo referente al cerebro considerado normal, las peculiaridades de aquellos afectados por distintos problemas, tales como dislexia, discalculia, ADD, Autismo, déficits cognitivos y muchos otros, lo que puede ser aprovechado por los educadores para que sus métodos y estrategias de enseñanza resulten más acordes con cada una de las diferentes problemáticas que presentan millones de niños y jóvenes en el mundo.
Como puede apreciarse, la Neuroeducación aporta un cúmulo de conocimientos para que la ecuación enseñanza-aprendizaje se adecue a las necesidades del educando, resultando mucho más plástica y adaptable, según sus seguidores, a la realidad concreta de todas y cada una de las personas, comprendiendo no solamente aspectos genéticos, funcionales y orgánicos, sino también los que provienen del ambiente y de las circunstancias que rodean a la persona, sin descuidar aspectos emocionales, conductuales y muchos otros, tomando a cada ser humano en su diversidad, potenciando sus habilidades, posean discapacidad o no.
Un aspecto central en esta reciente disciplina es el rol del educador.
Lejos de proponer que los docentes o quienes cumplan esa función deban ser expertos en Neurociencias, sí se requiere que estos tengan los conocimientos básicos que les permitan reconocer los problemas y las capacidades de sus alumnos para ser capaces de adecuar sus metodologías de enseñanza y crear el ambiente propicio de manera que permitan que todos puedan desarrollar sus potencialidades hasta el máximo, al tiempo de incorporar las innovaciones tecnológicas y de cualquier otro tipo que resulten facilitadoras, lo que implica que los propios educadores acepten plenamente lo que se sabe desde hace tiempo: que el proceso de enseñanza-aprendizaje es un camino de dos vías, un ida y vuelta que beneficia a ambos lados.
Para ello, también resulta vital el rol de las autoridades educativas, que debieran brindar capacitación a sus agentes para trasformar la forma de adquisición del tesoro más invaluable de la Humanidad: el conocimiento.

Conclusión
Hacia el año 2000 se reunió el Foro Mundial sobre la Educación en Dakar, Senegal, donde los representantes de 164 países acordaron cumplir con 6 objetivos para el año 2015. Sintéticamente, ellos son: extender y mejorar la protección y educación integrales de la primera infancia, especialmente para los niños más vulnerables y desfavorecidos; velar por que antes del año 2015 todos los niños, y sobre todo las niñas y los niños que se encuentran en situaciones difíciles, tengan acceso a una enseñanza primaria gratuita y obligatoria de buena calidad y la terminen; velar por que las necesidades de aprendizaje de todos los jóvenes y adultos se satisfagan mediante un acceso equitativo a un aprendizaje adecuado y a programas de preparación para la vida activa; reducir el analfabetismo al 50%; suprimir las desigualdades de género en la educación; mejorar todos los aspectos cualitativos de la educación, garantizando los parámetros más elevados, para conseguir resultados de aprendizaje reconocidos y mensurables, especialmente en lectura, escritura, aritmética y competencias prácticas.
Parece obvio destacar que esos objetivos, al menos globalmente, no se cumplieron plenamente.
La Neuroeducación parece ser una buena herramienta para cumplir los objetivos de la Unesco para 2030, muy similares a los planteados para quince años antes, pero con un agregado fundamental: “Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

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