miércoles, 4 de mayo de 2016

Los guantes que traducen el lenguaje de señas a palabras


La ficción inspiró un nuevo invento de la Universidad San Buenaventura que, de salir de los laboratorios, podría revolucionar la forma en la que se comunican personas sordas y oyentes.
En 2010, Andrés Mauricio Cárdenas, director del programa de Ingeniería Eléctrica de esta institución, meditaba con sus estudiantes del semillero de investigación en Robótica Móvil qué ideas podrían materializarse en inventos útiles para la sociedad.
Cárdenas recordó a Congo, una película de 1995, inspirada en la novela del mismo nombre del escritor norteamericano Michael Crichton. En esta, dos primatólogos enseñan la comunicación humana a un gorila llamada Amy mediante una mochila especial y unos guantes. Con este dispositivo, que entonces era exclusivo de creaciones futuristas, el lenguaje de señas se traducía a una voz digitalizada.
“Lo discutimos. Era obvio que era ciencia ficción, sonaba complicado, pero entendimos que en este momento la tecnología nos permite pensar en ese tipo de soluciones”, agrega el ingeniero.
Desarrollar una versión alfa de un guante como el de la gorila Amy ha tardado cinco años. Al principio, Cárdenas y su equipo de estudiantes pensaban que con solo unos sensores lograrían resolver el problema de comunicación que tienen los sordos con personas que desconocen su lenguaje de señas.
Sin embargo, encontraron que había que entender el funcionamiento de las manos, la armonía de sus movimientos y las partes del cuerpo implicadas a la hora de expresar: desde los hombros hasta la punta de los dedos, el rostro y el cuello.
También encontraron que el lenguaje de señas varía para cada país; que este, para el caso de Colombia, no es una simple codificación o caracterización, sino una lengua reconocida en 1996 por el expresidente Ernesto Samper, que además posee dialectos y tiene su propio sistema de reglas gramaticales y pragmáticas. Para tal nivel de complejidad, era claro que había que aprenderlo antes de pensar en cualquier herramienta tecnológica.
Así las cosas, mediante tutoriales de video y un diccionario básico de la lengua de señas colombiana, publicado por el Ministerio de Educación, el grupo de robótica desarrolló una primera versión del guante. Era poco estético, funcionaba a medias, pero interpretaba palabras. Entonces, en 2010, ese fue un primer logro.
Luego, llamaron a comunidades sordas, específicamente a la Institución Educativa Francisco Luis Hernández Betancur, un colegio que integra a estudiantes con y sin discapacidad sensorial (sordera y ceguera). Además, trabajaron con psicólogos para analizar los movimientos de las manos, las flexiones de los dedos, las muñecas y los hombros.
“Eso nos dio pistas, encontramos que las señas eran simétricas: la mano derecha y la izquierda se mueven armónicamente en el lenguaje de señas. Con esto entendimos que no bastaba con un guante, sino que se necesitaban dos”, cuenta Cárdenas.
Las primeras cuatro versiones del prototipo fueron con un solo guante y la interpretación se ejecutaba mediante un computador corriente. Ahora, una quinta versión, que el equipo llamó Alfa, funciona con una pequeña caja del tamaño de un celular, que en realidad es un computador de solo 120 gramos.
El guante actual cubre todo el tronco y los brazos. Se trata de una prenda cómoda, que se utiliza por fuera de la ropa y que cuenta con dos parlantes flexibles a la altura del pecho. El traje se conecta al computador, que a su vez tiene múltiples circuitos integrados capaces de captar la señal emitida por el interlocutor, de reconocerlas y de traducirlas en palabras habladas para el receptor.
El interlocutor, incluso, puede elegir la voz, de acuerdo con sus características: niño o niña y adulto o adulta. En un próximo prototipo, expone Cárdenas, lo ideal es que la persona pueda elegir de una gama mucho más amplia de tonos de voz, con el fin de que el dispositivo lo identifique mucho mejor.
“El propósito es brindarle al sordo la posibilidad de comunicarse, pero entendemos que con nuestra herramienta solo ellos se pueden comunicar nosotros”, cuenta el director del programa de Ingería Eléctrica y añade que por eso se encuentran trabajando el otro sentido de comunicación. Se trata de un micrófono que está dentro del guante, reconoce la voz del receptor, la convierte en texto para que el sordo pueda leerlo.
Más allá de la posibilidad de abrir puertas a través de la comunicación, Cárdenas manifiesta que la herramienta permite resolver problemas en las familias donde hay sordos. Según ha podido encontrar en su investigación de cinco años, los niños se sienten “en su mundo” cuando van a colegios incluyentes, pero al llegar a casa, muchas veces tienen padres que no entienden su lenguaje y eso dificulta su aprendizaje y sus formas de relacionarse.
Por ahora, los guantes se están probando en tres personas: en Elizabeth, una niña sorda de 10 años que estudia en la Institución Educativa Francisco Luis Hernández Betancur; en una intérprete de la lengua de señas, y en un experto en el modelo lingüístico.
Los resultados son satisfactorios. La comunicación es fluida e incluso un ciego del colegio con el que trabajan les manifestó gratitud por el invento:“Por fin voy a poder comunicarme con los sordos”, cuenta Cárdenas que le expresaron.
Al investigador le queda la sensación de que hacer tecnología en Colombia es difícil.
“Un celular sale cada año al mercado, con millones de dólares y años de inversión. Nosotros llevamos cinco años investigando con 300 millones de pesos invertidos, y estamos súper atrasados, a lo que se suma que es muy difícil encontrar apoyo, porque el tema no le parece atractivo a muchos”, dice.
El reto ahora es conseguir recursos para mejorar la versión actual del dispositivo. Esto significa usar para el traje hilos cubiertos de metal que permitan enviar las señales eléctricas, y no de cobre, con el fin de reducir el peso de la prenda.
Asimismo, los investigadores, que también diseñaron un instrumento musical para sordos capaz de estimular el resto de sentidos y de generar sensaciones, quieren reducir los límites en la traducción que hace la herramienta.
Hay verbos y conectores que no existen o que implican el movimiento de otras partes del cuerpo diferentes a las manos, como la cara o la lengua, y que significarán nuevas búsquedas y descubrimientos para el grupo. MEDELLÍN

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