martes, 21 de febrero de 2017

¿Cómo sueñan las personas ciegas? ¿Sueñan con imágenes?

En los sueños de los videntes, se sabe que las imágenes visuales son la forma principal, acompañadas por las de los demás sentidos. ¿Cómo sueñan aquellos que no pueden ver? ¿Hay diferencias entre quienes nacieron con la dificultad y quienes la adquirieron luego? Y en las personas que conservan restos visuales, ¿cómo son las imágenes de sus sueños?

El sueño

Todas las personas sueñan. Esta afirmación no necesita de confirmación alguna, puesto que todos y cada uno de nosotros sabemos que es así por experiencia propia.
El sueño es un objeto de estudio que preocupó y preocupa a varias disciplinas, dada su importancia central en la vida humana, ya que si se privara a alguien de su función reparadora, ello conduciría a la muerte y, sin llegar a tal extremo, su insuficiencia o la interrupción del ciclo normal produce alteraciones a todo nivel, tales como cansancio físico, menor rendimiento intelectual, cambios conductuales, problemas de memoria, inconvenientes para la concentración, etc.
Usualmente vivimos el sueño como un proceso único, aunque diferentes estudios han demostrado que, en realidad, se trata de una serie de ciclos que, a su vez, se dividen en fases.
Estas últimas se componen de una etapa denominada REM (por Rapid Eyes Movements, movimiento rápido de los ojos) y otras cuatro noREM.
La primera fase implica la transición de la vigilia al sueño. Allí se inicia la distensión muscular, la respiración se hace más lenta y comienza a disminuir la actividad cerebral. Tiene una duración de 30 segundos a unos pocos minutos y se reinicia si el sujeto se despierta y vuelve a dormirse.
La segunda es una profundización de la anterior, con una extensión aproximada de una hora, además de bajar la temperatura corporal.
En la tercera y la cuarta se constata el máximo decrecimiento de la actividad cerebral, en las cuales el sueño es más profundo, al extremo que se necesitan estímulos considerables para despertar.
Luego interviene el sueño REM, que se caracteriza por ser la etapa en la que se produce la actividad onírica. Si bien en él se verifica la ausencia de tono muscular, el resto de las funciones corporales y vegetativas se reactivan. Tanto la presión arterial como la frecuencia cardiaca, la respiratoria, la temperatura corporal y el consumo de oxígeno son muy similares a los del estado de vigilia.
Este ciclo de cinco fases se repite cuatro o cinco veces por noche, con una duración estimada entre los 90 y los 120 minutos cada uno.
La fase 1 ocupa entre el 2 y el 5% del tiempo del sueño, mientras que la 2 toma del 45 al 50%; a su vez, la combinación de la 3 y 4 lleva del 18 al 25%, mientras que el sueño REM transcurre durante el 20 y el 25% del sueño.
Además de la teoría freudiana de que los sueños representan deseos inconscientes reprimidos durante la vigilia y la junguiana, según la cual el sueño tiene una función compensadora y educativa, y de algunas otras provenientes de la Psicología y de las ciencias del comportamiento, hay distintas explicaciones de las funciones que cumplen estos ciclos que componen el dormir humano (y el de algunos animales, sobre todo los mamíferos).
En este sentido, la teoría de la conservación de la energía pone el acento en que se trataría de una forma de compensar el gasto. Ello se debe a la necesidad de acopiar la que se consumirá durante el día, que debe acumularse durante el estado de reposo y por ello durante buena parte del sueño se reducen las funciones corporales a niveles bajos, que algunos comparan con el estado de hibernación.
Por otro lado, la teoría de la reparación explica lo contrario: en lugar de almacenar energía para lo que viene, se trata de reponer la que se gastó previamente, dando descanso al cuerpo y a la mente, en busca de compensar el dispendio físico y cerebral que se realizó con anterioridad.
Como puede apreciarse, en realidad una y otra no difieren en lo sustancial.
A su vez, otra de las funciones que cumple el sueño sería consolidar la memoria, que se produciría durante el sueño REM, que, según sus defensores, se demuestran a través de estudios que han señalado una mayor actividad cerebral en las áreas cerebrales que gestionan la memoria y las emociones, mientras que las restantes permanecen relativamente inactivas.
También existen otras que plantean al sueño como una forma de preparar al sujeto para adaptarse mejor al medio, garantizando la supervivencia; otras que remarcan su importancia en la maduración y la protección cerebral; las que señalan que durante ese tiempo se produce la destoxificación cerebral, dado que las neuronas se contraen y permiten que el líquido cefalorraquídeo arrastre y ayude a eliminar los restos celulares y otras impurezas presentes en el cerebro.
Más que contradictorias, las distintas teorías que explican para qué sirve el sueño parecen ser complementarias.

Sueño y personas ciegas

Si alguien se preguntara si aquellos que no pueden ver sueñan, la respuesta es un contundente sí, todos, tengan esa condición desde el nacimiento o resulte adquirida en un momento posterior. El cómo es otra cuestión.
Aunque existen distintas técnicas y aparatos para medir desde la actividad cerebral hasta el movimiento de los ojos, al menos hasta el presente, no hay forma de saber cómo ni qué soñó una persona si no es a través de su relato.
Por otro lado, una de las características de los sueños es que, aunque algunos de ellos puedan ser vívidos y hasta aterrorizantes, tienden a difuminarse al despertar y solamente se recuerdan fragmentos o sensaciones, además mediados por elaboraciones secundarias que quitan o agregan contenido.
En ese sentido, las personas ciegas no difieren de las que no lo son.
En los sueños de los videntes, las imágenes visuales son el componente más importante, acompañadas por las de los demás sentidos.
En lo que respecta a las personas con discapacidad visual, la respuesta no es unívoca.
Distintos estudios señalan que aquellos que han nacido sin el desarrollo de ese sentido no sueñan con imágenes. Otro tanto parece ocurrir con quienes perdieron la facultad de la vista alrededor de los cinco años.
Esto se explica porque se cree que la imaginería mental recién se constituye en forma completa entre los 4 y los 7 años. Es por ello que, salvo raras excepciones, las imágenes no forman parte de los sueños de este colectivo, dado que no poseen referencias visuales que puedan producirlas.
Distinto es el caso de aquellos cuya pérdida se produce después de la edad mencionada.
En ese sentido, parece haber una relación entre el tiempo en que la persona fue capaz de ver y el sueño con imágenes, lo que implica que, como tendencia, cuanto más tardíamente se haya producido el evento privativo, se soñará durante más tiempo con imágenes. De todas maneras, es una facultad que, generalmente, se va perdiendo con el paso de los años hasta desaparecer casi por completo.
En quienes se hallan totalmente privados de la visión se da una circunstancia especial, que no se halla en los videntes: la falta de actividad motora ocular característica de la fase REM del sueño. La explicación que se da sobre este fenómeno es que dicho movimiento se produce como efecto de que los ojos se activan ante las imágenes visuales oníricas, como si estuvieran escaneando el escenario del mundo de ensueño, tal como ocurre en la vigilia. Al no producirse ese tipo de figuras en el sueño de los ciegos, tal actividad no aparece, ya que es innecesaria.
A su vez, las personas que tienen problemas de visión, como, por ejemplo, las que por distintos motivos ven imágenes o colores distorsionados, reportan que las que aparecen mientras duermen poseen los mismos defectos que los observados en la vida diurna.
Entonces surge la pregunta acerca de cómo sueñan las personas completamente ciegas.
Diversos estudios y testimonios dan cuenta de ello.
En ese sentido, se señala que estas personas acuden a los demás sentidos en sus sueños. Es por ello que sus representaciones oníricas se relacionan con el tacto, el sonido y el olfato.
Esto no implica que la calidad de su soñar sea menor que la del resto de la población, puesto que sus emociones y sus efectos son similares a las de cualquier otro, aunque se reportan algunas diferencias.
Un trabajo de investigación publicado en mayo de 2014 en la revista científica ScienceDirect da cuenta de algunas de las particularidades.
Para ello se reclutaron 50 adultos, 11 de los cuales eran ciegos de nacimiento, 14 adquirieron tal condición después del año de vida y otros 25 con visión normal.
Durante cuatro semanas, los participantes se comprometieron a llenar un formulario vía computadora contestando ciertas preguntas respecto de sus sueños inmediatamente después de despertar.
El cuestionario comprendía: “¿Vio algo? Si ello ocurrió, ¿estaba en colores? ¿Tuvo sensaciones gustativas? ¿Olfativas? ¿Estaba enojado? ¿Triste? ¿Temeroso? ¿Interactuó con alguien? ¿Sintió que fallaba en algo? ¿El sueño era realista o bizarro?”, entre otras, que incluían indicar si se sufrieron pesadillas.
Los resultados mostraron que entre quienes tenían una visión normal, la mayor parte de sus sueños contenían imágenes visuales, mientras ninguno de aquellos con falta de visión congénita reportaron tal situación. Por su parte, los resultados de los que adquirieron la ceguera posteriormente demostraron la relación entre tiempo de visión normal-imágenes visuales en el sueño.
A su vez, el 18% de los ciegos de ambas clases señalaron haber soñado con sensaciones gustativas, mientras que en el grupo de control solamente el 7%.
En lo que respecta al olfato, el 30% de los primeros manifestó haberlas tenido, contra el 15% de los segundos.
Las sensaciones táctiles también tuvieron mayor preponderancia en las personas ciegas: el 70% contra el 45% y lo mismo ocurrió respecto de las auditivas, en una relación de 86% a 64%.
Las diferencias se incrementaron al considerar solamente a los casos congénitos, donde los porcentajes alcanzaron al 26 respecto del gusto, 40 para el olfato y 93 en la audición, con un leve descenso respecto del tacto, con un 67%.
También en lo que hace a las pesadillas este subgrupo presenta un índice mayor, dado que el 25% de ellos asentó haberlas tenido, contra un 7% de los tardíos y un 6% del grupo de control.
Los investigadores no saben exactamente por qué ocurre ello, pero, basándose en las teorías sobre la función que cumplen las pesadillas, arriesgaron que puede tratarse de simulaciones de peligro, una manera inofensiva mediante la cual los seres humanos pueden adaptarse a los riesgos de la vida, una forma de ensayar las amenazas de la vida cotidiana para poder lidiar con ellas.
En lo concerniente al contenido, existen diversos testimonios de personas ciegas que dan cuenta de ello.
Algunos explican que sus sueños suelen ser repetitivos. Otros que sueñan con las mismas actividades que realizan. En algunos casos, si bien no pueden ver, de alguna manera llegan a superar sus limitaciones, como, por ejemplo, caminar sin la ayuda de su bastón. Muchos de ellos manifiestan que sus sueños son conversaciones con otras personas, conocidas, reales o imaginarias. Incluso algunos sueñan con acontecimientos de su vida diurna, con algo que leyeron, escucharon o que les sucedió.
Las pesadillas más usuales incluyen no poder hallar algún objeto, no encontrar a su perro-guía, estar perdidos en un lugar desconocido o estar desprotegidos, entre otras.
En ese sentido, en la investigación danesas citada su directora, la Dra. AmaniMeaidi, explica que: “El estudio confirma una hipótesis ya existente de que las pesadillas se encuentran asociadas a las emociones que experimentan cuando están despiertas. Y la gente ciega aparentemente experimenta situaciones más amenazantes o peligrosas durante el día que las personas con visión normal”.
También señala que aquellos cuya ceguera es congénita tienden a ser más temerosos que los que alguna vez vieron, lo que explicaría por qué son más propensos a tener pesadillas y que ellas las ayudan para poder procesarlas y desenvolverse mejor en la vida diurna.
En lo que concierne a los problemas del sueño, no se reportan problemáticas distintas en este colectivo comparado con la población general, salvo en un porcentaje relativamente pequeño, afectado por el trastorno del ciclo sueño-vigilia, que se señala que proviene del desajuste entre el ritmo biológico y el ciclo diario de 24 horas. Suele perturbar más a quienes portan una ceguera total, se cree que ello se debe a que no perciben la luz y es controlable, sea por medicamentos o por el establecimiento de rutinas que compensen el desfasaje.

Conclusiones

Las personas ciegas sueñan. Y no solamente eso, sino que el sueño cumple en ellas exactamente las mismas funciones que en el resto de la población.
Pudiera parecer que su tendencia a sufrir más pesadillas fuera un aspecto negativo, pero, lejos de ello, proveen a estas personas de herramientas para desenvolverse mejor durante la vigilia.
Un dato interesante al respecto es que en las investigaciones que se realizan sobre los aspectos del sueño de las personas ciegas, sus participantes se muestran sorprendidos de que las demás tengan menos pesadillas.

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