viernes, 24 de febrero de 2017

Terapia Ocupacional y demencias.


En el caso de las personas que padecen demencia la alteración de las áreas cognitivas (memoria, atención, orientación, percepción,…) acaban influyendo en el resto de funciones de la persona y dificultando la realización de las ocupaciones que venían desempeñando durante toda su vida. Es entonces cuando comienza una disfunción en el área ocupacional.
Como terapeutas ocupacionales nos preguntamos: ¿qué puedo hacer por y con el paciente?
En el ámbito de las demencias, la terapia ocupacional tiene dos objetivos primordiales, por un lado el de enlentecer el deterioro cognitivo y conservar y/o recuperar aquellas capacidades, habilidades y destrezas afectadas que dificultan la autonomía de la persona; y por otro lado aumentar la calidad de vida y el bienestar personal tanto del paciente que sufre la demencia como la del cuidador.
El terapeuta ocupacional comienza su intervención con una evaluación exhaustiva de la persona con demencia, valorando las áreas ocupacionales (autocuidado, productiva, ocio y tiempo libre), los componentes ocupacionales (capacidades cognitivas, motoras, sensoriales y psicosociales) y los contextos ocupacionales (ambiente donde tiene lugar la ocupación).
Una vez se ha valorado a la persona se desarrollan programas de intervención integral individualizados, que se van adaptando a medida que evoluciona la enfermedad.
La intervención se basa en el uso de terapias no farmacológicas (TNF´s), siendo definidas como aquellas intervenciones no químicas, teóricamente demostrables, que demuestran un efecto beneficioso tanto en la persona con demencia como en el cuidador. Las terapias no farmacológicas se utilizan para enlentecer el deterioro y conservar y/o recuperar aquellas capacidades afectadas que frenan la independencia ocupacional.
Si bien, para poder trabajar de una forma más óptima es fundamental fomentar y apoyar el nivel de ocupación de la persona de acuerdo con los problemas que aparecen en cada fase de la demencia. Un estilo de vida activo evita la aparición patrones negativos, tales como: sedentarismo, sentimientos de inutilidad, ansiedad, conductas problemáticas como gritos, agresividad, vagabundeo…, y contribuye al establecimiento de rutinas, de roles, a fomentar el sentimiento de utilidad y aumentar la autonomía y el bienestar personal.
 Mª Carmen Baquedano Ruiz
Diplomada en Terapia Ocupacional por la Universidad de Zaragoza (2005-2008)

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