viernes, 23 de marzo de 2018

El pueblo donde uno de cada cuatro habitantes tiene una discapacidad

Discapacitados
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En Karangpatihan, una remota población ubicada en el sur de Indonesia, uno de cada cuatro personas sufre de alguna discapacidad.
Y durante años nadie se hizo cargo de ellos. Hasta que un hombre cambió sus vidas: Eko Mulyadi, quien fue elegido líder el año pasado.
"Nunca quise ser la cabeza de la familia. Nunca fue mi ambición. Pero una noche un joven me despertó y me llevó a un cuarto donde estaban todos los habitantes del pueblo. Y allí me dijeron: 'Queremos que seas nuestro líder'".
La casa de Mulyadi es un lugar donde la mayoría de los discapacitados pasan el día.
Uno de sus visitantes más asiduos es Duey, un hombre que no puede hablar. Él viene la mayoría de los días a pasar el rato junto a la esposa de Mulyadi y sus hijas.
En Karangpatihan, una remota población ubicada en el sur de Indonesia, uno de cada cuatro personas sufre de alguna discapacidad.
Y durante años nadie se hizo cargo de ellos. Hasta que un hombre cambió sus vidas: Eko Mulyadi, quien fue elegido líder el año pasado.
"Nunca quise ser la cabeza de la familia. Nunca fue mi ambición. Pero una noche un joven me despertó y me llevó a un cuarto donde estaban todos los habitantes del pueblo. Y allí me dijeron: 'Queremos que seas nuestro líder'".
La casa de Mulyadi es un lugar donde la mayoría de los discapacitados pasan el día.
Uno de sus visitantes más asiduos es Duey, un hombre que no puede hablar. Él viene la mayoría de los días a pasar el rato junto a la esposa de Mulyadi y sus hijas.
"Y aquí no había doctores. No fue hasta que estos niños cumplieron 4 o 5 años que se dieron cuenta que no eran como los otros niños", añadió.

Amistad eterna

Debido a la extrema pobreza de la zona, no pudieron tener asistencia médica o psicológica para atender este problema. Muchos de esos niños se convirtieron en marginales que a nadie parecían importarle.
Uno de los afectados fue Duey, que fue llevado a la casa de Mulyadi cuando ambos eran unos niños. Poco a poco, con el trato, Mulyadi supo descifrar lo que él quería decirle con los gestos y los extraños sonidos de su boca.
"Se convirtió en mi amigo y, como yo era uno de los pocos chicos que iba a la escuela, la gente comenzó a verlo como una persona normal", relata Mulyadi.

"Entonces me di cuenta que el problema no es que las familias no quisiesen a estos niños, sino que no sabían qué hacer con ellos. Simplemente les daban comida y ya", agrega.
"Y aquí no había doctores. No fue hasta que estos niños cumplieron 4 o 5 años que se dieron cuenta que no eran como los otros niños", añadió.

Amistad eterna

Debido a la extrema pobreza de la zona, no pudieron tener asistencia médica o psicológica para atender este problema. Muchos de esos niños se convirtieron en marginales que a nadie parecían importarle.
Uno de los afectados fue Duey, que fue llevado a la casa de Mulyadi cuando ambos eran unos niños. Poco a poco, con el trato, Mulyadi supo descifrar lo que él quería decirle con los gestos y los extraños sonidos de su boca.
"Se convirtió en mi amigo y, como yo era uno de los pocos chicos que iba a la escuela, la gente comenzó a verlo como una persona normal", relata Mulyadi.

"Entonces me di cuenta que el problema no es que las familias no quisiesen a estos niños, sino que no sabían qué hacer con ellos. Simplemente les daban comida y ya", agrega.
"Una dieta deficiente debido a la incapacidad de comprar alimentos adecuados podría ser una razón", explicó.
Un 70% de los habitantes de la región vive por debajo de la línea de pobreza y muchos no pueden acceder a una alimentación balanceada.
Pero el artículo, a pesar de estar mal titulado, puso a Karangpatihan en el mapa y las cosas comenzaron a cambiar.
El gobierno inició un programa para ayudar a los discapacitados. Y aunque para Mulyadi es una oportunidad para "que la gente tenga un apoyo", otras personalidades del pueblo son escépticos.
"Cuando comenzamos con el programa algunas personas pensaron que estaba loco. Estaban realmente en contra y decían que era imposible", anotó.
Cierto es que no fue fácil.
"Les enseñamos a hacer labores simples en sitios de construcción. Pero es una tarea compleja enseñarle cosas a una persona con discapacidad, requiere una paciencia infinita", dice.

Esfuerzo y recompensa

Pero aquel empeño tuvo un premio: el cambio de la actitud de las personas que lograron construir una carretera y hasta una escuela.
Y también con fondos oficiales y privados se iniciaron cultivos de peces para que las familias con hijos con alguna discapacidad tuvieran un medio de subsistencia.
Contrario al mito, muchas parejas en las que un miembro muestra alguna discapacidad han tenido hijos que no sufren de ningún problema.
"Aprendí a hablar el lenguaje de señas para comunicarme con mi madre, pero algunas veces puede ser difícil", dijo Nuomo, un joven de 10 años a quienes sus padres no pueden hablarle, pero creció bajo la tutela de su abuela

Las fallas

Pero Mulyadi no puede ayudar a todo el mundo, especialmente en las poblaciones más lejanas.
Allí nos encontramos con el caso de Campret. Su padre es ciego y él, que tiene 39 años, apenas soporta el contacto con otras personas.
Cuando nos ve acercarnos comienza a llorar sin control, como si fuera una niño. Se tira al suelo y grita. Se la nota bastante molesto.
Pregunto cuándo fue la última vez que lo llevaron a un doctor.
"Lo llevamos cuando era un adolescente, pero cada viaje era un problema. Se ponía furioso cuando le decíamos algo sobre los doctores", relata su madre.
Hace 20 años que Campret no visita un doctor. Y esa parece ser una de las peleas actuales de Mulyadi: tener una persona que los pueda ayudar a trabajar cada caso.
Otro de los empeños es lograr diagnosticar a tiempo los posibles casos y hacer que las futuras madres en la población tengan una alimentación adecuada que le permita a los niños nacer sin tantas dificultades.
Y para aquellos que no pueden viajar hasta el hospital –que está ubicado a 45 minutos- o no pueden pagar una revisión, él les ofrece transportarlos y pagar los gastos clínicos.
Por eso el sueño de Mulyadi se divide en dos partes: "Me gustaría que no nacieran más niños con alguna discapacidad y que los que están creciendo actualmente, puedan valerse por sí mismos algún día".
Por ahora se siente orgulloso de lo que ha logrado: "Antes era normal ver niños o jóvenes en el borde de la carretera sin hacer nada. Ahora eso no se ve tanto. Nuestra población es un lugar muy diferente".
Fuente BBC mundo

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