miércoles, 24 de octubre de 2018

El auge de los juguetes inclusivos, y su importancia para una sociedad más diversa

El concurso propone juguetes que sean universales para que los utilicen personas con o sin discapacidad y lograr una verdadera inclusión (Getty Images)
Jugar en los niños es sinónimo de vida. A través de lo lúdico aprenden a manejar el mundo que los rodea y adquieren habilidades para interactuar con el ambiente. El juego es un motor esencial de desarrollo: favorece la simbolización, la socialización, la expresión de emociones, la creatividad. Jugando el niño estructura su subjetividad, en directa relación con sus padres, familia y entorno.
Al no encontrar el juguete indicado, Daniela Briñon comenzó a crear los juguetes inclusivos y así poder brindarle a su hija Sofía un espacio de contención y diversión (Getty Images)
Según proclamó en 1959 la Asamblea General de las Naciones Unidasjugar es un derecho de la infancia y los adultos tienen la responsabilidad de velar por su cumplimiento en todos y cada uno de los niños y niñas, aunque en algunas situaciones se encuentren mayores dificultades para el desarrollo de esta actividad. Los niños con discapacidad tienen derecho al juego y al acceso a los juguetes.
Para los papás de Sofía Ortiz –de siete años, con síndrome de Down-, o para la mamá de Sofía Briñon -de nueve años, con encefalopatía crónica no evolutiva, más conocida como parálisis cerebral-, o los de Ian Graschinsky-de 10 años, también con encefalopatía crónica no evolutiva-, el juego es algo vital e importante. Todos ellos son chicos con algún tipo de discapacidad, y vivieron en carne propia lo que significa no tener juguetes que se adapten a sus necesidades. Pero sus historias sirvieron como motor para marcar una precedencia y apostar por la integración y estimulación a través de los juguetes inclusivos. 
El juego es vital para el crecimiento de cualquier niño, por eso es importante contar con juguetes inclusivos para todos los chicos (Getty Images)
Y es que a pesar de que cada vez son más los juguetes destinados para chicos con alguna discapacidad, el camino para conseguir que en el mercado se comercialice este tipo de productos no fue para nada fácil.
En el caso de Daniela Briñon -mamá de Sofía- fueron la desinformación y la falta de juguetes que estimulen a niños con discapacidad los disparadores para que iniciara la comunidad online Zona de Sentidos en el año 2013: "Me pareció vital contar con un espacio de información y contacto entre familias de chicos con discapacidad porque ingresar en este recorrido a ciegas es muy complejo y agotador", contó sobre el proyecto, que en noviembre del 2017 fue declarado de interés legislativo por la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.
El proyecto de zona de sentidos fue reconocido en el 2017 por la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires (Daniela Briñon)
Jugar tiene múltiples funciones para los niños con discapacidad pero fundalmente es que se pueden divertir y se estimulan sus sentidos (Getty Images)
La mamá de Sofía recorría múltiples jugueterías por día para encontrar para su pequeña el juguete perfecto. "Siempre me preguntaban qué edad tenía mi hija y ahí me mostraban los juguetes, pero nunca coincidía con la edad, o con los estímulos, ya que eran muy fuertes para lo que ella podía tolerar", enfatizó Briñon, quien comenzó a crear juguetes para que su hija pueda divertirse.
Desde ese entonces, la mamá asumió un rol para poder brindarle a su hija lo mismo que todos los padres: la posibilidad de jugar. Fue un camino de ida que además brindó la posibilidad a muchos padres que estaban en la búsqueda de este tipo de objetos que le aporten un extra a sus hijos con distintos tipos de discapacidades, y que requerían de estímulos diferentes a otros chicos de sus mismas edades.
"El espacio de juego de ella es tan importante como las terapias. Como padres es importante que no perdamos la visión de contar con ese espacio de ocio que tienen ellos, que, como cualquier persona, quieren desconectarse, reírse, no pensar nada por un rato. El juego es fundamental", concluyó Briñon. 
El caso de Sofía Ortiz, una niña con síndrome de Down, fue uno que llegó a los oídos de la Cámara Industrial Argentina del Juguete. La necesidad de tener una muñeca con la que se pueda identificar fue el disparador de la muñeca "Oli".
Gracias al papá de Sofía se creó la primera muñeca con rasgos de un niño con trisomia 21 (Guille Llamos)
"Hace más de dos años, Alcides, un prefecto que me conoce y que sabe que estoy en la Cámara, me cuenta que le compró una muñeca a su hija y que ella le dijo que no se parecía a ella y entonces él me preguntó si yo no le podía conseguir algún muñeco que estuviesen haciendo los fabricantes con rasgos con síndrome de Down", contó el presidente de la Cámara, Matías Furió. Así fue como comenzó el proyecto para crear a Oli, y Furió se puso en contacto con fabricantes de juguetes y también con la Asociación de Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA), con quienes trabajaron durante este tiempo en el diseño y estética del muñeco.
Sofía Ortiz junto a su muñeca Oli en la presentación de la CAIJ, en la legislatura (Guille Llamos)
"Estamos felices. Es un paso gigante con el tema de la inclusión. Estamos muy orgullosos. Nosotros al nacer Sofi ingresamos a un mundo que no conocíamos y queremos que todos conozcan", explicó  Alcides Ortiz durante el acto de presentación de la muñeca.
Para Sheila Graschinskymamá de Ian, un niño de diez años con parálisis cerebral, el juego es un espacio fundamental para su hijo. "Los primeros años me pasaba que me encontraba en una juguetería buscando el juguete perfecto para Ian, que sirva para estimular, jugar, interactuar y terminaba comprando cosas que no servían y a medida que no encontraba me desilusionaba".
Graschinsky recuerda estar en la calle, cuando alzó la vista y se encontró en una casa de cortinas. "Era perfecto, tenía una cortina que contenía argollas de plástico, era de muchos colores, ese fue su primer juguete, uno que él podía agarrar sin lastimarse". Sheila creó la Fundación Ian para encontrar un espacio de contención entre todos y acercar propuestas y aportar a un mundo más inclusivo.

Hoy, Ian tiene diez años y el tiempo y las cosas avanzaron. "Me parecen espectaculares las propuestas de juguetes inclusivos que existen, pero también como padres debemos ayudar a que el juego funcione, un chico con discapacidad necesita únicamente que le acerquen el mundo, que se rodee de gente solidaria y que entienda que el juego es importante y que ellos también quieren jugar".
Sheila Graschinsky creó la Fundación Ian para tener un espacio de contención y acercarles también a las demás familias información sobre la discapacidad (Getty Images)
Propuestas que suman
La necesidad de juguetes que estimulen, integren y diviertan a chicos con algún tipo de discapacidad es un hecho innegable. Fue en el año 2016 que un grupo de profesionales planteó la idea de este tipo de productos a especialistas del rubro del diseño para que creen juguetes para niños con discapacidad. 
En la experiencia de Carina Cavallo, una de las organizadores del concurso y miembro de la Fundación FUNDALC –un lugar para recuperación y rehabilitación general de personas afectadas (niños, jóvenes y adultos) por distintas patologías que han dejado alteraciones funcionales y/u orgánicas y que produjeron algún tipo de discapacidad temporal o permanente- era fundamental contar con este tipo de juguetes, ya que ayuda a la aceptación e integración de aquellos que a raíz de un accidente o un padecimiento quedaron con alguna discapacidad.
"Nosotros, que tenemos nenes internados, siempre estamos pensando cosas innovadoras y divertidas, y el de los juguetes era un tema pendiente. Fue así que nos vinculamos con juguetes universales con una idea un poco loca, que era el hecho de que si no tenemos juguetes, ¿por qué no generamos un premio que incentive el diseño para propuestas lúdicas? Y así comenzó todo", describió Cavallo. 
Que la sociedad disponga de productos de consumo accesibles para todos beneficia, en primer lugar, a las personas que tienen mayores problemas de accesibilidad, en este caso a las personas con discapacidad. No obstante, el diseño universal de productos beneficia, en segundo término, a la sociedad en general, ya que facilita que las personas con y sin discapacidad puedan compartir recursos y momentos de ocio, y esto siempre es beneficioso para ambas partes. 


Fuente Infobae

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