lunes, 3 de diciembre de 2018

Mitos sobre el autismo que debemos desterrar


Cinco falsas creencias en torno al autismo

Para adentrarnos en las verdades de los niños que tienen TEA, es necesario desterrar algunos mitos que no hacen más que distorsionar la realidad y dificultarles el día a día. Con la ayuda de la psicóloga, Verónica Santiso, también responsable de la Defensa de Derechos y Buenas Prácticas de Autismo España, repasamos algunos de los más habituales que se oyen y leen por ahí.
1. LOS NIÑOS CON TEA NO QUIEREN COMUNICARSE. Es cierto que pueden tener algunas alteraciones de las habilidades a la hora de comunicarse, pero sí tienen la intención para hacerlo. Quizá no lo hacen todos de la misma forma; en ocasiones, la dificultad podría estar en la reciprocidad o en la comunicación no verbal.
2. NO LES GUSTA RELACIONARSE. Los niños no eligen estar aislados intencionadamente. La mayoría quiere tener una relación con los demás, pero tienen dificultades para establecerla. El esfuerzo no solo ha de provenir de los niños con TEA para adaptarse a la sociedad, sino que también de la sociedad, generando un entorno inclusivo. Por otro lado, hay niños con autismo que tienen hipersensibilidad auditiva, por lo que les molestan los ruidos y eso los obliga a alejarse del grupo. Para ello también hay ejemplos de buenas iniciativas.
3. SON OBSESIVOS. Una característica de los niños con TEA es que hay un pensamiento muy lógico y un repertorio limitado de intereses. Tienen temas específicos de interés, que quieren contarle al resto y, a veces, pueden resultar insistentes. “Pero si le damos la vuelta, si esas características las potenciamos y trabajamos en positivo, descubriremos en ellos personas apasionadas y conocedoras de su tema”, explica Verónica. En lugar de pensar que son reiterativos, podemos pensar en que es un niño con una gran motivación y quizá consigue ser un experto. “En muchas ocasiones estamos perdiendo fortalezas a nivel de sociedad y solo vemos las dificultades. Los niños (y adultos) se conforman de sus fortalezas, no de sus dificultades”.
4. NO SIENTEN NI PADECEN. Es cruel pensarlo siquiera. Los niños con autismo tienen dificultades para detectar las emociones y los pensamientos de los demás, en una conversación. A este análisis se lo denomina teoría de la mente y es un mecanismo automático en las personas sin TEA. Consiste en interpretar los gestos y las expresiones del rostro del receptor. En el caso de los niños con autismo, este análisis les resulta difícil, por lo que aún más lo será reconducirla si la reacción del otro no es positiva.
5. NO TIENEN FILTRO. Y ¿por qué eso es malo? Si la sinceridad es un valor positivo, ¿por qué nos comportamos lo vemos como algo negativo de los niños con TEA? Efectivamente, un rasgo de las niños con TEA es decir lo que piensan tal cual lo sienten, sin mala intención. Es la característica que ha movido la campaña, porque forma parte de esa sinceridad que nos gusta, pero que no sabemos/podemos/queremos oír.

INFORMACIÓN Y EMPATÍA, CLAVES EN EL TRATO A NIÑOS CON AUTISMO

La psicóloga Verónica Santiso señala que hay pequeños gestos que, como sociedad, están en nuestra mano. “Lo primero es estar bien informados, para tener una noción realista del TEA. Lo segundo es la empatía”, continúa la psicóloga. “Ponernos en su lugar, no prejuzgar y, sobre todo, que veamos al niño que hay detrás del diagnóstico”. La experta concibe la importancia de educar en el respeto a la diversidad desde edades más tempranas, tanto en el aula como en la familia. Nos invita a reflexionar que, a veces, un niño puede tener un comportamiento “raro” o inadecuado, una rabieta o un cuadro nervioso, “pero no por ser maleducado, sino porque quizá tiene una dificultad de interacción social. Muchas veces, somos los adultos mucho más excluyentes”, sugiere Santiso, quien está convencida de que el modelo de los adultos es la mejor forma de transmitir un mensaje inclusivo en los niños. Nuestros hijos serán unos compañeros más empáticos si “nuestros comentarios y comportamiento como adultos hacia los niños con autismo son los adecuados y tenemos una postura más aperturista en cuanto a la inclusión”.
Vida cotidiana y autismo
Dentro de la familia. Cuando a un niño le diagnostican autismo, el impacto sobre la familia es enorme. Santiso recomienda que lo primero es “asesorarse sobre qué es y qué implica el TEA, con qué apoyos se cuenta, etc.”. Si somos parte de la familia o si somos amigos de ella, “es importante preguntar cómo podemos ayudar”, propone la experta. Pero, ojo, no vale que sea desde la compasión ni la obligación. ‘”Sencillamente, ser empáticos y útiles”.
En el colegio. Si un niño con TEA tiene dificultades para relacionarse y jugar en el recreo con otros niños, tanto los profesores como las familias podemos enseñarles al resto de los niños a acercarse. “Animar a la inclusión social. Es un tema de sensibilización, modelos y aprendizaje para todos”, sostiene la psicóloga. Como cada niño es un mundo, al igual que en el caso de la familia, lo mejor es preguntar cómo se puede ayudar.
Espacios públicos. “Muchas veces las familias manifiestan el gran dolor que sienten tras las miradas de reprobación por parte de otros padres. Frases como ‘qué mala madre’ o ‘qué mala educación’ no ayudan. La empatía real por parte de la sociedad evitaría el enorme estrés que estas situaciones generan tanto en la familia como en el niño con TEA. Este pequeño gesto aportaría mayor calidad de vida a todos.

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