martes, 2 de julio de 2019

Una niña con discapacidad cognitiva logra empezar a comunicarse gracias a un suplemento nutricional

Una niña con discapacidad cognitiva logra empezar a comunicarse gracias a un suplemento nutricional

Tres niñas con síndrome de Rett, La niña de este estudio tiene una enfermedad del neurodesarrollo que comparte síntomas con el síndrome de Rett.

Tres niñas con síndrome de Rett, La niña de este estudio tiene una enfermedad del neurodesarrollo que comparte síntomas con el síndrome de Rett. (Asociación Catalana del Síndrome de Rett)
Investigadores de Idibell y de Sant Joan de Déu tratan a una paciente de cinco años con L-serina y logran importantes avances
Cuando la visitaron por primera vez en el Hospital Sant Joan de Déu, en Esplugues (Barcelona), la niña tenía unos tres años. No lograba aguantar la cabeza erguida, ni establecía contacto visual. Tampoco era capaz de agarrar objetos, ni de decir una palabra, ni mucho menos de caminar. Se frotaba las manos de forma compulsiva y mostraba signos de irritabilidad. “Tenía un retraso grave del neurodesarrollo, explica Àngels García-Cazorla, neuropediatra coordinadora de enfermedades neurometabólicas y directora de investigación en neurología del Hospital. “Llegó a nosotros con un diagnóstico de enfermedad similar a Rett, pero presentaba síntomas que no eran propios de este síndrome”.

Determinar la causa genética que provocaba el problema de la niña era clave para poder ayudarla. Un análisis genético previo había revelado que la enfermedad que padecía estaba probablemente causada por una mutación genética en un gen que afecta a un tipo de receptores de las neuronas, denominados receptores de glutamato de tipo NMDA. Estos receptores son cruciales para la comunicación entre las células nerviosas y tienen un papel crucial en los mecanismos de aprendizaje.
“El papel de estos receptores en el cerebro de los niños, que está en desarrollo, es crucial para la formación de sinapsis y de circuitos neuronales que gobiernan las funciones motoras, comunicativas, el aprendizaje y la memoria, entre otros procesos”, señala esta neuropediatra, que decidió ponerse en contacto con Xavier Altafaj, investigador principal del Grupo de Neurofarmacología y Dolor del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (Idibell).

“Ella tenía mucha experiencia en pacientes con estas enfermedades y nosotros, en receptores NMDA. Cuando me explicó el caso y nos pidió ayuda, no lo dudamos ni un segundo. E implicamos a investigadores de la Universitat Pompeu Fabra, de la de Barcelona, de la de Vic y del Hospital Sant Pau. Aunque no había financiación, todos le echamos muchas, muchas horas de forma altruista y a la vez movidos por nuestra curiosidad científica”, cuenta Altafaj, quien se muestra muy satisfecho con los resultados.
“La niña ha hecho progresos muy importantes; ahora es capaz de ponerse en pie, de desplazarse utilizando un caminador y de mantener una interacción con su entorno. Y todo eso, antes inimaginable, es gracias al tratamiento de medicina personalizada que hemos desarrollado para ella. Es uno de los primeros que existen para esta enfermedad, de la que se han diagnosticado unos 500 casos en todo el mundo y que fue descubierta tan solo hace 10 años”, explica este investigador.
Del laboratorio de ciencia básica a tratar a la paciente

Para llegar a ese tratamiento personalizado, el grupo del Idibell realizó un análisis genético; primero se fijaron en cuatro genes asociados a formas atípicas de síndrome de Rett. Pero tal y como sospechaba la neuropediatra García-Cazorla, nada. Luego se centraron en otros genes, de la familia GRIN, y hallaron que en concreto el GRIN2B presentaba una alteración.
Este gen, recientemente asociado también a trastorno del espectro autista, codifica para una subunidad de los receptores NMDA neuronales, unos canales que se activan con el glutamato y que permiten la entrada de calcio que, a su vez, envía el impulso nervioso. El glutamato es un aminoácido que actúa como mensajero entre las células nerviosas.


Altafaj y su equipo buscaron si existía algún caso reportado con anterioridad de alteración de este gen y hallaron un estudio de 2013 de un paciente holandés con esa misma alteración y un retraso del neurodesarrollo. Entonces, contactaron con Mireia Olivella, bioinformática de la UPF y la UVic. Su trabajo fue clave porque les permitió predecir computacionalmente el impacto patogénico de la mutación de GRIN2B.
Luego entró en acción David Soto, investigador principal y profesor de la Facultad de Medicina de la UB, que junto a Altafaj, estudió las propiedades biofísicas de NMDA y de qué forma se veían afectadas las neuronas que tenían la mutación de este gen.
Una vez supieron qué fallaba, el siguiente paso era tratar a la niña, porque hasta ese momento, todos los tratamientos disponibles eran paliativos.

“La niña ahora es capaz de decir palabras y de mantenerse unos segundos de pie, y eso es gracias al tratamiento de medicina personalizada que hemos desarrollado para ella, uno de los primeros que existen en el mundo para esta enfermedad"
Investigadores y neuropediatras optaron por suministrarle un suplemento dietético con una concentración muy elevada de L-serina, un aminoácido natural que se encuentra en frutas y verduras, y que en el organismo se transforma en D-serina, un aminoácido también que es capaz de activar los receptores NMDA, sin causar efectos secundarios. Primero lo probaron en cultivos celulares y vieron que mejoraba la comunicación entre neuronas y aumentaba la plasticidad sináptica. A continuación, se lo dieron a la niña, que entonces tenía 5 años. “La mutación sigue ahí, pero las sinapsis se fortalecen y las neuronas funcionan mejor”, destaca Altafaj.

Dieciocho meses después de este tratamiento nutracéutico, los resultados ya eran muy prometedores. La niña, que ahora acaba de cumplir 10 años, y reside en Catalunya, “presentaba mejoras considerables con respecto a niños con el mismo problema sin tratar. Aunque aún tiene una gran discapacidad, se empezaba a comunicar, decía algunas palabras, estaba más receptiva, y había mejorado su motricidad”, resume García-Cazorla.

Los investigadores creen que este suplemento se podía combinar con otros que permitan potenciar aún más las sinapsis. También, que la L-serina podría ser útil en otras enfermedades neurológicas, puesto que los receptores NMDA son los pilares de la cognición y la actividad motora, y alteraciones en su funcionamiento se asocian a alzheimer, parkinson, esquizofrenia y discapacidades intelectuales causadas por genes distintos a GRIN2B.
Los investigadores continúan con este estudio, publicado en Science Signaling, que ha generado interés en las asociaciones de pacientes y de investigadores clínicos europeos y ya han reclutado a 50 pacientes con GRINpatías. Y están organizando un estudio multicéntrico europeo con una cohorte mayor de pacientes.

“Todos los investigadores de ciencia básica que hemos participado en este estudio traslacional hemos aprendido mucho de las familias. Para nosotros ya no es la mutación X o Y, son personas con nombre y apellidos. Dentro de las dificultades por ser una enfermedad minoritaria, precisamente el que lo sea nos permite un seguimiento muy cercano, nos escribimos con los padres, nos mandamos correos para comentar qué vamos averiguando, nos contactan a través de Facebook. Es una experiencia muy enriquecedora a muchos niveles”, resume Altafaj. Este investigador y su grupo tienen en marcha una campaña de micromecenazgo en la plataforma Precipita para incrementar los fondos para poder seguir investigando en GRINpatías

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