jueves, 26 de septiembre de 2019

DISPRAXIA: NI DEBILIDAD MUSCULAR NI FALTA DE INTELIGENCIA

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Retrasos en algunas habilidades tempranas, tales como rodar, sentarse, gatear, asir objetos y otros pueden implicar que se esté ante esta condición, que es mucho más extendida de lo que se supone y que puede variar en cuanto a sus síntomas y a su intensidad con el tiempo y la mayor complejidad de la vida. No hay cura, pero sí pueden mejorarse sus consecuencias con intervenciones apropiadas lo más precozmente que sea posible.
Definición, origen y causas
A este desorden neurológico descripto por primera vez a comienzos de la década de 1970 del siglo anterior también se lo conoce con otros nombres, tales como trastorno del desarrollo de la coordinación, dificultad del aprendizaje motor, dificultad en la coordinación motora, apraxia del habla o verbal, entre otras, nombres que dan cuenta de qué se trata: una condición que afecta la coordinación física que causa que el sujeto no pueda desempeñarse para realizar las tareas diarias como sería esperable para su edad y le da una apariencia de torpeza.
La coordinación de los movimientos, cuestión en la que no solemos pensar normalmente y que nos parece algo natural, sin embargo, lleva un proceso muy complejo para desarrollarse plenamente, procedimiento evolutivo que la mayor parte de las personas lleva adelante en forma exitosa, con las obvias variedades en cuanto la habilidad de cada una para tareas específicas, pero que, cuando menos, permite realizar los quehaceres cotidianos correctamente.
Aunque se han detectado varios genes de los que se sospecha como causantes, en realidad se desconoce qué es lo que causa la Dispraxia. Quienes se dedican a investigarla han hallado que es bastante usual que se encuentre a dos o más integrantes de las familias compartiendo tal condición, lo que refuerza la teoría de la transmisión genética.
En todo caso, lo que advierten las experiencias científicas es que las neuronas motoras, que son aquellas que controlan los músculos, no se desarrollan como debieran, por lo que no establecen las conexiones apropiadamente y, por lo tanto, ello deriva en una mala coordinación muscular, porque al cerebro le lleva mucho más tiempo recibir y enviar información para el movimiento y tanto la entrante como la saliente resultan defectuosas.
Esta condición que afecta a entre el 6 y el 10% de los niños, es de tres a cuatro veces más común en varones que en mujeres.
Antes de causar alarma, es necesario destacar que la intensidad de los síntomas varía de sujeto a sujeto y que, si bien en algunos casos la afectación es muy importante, en otros es apenas detectable. En aproximadamente un tercio de los casos el compromiso suele ser muy importante.
Los factores de riesgo que se observan en la producción de Dispraxia están relacionados con el nacimiento prematuro (antes de la 37ª semana de gestación), el bajo peso al nacer, poseer antecedentes familiares al respecto y la ingesta de cantidades excesivas de alcohol o de drogas por la madre durante la pregnancia.
Existen diferentes tipos, que involucran tanto la motricidad fina como la gruesa, siendo los más comunes:
– Ideomotora: es aquella que impide o dificulta realizar movimientos de un solo paso, tales como peinarse, asir un lápiz, saltar.
– Ideatoria: en este caso, a la persona se le complica efectuar tareas que involucren una secuencia, como, por ejemplo, lavar la vajilla, cepillarse los dientes o utilizar un teclado de computadora.
– Oromotora: es aquella que involucra al habla, ya que se entorpece la coordinación de los movimientos musculares que se necesitan para implementar la acción de hablar. En algunos sujetos su pronunciación se ve dificultada por dicho impedimento, al extremo que cuesta entender lo que expresan verbalmente.
– Constructiva: se trata de que los individuos afectados no son capaces de manejar las relaciones espaciales. Ello se evidencia, por ejemplo, en la dificultad para copiar o trabajar con formas geométricas, en la construcción con bloques encastrables u otros objetos o poner orden entre sus objetos.

Los síntomas
Aunque los síntomas son, genéricamente hablando, todos aquellos que afecten la motricidad, el equilibrio y/o la postura en sus diferentes formas y que no puedan atribuirse a otras causas, existen algunos que son marcados y se hacen más evidentes según la edad del sujeto, dado que la diferencia puede hacerse más visible cuando no pueden cumplirse las tareas más complejas que implican la mayor edad de la persona. De hecho, se sospecha que se trata de un problema mucho más extendido de lo que se asevera, ya que lo que parecen pequeñas dificultades en la infancia pueden convertirse en impedimentos más serios al alcanzar la adolescencia e incluso la edad adulta. Es por ello que algunos especialistas lo consideran un problema oculto.
Los síntomas propios correspondientes a cada etapa vital son:
En edad infantil:
– Dificultades y/o retrasos en la adquisición de habilidades tales como rodar, sentarse, gatear y caminar.
– Puede adoptar posturas corporales extrañas.
– Se ensucia mucho cuando come y tiende a no utilizar utensilios para hacerlo cuando ya está en condiciones de usarlos.
– Le cuesta jugar con elementos como triciclos o pelotas.
– Tiene retraso marcado en el manejo de esfínteres.
– Evita o se frustra al jugar con rompecabezas o juegos de encastre.
– Tiene problemas con la articulación de palabras para su edad e incluso puede tener retraso importante en decir las primeras.
– Tardanza en abandonar los pañales.
– Inconvenientes para atarse los zapatos, abotonar las prendas, utilizar cierres.
– Torpeza o dificultades para jugar en espacios de juegos (correr, trepar, etc.).
– Manejo inapropiado de elementos como tijeras, acompañado de grafía desordenada (en algunos, difícilmente legible), junto con poca habilidad para colorear y/o pintar y otras tareas de este tipo.
– En algunos individuos se presentan evidentes limitaciones para el uso de escaleras.
– Tendencia a chocar contra objetos y personas, a tropiezos y caídas y a dejar caer cosas.
– Dificultades para copiar textos, dibujos y esquemas desde el pizarrón.
– Problemas de concentración y para procesar pensamientos.
– Mala organización del espacio y del tiempo.
– Se aprecian dificultades para hablar, lo que puede observarse en la mala pronunciación, el volumen o la velocidad del habla.
– Dificultades en el juego colectivo, lo que también abarca los deportes.
Dentro del período de la infancia, algunos signos tienden a desaparecer, otros se atenúan o mejoran lentamente, mientras que un conjunto de ellos tiende a persistir, a menos que se trabaje sobre ellos, mientras que otros que estaban ocultos o que no se hallaban presentes aparecen más tarde.
Estos son los típicos de la adolescencia y de la edad adulta:
– Busca evitar las clases de educación física en la escuela secundaria.
– Se tarda en escribir y no puede seguir el ritmo de un dictado.
– Aparecen dificultades para trasladar un objeto de un lugar a otro, como ocurre, por ejemplo, en los juegos de mesa.
– Se agudizan los problemas de organización, costando sobremanera terminar con las tareas emprendidas.
– Problemas para adquirir nuevas habilidades.
– Escasa o nula participación en actividades grupales, incluso puede sufrir acoso y burlas por ser torpe y por no incluirse.
– Aparición de disrupciones conductuales como consecuencia de la frustración que produce el ítem anterior.
– Baja autoestima.
– Mala posición del cuerpo y frecuente fatiga.
– Dificultades en la coordinación de los dos lados del cuerpo.
– Continúa la tendencia a tropezarse.
– Falta de ritmo al bailar o al realizar ejercitación física.
– A los inconvenientes para vestirse se suman los del acicalamiento, que incluye el afeitado en los varones y maquillarse las mujeres y otras tareas relacionadas.
Como puede observarse, la Dispraxia puede afectar distintas áreas, a veces en solitario, otras en grupos de dos o más, tales como la de la comunicación, las habilidades emocionales y conductuales, la del conocimiento y la actividad académica, el trabajo y hasta las habilidades más simples de la vida cotidiana, por lo que es importante prestar atención a cualquier signo, además de los señalados, que advierta de un problema ejecutivo.
También se reporta que, además de la sintomatología que la identifica, la Dispraxia puede estar asociada a otras condiciones tales como la Dislexia, que se suma a los problemas del habla; la Discalculia; la Disgrafía; el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y Trastornos del Espectro Autista, aunque ello no ocurra necesariamente.

El diagnóstico
Normalmente, los primeros signos se revelan en el hogar, cuando se descubre que el niño presenta dificultades en las distintas áreas que obstaculizan su desempeño normal. Un dato importante es que no debe tratarse de inconvenientes pasajeros, sino que ellos deben persistir por un período de al menos seis meses para que preocupen, aunque dificultades serias en plazos menores pueden indicar la necesidad de consultar con un profesional de la medicina y, aunque el diagnóstico de Dispraxia no se confirme, de todas maneras es signo de que algo ocurre.
Un primer paso es descartar que la afectación del movimiento se deba a algún factor neurológico o de otro tipo y es posible que se sugiera la derivación a un especialista, quien requerirá a los padres o al adulto que se ocupe del niño en qué se basan las sospechas, evaluará la fortaleza y el tono muscular, así como la coordinación del paciente, junto con la habilidad para realizar tareas físicas. Con ello se buscará hallar los cuatro indicadores fundamentales del cuadro clínico: el retraso motor respecto de la edad cronológica, si los problemas interfieren con la vida cotidiana y el rendimiento escolar, la ausencia de otras patologías y que los primeros síntomas se hayan presentado en la primera infancia. Pese a esto último, la edad promedio a la que se diagnostica se ubica en torno de los 5 años, ya que los indicios iniciales se hacen más patentes con el crecimiento, al esperarse el cumplimiento de hitos más complejos.

El tratamiento
Se trata de una condición que no tiene cura, sino que acompaña al sujeto durante toda su vida.
Algunos ítems pueden presentar ciertas mejoras en forma espontánea con la mayor edad, pero lo más frecuente es que ello no suceda en todos los aspectos si no es con la detección lo más temprana posible y la intervención de algunas disciplinas terapéuticas que, insistimos, no son una cura, pero que permiten una mejor calidad de vida.
En ese sentido, la Terapia Ocupacional puede ayudar a que ya desde niño se suplan muchas de las deficiencias que se observan, brindando estrategias y formas de encarar las tareas que se hallan dificultadas.
En caso de que se presenten problemas para la comunicación verbal, la intervención de un patólogo del habla permite realizar ejercicios y buscar formas para hacer más comprensibles las emisiones.
También se puede recurrir a un entrenamiento perceptivo-motor, modalidad que provee de ejercicios que van aumentando en su complejidad y que permite la integración motora, sensorial y del lenguaje. Este tipo de intervención es competencia de terapeutas ocupacionales y/o físicos.
Algunas experiencias en terapias alternativas y complementarias, tales como la Equinoterapia y otras relacionadas con los postural y el movimiento han logrado apuntalar las mejoras.
Al ingresar en la edad escolar y, probablemente, a lo largo de toda la carrera, es aconsejable que docentes y directivos del establecimiento, así como los estudiantes, sean informados de los problemas, para que realicen las adaptaciones que sean necesarias y acompañen al alumno, de manera de no crearle nuevas frustraciones.
Como en cada persona la Dispraxia presenta distintas áreas y grados de afectación, cualquier intervención que se haga al respecto debe ser personalizada y estar centrada en sus necesidades.

¿Qué pueden hacer los padres y otros familiares al respecto?
Lo primero y principal y que sirve para cualquier condición es informarse lo más posible sobre qué es y lo que puede esperarse, en este caso, de la Dispraxia y, como en el entorno suele existir poco o ningún conocimiento, difundir entre los allegados y quienes vayan a estad en contacto más o menos asiduo con el individuo esos datos para evitar malentendidos y lograr empatía.
Pese a las dificultades, alentar la actividad física ayuda, ya que el movimiento tiende a mejorar las habilidades y, además, propicia la relación con otros niños, una de las carencias derivadas del trastorno de referencia.
Los rompecabezas y las masillas, así como otros juegos y juguetes pueden ayudar a desarrollar una mejor coordinación viso-motora, mejorar la motricidad fina y/o fortalecer los músculos que manejan las manos.
No sobreexigir ni sobreproteger a los niños, ayudándolos en la medida de lo necesario, alentándolos a realizar tareas por sí mismos y elogiarlos con cada logro, por pequeño que este sea, son aportes que les dan mayor seguridad y mejores expectativas.
A su vez, los padres también pueden necesitar de apoyo, sobre todo en los casos en que el grado de afectación de sus hijos sea alto.
Preguntar y discutir con los especialistas las estrategias y participar activamente en su desarrollo e implementación hacen que se sientan útiles.
A muchos les sirve el apoyo de grupos de pares, donde, además de no sentirse solos, pueden hallar respaldo y consejos útiles para utilizar en su caso.

Colofón
Si bien la Dispraxia no tiene cura, es posible que, sobre todo tratada tempranamente, sus efectos se vean atenuados hasta hacerse poco perceptibles, brindando a la persona la posibilidad de una vida plena. Quizás el caso que demuestra que ello es así es la del actor Daniel Radcliffe, Harry Potter, diagnosticado en la infancia.
Aunque puedan parecer relativamente insignificantes durante la niñez, la complejización de la vida y las tareas que implica el crecimiento hacen que haya que estar atentos a los primeros síntomas y consultar ante su persistencia temporal: sea Dispraxia o no ello da señales de que algo ocurre.

Fuentes:
– https://dyspraxiafoundation.org.uk/about-dyspraxia/
– https://www.psychologytoday.com/us/conditions/dyspraxia
– https://www.bustle.com/p/27-signs-you-have-dyspraxia-aka-developmental-coordination-disorder-58912
– https://dyspraxia.org.nz/what-is-dyspraxia/

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