viernes, 30 de enero de 2015

Música y discapacidad


En este artículo realizaremos un breve recorrido sobre los fundamentos y formas de trabajo de esta maravillosa terapia donde, tomando un caso real, se pone de manifiesto cómo la misma brinda aportes muy valiosos al tratamiento de niños con diversas patologías.

Durante los últimos años se ha visto que hay un patrón común que moviliza el acercamiento de los padres a equipos profesionales para consultar sobre la musicoterapia: todos ellos transmiten que la motivación principal para pensar en esta terapia es que sus hijos disfrutan de la música en distintas situaciones o ámbitos de la vida cotidiana. 
Es sabido que cuando hay un diagnóstico de discapacidad, las familias reciben la indicación de los profesionales de la salud (ya sea pediatra, neurólogo, psiquiatra) para que sus hijos asistan a determinadas terapias, entre las cuales la musicoterapia no suele ser una de las primeras. Sin embargo, es importante destacar que el acercamiento motivado por el propio interés familiar es un aspecto muy valorable y positivo para propiciar el inicio del tratamiento, ya que el deseo de iniciar la terapia proviene de los padres y -por lo general- no es una exigencia del médico. 
Entonces, ¿cómo es que llegan los niños a un consultorio de musicoterapia? Transcurrido un cierto tiempo de terapias “convencionales”, habitualmente son los mismos padres y/o terapeutas los que observan que algo diferente sucede cuando ese niño escucha música o le cantan. Ya no es la música un mero objeto de entretenimiento para sus hijos, sino que algo más ocurre en esos momentos; el niño comienza a comunicarse de otra forma, responde de otro modo. Por lo general los adultos que rodean al niño vivencian estas situaciones de manera sorpresiva, inesperada y gratificante. Estas experiencias son las que con frecuencia promueven el acercamiento a la Musicoterapia.
La Musicoterapia es una disciplina perteneciente al área de la salud, llevada a cabo por un Musicoterapeuta con un título universitario, que a través de experiencias sonoro-musicales promueve y favorece al desarrollo de potencialidades de las personas. El profesional evalúa y aborda a través de la improvisación musical, las experiencias sonoro-musicales receptivas,  la creación de canciones y con la técnica vocal terapéutica factores como: el bienestar emocional, la salud física, la interacción social, las habilidades comunicacionales y la capacidad cognitiva.
Durante las primeras etapas del tratamiento, y especialmente en el transcurso de los primeros encuentros, se observa que las familias están ansiosas y, sobre todo, con muchas preguntas e incertidumbres sobre lo que la terapia le puede aportar a su hijo. Habitualmente se escuchan preguntas como por ejemplo: ¿con qué instrumentos musicales trabajan?, ¿en este espacio va a aprender música?, ¿hay fórmulas o recetas musicales acordes a una determinada dificultad del chico?, ¿cómo interactúan los musicoterapeutas con las demás terapias?
Así es como a medida que el tratamiento avanza, los padres descubren que no hay recetas mágicas y junto con los terapeutas se dan cuenta cuáles son los recursos que el universo sonoro musical le puede brindar no sólo a ese niño, sino también a su entorno familiar. Al mismo tiempo veremos que estos recursos pueden trasladarse y ser utilizados en situaciones de la vida cotidiana. Un claro ejemplo es la incorporación de  canciones, juegos y diversos estilos musicales en niños con dificultades para seguir las rutinas como bañarse, comer, dormir o lavarse los dientes y observar cómo los mismos colaboran con la organización y anticipación de estas tareas.
Con cada niño se plantean objetivos en función de sus potencialidades y posibilidades. Durante la terapia estos objetivos se traducen generando situaciones lúdicas, expresivas y creativas y buscando propiciar el aprendizaje y comunicación permanente. De este modo se logran abordar desde el recuso musical no sólo la rutinas, sino también el desarrollo cognitivo, la motricidad, el área del lenguaje verbal y no verbal sonoro-musical.
Adicionalmente a los objetivos planteados, la función del musicoterapeuta es la de informar, acompañar a las familias, escuchar y enseñar recursos y herramientas para poder día a día sumar desde este espacio y complementar el alcance de las demás terapias que el niño ya venía realizando con anterioridad.
 
El caso Matías: la música acaricia sin tocar
Matías tiene dos años y medio y un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA). Es un niño que aún no habla y una de sus dificultades principales es la de vincularse con aquellos que lo rodean. Llega acompañado por su mamá a su sesión semanal, quien ingresa y comparte la misma. Dos musicoterapeutas trabajan con él simultáneamente en la sesión.
Una vez dentro del consultorio Matías selecciona rápidamente, de entre todos los instrumentos disponibles, el Pandero (instrumento musical de percusión, con forma circular y parche de cuero). Comienza a girarlo, observándolo hasta que se cae naturalmente por la fuerza de gravedad. Realiza esta acción una y otra vez, repetitiva e incansablemente. Con esto se aísla completamente de su entorno, desconectándose de los tres adultos que se encuentran con él. 
Una de las musicoterapeutas, mirando en todo momento a Matías, toma la armónica y hace sonidos cada vez que el niño hace girar el Pandero. Cuando el instrumento cae al suelo, la profesional deja de hacer sonidos. Luego de varias repeticiones, la terapeuta decide dejar de tocar su instrumento y sorpresivamente observa que el niño -que tan concentrado estaba en su tarea de hacer girar el pandero- la mira y, consecuentemente, ella interpreta un pedido para que continúe acompañándolo en su actividad. Gradualmente comienzan a generarse mayores intercambios de miradas por parte del niño hacia la terapeuta, la cual pregunta: ¿querés más? Y recibe como respuesta una sonrisa aprobadora. 
La segunda Musicoteraputa, quien se encontraba observando lo que sucedía, comienza a intervenir tomando la guitarra y acompañando rítmicamente la escena, con melodías asociadas al ritmo en que el niño hace girar el pandero sobre el suelo y obteniendo igual respuesta por parte de Matías: mirada sostenida y sonrisas. Al observar esta situación, su mamá también se suma con una maraca y comparte la acción de tocar, reír, y disfrutar el juego compartido.
Inmediatamente Matías aprueba las intervenciones, extendiendo su pedido para ser acompañado a través de una mirada a cada una de las terapeutas y su madre. Se forma una gran banda que suena con la dirección de Matías y su Pandero. 
Lo que resulta interesante de este recorte de sesión de Matías es ver como el Pandero deja de ser un mero objeto de desconexión, que girando acaparaba toda la concentración de este niño y que lo aislaba de su entorno por completo, a convertirse en un instrumento funcional que le permite poder compartir una acción junto con otros a través de un hecho musical. 
Aunque invisible, existía un espacio o distancia entre los adultos que allí se encontraban y el niño, una barrera imperceptible, pero difícil de atravesar. La música y los recursos que la misma brinda, permite llegar y recorrer este espacio, pero sin invadirlo, conectando a todos de forma natural y espontánea. Es en esos momentos en donde se requiere estar relajado, atento,  en armonía con nuestra mente y cuerpo para poder estar disponible, abierto, acompañando, sosteniendo desde la mirada, haciéndose perceptible de algún modo para estos niños. Es a partir de allí donde se podrán generar y crear nuevas y ricas formas de intercambio.
 
Música, salud y familia
Es evidente que no existen recetas mágicas para curar a un niño, pero la experiencia ha demostrado que con observación, paciencia y dedicación se generan cambios y progreso. El trabajo junto con las familias ha demostrado ser sumamente importante. Hay un aprendizaje en conjunto sobre cuáles son los tiempos de cada niño, cuándo se puede avanzar y cuándo hay que esperar y -de esta manera- se va gradualmente achicando este espacio invisible que separa al niño de aquellos que lo rodean. Así se logran acercamientos, cuando el niño lo permite, compartiendo -por qué no- un instrumento musical, una melodía, cosquillas, una caricia o un abrazo.
A pesar de la incertidumbre, el desconocimiento o la falta de información sobre la función del musicoterapeuta y su posible aporte a los tratamientos, son habituales en los padres que llegan a la consulta la apertura y las ganas de recorrer nuevos caminos de la mano de esta terapia.  
Los padres van descubriendo en los procesos musicoterapéuticos que la música es un recurso maravilloso que está disponible siempre, que es simple, seguro y efectivo. Se puede hacer uso de ella en todo momento, circunstancia y lugar. No hace falta saber tocar un instrumento ni cantar afinado, simplemente es cuestión de aprender a tenerla en cuenta y -sobre todo- estar atentos y permeables a utilizarla. Los niños nunca dirán que alguien es desentonado o toca a destiempo, en cambio siempre recibirán con agrado las melodías y el afecto que con ellas se transmite. Esto hará que se genere una unión como un lazo invisible que los acaricia y envuelve dándoles seguridad. 
Entonces, retomando la frase inicial, la musicoterapia trasciende lo meramente recreativo o lúdico y genera valiosos aportes para el tratamiento de niños con diversas patologías, complementándose muy bien con otras terapias. Es importante que los padres y profesionales de la salud conozcan los beneficios de la musicoterapia y que la misma sea contemplada a la hora diagramar un plan completo de tratamiento.

Clara Ezcurra
Brenda Woldman

* Las Lic. Clara Ezcurra y Lic. Brenda Woldman son musicoterapeutas y especialistas en Estimulación Temprana.
Contacto: componiendo.musicoterapia@gmail.com / www.componiendo.com

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