martes, 1 de agosto de 2017

El primer clubhouse para pacientes psiquiátricos




Allí realizan actividades que promueven su recuperación, pero sin médicos de por medio
En Rosario, en 2007, se juntó un pequeño grupo de voluntarios para estudiar el tema. Hubo una charla en la Universidad de Rosario, donde asistió una socia de Fountainhouse y un trainer del International Center for Clubhouse Development, de Nueva York (ICCD, www.iccd.org), institución reconocida por las Naciones Unidas para certificar y coordinar los clubhouses de todo el mundo conforme a unos precisos estándares.


Cuatro personas del grupo visitaron e hicieron su formación en unos centros de los Estados Unidos, y en junio abrieron informalmente la Casa del Paraná. Al obtener el estado jurídico como ONG, el proyecto piloto de la casa ya funciona con actividad semanal.
Antes de ser un programa de día o un edificio, el clubhouse sirve para ayudar a las personas a reconectarse con el mundo del empleo, de la educación, con la familia, con los amigos. Hay numerosas estructuras de este tipo, pero la diferencia es que en el clubhouse los participantes actúan como si fueran miembros, dueños de un club, no pacientes, dado que no hay ninguna actividad médica, ningún psiquiatra.


"Se trabaja sobre la parte sana de la persona, no sobre la enferma. Si una persona puede sólo mover un pulgar, vamos a trabajar sobre este pulgar, no sobre el resto que está paralizado por la enfermedad", explicó Beatrice Bergamasco, fundadora, en 2004, del clubhouse Itaca en Italia, y miembro del consejo del ICCD. "La parte enferma se cura con profesionales, fuera del clubhouse. Acá, el socio se aleja de su condición de paciente", dijo Bergamasco.
La participación es voluntaria y autogestionada. El socio elige inscribirse solo; trabaja a la par que el staff y viene cuando quiere, cuando puede. No hay obligaciones, pero el socio "debe tener un objetivo que le guste, un trabajo, aun simple, que sea conforme a su personalidad", explicó Kenn Dudek, director de Fountainhouse, durante la charla que dio en Rosario, y agregó: "El trabajo no debe llenar el tiempo, sino dignificar a la persona para que colabore con el mantenimiento del clubhouse".

Revalorizar la parte sana

Carolina V., de 44 años, socia de la Casa del Paraná, cosió la bandera de bienvenida para la inauguración. Cada mañana prepara el café y el mate para su grupo. Sus compañeros, Gastón D., de 20 años, y Lucía T., de 19, proyectan una venta de remeras pintadas con sus manos, para recaudar fondos destinados a la casa.
"Cada persona necesita ser necesitada", dijo Mario Pinot, socio de Fountainhouse desde 1977, que con Dudek viajó expresamente desde Nueva York para inaugurar el proyecto experimental del clubhouse de Rosario y enseñar su experiencia personal. Pinot, que trabaja para el diario de Fountainhouse y como guía para los visitantes y los nuevos socios, al estar en el clubhouse dijo haber pasado de una situación de paciente solitario a la de miembro de una comunidad activa. "El clubhouse es un lugar que te saca de tu condición aislada y permanente de enfermo. Allí siempre sos bienvenido, asistido y necesario", dijo.
El clubhouse ayuda también en la búsqueda de una casa, en la finalización de estudios; a encontrar una buena atención psiquiátrica y médica. "Las personas que sufren trastornos mentales tienen inconvenientes en desarrollar su vida diaria. Esto los margina y a veces el soporte familiar no es suficiente. La Casa del Paraná apunta a que las personas no permanezcan todo el tiempo en su hogar cuando ya pueden volver a integrarse", dijo Néstor Ibarra, consejero de la junta fundadora del clubhouse de Rosario.
"El desafío es crear un lugar de contención, acompañamiento y reinserción, social y laboral. En Rosario nacieron varias casas con distintas finalidades. El único objetivo nuestro es valorizar la parte sana del sujeto, para que vuelva a ser independiente", explicó Ibarra.
La organización es muy simple: hay un director ejecutivo, un staff que coordina las actividades diarias y los socios, de todas las edades, a partir de los 18 años. "El programa diario debe enfocarse en el trabajo productivo, porque cuanto más producen las personas, más se recuperan", dijo Dudek.
Todos trabajan para el mantenimiento de la casa, que significa que trabajan para ellos mismos, para el clubhouse, no para una agencia externa o un negocio. El socio participa en lo que más le gusta, pero también el clubhouse le ofrece oportunidades de actividad laboral transitoria, rentada, en empresas, como empleos de 3 a 6 meses de duración, para el que los prepara.
La estructura global del ICCD facilita los contactos con grandes empresas. En unos países, los socios obtuvieron trabajos fijos, como en el caso de un chico italiano que, después de un período en Young & Rubicam, fue contratado a largo plazo, según contó Bergamasco.
"El afiliarse al modelo de clubhouse certificado por el ICCD también favorece los financiamientos. La Fundación Itaca de Milán, que lideraba un grupo de entidades involucradas en el proyecto, obtuvo por parte de la Comisión de la Comunidad Europea 750.000 euros destinados al desarrollo del clubhouse", dijo Bergamasco, que sueña con una larga difusión de los clubhouses en la Argentina, según el ejemplo de la Casa de Paraná.

¿Cuántos clubhouse hay en el mundo?

 225 en América del Norte.
 72 en Europa.
 16 en Asia.
 2 en Nueva Zelanda.
 10 en Australia.
 2 en Africa.
 1 en América del Sur.

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