lunes, 1 de febrero de 2016

Integración escolar… sí o no. ¿Cuál es la realidad?


Toda integración escolar es un interrogante. Todo niño/a o joven con alguna dificultad en sus aprendizajes, es un interrogante. A tal punto que nos lleva a replantearnos el tipo de escuela que resulta más apropiado para ellos: ¿escuela común, escuela especial? ¿Será para integrar?

Si pensamos en aquellos sujetos que presentan algún tipo de discapacidad, resultante de alguna patología de carácter genético, orgánico funcional, psíquico o ambiental; o que presentan dificultades para lograr los aprendizajes escolares, también nos hace reflexionar sobre los “apoyos” necesarios que se le deben proporcionar en el ámbito educativo, sin dejar de mencionar hoy el nuevo paradigma del modelo social de la discapacidad.

Aquí interpelo acerca de la importancia de entender a la discapacidad como una característica entre otras y no como factor que determina la vida. De esta manera, es posible  pensar a la integración como una forma de responder a la creciente complejidad que implica la tarea de educar. El obstáculo o la dificultad aparecen cuando pasamos a la práctica. ¿Cómo se incorpora en la actividad la diversidad y la crítica a la idea de normalidad? ¿Qué se concibe como algo más de la vida o como una discapacidad?

Es real que en la actualidad existe una preocupación en el sistema escolar por la integración a la educación de alumnos/as que presentan una "discapacidad", donde  la creciente elaboración de “Proyectos de Integración” en las escuelas constituye una de las innovaciones educativas más discutidas en el país. La integración escolar se ha fundamentado principalmente en otorgar igualdad de oportunidades, que al estar en un sistema especializado de educación, terminaban excluidas socialmente. Sin embargo, la integración escolar, como fenómeno educativo, no cuenta con una comprensión única, ni tampoco es estimada de igual manera por los distintos actores del ámbito escolar (escuela común, comunidad, familia, alumno/a). Esta situación en la experiencia  ha originado la reconceptualización de la integración por la propuesta de inclusión.

Sin embargo, son muchas las veces donde surge la duda por aquellos niños/as  y jóvenes que nos lleva a analizar que la única alternativa es la escuela común, siendo, sin embargo, colocados en un lugar de exclusión, y no pudiendo muchas veces lograr una plena inclusión o adaptación, para lograr o afrontar un proceso de aprendizaje acorde a lo esperable. 
En relación a las familias, se encuentran diversas actitudes, que van desde la negación de las dificultades  a la sobredimensionalidad de las mismas; esto incide considerablemente en las expectativas  con respecto a las posibilidades que se podrán brindar en relación a sus aprendizajes. Ayudar a los padres a comprender y aceptar las dificultades de su hijo y descubrir sus capacidades, es parte del objetivo de este proceso.
Cuando hablamos de la escuela común hoy, a la misma le cuesta insertarse aún en el paradigma de la inclusión o de una escuela abierta a la diversidad, sin olvidar que, en la actualidad, la presencia de alumnos/as con Necesidades Educativas Derivadas de la Discapacidad es una realidad.
También es cierto que uno debe ser consciente de las limitaciones para favorecer la actitud del medio y promover la aceptación de las diferencias, evitando comparaciones y competencias, atendiendo al proceso de integración, si fuese necesario, o evaluando el caso si la modalidad de Educación Especial fuera lo más indicado. 
En esta oportunidad también abro el espacio a la reflexión, pudiendo pensar  sobre el lugar que ocupa el/la alumno/a integrado/a frente a las expectativas y representaciones de los otros que lo acompañan. En función de esto, se busca revisar las posiciones asumidas por los mismos y los efectos que generan sobre la trayectoria de sus aprendizajes.
En tanto las instituciones escolares puedan aceptar las diferencias y reconozcan en la heterogeneidad, la mejor condición para el intercambio y el aprendizaje, será revalorizada la tarea educativa, pudiendo adoptar una postura crítica frente a la integración escolar y el lugar que ocupa la persona con discapacidad.
La formación de directivos y docentes en el desarrollo de planes de integración y en la posibilidad de comprometerse con una nueva realidad institucional evitará que el peso de la integración recaiga en el/la alumno/a, transformando al “integrado” en un “nuevo excluido” en un espacio interior de pseudo-integración. Nosotros los psicopedagogos lo llamamos hacer un “como si”. Es aquí donde perdemos de vista al/la alumno/a, con sus capacidades y sus dificultades. No porque haya que incluirlo hay que forzarlos a cumplir con las expectativas de una escuela común, donde quizás sus posibilidades de aprendizajes sean mucho más efectivas en otra modalidad. Como profesionales y educadores tenemos la obligación de responder a los derechos de estos niños/as o jóvenes, donde sean contempladas sus posibilidades de acceso al aprendizaje, donde la condición de igualdad y diversidad no sean “normalizar”. Esto nos ha llevado a realizar experiencias de integración, donde los docentes las han vivenciado como insatisfactorias o frustrantes, siendo atravesadas por variados conflictos y ansiedades. La información, la reflexión y la búsqueda de respuestas, constituyeron los principales elementos de contención, volviendo a la pregunta inicial: ¿será para integrar?
La escuela de la homogeneidad ha dado paso a la escuela de la diversidad y esto implica un nuevo desafío para la comunidad educativa en su conjunto. Se necesita una escuela que pueda modificar sus prácticas, que aprenda a respetar ritmos y tiempos diferentes de aquellos a los que históricamente está acostumbrada. Acordamos con la afirmación de que “si cada sujeto es singular e irrepetible, cada sujeto tiene derecho a un proceso educativo integral, flexible y dinámico basado en sus posibilidades y no en sus limitaciones”. Sólo cuando la institución educativa logre asumir una actitud coherente y concensuada sobre la integración, comenzarán a resolver la ambivalencia y muchas veces la contradicción.

Gabriela Dropulich*

* Gabriela Dropulich es Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad del Salvador (USAL) y Diplomada en Gestión de Instituciones Educativas por el ISIP (Instituto Superior de Investigaciones Psicológicas). Docente de Nivel Inicial  en instituciones de gestión privada y estatal. Profesora de un Instituto Superior Terciario de la Provincia de Buenos Aires, abordando diferentes cátedras de la carrera de Psicopedagogía e Historia.
Con anterioridad se ha desempeñado como docente  en la Diplomatura en Gestión abordando el seminario de Diversidad en la escuela. Asimismo tuvo una larga trayectoria en el abordaje de la clínica psicopedagógica, realizando capacitaciones en instituciones educativas, asesoramiento y supervisión a profesionales.
Actualmente se desempeña como vicedirectora de la Escuela Especial CREI. Contacto: gabydropu@gmail.com


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