domingo, 5 de febrero de 2012

Lenguaje y comunicación en el síndrome de Down

 
Descripcion de la imagen: Niño con Síndrome de Down sonriendo
No hay diferencias en los procesos de adquisición del lenguaje y de las habilidades comunicativas entre los niños normales y aquellos con SD, aunque los procesos sean más lentos en estos últimos. Atendiendo a los problemas que causan esta demora, es posible que lenguaje y comunicación mejoren notablemente.
La adquisición del lenguaje es un proceso natural, que no requiere de nuestra conciencia, sino que se va produciendo con el propio ejercicio.
No hay una planificación ni una intencionalidad en el bebé, que, desde el momento en que nace (e incluso antes, podría decirse que desde el instante en que se gesta), comienza una interacción con el medio que lo circunda, estableciendo un proceso de intercambio de información.
Sí existe una programación genética en ese sentido, pero que necesita de otros, sobre todo los adultos, para que se desarrollen lenguaje y comunicación.
El lenguaje es totalmente arbitrario y, por lo tanto, convencional. Prueba de ello es que existen muchos idiomas distintos, que nominan diversamente los mismos conceptos, aunque no hace falta remitirse a ello para comprobar que en el vocablo “casa”, por ejemplo, no hay nada que haga referencia directa a lo que entendemos como tal. Es por ello que cada uno de los morfemas (unidad mínima de sentido) se van aprendiendo de a uno, haciendo stock. Luego vienen las combinaciones tácticas (gramática, sintaxis), que los ordenan y combinan, para lo que se requiere un grado madurativo mayor para captar e internalizar las reglas combinatorias.
A su vez, la comunicación implica no solamente las habilidades lingüísticas, sino todo otro universo de elementos que cargan de sentido a la simple emisión fónica, que comprenden componentes culturales (no nos representamos del mismo modo “casa” nosotros que un esquimal, por poner un ejemplo extremo), sociales, contextuales, emocionales, etc., que requieren la utilización de un código común para poder establecer una dialéctica.
También los gestos, el tono y la intensidad que suelen acompañar la emisión, además de las palabras nudas, varían los significados e intervienen en el proceso comunicativo.
Como podemos apreciar, eso que está naturalizado en nosotros y a lo que, salvo por problemas puntuales, no prestamos atención, es, en realidad, un proceso complejo (incluso, mucho más de lo descripto hasta aquí), que lleva buena parte de nuestros primeros años para reducir al mínimo la ambigüedad propia del lenguaje y de la comunicación y permitirnos una interacción significativa con nuestros semejantes.
Las competencias en estas áreas varían de uno a otro individuo, incluso, en ocasiones, notablemente, pero, en general, la mayoría alcanza un nivel “normal”, es decir, aquel que nos permite comprender y ser comprendidos sin grandes problemas.
Pero también existen distintas patologías que comprometen esa capacidad innata. Las personas con SD suelen ver afectadas ambas áreas.
Una adquisición normal, pero enlentecida Contra lo que vulgarmente se supone, la adquisición del lenguaje y de las destrezas comunicativas en los niños con Down sigue exactamente los mismos parámetros que los de los que no lo portan.
Esto implica que las etapas se cumplen en idéntica secuencia, aunque desde el comienzo se nota un enlentecimiento, que es progresivo a medida que los requerimientos se complejizan.
La primera forma de interacción del bebé con intención comunicativa es el cruce con la mirada de su madre, lo que comienza alrededor del primer mes de vida y llega a su máximo en los 2/3 meses, para luego ceder espacio a otras formas. En los bebés con Down, suele comenzar alrededor de los 2 meses y su cénit se produce hacia los 6 o 7 meses.
A su vez, la etapa de las reduplicaciones silábicas (“tata”, por ejemplo) se produce entre los 6 y los 10 meses para ambos, aunque se observa que en los pequeños con SD hay menos vocalizaciones.
Asimismo, el respeto por los turnos de intervención, que usualmente se inicia hacia finales del primer año, en los que portan SD lo hacen recién en la segunda mitad del segundo año de vida.
Por su parte, en el aspecto de la simbolización, los niños atraviesan una instancia anterior a la palabra, que es la internalización contextual de los símbolos que representan a las cosas para reemplazar los objetos o sus clases por sus signos, sean gestuales o vocales.
En el desarrollo normal, alrededor del año se producen las primeras producciones onomatopéyicas para señalar algunos objetos. En los SD, se retarda su aparición y también se señala una tendencia a la alternancia de estos con lenguaje no verbal, el que, además, muestra déficits.
Otro aspecto a considerar es que las demás etapas (comprensión de palabras sueltas, 11/12 meses; producción de las primeras palabras, 12/18; complejización de la construcción de frases, 18/36 meses; adquisición completa de lenguaje básico, 36/54 meses), igualmente presentan demoras y dificultades.
Es para destacar que, así como en los niños considerados normales el rango temporal puede variar, lo mismo ocurre con los niños con Down, dependiendo de distintas variables que concurren en el síndrome, así como de aquellas otras que tienen que ver con el entorno.
Problemas neurológicos y retraso mental
Como señala Jesús Flórez en diversas publicaciones, en este síndrome hay una alteración generalizada del sistema nervioso central, con afectación de las neuronas y de los procesos de comunicación interneuronal, junto con un menor volumen cerebral, y algunas deficiencias del funcionamiento de distintos lóbulos. Este conjunto, junto con otras problemáticas, conduce a que el tiempo de respuesta del cerebro a los estímulos provenientes del exterior sea mayor.
A su vez, si bien en diverso grado, ello conduce a que las personas con SD presenten cuadros de retraso mental, con cierto compromiso cognitivo, lo que también conspira contra la posibilidad de comunicación, puesto que muchas de las habilidades intelectivas que se requieren en el proceso comunicativo se hallan dificultadas.
Distintos estudios realizados dan cuenta de que los impedimentos son más notables en el campo de la expresión que en el de la comprensión, es decir que una persona con el síndrome entiende mucho más de lo que es capaz de emitir, sobre todo cuando la información que recibe es expresada en forma clara y sencilla. Se presume que ello se debe a que la desorganización neuronal en las áreas de Broca y de Wernicke o de la comunicación entre ambas resulta en una perturbación de la capacidad para codificar el lenguaje.
Una vez completado el acopio básico de los elementos necesarios para establecer la comunicación oral, lo que se produce tardíamente (es posible que se llegue a finales de la infancia o comienzo de la adolescencia para hacerlo), las personas con Down suelen ser capaces de transmitir eficientemente sus mensajes verbales. De todas maneras, antes de ello, en general, también pueden hacerlo mediante la combinatoria de lenguaje oral y gestualidad, pero a partir de entonces son capaces de poner en palabras lo que quieren expresar.
Sin embargo, y siempre dependiendo de cada sujeto, puede existir cierta vacilación e inadecuación en el uso de las reglas morfo-sintácticas, lo que se evidencia por la utilización de frases cortas, la evitación de tiempos verbales complejos y de oraciones subordinadas, además de problemas de articulación de los sonidos.
Problemas de orden somático
Además de los problemas de retraso de distinto grado, existen otros impedimentos que dificultan la capacidad de comunicación de estas personas.

Una característica notoria y generalizada del SD es que quienes lo portan padecen de hipotonía, es decir una disminución en el tono muscular. Además de otras muchas dificultades, ello afecta la forma de emisión vocal, puesto que, sobre todo en los casos más extremos, no siempre logran una buena articulación, puesto que los músculos involucrados (muchos de los cuales se comparten con la función de deglución) carecen de un funcionamiento adecuado, lo que frecuentemente distorsiona o dificulta algunos sonidos o combinaciones de ellos. También aportan en este sentido las dificultades respiratorias que acompañan en muchas ocasiones al síndrome.
Otro elemento que conspira tanto contra la adquisición del lenguaje como contra las habilidades comunicativas es que alrededor del 67% de los que tienen SD presenta algún tipo de pérdida fluctuante de la audición por distintas patologías que afectan la capacidad de captar correctamente los sonidos. Ello resulta en un impedimento serio, puesto que la oralidad se internaliza a partir de la imitación. Si este proceso no puede realizarse correctamente, ello afecta y retrasa todo lo que tiene que ver con lenguaje y comunicación.
Por su parte, más del 60% de estas personas presenta problemas visuales (esotropía, miopía, hipermetropía y cataratas suelen ser los más comunes).
Si tenemos en cuenta que la primera forma de comunicación es a través de la mirada y que los objetos físicos requieren de su individualización para luego realizar todo el proceso de simbolización que lleva a la adquisición del lenguaje y a la comunicación verbal, se advierte que el compromiso del campo visual coadyuva al retraso en el logro de la internalización y de la expresión correctas.
También algunas malformaciones, como las relativas al paladar y las bucales, en general (problemas de ortodoncia), aportan para que se sumen causas para las dificultades que experimentan estas personas en las áreas del lenguaje y de la comunicación.
Detección temprana, tratamiento y estimulación
La detección temprana, en cualquier tipo de patología, es siempre clave respecto de las posibilidades de mejora. En este caso, en lo referente a lenguaje y comunicación, también, puesto que la fijación de las pautas que los hacen posible comienza prácticamente desde el inicio de la vida.
Lo primero a despejar son las asociadas a audición y visión, teniendo en cuenta, por ejemplo, que algunas otitis que limitan seriamente la capacidad auditiva, como las que se alojan en el oído medio, suelen ser asintomáticas.
En general, en los niños pequeños resulta difícil el diagnóstico de las alteraciones en los campos visual y auditivo; pero como se conoce la alta incidencia del Síndrome de Down en estos aspectos, quien atienda al bebé debe buscar los síntomas que las denuncian.
A su vez, las malformaciones en el área bucal son detectables casi a simple vista. Se corrigen con diversos tratamientos y procedimientos quirúrgicos, aunque muchos de ellos requieren la maduración del paciente para su implementación.
También es necesario atender a los problemas musculares, para fortalecer los músculos en general y particularmente los que intervienen en la fonación, lo que también aprovecha para la deglución.
Finalmente, existen tratamientos logopédicos que ayudan al equilibrio de las funciones y los órganos implicados en el proceso del habla: respiración, masticación, deglución y articulación, que requieren que el niño tenga los elementos suficientes del habla y de la comprensión para que sea efectivo. Usualmente, mejoran notablemente las habilidades comunicacionales de los sujetos, de acuerdo con las posibilidades de cada uno.
Otro aspecto de vital importancia es la estimulación. Durante los primeros años, los estímulos que provienen del exterior ayudan a establecer mayores y mejores conexiones sinápticas, lo que redunda en una gama mayor de posibilidades a nivel cognitivo y comunicacional.
En los niños con Down esto es igualmente cierto, al punto que en los casos de aquellos que han terminado las etapas de escolarización posibles y que terminan encerrados en su hogar, con un entorno poco estimulante, es muy frecuente que se produzca una involución de sus capacidades lingüísticas y comunicativas, mientras que, los que gozan de una estimulación abundante desde el principio suelen mostrar progresos constantes.
Para finalizar
Las causas que entorpecen la adquisición del lenguaje y la comunicación en quienes portan SD obedecen a una interacción de diversos elementos, como vimos, que involucran desde aspectos fisiológicos hasta otros de orden cognitivo.
Existen muchas otras características (pobreza semántica, vocabulario automático, verborrea, dislalia, disfemia, farfulleo, taquilalia, mayor dominio del lenguaje escrito que del hablado, escasa creatividad lingüística, problemas de integración de la información, estereotipias, dificultades en el juego simbólico y una larga lista de etcéteras) derivadas de las principales señaladas.
Lo que debemos tener en cuenta es que, salvo en casos muy extremos, las personas con Síndrome de Down pueden mejorar lenguaje y comunicación (y su lugar en el mundo) no solamente con los tratamientos, que son necesarios, sino con el lugar que les demos, con la atención que pongamos en ellos. Desde un punto de vista egoísta, brindarles estímulos y ayudarlos a superarse no sólo los ayuda a ellos, sino también a nosotros.
Algunas fuentes:
- http://www.educacioninicial.com/EI/contenidos/00/0250/270. ASP
- http://www.hezkuntza.ejgv.euskadi.net/r43-2459/es/contenidos/informacion/dia6/es_2027/r01hRedirectCont/contenidos/informacion/dif7/es_2082/adjuntos/libros/%288%29%20Down/CAST/SINDOWN.pdf
- http://esp.ndss.org/
- http://www.downcantabria.com/revistapdf/91/rondal.pdf
- http://www.espaciologopedico.com/articulos2.php?Id_articulo =173

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